De pulchris puellis.

 

Un análisis contrastativo entre la imagen de

mujer bella de la antigüedad clásica y la de

fines del siglo XX

 

Plan de Tesis para optar al título de Doctora en Letras

Doctoranda: Patricia Alejandra Calvelo

 

 

Director: Juan Ángel Magariños de Morentin

Directora Asociada: Mirta Estela Assis de Rojo

Facultad de Filosofía, Universidad Nacional de Tucumán

 

 

 

 

 

Fundamentación

Con el propósito de descubrir, a lo largo de la historia, la presencia femenina oculta bajo el discurso masculino hegemónico, los Estudios de Género han avanzado hasta ganar un espacio propio en las investigaciones de las últimas décadas del siglo pasado. Entre la profusa bibliografía producida dentro de esta línea, una gran parte se concentra en la reinterpretación de los textos de la Antigüedad clásica. Sin embargo, a pesar de la riqueza en cantidad y calidad de estas investigaciones, son muy pocas las que ponen a la Antigüedad grecolatina en diálogo con nuestro tiempo.

Mi propuesta de investigación se basa en una lectura contrastativa de dos culturas diferentes a través de los discursos emergentes en ellas. Para ello tomaré dos cortes sincrónicos: por un lado, las postrimerías del siglo I a.C. y, por el otro, los últimos años del siglo XX.

Dentro del primer momento, centraré mi atención en Ars amatoria de Publio Ovidio Nasón, a fin de observar cómo construye la imagen de mujer, atendiendo especialmente a los cánones de “mujer bella”. Luego analizaré contrastativamente esta imagen con los modelos femeninos que proyecta, medio siglo antes, Tito Livio en Ab urbe condita a los efectos de marcar las diferentes intencionalidades autoriales. Posteriormente pondré en diálogo a su vez esta lectura con el análisis resultante del contraste entre dos revistas actuales dirigidas al público femenino: Para ti y Luna.

Además de considerar las imágenes de mujeres construidas verbalmente en ambos pares de textos, registraré un corpus de imágenes materiales visuales[1] correspondientes a  las construidas en las obras del primer corte sincrónico, para contrastarlas con las imágenes de tapa e interiores que presentan los semanarios femeninos del segundo corte.

La elección de estos tres pares se funda en la necesidad de contrastar las respectivas imágenes producidas en el discurso anti-hegemónico de Ovidio y de la revista Luna, con las representaciones convencionales de Tito Livio y Para ti.[2]

 

Planteo del problema

Ars amatoria de Ovidio pertenece al género erotodidáctico; constituye una especie de “manual” para aprender a amar. Este género no ha pervivido hasta nuestros días dentro de la literatura considerada canónica sino que se ha reformulado en otros. Por este motivo, es posible recuperarlo en las revistas femeninas actuales, pues sus temas, superestructura y funciones parecen muy similares a los del poema ovidiano. En efecto, muchos de los consejos que Ovidio da en el tercer libro de su Ars a las mujeres de su tiempo (y de los conceptos sobre los que construye el canon de belleza femenina[3]) son los que hoy se dirigen a la mujer actual en las publicaciones a ella dedicadas.

Sin embargo, podemos suponer que las destinatarias del poema de Ovidio[4] distan mucho de las lectoras de las revistas femeninas actuales. La imagen de mujer que el poeta construye en sus versos –y a las que parece dirigirse– son las libertas, hijas de la servidumbre manumitida, y las cortesanas, es decir, aquellas mujeres que gozaban de total libertad sexual y a las que no alcanzaba el rigor de la ley, puesto que no era a ellas a las que importaba mantener “controladas”.

En el otro extremo, la mujer a la que se dirigen los semanarios femeninos, si bien no es el equivalente de la matrona del siglo de Augusto, es la mujer “formal” de nuestros días, la que se mantiene dentro de los límites de la moderación. No obstante, muchas de las conductas femeninas que en estas publicaciones se describen –especialmente en cuanto a las relaciones que la mujer mantiene con su propio cuerpo y con el sexo opuesto– guardan semejanza con las que Ovidio retrata en el tercer libro de su Ars amatoria.

En oposición a la imagen femenina que construye este poeta, Tito Livio ofrece modelos muy diferentes. En su propósito de ensalzar las viejas costumbres romanas, para apoyar la política moral del emperador, presenta diversos retratos de mujeres que dentro de la historia de Roma se constituyen o bien en arquetipos de virtud o bien en modelos de transgresión, haciéndose merecedoras de la aprobación y de la condena, respectivamente. En Ovidio y Tito Livio tenemos, entonces, dos constructos totalmente opuestos. Del contraste entre ambos emergerá el significado, que ha quedado cristalizado en el canon de belleza femenina vigente en aquella época.

 

Hipótesis

Las semejanzas y diferencias plasmadas por los textos de ambas culturas parecen reflejar, en primera instancia, que existe superación[5] en la historia de las semiosis con que se construye la imagen de mujer bella y consiguientemente con los tipos de mujer construidos por tales semiosis. Dicha superación consiste fundamentalmente en la pérdida de vigencia de un lenguaje, lo que da lugar a la actualidad de otro, así como que el segundo resuelve determinadas contradicciones inherentes al primero. La mujer pública y la matrona de aquella cultura se funden en la imagen femenina que proponen las publicaciones actuales. La superación hace que la “mujer pública” de nuestros días quede al margen como lo “no decible”, salvo en revistas de la subcultura de lo pornográfico.

Por otro lado, esa superación implica la formulación de una subhipótesis: a fines del siglo XX la hegemonía de la industria cosmética que pone en primer plano el cuidado de la imagen femenina transforma la cuestión en un problema de orden económico, mientras que en la Roma de Augusto el cultivo de la belleza por parte de la mujer, y los múltiples efectos que de ello se derivan, constituye un problema de naturaleza social, por cuanto contribuye a alterar la estructura social romana.

 

Objetivos

Los objetivos que persigo en esta investigación son:

·      Contrastar la validez de operaciones semióticas para el establecimiento de la transformación de las diversas formas de construir la imagen de mujer.

·      Proponer el diseño de metodologías conducentes a identificar las diferencias históricas en la construcción –verbal y visual– de la imagen de mujer.

·      Contribuir a los Estudios de Género sobre la Antigüedad grecolatina utilizando distintos aportes de la semiótica verbal y visual.

 

Marco Teórico

Entre la variedad y riqueza de problemas que hacen al universo de lo femenino, el de la “imagen de mujer bella” pareciera ser, a primera vista, un tema de menor importancia. Sin embargo, no lo fue para los romanos de los comienzos del Imperio ni lo es para los que vivimos en este tiempo.[6] En aquella época, llegó a ser una de las causas del progresivo deterioro de la sociedad romana y, hoy en día, el cuidado de la imagen de la mujer sustenta la industria cosmética y el mercado de la moda, sin olvidar que, por otro lado, ha producido la aparición de enfermedades que llevan a la destrucción física, psíquica y emocional de la parte más “débil” del llamado sexo débil.

Tal como he expuesto hasta aquí, me propongo ahondar en el proceso de construcción de la imagen de mujer bella. Entiendo por imagen de mujer, en este trabajo, la representación que resulta de un proceso de construcción de un determinado significado de “ser mujer”, por medio del lenguaje verbal o de la semiosis visual, en un momento dado de determinada sociedad.

Ahora bien, cuando hablo de belleza, en esta investigación, hago referencia específicamente al canon de belleza femenina vigente en una sociedad determinada, es decir, a las normas que establecen cómo debe ser lo bello y en qué se distingue de lo no bello. Este es el concepto que entra en el proceso dialéctico de transformación.

La bibliografía encontrada es abundante y variada, por lo que la he agrupado en dos grandes áreas temáticas, a los efectos de una óptima organización: a) la mujer en la Antigüedad clásica y b) la mujer en la prensa gráfica de fines del siglo XX. Estos dos ejes ordenadores responden a los cortes sincrónicos en los que se generaron los textos que conforman el corpus del presente estudio.

a)    La mujer en la Antigüedad clásica:

Este eje temático comprende a su vez tres subejes: a. 1) la mujer en la sociedad romana (s. I aC); a. 2) la mujer en la literatura latina (s. I aC) y a.3) la mujer en la iconografía de la Roma imperial.

a. 1) La mujer en la sociedad romana: El vasto material bibliográfico existente proviene de los Estudios de la Mujer o Estudios de Género, marco general en el que se encuadra la presente investigación. La mayor parte de las producciones científicas aborda los siguientes temas: el status jurídico de la mujer, sus derechos y deberes dentro de los diversos ámbitos en los que actuaba, los diferentes roles que podía cumplir dentro del núcleo familiar y de la sociedad y la importancia de su participación en el culto público, entre otros. Estos estudios se abocan, en general, a la reinterpretación de los textos de la Antigüedad, con el objeto de registrar lo femenino desde otro locus de enunciación, para corregir –de alguna manera– la versión parcial que ha dejado la historia sobre la mujer. En efecto, las superficies de emergencia[7] del objeto de conocimiento “mujer” en el mundo clásico latino corresponden a espacios donde se imprime fuertemente el discurso masculino: la literatura –especialmente, para nuestro estudio, la poesía elegíaca, aunque también debe considerarse a la epistolografía y la historia–, la epigrafía –epitafios e inscripciones– y la literatura jurídica. A esto se suma el hecho de que una de las características de la literatura latina es su acentuada misoginia.

Esta bibliografía, que da noticia del encuadre social tanto de la participación de las mujeres romanas en la esfera pública como de su accionar en la vida privada, aporta elementos contextuales significativos para este proyecto, pues da cuenta de la práctica femenina del maquillaje y de las costumbres vinculadas a ésta, especialmente las relaciones de la mujer consigo misma, con sus pares y con el sexo opuesto.

Dentro de este marco se ubican los trabajos dirigidos por Duby y Perrot (1993) en Historia de las Mujeres, además de otros numerosos estudios sobre el tema, entre los cuales puedo citar, sólo a título de ejemplo, los de la feminista Sara Pomeroy (1975), los de Pierre Grimal (1965, 1993, 2000), que ha ahondado en el siglo de oro de Roma, entre otros. También se hallan trabajos acerca de la legislación de Augusto con respecto al adulterio y al divorcio, y las consecuencias de estas leyes para las patricias y las libertas. Algunos de los que se abocan a este tema son Antti Arjava (1996), Crook (1967), Galinski (1981) y Gardner (1986).

a. 2) La mujer en la literatura latina: En íntima relación con el eje anterior, pero desglosado de él para lograr mayor especificidad, reúno la bibliografía que estudia a la mujer romana como personaje literario.

Dentro de esta misma línea incluyo los estudios más importantes sobre las impropiamente denominadas “escritoras” romanas. El campo del pensamiento y el oficio de la literatura constituían espacios exclusivos del hombre, por lo que los textos de autoría femenina que han llegado hasta nuestros días son documentos extraordinarios; esto es: son la excepción, no la regla.

Estos trabajos –tanto los que consideran a la mujer como producto literario como los que la estudian como productora de textos– contribuyen a mi propósito en tanto constituyen lecturas sobre la imagen de mujer proyectada por la literatura latina.

Entre las obras que se abocan a este tema mencionaré las Atti del Covegno Nazionale di studi su La Donna nel mondo antico, que reúnen las ponencias leídas durante el desarrollo de dicho evento, el cual tuvo lugar en Turín en 1986. De idéntico alcance pero de más reciente publicación, son –para nombrar algunos– No sólo hilaron lana. Escrituras romana en prosa y verso de Aurora López (1994) y el volumen colectivo El discurso femenino en la literatura grecolatina, dirigido por las profesoras Caballero, Huber y Rabaza (2000).

Más específicos y acotados al tema de mi investigación son los trabajos de Arcaz et al. (1996) y Smethurst (1950), entre otros, que estudian las figuras femeninas en la obra de Ovidio y Tito Livio respectivamente.

a. 3) La mujer en la iconografía de la Roma imperial: No hay que olvidar que la romana fue una cultura visual –hecho del que hoy dan testimonio los frecuentes hallazgos de epigrafía–. En Ovidio, por ejemplo, hay descripciones o menciones que parecen hacer referencia a imágenes que los romanos de aquel tiempo conocían y tal vez veían a diario en la ciudad –materializadas quizás en esculturas o pinturas murales o musivas–. Así, lo que en las revistas actuales constituye una relación intratextual –pues la fotografía muestra aquello de lo que trata la escritura a la que acompaña– era, en algunos textos latinos, una referencia extratextual. Trataré de recuperar, por lo tanto, las imágenes materiales visuales –siempre teniendo en cuenta la relativa limitación con la que se puede trabajar, ya que resulta imposible disponer de la totalidad de imágenes de aquella época– a las que hacen referencia los textos de Ovidio y Tito Livio. La bibliografía que he hallado en este aspecto se reduce al Lexikon Iconographicum Mithologiae Classicae (1982-1998) enciclopedia que reúne, en catorce tomos –siete de texto y otros siete de láminas– la iconografía del mundo grecorromano, lo que la convierte en una obra de fundamental para el desarrollo de la presente investigación.

b) La mujer en la prensa gráfica de fines del siglo XX:

El subtítulo implica una doble consideración: la imagen de la mujer como generadora del discurso periodístico (periodista, columnista, escritora), y la imagen femenina que proyectan los medios gráficos (especialmente, las revistas femeninas). Si bien mi propuesta consiste en profundizar en esta última, conviene realizar algunas observaciones sobre el primero.

En primer lugar, mi estudio versa sobre el discurso de la revista femenina, que constituye sólo un tipo de publicación dentro del ámbito de la prensa privada. Con la expresión prensa privada me refiero a aquella dirigida a un segmento acotado de público, que trata exclusivamente de los intereses de dicho sector, excluyendo a los demás. La revista femenina se dedica al tratamiento de los temas que preocupan a este sexo, sin descuidar los hechos de actualidad, que -sin embargo- derivan a un segundo plano.

En franca oposición a los textos del mundo clásico latino, de las revistas surge –como es de esperar– una voz y una mirada femeninas[8]. La cuestión es, sin embargo, mucho más compleja, pues la que emerge de este discurso no es una voz individual, autónoma, sino que responde a intereses gobernados por un sistema macroeconómico. Expresado en otros términos, podríamos decir que se trata de la “voz del mercado”, modelada de tal manera que la enunciataria de ese discurso se reconozca e identifique con él. Por lo tanto, la imagen de mujer que proyectan estas revistas depende fuertemente de dichos intereses y condiciona en gran medida la construcción femenina.

Sobre este tema se abre un extenso campo de investigación, circunscripto también a los Estudios de Género. De la copiosa bibliografía existente tomaré especialmente la que estudia el estatuto genérico de la revista femenina y la imagen de mujer que ésta construye. Entre otros, el número monográfico Las revistas femeninas y la construcción de la feminidad, dirigido por Carmen Caldas-Coulthard y Luisa Martín Rojo (1999). En la Universidad de Córdoba, el equipo de investigación dirigido por María Teresa Dalmasso (2000) trabaja en el mismo tema. En el NOA, más específicamente en la Universidad Nacional de Tucumán, Alicia Albornoz (1994) ha estudiado también la imagen de la mujer en las revistas femeninas.

A pesar del vasto material bibliográfico existente sobre este tema, no hay artículos que aborden el estudio de la imagen material visual en las revistas femeninas. Tampoco he podido hallar, entre la bibliografía específica, publicaciones que contrasten  la literatura latina con textos periodísticos actuales. En algunos artículos se esboza un intento de comparación, pero no se lo profundiza. Por otra parte, los estudios de literatura comparada intentan hallar ecos o puntos de encuentro entre las literaturas clásicas y las modernas, pero siempre manteniéndose dentro de los límites de la literatura canónica. En este sentido, considero que el tema elegido y su tratamiento constituyen un área virgen y fértil para investigar.

 

Metodología

I. Para el análisis de los textos de naturaleza verbal

En el desarrollo del trabajo, utilizaré, en primer lugar, el programa de investigación propuesto por Michel Foucault en su Arqueología del saber, empleando además algunos conceptos de Charles S. Peirce, siempre dentro de su adecuación analítica, tal como está planteada en la Semiótica de Enunciados. Los pasos a seguir, según Foucault, corresponden a las cuatro direcciones en que se analiza una formación discursiva: la formación de los objetos, las modalidades enunciativas, los conceptos y las estrategias.

Formación de los objetos:

a)         En primer lugar, se tratará de reconocer el objeto, que en este caso, es el objeto “mujer” y, específicamente, “mujer bella”. Para ello, deberé hallar las superficies de emergencia del objeto, o, en otras palabras, determinar dónde se habla de él. Estos ámbitos de emergencia serán diferentes en cada una de las épocas. En el presente trabajo, estas superficies se identifican con los dos pares de textos ya seleccionados.

b)        Luego, procederé a la descripción de las instancias de delimitación: el objeto “mujer” (bella) lo es esencialmente en oposición a “hombre”, a “mujer grotesca”, “mujer casta”, por ejemplo, o a otros parámetros que permitan identificar el objeto por los contrastes entre uno y otro, tal como surja de los textos analizados.

c)         A continuación, analizaré las rejillas de especificación, centrando la atención en qué características posee la belleza femenina, qué tipo de belleza se “dice” en tales textos.

Modalidades enunciativas:

En este punto deberé determinar quién habla del objeto “mujer”; cuál es el sujeto del discurso. De esta manera reconoceré, en un extremo, un sujeto lírico-didáctico y un historiador[9], y en el otro, dos autores abstractos de los diversos textos seleccionados en las revistas dedicadas especialmente al público femenino, para luego reconocer las modalidades de:

a)         Estatuto: con qué autoridad habla cada uno de su objeto. Así, por ejemplo, podemos ver que Ovidio, en su obra amatoria, se instaura como maestro del amor, reconociéndose como poseedor de toda la autoridad para establecer  normas que los demás han de seguir. Esta modalidad enunciativa se da también pero en forma mucho más sutil en las revistas actuales dirigidas al público femenino. En cada uno de los seis conjuntos textuales se aplicará el análisis correspondiente para establecer esta característica.

b)        Institución: es preciso describir los espacios institucionales en donde cada uno elabora su discurso: Tito Livio lo hace en el ámbito oficial, cuando habla debe propagar los ideales del Estado; Ovidio, en cambio, lo hace desde una postura totalmente opuesta, rebelándose contra las reglas establecidas por el poder; las revistas, desde un ámbito comunicativo socialmente reconocido.

c)         Posición del sujeto: aquí hemos de observar cómo habla cada uno del objeto “mujer”, lo que dependerá, en primer lugar, de la posición que ocupa el sujeto con respecto al objeto y dentro de la red de informaciones en la que se encuentra. Así, reconoceremos diversas modalidades: descripción, cuestionamiento, explicación, entre otras.

Conceptos:

Primeramente, deberé deslindar qué conceptos utiliza cada uno de los que hablan de la mujer. Para ello, trabajaré en la construcción de las definiciones contextuales en cada uno de los textos.[10]

Seguidamente, deberé observar y describir la organización del campo de enunciados en el que los conceptos reconocidos aparecen y circulan.

a)         Dicha organización tiene determinadas formas de sucesión: la argumentación, las implicaciones, las inferencias, entre otras relaciones que se dan entre enunciados y grupos de enunciados;

b)        Hemos de ver también las diversas formas de coexistencia que se pueden establecer entre los enunciados, si se repiten de un discurso a otro o no y de qué manera lo hacen, si existen entre ellos relaciones de filiación, de continuidad o discontinuidad, etc.

c)         Finalmente, analizaré entre los procedimientos de intervención, de qué modo se hacen presentes tales conceptos en los enunciados.

Estrategias:

Por último, observaré cómo se forman las estrategias de la siguiente manera:

a)         Determinaré los puntos de difracción posibles del discurso, rupturas en cada texto y entre las distintas argumentaciones.

b)        Describiré las instancias específicas de decisión, es decir, la oportunidad y la eficacia de las argumentaciones por las que se opta en cada caso.

c)         Por último, analizaré las opciones teóricas efectuadas por prácticas no discursivas; o sea, la toma en consideración, en cada caso, de las actuaciones de la mujer en sus distintos ámbitos sociales y cómo han sido tomados en cuenta por los textos en estudio.

Estos parámetros metodológicos, provenientes de la propuesta foucaultiana, me permitirán sistematizar la información recuperada mediante el análisis en los textos seleccionados y reconducirla a la reconstrucción del modelo de mujer proyectado desde cada uno de los mismos.

II. Para el análisis de las imágenes materiales visuales

Para el tratamiento de las imágenes materiales visuales[11] –tanto las que surgen de los textos latinos como las de las revistas–, partiré de la propuesta metodológica de Magariños de Morentin, formulada en base al concepto de signo de Peirce (Magariños de Morentin, 2001), de la cual aprovecharé especialmente los aportes de la Semántica Visual para la interpretación de las imágenes visuales.

De entre las distintas clases de imágenes materiales visuales, las que aparecen en las revistas y aquellas a las que hacen referencia los textos clásicos del presente estudio constituyen ‘sinsignos icónicos’ –o imágenes materiales visuales figurativas–, pues muestran “una concreta analogía con un existente” (Magariños de Morentin, 2001: 299).

Para el análisis de las imágenes seguiré los siguientes pasos:

a.       dar cuenta de qué muestran;

b.      puntualizar cómo lo muestran;

c.     contrastar lo mostrado por la imagen con el texto verbal que se refiere a ella –en el caso de los textos clásicos– o que la acompaña –en las revistas– de modo de ver qué interpretaciones realizan los textos verbales de las imágenes. Este paso se basa en la necesidad de recuperar la significación de la imagen y no dar cuenta solamente de su efecto de mostración. La imagen material visual por sí sola no significa, sólo adquiere su significado por eficacia de otra u otras semiosis. Por ello considero conveniente, en principio, seguir el criterio de utilizar el texto como un ‘auxiliar’ para saber qué valoración le aporta a la imagen –no como componente de un ‘texto híbrido’ formado por escritura e imagen, sino como paratexto que glosa lo que muestra la imagen–.

Aplicaré el mismo procedimiento en los textos de las culturas de ambas épocas para luego contrastar éstas entre sí.

 

Corpus

El corpus de análisis sobre el cual aplicaré la metodología detallada en primer término está conformado por:

- Ars amatoria de P. Ovidio Nasón, con especial referencia al Libro III.

- Algunos fragmentos de Ab urbe condita de Tito Livio, principalmente aquellos en los que se proyectan imágenes de mujeres.

- Los números de las revistas Luna y Para Ti publicados entre abril de 1997 y abril de 1999[12].

Con respecto al corpus de imágenes materiales visuales sobre el que aplicaré la metodología expuesta en segundo término, estará integrado por:

- Reproducciones de pinturas murales, mosaicos y cerámicas –entre otros– de postrimerías de la República y comienzos del Imperio, siempre teniendo en cuenta la relativa limitación y escasez con que se puede trabajar, debido a la dificultad de disponer de tales imágenes. Intentaré recuperar aquellas imágenes de mujeres que correspondan a las que Ovidio y Tito Livio esbozan en sus respectivas obras.

- Un conjunto iconográfico perteneciente al segundo corte sincrónico de esta investigación, conformado por las imágenes de tapa de las revistas Para Ti y Luna, además de una selección de las fotografías de interiores –pertenecientes a distintas secciones de las revistas, así como también a espacios publicitarios–.

A partir de lo expuesto, se puede definir este corpus como ‘no canónico’ –pues incluye textos no legitimados por la literatura: las revistas femeninas–, además de constituirse como un conjunto textual mixto y heterogéneo, por su doble naturaleza: verbal y visual.

Tanto el corpus elegido como las operaciones propuestas para su análisis, responden a la hipótesis metodológica acerca de la eficacia contrastativa de los textos seleccionados.

 

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[1] El concepto de imagen material visual se ofrece en la Metodología.

[2] Es necesario dejar en claro que el propósito no es seguir la línea de evolución del concepto desde una época hasta la otra, sino que se trata de tomar dos cortes sincrónicos para contrastar los valores que proyecta cada uno de ellos a través de sus textos.

[3] Algunas de estas ideas son, por ejemplo: imperiosidad del uso del maquillaje para ocultar defectos y realzar la hermosura; adecuación del arreglo a cada persona; necesidad de cambiar las formas naturales del cuerpo; la creencia de que la belleza es, más que un don divino, algo que debe lograrse mediante el trabajo y la dedicación, entre otras.

[4] Me refiero especialmente al Libro III del Ars amatoria, que es el que el poeta dirige en forma exclusiva a las mujeres.

[5] Magariños de Morentin define superación como “aquella mediante la cual, dados n pares de universos diferentes (n 2), constituidos por formas semióticamente semantizadas, con estructura de sistemas, discursos, enunciados y referentes y dispuestos según una sucesión ordenada u ordenable, las contradicciones lógicas inherentes a tales pares (o a alguno de ellos) dan lugar a nuevos pares de universos de formas valoradas” (Magariños de Morentin, 1996: 46). El concepto de superación no implica criterio de valoración alguno, esto es, cuando se dice que un lenguaje ha superado a otro no significa de ningún modo que uno es mejor que otro, sino que uno ha perdido vigencia para dar lugar a la actualidad de otro.

[6] A tal punto fue importante la imagen femenina en la antigua Roma, que provocó que el Estado interviniera en ese ámbito mediante el dictado de una ley que prohibía el lujo en el año 196 aC. Esto desató una reacción extraordinaria de las mujeres, que se lanzaron a las calles en una verdadera manifestación a exigir la derogación de tal ley. La lucha de las mujeres tuvo éxito y la ley fue derogada. Esa sería la primera vez (pero no la última) que las mujeres se rebelaban en forma masiva y pública contra el poder hegemónico masculino.

[7] Ver superficies de emergencia en el apartado correspondiente a la Metodología.

[8] El staff de redacción de Para Ti está integrado en un 53% por mujeres, y el de Luna en un 45%. Estos datos cuantitativos, si bien no pueden ser interpretados como una presencia relegada de la mujer, dicen sin embargo que, contrariamente a lo que se cree, las revistas de mujeres no son hechas solamente por mujeres. Es significativo, sin embargo, que ambas publicaciones cuentan con un hombre como director.

 

[9] Con las características que el “historiador” posee en la antigüedad grecolatina.

[10] Para la elaboración de definiciones contextuales, sigo las operaciones descriptas en el Manual Operativo para la elaboración de “definiciones contextuales” y “redes contrastantes”. (Magariños de Morentin: 1998).

[11] No cualquier imagen puede ser valorada como signo, y, por lo tanto, ser objeto de estudio de una semiótica, sino sólo aquella que sea factible de ser considerada como “sustituyente de otra forma que no es la que se está percibiendo” (Magariños de Morentin, 2001: 297). A esta clase de percepción visual Magariños la denomina imagen material visual. La calificación de “material” posee una referencia concreta: alude a la necesidad de que tenga un soporte físico para que sea considerada como tal, sin importar de qué soporte se trate ni cuál sea el sistema de producción de la imagen.

[12] Tomo la fecha de aparición de Luna en el mercado como punto de partida para la selección de números de ambas revistas y limito a dos años el corte sincrónico correspondiente a fines del siglo XX.