La abducción en la interpretación de las imágenes visuales

Juan Magariños de Morentin

 

1 Mundos Semióticos Posibles

Al enfocar la semiótica como una metodología de base en ciencias sociales, la designación “mundos semióticos posibles” permite identificar un conjunto sistemático, fructífero y eficaz de operaciones analíticas. En principio tiene que ver con la búsqueda de una descripción precisa y de una explicación fundamentada de la tarea de interpretación, tal como ésta se evidencia en el enunciado que establece el significado de determinado fenómeno social (entre los cuales: de determinada imagen material visual).

 

Interpretar es una operación; por tanto implica la puesta en acción de un determinado o de varios comportamientos, cuyas características es necesario que puedan identificarse a partir de la observación, ya que, de lo contrario, el término "interpretar" y sus transformaciones posibles ("interpretación", "intérprete", "interpretante", etc.) designarían una entelequia, o sea, la pretensión de poseer lo que ya es perfecto y que, en cuanto tal, no requiere del contraste empírico, lo que equivale al absurdo. Disponer de una descripción precisa de los comportamientos que intervienen en la tarea de interpretación es, por tanto, una exigencia ineludible para entender de qué hablamos cuando hablamos de mundos semióticos posibles.

 

Pero no es suficiente. Identificados los comportamientos, será necesario establecer cómo actúan cuando lo que producen consista en atribuirle un significado a algo (si en eso, como estoy afirmando provisionalmente, consiste lo que denomino "interpretar"). o sea, para que sea útil el concepto de interpretación que estamos construyendo, será necesario explicar las características de la intervención dinámica de ese o esos comportamientos y explicar cuál es y por qué es ése y no otro el resultado que tal o tales comportamientos alcanzan.

 

A esta integración de descripción y explicación es a lo que denomino “mundos semióticos posibles”, del cual también habrá que proponer la representación simbólica de la forma en que descripción y explicación interactúan para que pueda ser un instrumento eficaz, al menos en este momento y en nuestra sociedad (con la amplitud que cada uno atribuya a tal momento y a tal sociedad), para proporcionar un contenido específico a lo que designamos como "interpretación".

 

Quizá parezca que me he ido muy lejos o demasiado atrás en la búsqueda de consistencia y rigor para un término que utilizamos muy habitualmente, sin hacernos semejantes problemas. pero es que, al incluir el tema de la interpretación en el campo operativo de la semiótica como metodología, no me estoy refiriendo al uso cotidiano, intuitivo y creativo del término "interpretación", tal como lo permite la puesta en práctica de la facultad semiótica, sino al desarrollo conceptual mediante el cual se puede disponer explicativamente de la operación que se construya con el nombre de "interpretación" como instrumento operativo integrante de la disciplina semiótica (que, sin embargo no deberá contradecir al otro, salvo la concurrente demostración de una superación del sentido cotidiano de ese término).

 

Hablar de los mundos semióticos posible supone intentar identificar, ordenar, sistematizar y mostrar cómo interactúan algunos elementos determinados de ese conjunto de conocimientos, experiencias, sensaciones, valores y cuantos recuerdos tenemos almacenados en nuestra memoria asociativa y que se activan para producir la interpretación de una determinada propuesta perceptual. Constituyen, asimismo, la forma que adopta la abducción en su tarea de formular un juicio perceptual que le confiere sentido a una determinada percepción (o percepto). El concepto de memoria asociativa pertenece a la neurología cognitiva y lo utilizo en un sentido muy próximo al que propone Stephen Kosslyn (1996: 73):

 

“Los resultados (outputs) de los sistemas de encodificación ventral (propiedades de los objetos) y dorsal (propiedades del espacio) se reúnen en una memoria asociativa (que aparece realizándose en parte en el lóbulo temporal superior-posterior), donde se los contrasta con la información almacenada. La memoria asociativa no sólo contiene asociaciones entre representaciones perceptuales, sino también información "conceptual" más abstracta (nombres, categorías, partes del habla y otros). A la información, en la memoria asociativa, pueden acceder las entradas procedentes de todos los sistemas sensoriales; una vez se ha accedido a la información adecuada, se ha identificado el objeto.”

 

En cuanto a “percepto”, por lo que conserva de su estructura de participio latino, se refiere a lo percibido o perceptum, que es, justamente, el término que Peirce propone para indicar lo que vemos antes de saber qué es lo que estamos viendo (CP 2.141) y que es la instancia en la que interviene la abducción, como inicial hipótesis interpretativa de lo percibido (CP 2.776). Cuando lo sabemos, o aceptamos lo que suponemos que vemos, ya hemos construido un “juicio perceptual” (“perceptual judgement”, CP 4.593) y, por tanto, ya le hemos asignado una interpretación al percepto. Con la expresión: “hecho perceptual” (“perceptual fact”), Peirce nombra a la visión consciente o “descripción intelectual de la evidencia de los sentidos, realizada por propio esfuerzo” (CP 2.141) y con la expresión “juicio perceptual” (“perceptual judgement”) designa “su [del percepto] Interpretante Dinámico” (CP 5.540).

 

Para llegar a eso: transformar al percepto en juicio perceptual, hace falta una búsqueda en la memoria asociativa, que tiene la facultad de relacionar lo que ya está archivado con la información que está entrando retinalmente. Y ese archivo, con esas relaciones (que, con todo lo que tiene de participación social, o sea, en cuanto vinculado a una cultura y a un momento histórico determinado, es constitutivo de lo individual e identificador de las posibilidades interpretativas de cada sujeto percibiente) es lo que intervendrá para conferirle una determinada interpretación a lo que un determinado sujeto está percibiendo, y ese archivo con esas relaciones, tal como se presenta en un momento determinado de un individuo o de una sociedad determinados, es lo que intuyo y trato de configurar como mundo semiótico posible, como instrumento imprescindible para producir determinada interpretación de una determinada imagen material visual; y la mostración de su estructura y relaciones proporcionará la explicación efectiva y socialmente adecuada de tal interpretación.

 

 

Figura 1 En, Azorín (1966). Fot. 12. La selección de fotografías y montaje del libro ha sido realizado por Miguel Buñuel

Figura 2. En MIJKSENAAR, Paul & WESTENDORP, Piet (1999); p. 110

Figura 3. Maarten Beks (1929). Nest-building

 

 

 

2 Del percepto a la interpretación

La propuesta consiste, por tanto, en identificar cuáles son, y en recuperar, los pasos sucesivos que van del percepto a la interpretación. La sugerencia de tomar como objeto de análisis a las tres imágenes materiales visuales propuestas, se basa en que cada una de ellas corresponder a cada una de las tres semióticas, en cuanto disciplina, en las que se distribuye la pretendida unidad de la semiótica visual, lo que dejé enunciado (Magariños de Morentin, 2000: 665-695) como identificable y diferenciable en función de los tres grandes grupos de operaciones cognitivas diferentes que se ponen en funcionamiento para interpretarlas, en cuanto facultad semiótica.

 

En este sentido, la Figura número 1 puede incluirse en el grupo de las imágenes materiales visuales figurativas (peirceanamente: “sinsignos icónicos”); la Figura número 2, en el grupo de las imágenes materiales visuales simbólicas (peirceanamente: “legisignos icónicos”); y la Figura numero 3, en el grupo de las imágenes materiales visuales cualitativas (peirceanamente: “cualisignos icónicos”).

 

Si esto último es válido, entonces la percepción de la Figura número 1 (o sea, la Figura número 1 como percepto) va a tender a producir un juicio perceptual que enuncie una configuración existencial.

 

La percepción de la Figura número 2 (o sea, la Figura número 2 como percepto) va a tender a producir un juicio perceptual que enuncie una configuración convencionalizada.

 

La percepción de la Figura número 3 (o sea, la Figura número 3 como percepto) va a tender a producir un juicio perceptual que enuncie una configuración emocional (término todavía muy ambiguo, pero que dejo provisionalmente como expresivo de que va a producir o a recuperar una pura experiencia perceptual; quedando aquí por ajustar esa calificación de "pura").

 

El usar la expresión “va a tender a” es una manera de darle lugar a la posibilidad de hablar del percepto, aun sabiendo que ello implica una contradicción: el percepto es lo visto antes de saber qué se está viendo, entonces ¿cómo podríamos decir algo acerca de lo que no sabemos qué es? Esto quiere decir que el percepto es una pura posibilidad y, en cuanto tal, no admite una concreción y, quizá cometiendo una pequeña trampa lógica, pueda decirse que no es todavía, pero que tiende a ser (o a producir) algo.

 

Para avanzar lo menos posible (a los efectos de no saltear eventuales etapas; pese a lo cual quizá advirtamos después que las hemos salteado), pero constituyendo ya, desde un punto de vista cognitivo, lo que creo que puede ser un avance importante, diría que, aunque todavía no sepamos qué va a enunciar el futuro juicio perceptual, sí podemos anticipar el tipo (identificador-diferenciador) de enunciado en que va a consistir.

 

En el caso de la Figura 1, el juicio perceptual construirá (fuera de la imagen, pero a partir de ella, y como su objeto) un fenómeno existencial percibible; y todos, intuitiva o abductivamente, sabemos (porque, en este momento, ya hemos visto e interpretado la imagen consiguiente), cuáles son las características de tal fenómeno, pero nada nos autoriza a afirmarlas como socialmente válidas (lo que no quiere decir verdaderas). O sea, como analistas (la semiótica como disciplina) todavía no podemos fundamentar por qué vemos lo que sabemos que estamos viendo (la semiótica como facultad); y lo que me prohíbo (e infrinjo mi propia prohibición) es decir que estoy viendo “una localidad costera” (¿en base a qué podría afirmarlo?).

 

En el caso de la Figura 2, el juicio perceptual construirá (fuera de la imagen, pero a partir de ella, y como su finalidad) un fenómeno conceptual interpretable; y todos, intuitiva o abductivamente, sabemos (porque, en este momento, ya hemos visto e interpretado la imagen consiguiente), cuáles son las características de tal fenómeno, pero nada nos autoriza a afirmarlas como socialmente válidas (lo que no quiere decir verdaderas). O sea, como analistas (la semiótica como disciplina) todavía no podemos fundamentar por qué vemos lo que sabemos que estamos viendo (la semiótica como facultad): y lo que me prohíbo (e infrinjo mi propia prohibición) es decir que estoy viendo una instrucción acerca de la necesidad de agitar de determinada manera un envase (¿en base a qué podría afirmarlo?).

 

En el caso de la Figura 3, el juicio perceptual construirá (fuera de la imagen, pero a partir de ella, y como su objeto) un fenómeno emocional experimentable; y todos, intuitiva o abductivamente, sabemos (porque, en este momento, ya hemos visto e interpretado la imagen consiguiente), cuáles son las características de tal fenómeno, pero nada nos autoriza a afirmarlas como individualmente (ojo, modifiqué el adverbio que venía siendo: "socialmente") válidas (lo que tampoco quiere decir verdaderas). O sea, como analistas (la semiótica como disciplina) todavía no podemos fundamentar por qué vemos lo que sabemos que estamos viendo (la semiótica como facultad): y lo que me prohíbo (e infrinjo mi propia prohibición) es decir que (yo) estoy viendo algo que me hace sentir estimulado por una apetencia de sensación táctil (¿en base a qué podría afirmarlo?).

 

Esta última pregunta que cuelga entre paréntesis, al final de cada uno de estos últimos tres párrafos, es el desafío por donde creo que tendrá que continuar la construcción de los correspondientes mundos semióticos posibles, cuyas iniciales relaciones aparecen en el contenido que he intentado conferirle a aquella expresión de “tender a”.

 

 

3 El silogismo de la abducción

La respuesta a la pregunta que he planteado, en cada uno de los tres casos: "¿en base a qué podría afirmarlo?", después de anticipar la construcción, en cada caso, de un provisional (provisional, porque habría en él mucho que justificar) juicio perceptual, puede construirse por intuición o por abducción.

 

Por intuición, implica dejar el peso de la prueba de su aceptabilidad a cargo de la experiencia dependiente del comportamiento futuro; por ejemplo, la posibilidad de compartir, con otros que perciban las mismas imágenes, lo que se afirma como interpretación de cada una de ellas (salvo la tercera, el carácter subjetivo de cuya validez, en cuanto semiosis privada, admite que su contenido sea incompartible, pero requiere igualmente que se comparta su carácter de constituir una configuración emocional).

 

Por abducción, implica dejar el peso de la prueba de su aceptabilidad a cargo de la experiencia proveniente del comportamiento pasado, el manejo de cuya memoria implica, a su vez, dejarlo a cargo del razonamiento construido según el esquema lógico correspondiente. Lo afirmado, en cada una de las tres imágenes, es un caso (Figura 1: "es una localidad costera"; Figura 2: "es una instrucción acerca de la necesidad de agitar de determinada manera un envase"; Figura 3: "estoy siendo estimulado por una apetencia de sensación táctil") cuya validez depende de la aceptación de la relación de un resultado con una regla.

 

Recordemos la estructura silogística y el ejemplo de Peirce: la abducción afirma o hipotetiza algo acerca de un caso ("estas habas son de esta bolsa") que se fundamenta en la relación de un resultado observable ("estas habas son blancas") con una regla ("todas las habas de esta bolsa son blancas") cuya validez se asume apriorísticamente (CP 2.623).

 

Pero, en el caso de las 3 imágenes que estamos considerando, ¿cuál es el resultado y cuál la regla de los que depende la validez del caso: lo abductivamente afirmado (y que, por lo tanto, requiere ser probado) en el juicio perceptual que da cuenta de lo efectivamente percibido?

 

Voy a intentar construir, para cada una de las Figuras que estudio, los tres elementos, con su trabazón lógica, con los que Peirce estructura el silogismo de la abducción: determinado caso es válido, porque es coherente con lo que se afirma en el resultado, que proviene de la vigencia de determinada regla.

 

Por supuesto, el proceso abductivo es diferente e independiente ante cada una de las tres Figuras (lo que confirma mi afirmación de encontrarnos en presencia de 3 semióticas); pero en cada supuesto nos dice qué tenemos que relacionar para saber qué estamos viendo, o sea, para formular el correspondiente juicio perceptual.

 

Respecto de la Figura 1:

Caso: interpreto esta imagen ("estas habas") como la representación de una localidad costera ("son de esta bolsa");

 

Resultado: porque interpreto esta imagen ("estas habas") como la representación de los frentes de algunas casas situadas detrás y por encima de una superficie de agua en la que flotan algunos botes ("son blancas");

 

Regla: dado que cualquier interpretación de esta imagen ("todas las habas") como representación de una localidad costera ("de esta bolsa") requiere reconocer los frentes de algunas casas situadas detrás y por encima de una superficie de agua en la que flotan algunos botes ("son blancas").

 

Donde el trabajo ha recaído predominantemente sobre la representación icónica de lo existencial.

 

Respecto de la Figura 2:

Caso: interpreto esta imagen ("estas habas") en cuanto instrucción acerca de cómo hay que agitar el contenido de determinada botella, antes de usarlo ("son de esta bolsa");

 

Resultado: porque interpreto esta imagen ("estas habas") como el requisito de agitar la botella poniendo una mano en la boca y la otra en la base de tal botella y sacudiéndola de derecha a izquierda y de izquierda a derecha ("son blancas");

 

Regla: dado que cualquier interpretación de esta imagen ("todas las habas") en cuanto instrucción acerca de cómo hay que agitar el contenido de determinada botella, antes de usarlo ("de esta bolsa") requiere que se agite la botella poniendo una mano en la boca y la otra en la base de tal botella y sacudiéndola de derecha a izquierda y de izquierda a derecha ("son blancas").

 

Donde el trabajo ha recaído predominantemente sobre la representación icónica de lo simbólico.

 

Respecto de la Figura 3:

Caso: interpreto esta imagen ("estas habas") como estimuladora de una apetencia de sensación táctil ("son de esta bolsa");

 

Resultado: porque interpreto esta imagen ("estas habas") como la representación de una textura de oquedades y de un entramado sutil ("son blancas");

 

Regla: dado que cualquier interpretación de esta imagen ("todas las habas") como estimuladora de una apetencia de sensación táctil ("de esta bolsa") proviene, para mí, de la representación de una textura de oquedades y de un entramado sutil ("son blancas").

 

Donde el trabajo ha recaído predominantemente sobre la representación icónica de lo cualitativo (y, por ello: válido individual e intransferiblemente, en cuanto semiosis privada).

 

Todavía son innumerables los conocimientos visuales y conceptuales que concurren y no han sido enunciados en este texto, pese a ser necesarios, para producir, ante cada Figura, la interpretación propuesta (pienso, por ejemplo en la representación retinocéntrica de la imagen, sin formas reconducibles a existentes, del Esbozo Primario de David Marr [1982], como condición perceptual básica para construir el Esbozo 2½ Dimensiones y concluir en el Modelo Tridimensional.).

 

 

4 Hacia la explicación de la interpretación pretendida

Trataré de mostrar el proceso de interpretación de cada una de estas tres imágenes materiales visuales, reducido a lo muy elemental (no digo "a lo mas elemental", porque ese mínimo sería prácticamente inalcanzable), que formulé con la forma lógica del silogismo propuesto por Peirce para explicar el funcionamiento de la abducción, enunciándolo, ahora, de modo más coloquial, pero sin olvidar aquella formulación y lo que de instrumento metodológico puede contener, para ordenar la explicación de la interpretación pretendida (mediante la formulación del correspondiente juicio perceptual).

 

La cuestión sería poder y lograr explicar el proceso de interpretación de las imágenes materiales visuales utilizando, en vez de (o con la menor participación posible de) discursos verbales, imágenes visuales, de las que, replicando su posible interrelación en la memoria asociativa, deberá mostrarse la concurrencia y la transformación que ofrecen a la mente, mediante las relaciones de accesibilidad y de alternatividad pertinentes a la construcción de los mundos semióticos posibles, ante el estímulo de una percepción visual que requiere ser interpretada. Pero todavía no he podido preparar el programa de computación que me permitirá (quizá) replicar, en la medida de lo posible, ese funcionamiento visual de la memoria asociativa.

 

Continúo recurriendo, por tanto, al incómodo, impreciso y distorsionante discurso verbal (cuando se lo utiliza para explicar el proceso de interpretación de las imágenes visuales), pero utilizándolo sólo para designar a, e indicar cómo se produce la interrelación de las imágenes visuales que deberíamos estar viendo (o imaginando o recuperando mnemónicamente) como base del programa de computación que permita mostrar y comprender este tipo de análisis pretendidamente explicativo.

 

Respecto de la Figura 1:

Viéndola, sé que puedo designarla como “localidad costera”.

 

Pero esto supone que, a su vez, lo más inmediato que veo lo puedo designar cómo “los frentes de algunas casas situadas detrás y por encima de una superficie de agua en la que flotan algunos botes”.

 

Todo esto supone que, a su vez, cuando lo que veo (como individualización de las partes de una configuración) lo puedo designar como "los frentes de algunas casas situadas detrás y por encima de una superficie de agua en la que flotan algunos botes", sé que lo que veo (como integración de partes en una configuración) lo puedo designar como "localidad costera".

 

Si dispongo de una secuencia de diferentes imágenes visuales en las que lo que veo lo puedo designar como "los frentes de algunas casas situadas detrás y por encima de una superficie de agua en la que flotan algunos botes", podré constatar si, en todos los casos, a la integración de tales imágenes las puedo designar como "localidad costera" o si hay algún caso en que, pese a que lo que veo lo puedo designar como "los frentes de algunas casas situadas detrás y por encima de una superficie de agua en la que flotan algunos botes", no podría identificarlas como "localidad costera", lo que sería una prueba de falsación de lo que pretendía afirmar como interpretación de las imágenes percibidas. Desde ya surge la posibilidad de que la calificación de "costera" se refiera al mar o a un río, pero no creo que destruyese la interpretación pretendida.

 

Lo que habría que probar, todavía, es que cada una de las partes de la imagen que parecen permitir designar lo que estoy viendo como "frentes de alguna casas", "casas", "casas situadas detrás" de algo, "casas situadas por encima" de algo, algo "detrás de una superficie de agua", algo "encima de una superficie de agua", "agua en la que flotan botes", etc., se corresponde justamente como interpretación de cada una de tales partes de la imagen visual conjunta. Por supuesto, no importa tanto que estos nombres sean designativos de lo que estoy viendo, como probar que las otras posibles imágenes que podría estar recuperando de mi memoria asociativa y que aceptaría como la historia visual de mi experiencia acerca de cada una de tales posibles percepciones, confluye de modo no contradictorio como para permitir, entre todas ellas y respecto a la que ahora estoy viendo (nuestra Figura nº 1), una no interrumpida relación de reflexividad, transitividad y simetría, que las iría asociando y vinculando hasta constituir esa determinada interpretación pretendida.

 

Respecto de la Figura 2:

Viéndola, sé que se me está dirigiendo una instrucción que me indica cómo hay que agitar el contenido de determinada botella, antes de usarlo.

 

Pero, antes de construir esa interpretación, los juicios perceptuales de base (o sea, los primeros atractores) que puedo formular se refieren a ciertas imágenes "empobrecidas" (en cuanto limitadas a la representación de los bordes trazados mediante líneas y a una representación abstracta del contenido, mediante una superficie de puntos) consistentes en la representación de 3 botellas parcialmente superpuestas, una central, completa y vertical, con la tapa hacia arriba, y dos parcialmente ocultadas por la primera, en posición diagonal o angular respecto de la primera, con la tapa, en ambos casos, hacia la izquierda del espectador (esta farragosa descripción sería innecesaria, caso de poder mostrar cada una de las imágenes, con autonomía, en su forma de aparición y desglosadas de la imagen completa, lo que sería el objetivo de la explicación mediante imágenes y no mediante el discurso verbal).

 

También son imágenes "empobrecidas" las consistentes en la representación del perfil (siempre el izquierdo, ¿o tal vez el derecho? y, en todo caso, ¿un error de proyección visual?) de 4 manos, contextualizadas, 2 sobre las tapas de 2 de las 3 botellas y 2 sobre las bases correspondientes a las 2 mismas botellas de las 3. Una botella carece de las manos como de cualquier otro elemento en su contexto, o sea, está aislada y carente de sostén (pero es que, como veremos, aquí no se está representando la existencia, ni la imaginaria ni la experiencial, sino que se está trasmitiendo una convención.)

 

Otros dos elementos gráficos completan lo que puede percibirse en el conjunto de esta imagen: 2 pares de flechas, uno a la izquierda y otro a la derecha, en cada caso constituido por una flecha hacia arriba y otra hacia abajo y, también en cada caso, estableciendo una continuidad entre la superior y la inferior, mediante un trazo grueso, decrecientemente segmentado hacia el centro, que las vincula.

 

Lo que considero importante es que todavía falta algo (no en la imagen, sino para su interpretación): la botella concreta, no como referente de esta imagen, sino como elemento complementario del instructivo y que es lo que hay que agitar, ya que, si esa botella faltase, éste sería un mensaje ineficaz (como lo sería bautizar sin disponer de agua). La representación icónica de lo simbólico, como es aquí el caso, podría quedar incluida, mutatis mutandis, entre los enunciados más próximos a los austinianos “actos de habla”, de modo que, como propuse en alguna oportunidad (Magariños de Morentin, 2003), a la eficacia de este tipo de imágenes podríamos denominarla “iconopoiética.”

 

He percibido todo esto (como lo hace cualquier perceptor) de modo casi simultáneo y siguiendo la propuesta de integración (por configuración, o sea, por contextualización de imágenes) que el productor de la imagen ha construido. Como consecuencia, agrego, de modo indudable, algo más que no está en esta imagen estática: el movimiento. O sea, abductivamente, interpreto esta imagen como una instrucción que me indica cómo hay que agitar el contenido de determinada botella, antes de usarlo.

 

Al ver la Figura 2, constituida por este conjunto de imágenes convencionales, formulo el juicio perceptual, con valor de hipótesis, de que "hay que agitar el contenido de determinada botella, antes de usarlo". ¿Cómo pruebo que esa hipótesis es correcta?

 

Aquí, la memoria asociativa no me proporciona (o no sólo me proporciona) imágenes que pueda utilizar para reconstruir una secuencia no interrumpida de reflexividad, transitividad y simetría, lo que únicamente me permitiría reconocer la imagen de la botella, la de la mano y hasta la flecha (a la que no corresponde designar como "imagen de la flecha", sino como "flecha"). Lo que tiene que proporcionarme la memoria asociativa es el código socialmente establecido que contiene el significado conceptual del conjunto de imágenes en cuestión. Y este proceso sólo se incorpora a la memoria asociativa mediante el aprendizaje, lo mismo que ocurre con las palabras o con los números, por ejemplo, y con sus contextualizaciones permitidas, prohibidas o creativas.

 

La prueba de que el juicio perceptual (con valor de hipótesis) acerca de que la instrucción: "hay que agitar el contenido de determinada botella, antes de usarlo" que construyo a partir de la percepción de esta imagen, está vigente, proviene de la generalización de la interpretación de tal imagen, en determinada comunidad y en determinado momento histórico, por estar esa interpretación convencionalmente vinculada a esa imagen (con las variantes morfológicas que preserven su estructura de base). Ya no es mi memoria asociativa individual la que tiene la clave de la validez de la respuesta (contiene, no obstante, la condición necesaria: mi previo aprendizaje, para que yo pueda interpretar el mensaje convencional), sino que la clave de la validez de aquella respuesta la tienen los códigos sociales trasmitidos mediante ese tipo de memoria asociativa que es el aprendizaje.

 

Respecto de la Figura 3:

Trataré, ahora, de enunciar el conjunto cognitivo de relaciones interpretativas visuales, que justifican que formule, en el caso de la Figura 3, el siguiente juicio perceptual: “interpreto esta imagen como estimuladora de una apetencia de sensación táctil.”

 

Lo que veo, cuando sé que veo la representación de una textura de oquedades y de un entramado sutil, yo, sin pretensión de compartirlo pero como consecuencia emocional y experiencial, lo interpreto como estimulador de una apetencia de sensación táctil.

 

En estos casos (me refiero a las imágenes cualitativas o cualisignos icónicos) mi interpretación, ésa que me permite construir el juicio perceptual: "esta imagen me estimula una apetencia de sensación táctil", proviene de mi propia historia de emociones perceptuales y emerge en un proceso abductivo, centrando esa apetencia en la percepción visual concreta como "representación de una textura de oquedades y de un entramado sutil". Y aquí es donde se produce la identidad diferencial de las imágenes cualitativas. La conciencia de esta percepción, que sería la inicial y básica para llegar a la construcción del juicio perceptual que materializa la interpretación, no tiene un soporte verbalizable sino que se basa puramente en una secuencia emocional efectivamente experimentada. Sólo mucho después (quizá en este ahora) en que me fuerzo a racionalizar lo experimentado, puedo construir enunciados que recuperen todo lo ya experimentado (y, de ese modo, conocido) a partir de la percepción consciente de la Figura 3. O sea, el juicio perceptual, en el caso de las imágenes cualitativas, no se construye con palabras; no adquiero la conciencia de saber lo que estoy viendo como consecuencia de saber-poder enunciarlo, sino que sé lo que me produce lo que estoy viendo quizá sin tener conciencia de lo que lo provoca. Sé que deseo tocar, pero no sé de dónde proviene ese deseo (hasta este ahora, quizá totalmente artificial y provocado por el compromiso de pretender explicarlo, en que lo atribuyo a la percepción de "la representación de una textura de oquedades y de un entramado sutil").

 

La abducción, en el caso de las imágenes cualitativas, no puede probarse, sólo es posible afirmarla o negarla. Y, por ser el resultado de una construcción basada en una semiosis interior (en ese lenguaje privado al que se refirió Wittgenstein: 1953: par. 243ss, o en ese quale que caracterizó Peirce como único, intransferible, pura intensidad o vivacidad sin comprobación posible: CP 6.223-6.237), tampoco puede comunicarse, si no es como la mención del nombre ("apetencia de sensación táctil") de un sentimiento ya padecido, pero no de un fenómeno constatable. La comunicación de la interpretación de las imágenes cualitativas tiene que ver con la honestidad personal en la manifestación de las emociones, no con vigencia alguna socialmente explicable del proceso de actualización de tales emociones.

 

La Figura 3 (y sus afines posibles: por negación incluyente, la pintura no figurativa y la pintura no simbólica) es un ejemplo prototípico. Pero la componente cualitativa está en todas las imágenes materiales visuales de cualquier tipo, en cuanto todas están construidas mediante la combinatoria de forma-textura-color que, con mayor o menor protagonismo, acompaña la construcción del específico referente. Esto quiere decir que nuestra percepción de cualquier imagen material visual, aparte (si corresponde) de hacer consciente su recuperación existencial (lo que de sinsigno icónico pueda tener) o de hacer consciente (si corresponde) su eficacia de instrucción convencional (lo que de legisigno icónico pueda tener), propone una experiencia emocional (por lo que de cualisigno icónico necesariamente tiene) que, de modo intransferible, permanece en el subconsciente (y también sin entrar en, pero advertidos de su problemática inconsciente) como el más profundo efecto de lo que se está percibiendo.

 

 

 

REFERENCIAS

 

AZORÍN (1966). España Clara. Madrid: Doncel 

 

KOSSLYN, Stephen (1996). Image and Brain. The Resolution of the Imagery Debate. Cambridge: The MIT Press.

 

MAGARIÑOS DE MORENTIN, Juan (2000). “The (Many) Semiotics of the Visual Image”, in S. European Journal for Semiotic Studies, Vol. 12-4; 665-695.

 

--- (2003). “Los mundos semióticos posibles de las imágenes visuales”, Conferencia Plenaria en el VII Congreso de la Asociación Internacional de Semiótica Visual; México, diciembre.

 

MARR, David (1982). Vision. New York: Freeman

 

MIJKSENAAR, Paul & WESTENDORP, Piet (1999). Open Here. The Art of Instructional Design. New York: Joost Elffers Books

 

PEIRCE, Charles Sanders (1931/1965). Collected Papers. Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press.

 

WITTGENSTEIN, Ludvig (1953). Philosophische Untersuchungen / Philosophical Investigations. New York: The Macmillan Company