Maestría en Análisis del Discurso

 

 

Las cartas privadas de los hombres públicos:

análisis de las estrategias discursivas en los epistolarios Sarmiento - Posse, Sarmiento - Frías y Sarmiento - Lastarria

 

 

Maestranda: prof. Zelma Dumm

 

 

 

Directora de la Tesis: Dra. Élida Lois

 

 

junio de 2004

 

 

 

Dedicatoria

 

Toda vida humana tiene un costado público y uno privado. En mi vida pública particular, tres hacedoras del destino académico alumbraron mi camino: Élida Lois, Elvira Arnoux y Bertha Zamudio. A ellas les agradezco la ardua tarea de enseñarme.

En la esfera de lo privado, hubo quien me reemplazó a cada instante en todos los deberes de la vida doméstica, para que pudiera escribir este trabajo. Este fue mi marido Carlos.

Ya lo dijo Platón: “El ternario es el número de la idea; el cuaternario es el número de la realización de la idea” . Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de Símbolos.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

...al determinar sobre qué escribo,

 manifiesto quién soy (o quiero ser o parecer)

y quién pienso que es mi corresponsal.

Marcelo Abadi, Carta sobre las cartas/La última carta.

 

 

...la correspondencia es un género perverso:

necesita de la distancia y de la ausencia para prosperar.

                                                                                Ricardo Piglia, Respiración artificial
Introducción General :

 

            Las cartas pueden ser consideradas como el medio privilegiado de comunicación escrita entre uno o más remitentes y uno o más destinatarios. Su  función pragmática puede abarcar distintas acciones comunicativas que se caracterizan por establecerse a través del discurso epistolar como diferidas en el tiempo y en el espacio.

Considerada la carta como un género, ha sido también pensada como un diálogo  “en ausencia” o como una práctica social de la que participan dos partenaires que van diseñando entre ambos una coreografía particular, cuando se trata de una historia epistolar y no de una correspondencia aislada. La carta tiene una función comunicativa primordial y es esta capacidad de transmisión lo que la diferencia de la función conservadora de las memorias o los anales.

 Como instrumento de escritura al servicio del pensamiento, beneficia el intercambio dialógico entre dos sujetos discursivos que es, a la vez, el lugar en donde la subjetividad del yo toma cuerpo en la palabra escrita. Por eso cuando pensamos en “cartas privadas” nos referimos a la producción, circulación y consumo originales de este género discursivo que inscribe una primera y una segunda persona discursivas, según aparecen configurados en la trama misma del texto epistolar.

Aunque la definición tradicional de “carta personal” remite a la transmisión de un material escriturario que principalmente centra su atención en las vivencias personales del enunciador, y que prioriza una temática que revela la trama biográfica de los acontecimientos menores de la vida,[1] es posible pensar también que, desde otra perspectiva, el género discursivo epistolar es uno de los lugares ideales para realizar un análisis de las estrategias discursivas  mediante las cuales el hombre público se inscribe a sí mismo en sus textos privados. Este procedimiento nos permitirá examinar también cómo a partir de los documentos privados se proyecta una vida pública y se diseña una carrera política.[2]

Así como los hechos cotidianos tejen una malla de pequeños eslabones en la biografía de todo hombre, que no pueden observarse a través del recorrido que realizan los grandes hombres en su vida pública y que los historiadores persiguen, así el hábito escriturario que caracterizó la proliferación epistolar de hombres como Sarmiento o Posse permiten observar en los textos de sus cartas tanto la intimidad de su pensamiento como los procedimientos retóricos con los que construían sus redes de poder. Las estrategias discursivas propias del hombre político aparecen como mecanismos retóricos  de seducción argumentativa aun en los textos de circulación privada.

Cuando nos referimos al análisis de las estrategias discursivas de los enunciadores entendemos el concepto de estrategia como “aquella representación global de un medio para alcanzar un fin”.[3] Aunque es ésta una definición amplia y abarcativa del espectro discursivo, nos permite considerar el sentido instrumental del término, junto con un matiz argumentativo que, en última instancia, tiene el sintagma. La definición de “estrategias discursivas” proporcionada por Charaudeau y Maingueneau en su Dictionnaire d’Analyse du Discourse  hace referencia, en cambio,  a su relación con  términos militares ofensivos: “Le terme de stratégie vient  del’art de conduire les opérations d’une armée sur un terrain d’action”, opuesta paradigmáticamente a la palabra “táctica”.[4] En este sentido, los recursos empleados por los hablantes/enunciadores tendrían una fuerza argumentativa que colaboraría con la intencionalidad persuasiva  del mensaje epistolar.

Por otro lado, hace falta pensar la escritura de la carta  como una materialidad opuesta a la evanescencia de la oralidad, como huella en el papel que permite la mirada escrutadora  del analista del discurso, en su doble valor de documento histórico y de monumento de vida, dentro del contexto histórico argentino de mediados del siglo XIX. Si para  los caudillos, la práctica política habitual  era la capacidad discursiva oral de aquellos que no sabían leer ni escribir, como el Chacho Peñaloza, quien “firmaba  con una rúbrica los papeles que otros le escribían”,[5] para los hombres ilustrados la escritura representó la civilización y la proclamación evidente de la cultura de la escolaridad frente a la barbarie del gaucho iletrado.[6]

Durante el siglo XX, la publicación editorial de cartas privadas escritas en el siglo pasado plantea dos reflexiones inmediatas: por un lado, da cuenta de los frutos de la escolarización masiva de la población; por otro lado, permite pensar las consecuencias de una producción y circulación segundas, a partir de las cuales las cartas se transforman en textos mediatizados por las prácticas editoriales y consumos masivos. La publicación en epistolarios trae, a su vez,  a colación el problema de la propiedad de los textos, pues, ¿a quiénes pertenecen las cartas?  ¿a  quién las escribe?, ¿a  quién las recibe? ¿o a la humanidad toda en el caso de los hombres públicos?  Para  Jacques Derrida, por ejemplo, la carta no tiene propietario puesto que se conforma ella misma en el devenir de un trayecto que va del emisor al receptor, sin que nadie pueda realmente poseerla.  “Es estructuralmente volante y robada”,[7] afirma.

Lo cierto es que la publicación de correspondencia privada en forma de epistolarios ha impuesto un nuevo recorrido lector sobre el material textual al provocar la injerencia del espacio de lo privado en el espacio público. La conversión que sufre el material de la correspondencia de Sarmiento aparece como consecuencia de la transformación de la persona de Domingo Faustino Sarmiento, hombre de su tiempo, en figura reconocida de la Historia argentina. La modificación en la circulación de los discursos sociales se realiza porque el interés público ha teñido e invadido la intimidad de la vida toda. A partir de esta metamorfosis del material  discursivo privado en público, se inicia no sólo la posibilidad de una mirada distinta sobre los textos personales sino que también se quiebra el contrato de lectura preexistente gestado en la escritura de la carta privada.

Entonces, se pasa del concepto de la inviolabilidad de lo íntimo a su exhibición pública. El concepto de que la lectura no debía violar el correo personal construyó un contrato implícito labrado entre los corresponsales, inscripto en las prácticas sociales tradicionales del intercambio epistolar (que, por ejemplo, es un rasgo del género epistolar que actualmente no se renueva en la práctica informática de la red del correo electrónico: mientras que la carta tiene una destinación precisa, el e-mail permite ser reenviado con suma facilidad a una lista de correo de lectores).

 

1. Presentación del tema

La carta como  objeto de estudio

 

La carta ha sido presentada como un “género de habla” por algunos autores (Voloshinov, 1992), también ha sido estudiada como un “diálogo diferido” (Violi, 1985), como una “práctica  social” (Chartier,1991),  como una “forma” (Chamayou, 1999) o como un “gesto” (Chaput - Chabot, 2002), que en tanto instrumento de reflexión y de creación propicia un intercambio enriquecedor entre dos corresponsales. Pero en cualquiera de estas definiciones encontramos un obstáculo epistemológico que nos hace dudar de su estatuto. Aunque la carta tradicionalmente ha sido comparada con una “conversación a distancia”, no es menos cierto que mientras que la conversación se anuda siempre en el presente de la interlocución, la carta “es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible de diálogo”.[8] Una se conforma en la oralidad de la situación de enunciación, la otra se establece como discurso enunciativo escrito, que puede aspirar a la eternidad.

Por otro lado, la multiplicidad de los usos sociales de la carta no pone en tela de juicio su identidad genérica, como sostiene equivocadamente Chamayou, si entendemos que “es imposible dar de un género una definición estática que comprenda todos sus fenómenos: el género se desplaza. [...] La condición necesaria y suficiente de la unidad del género de época en época está dado por los rasgos ‘secundarios’ como el tamaño de la construcción”.[9]

Sí suele admitirse, en general, que la carta posee una estructura fija y definida, en oposición  a la amplitud de contenidos que pueden desarrollarse en su interior. Esta característica es la que le permite incluir géneros completos tales como canciones o discursos, fragmentos de otras cartas o poemas.  

Otros estudios, en cambio, han privilegiado en la carta el rol de formadora genérica (Bazerman, 1997),[10] al entender que fue a partir de esta forma primigenia y antiquísima que se produjo el nacimiento y la dispersión de los géneros de comunicación escrita. Esta hipótesis sostiene que de las cartas  derivaron los tratados filosóficos, que devinieron ensayos modernos con el correr de los tiempos, además de toda clase de documentos legales y comerciales. Fueron, para Bazerman, el medio idóneo para el desarrollo de la ley, el gobierno y la política, así como el instrumento de los intercambios financieros, entre los que hoy podemos nombrar al pagaré, al cheque, las acciones y  la letra de cambio, parientes lejanos de la misiva.

 Según Bazerman, junto con la percepción del género epistolar como categoría,  el formato de la carta permitió a  los hombres, desde sus comienzos, la navegación en el mundo complejo de lo textual y de la actividad simbólica. Al reconocer un tipo textual se percibieron  también las actividades propuestas, los roles de escritor y lector, los motivos, la ideología y contenido esperable en un documento.

Otro aspecto relevante para el estudio de las cartas es la doble inscripción que en ellas se producen, a saber: de dos personas (remitente y receptor), dos tiempos diferentes (el de la escritura, el de la lectura), dos espacios geográficos, dos intenciones. La necesidad estructural de la carta es la de exhibir estas marcas de la situación de enunciación y de recepción.

Este aspecto “bifronte” del género es lo que  Nora Bouvet ha definido como la “duplicidad intrínseca” de lo epistolar.[11] La investigadora propone como matriz del género la ambivalencia entre  oralidad/escritura,  presencia/ausencia, privado/público, fidelidad/traición, realidad/ficción y destinación/desvío. De alguna manera iremos recorriendo cada uno de estos pares antitéticos, para comprender lo que  titula como la “doble dimensión constitutiva” del discurso epistolar.

La duplicidad del género orientaría también a los sujetos participantes del intercambio epistolar, en los procesos de lectura y escritura que se constituirían en un modo peculiar de leer y escribir, contenido dentro de un marco contractual que implicaría deberes y derechos de los sujetos discursivos. En este contrato se instala la creación de un mundo construido entre ambos corresponsales que viene a constituir una especie de “enciclopedia idiolectal” en el texto.[12] Allí, los saberes son compartidos, negociados o discutidos, pero también suele haber una serie de sobreentendidos y alusiones veladas que no permiten al lector ajeno acceder totalmente a las claves de lectura.

Es también  destacable la tendencia de la carta a presentar secuencias marcadas por la  autorreferencialidad o auto-objetivación del sujeto enunciador, que pueden llegar a convertir a la carta en un “soliloquio” o en un monólogo. Por otro lado, en la correspondencia se produce un efecto de reflexividad cuando entendemos que el emisor del mensaje es al mismo tiempo su primer lector . El “yo” se lee a sí mismo a través de la carta al otro. Pero el material discursivo es, a su vez, una escritura dirigida hacia el “otro”. Por esta razón hablamos de la carta como un “discurso orientado”.

Finalmente, queremos hacer mención del carácter fronterizo del género epistolar en lo que respecta al concepto de “literariedad”, en tanto que, como afirma Paul de Man,  la capacidad literaria de un texto  depende del acto de lectura efectuado. En este sentido,  puede hablarse de estos textos epistolares como literarios, en tanto que podrían aceptar una lectura “literaria” , y que no puede distinguirse claramente en ellos el mensaje y los medios de comunicación que lo transmiten, sobre todo cuando el discurso presenta una serie de figuras del lenguaje que revela el carácter semántico y retórico de la lengua empleada.[13]

 

El epistolario como colección

 

Uno de los pensadores más originales en cuyos escritos se basa mucha de la reflexión  actual sobre el tema del discurso,  es el crítico  soviético Mijail Bajtin, quien se apoya, en uno de sus artículos más célebres, “El problema de los géneros discursivos”,[14] en la afirmación sobre la extrema heterogeneidad y variedad de los formas del discurso  que es posible encontrar en las prácticas sociales humanas.  Dentro de esta proliferación de géneros discursivos que nacen en los intercambios interpersonales, propone Bajtin un principio de clasificación de los enunciados a partir de los cuales establece la diferencia entre géneros primarios y secundarios, sosteniendo que:

 

Los géneros discursivos secundarios (complejos) ─a saber, novelas, dramas, investigaciones científicas de toda clase, grandes géneros periodísticos, etc.─ surgen en condiciones de la  comunicación cultural más compleja...[...] En el proceso de su formación estos géneros absorben y reelaboran diversos géneros primarios (simples) constituidos en la comunicación discursiva inmediata.

 

Los epistolarios, como género secundario, reelaboran y absorben al género primario cartas,  imprimiendo un recorrido narrativo diferente en el material primigenio,  pues la lectura cronológica y completa de las cartas de los dos corresponsales permite al lector previsto por el texto reconstruir una línea vertebral atravesada por los hechos biográficos e históricos de los corresponsales. En relación con el proceso lector, es posible pensar que la lectura de un tercero sobre el material en tanto colección, le permite un horizonte diferente y más amplio del que pudieran tener los protagonistas durante sus vidas. Estos sólo estuvieron habilitados para transitar el intercambio epistolar paso a paso, en la inmediatez de los hechos cotidianos, mientras que el lector actual del epistolario tiene la oportunidad de leer un material  acumulado a lo largo de 40 años de práctica escrituraria, como una narrativa.

En la colección epistolar pueden darse la manipulación, la selección y también la censura como una forma de poder impuesto por la publicación al texto. A su vez, la intervención del recopilador, que suele ser también el prologuista del texto, imprime una modificación en la lectura de las cartas, porque interviene en ella, mediatizando  el producto a través de su injerencia. La publicación transforma la grafía, borra las tachaduras y los cambios de letras, estabiliza los márgenes y espacios en blanco del papel: industrializa el producto artesanal, eliminando algunas de las marcas del autor.[15]  

Si las cartas privadas enviadas entre Sarmiento y sus corresponsales fueron pensadas para su lectura en el ámbito privado, a lo sumo, en el ámbito familiar, las cartas editadas en los epistolarios se producen para la exposición pública, propiciada por una idea de escritura que se presenta como histórica pero al mismo tiempo, atemporal en tanto materialidad.

En su estatuto primigenio, las cartas privadas inscribían a los corresponsales en un contexto histórico de contemporaneidad. Desde la actualización de la lectura, el contexto aludido por los epistolarios y el tiempo histórico de los participantes del acto comunicativo original son absolutamente diferentes, a punto tal que el marco espacio-temporal original de la carta privada debe ser reconstruido por el compilador para posibilitar una lectura comprensiva por parte de los lectores del evento comunicativo mediatizado.

 Estamos hablando entonces de lo que podríamos llamar una “enunciación enunciada”[16] o de una función autorial que se desdobla en dos enunciadores distintos: el remitente primigenio, ahora inscripto como voz autorial fijada por el tiempo y la escritura, y el enunciador-otro, compilador crítico que enmarca el discurso ajeno  y le da sentido. La complejidad de la comunicación discursiva permite hablar de dos situaciones de enunciación diferentes, una inscripta como una narrativa[17] ─la histórica─ otra que se realiza en el momento de la lectura - la actual.

 

La moda de los epistolarios

 

Nos parece interesante comentar la importante cantidad de publicaciones que se vienen realizando en relación con la figura de Sarmiento como así también la oferta que realiza en estos momentos el mercado editorial argentino sobre la edición de recopilaciones de cartas del sanjuanino. Es menester para ello hacer notar que, desde hace unos años, el historiador Félix Luna ha difundido una serie de trabajos de diferente factura sobre la figura de Sarmiento, entre los  que se incluye una obra de pretensión literaria  tal como Sarmiento y sus fantasmas. Encuentros imaginarios (Luna, 1997). En un texto de molde ficcional, los hombres y las mujeres que rodearon a Sarmiento durante su vida lo visitan antes de su muerte para despedirse, en su casa de Asunción del Paraguay. Allí comparece Frías, a quien Domingo Faustino nombra como “el padre Frías”, chanza habitual en la boca del sanjuanino, quien a menudo acusaba al otro de excesivamente religioso. F. Luna rescata el difícil papel que le fuera encargado por Sarmiento a Frías sobre la defensa de los intereses argentinos cuando fue designado como Ministro Plenipotenciario del gobierno argentino en Chile.  Adjunta  además ese libro cuatro Apéndices: el primero de ellos contiene una carta de setiembre de 1855 de su  esposa, Benita Martínez Pastoriza, inédita hasta el momento. El segundo apéndice recoge otra carta, la escrita por D. F. Sarmiento a  Domingo Soriano Sarmiento, donde el primero hace unos comentarios a propósito del casamiento del segundo con una prima. El Apéndice 3 presenta una carta de Augusto Belin Sarmiento, enviando el testamento ológrafo de su abuelo al Juez en lo Civil correspondiente.

Este procedimiento de inclusión de cartas en una obra mayor se va a reiterar en casi toda la bibliografía que hemos recorrido sobre Sarmiento: la cantidad de cartas que éste ha escrito en vida ha sido cuantificada en la suma aproximada de 22.000 piezas, por lo que los historiadores, biógrafos o editores de antologías suelen publicar parte de este material que se halla disperso entre diferentes Bibliotecas, Archivos Históricos o publicaciones como complemento de la biografía.

Otra publicación no tan reciente (1996) es el cuaderno de Natalio Botana titulado Los nombres del poder. Domingo Faustino Sarmiento, segunda obra de este investigador y académico sobre el tema, puesto que en 1984 había publicado La tradición republicana. Alberdi y Sarmiento y las ideas de su tiempo.

Los claroscuros de la figura de Sarmiento, su carácter impetuoso, su obsesión por ciertos temas como la educación, el transporte como factor de progreso, las ideas sobre la inmigración europea, han atraído trabajos de homenaje, de investigación y de crítica histórica desde hace muchos años. Pero en los últimos tiempos, uno de los aspectos que más ha causado curiosidad de esta figura histórica ha sido la exhibición de la vida privada del prócer. En efecto, en octubre de 1997, Juan Mariel Erostabe publica El epistolario íntimo de Sarmiento  con el aporte de la Casa Natal de Sarmiento –Museo y Biblioteca y editado por la Editorial Fundación Universidad Nacional de San Juan. Hace mención este autor a la necesidad de profundizar el estudio del género epistolar sarmientino en razón de haber sido muy poco trabajado como tema de investigación. Erostabe encuentra que las cartas de Sarmiento son un complemento necesario para el estudio de su obra literaria, tanto por la abundancia escrituraria del autor como porque la correspondencia escrita por Sarmiento se extiende durante casi todos los años de su vida adulta. No es raro encontrar en sus cartas menciones  de sus textos políticos, y Erostabe insinúa que ciertos ejemplares podrían funcionar como una   amplificatio del Facundo, la obra más preciada de su autor.

Otra hipótesis emerge de las páginas de este investigador: la escritura para Sarmiento es herramienta de cultura, y así como frente al desierto (página en blanco) postula la necesidad del surgimiento de la civilización (página escrita), así no escribir o no comunicar es vivir en la barbarie. Sarmiento inscribe su escritura en un espacio de saber que legitima el propio discurso y legitima a quien lo emite.

Un texto publicado recientemente es El gran Sarmiento. Las cartas que develan al hombre de acción y su intimidad de Gustavo Bombini (2001), quien fuera auxiliar en un grupo de investigación coordinado por la directora del Instituto de Filología, Ana María Barrenechea. Bombini describe el aspecto material de las cartas de Sarmiento: las piezas originales son cuartillas dobles de 4º o de 8º que encontró ordenadas en cajas de archivo o  carpetas de cartulina.  Las pocas reescrituras  halladas en el cuerpo de las cartas indican una escritura fluida y veloz, que no se detiene para la revisión cuidadosa.

La obra se estructura en cuatro secciones: “Cartas de Don Yo”, “Las mujeres de Sarmiento”, “Querido Dominguito” y “Utopista”. El criterio de selección de las cartas llevado adelante fue reunir algunas piezas en las que Sarmiento se autopresentara, otras en que el sanjuanino presentara a “otros” y algunas que  actuaran como instrumento de su hacer político. Estas cartas ya habían sido publicadas anteriormente en textos disímiles, salvo las cinco piezas dirigidas a su hijo, que fueron encontradas en la Sala VII del Archivo General de la Nación. Éstas últimas tienen un fuerte carácter instruccional: no sólo  indican cómo debe Dominguito comportarse sino que insisten en cómo deben escribirse las cartas al padre. La medida de su extensión será también la medida del afecto, dice Sarmiento, y por este motivo le reprocha a su hijo las escritas de “mala gana y a prisa”.

Algunos estudios específicos sobre la  práctica epistolar sarmientina son los realizados por Ana María Barrenechea, quien además acompaña el trabajo Sarmiento-Frías. Epistolario inédito  con un minucioso prólogo y tres Apéndices que completan la edición, cuidadosamente anotada y revisada. Otros trabajos y publicaciones específicos sobre el tema (1859, 1988, 1990, 1992) dan cuenta del interés de la investigadora por la correspondencia de Sarmiento, así como de su labor de rescate de material bibliográfico.

Las publicaciones sobre esta figura argentina son innumerables y se suceden cotidianamente, tanto en textos que presentan una biografía novelada, Cuyano alborotador. La vida de Domingo Faustino Sarmiento de José Ignacio García Hamilton (1997), como en textos críticos, es el caso de “Pólvora y tinta. La estrategia polémica de Las ciento y una” de Julio Schvartzman, 1996, que analiza el producto epistolar en el formato de “Carta abierta” del debate Alberdi-Sarmiento a propósito del gobierno de Urquiza. Otra de las últimas obras es la publicada por la investigadora Aracelli Bellota (Aurelia Vélez. La mujer que amó a Sarmiento, 2001), en la que nuevamente se intercalan cartas de ambos protagonistas, esta vez, integradas al texto ensayístico.

Sin embargo, pocos estudios profundos han sabido dar cuenta de las prácticas escriturarias no literarias de Sarmiento y menos aún desde una perspectiva del análisis del discurso. Tampoco ha sido estudiada la correspondencia de Frías, Lastarria o Posse, quienes compartieron con Sarmiento una larga amistad y también el hábito de la escritura cotidiana. 

 

 

 

Algunos datos relevantes de la vida

 de Domingo Faustino Sarmiento

 

             Sarmiento construyó, por medio de la escritura,  su propia memoria en vida e intentó, tanto desde Mi defensa (1843) como desde Recuerdos de Provincia (1850) diseñar una imagen pública de su vida privada que estuviera al servicio de sus ambiciones políticas.

 Nació en San Juan de la Frontera el 15 de febrero de 1811. Hijo de Paula Zoila Albarracín y José Clemente Sarmiento, concurrió a la Escuela de la Patria  donde cursó los estudios primarios, única experiencia formal de educación que transitó durante su larga vida. En 1825 practicó la enseñanza elemental junto a su tío el presbítero José de Oro, en San Francisco del Monte, San Luis, donde fundó la primera escuela. Dos años después combatió junto con su padre  defendiendo a las fuerzas unitarias. La derrota lo llevó a su primer exilio en Chile, desde 1831 a 1836. 

En ese año regresa a San Juan , funda el Colegio de Señoritas de la Advocación de Santa Rosa de Lima  y pone en marcha el periódico El Zonda. En 1840 es desterrado nuevamente a Chile, donde inicia una exitosa carrera periodística en El Mercurio y El Nacional . Publica Mi defensa (1843) y lee en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile su Memoria sobre ortografía americana. En 1845 publica el Método gradual de lectura, Vida de Fray Félix Aldao y Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina. Durante dos años viaja por Europa,  Estados Unidos, Canadá y Cuba.  En 1848 se casa con Benita Martínez  Pastoriza, viuda de Domingo Castro y Calvo, y confiere su apellido a Domingo Fidel, probablemente su hijo biológico. En 1850 publica Argirópolis y Recuerdos de Provincia . Al año siguiente se pone a las órdenes de Urquiza y participa en el ‘52 en la batalla de Caseros. Recién en 1854 regresará a San Juan, luego de su autoexilio en Chile.

Ya en Buenos Aires ocupa varios cargos oficiales y en 1857 es designado Senador del Estado de Buenos Aires. En 1862 y bajo el gobierno de Mitre es elegido gobernador de San Juan. Renuncia al cargo en 1864 por disidencias con el gobierno central y comienza una nueva gira por los Estados Unidos como Ministro plenipotenciario de la República Argentina. Su hijo “Dominguito” muere en la batalla de Curupaytí. En su viaje de retorno al país, recibe la noticia de que ha sido elegido Presidente de la República. Durante su presidencia  enfrenta varias dificultades: el asesinato de Urquiza, la rebelión de López Jordán, la epidemia de fiebre amarilla que asola Buenos Aires.

 Durante el gobierno de Avellaneda ocupa el cargo de Ministro del Interior (1879) y más tarde es designado Superintendente de Escuelas del Consejo Nacional de Educación (1881). Publica en 1883 el primer volumen de Conflicto y armonías de las razas en América. Desde 1887 se instala en Asunción, Paraguay para contrarrestar problemas de salud. Muere el  11 de septiembre de ese año a las dos y cuarto de la mañana, acompañado por su hija Emilia Faustina y su nieta María Luisa[18].


2. Estructura de la tesis

           Desarrollo del tema

 

Este trabajo de tesis se organiza a partir de una introducción general, y se desarrolla en cuatro capítulos centrales y una conclusión.

En esta Introducción se realizan comentarios generales sobre el estatuto genérico de la carta, se presentan los objetivos generales de la  investigación y se explicita sucintamente el marco teórico general.

El Capítulo 1 está dividido en cuatro partes. Remite la primera de ellas a un rápido recorrido histórico de lo que han sido los límites de las prácticas sociales entre las esferas públicas y  privadas en siglos anteriores al nuestro; en segundo lugar, se relacionan las prácticas con el género epistolar para describir la evolución del género desde comunicación pública a la correspondencia privada; en tercer lugar, se caracterizan las prácticas privadas y públicas de los ciudadanos en la Argentina del siglo XIX  y se vincula la vida política de los exiliados con la práctica epistolar; finalmente se concluye con el análisis de los comentarios que los propios corresponsales escribieron sobre el género, en los cuerpos mismos de las cartas o en otros textos.

En el Capítulo 2 se analiza el texto  Sarmiento-Frías. Epistolario inédito en el que se percibe, desde una perspectiva semiótica, los recorridos modales de Sarmiento, según la modalidad del querer/deber/saber/poder del cuadrado semiótico greimasiano; y en cuanto a la figura de Frías, se examina la alternancia de la conjunción y no conjunción de la relación amistosa sostenida con Sarmiento.

El Capítulo 3 remite a la Correspondencia entre Sarmiento y Lastarria 1844-1888, en la que se ha privilegiado un enfoque heterodoxo que incluye la perspectiva semiótica, en tanto que se trabaja con el concepto de recorrido narrativo para desarrollar una visión retórico-argumentativa de los textos epistolares, privilegiando a la metáfora como  tropo altamente persuasivo.

El siguiente capítulo versa sobre el Epistolario entre Sarmiento-Posse 1845-1888. El diseño del capítulo destaca dos grandes temas, que abarcan el desarrollo de: a) La materialidad de la carta, junto con el envío frecuente de objetos diversos entre los corresponsales y b) El discurso epistolar como acto de habla, en sus distintas variantes.

En el último capítulo, las conclusiones permiten evaluar la pertinencia de la hipótesis, su necesidad de modificación parcial o de completamiento en atención de la realización de estudios posteriores.

 

Objetivos generales de este trabajo

 

 

La búsqueda de este trabajo puede formularse como un intento de encontrar una mirada nueva sobre materiales textuales (cartas privadas) que, producidos por sus actores, han sido recopilados por otros en epistolarios que persiguen diferentes objetivos. Mientras que algunas de las recopilaciones se hicieron a partir de criterios historiográficos en cuanto concierne a la conservación de documentación histórica, otras reflejan un marcado enfoque filológico. Esta diferente visión del material primero incide en el cuidado con que se realizó la transcripción de los originales y en el tipo de notas complementarias, que buscan reponer el contexto histórico- lingüístico.

Hemos tomado como eje de los epistolarios a la figura de Domingo Faustino Sarmiento porque, en primer lugar, el sanjuanino fue un apasionado cultor del género durante toda su vida; en segundo lugar, es un figura señera del pensamiento liberal del siglo XIX; en tercer lugar, Sarmiento fue un escritor de las bellas letras y no puede dudarse de que invertía mucho de su tiempo en una escritura manuscrita que abarcaba diferentes formatos genéricos que no pueden ser considerados como totalmente extra-literarios.[19] Pero, fundamentalmente la elección de la figura sarmientina se relaciona con su maestría en la escritura epistolar  privada y cómo a partir de las cartas construye una imagen de sí mismo altamente valorada que logra “seducir” a su destinatario y organizar su promoción pública como político. Desde esta perspectiva hemos pretendido describir las estrategias discursivas a través de las cuales sostiene su discurso.

Ahora bien, hemos optado por analizar también los procedimientos escriturarios de las parejas epistolares de Sarmiento. Las razones que han pesado para ello son que tanto Lastarria como Frías o Posse fueron hombres de gran cultura y excelentes escritores de epístolas. Además, por un condicionamiento propio del género, una correspondencia no es sino una ida y vuelta de correo y nuestro análisis hubiera quedado trunco si hubiéramos privilegiado una sola cara del intercambio. Por otra parte, la riqueza de los tres epistolarios elegidos radica precisamente en que ofrecen las cartas de ambos corresponsales, aunque desde un enfoque más lingüístico se podría sostener que todo objeto de discurso se co-construye en la interacción, aun cuando ésta fuera epistolar .      

Nuestros objetivos tienen que ver con dos campos del conocimiento que se superponen en este trabajo: por un lado, el estudio de las características del género de la correspondencia, siempre a través de los epistolarios sarmientinos mencionados. Por otro lado, el análisis de las estrategias discursivas que identifican las prácticas privadas de escritura en relación con un otro enunciatario, cuya recepción también aparece inscripta en el discurso epistolar. Tres justificaciones son posibles ante este planteo de investigación: pocos estudios han sido realizados sobre epistolarios de autores particulares, menos aún han sido trabajados los criterios genéricos específicos de la correspondencia y tampoco se han realizado investigaciones que ahonden la perspectiva en las cartas privadas decimonónicas desde el análisis del discurso, en tanto que sí abundan las recopilaciones de cartas íntimas o familiares sin aparato crítico.

Desde esta múltiple mirada podemos especificar objetivos más ambiciosos, algunos de los cuales, por su complejidad, deberían  ser estudiados posteriormente en profundidad: tales como reconocer el estatuto básico de la carta en su comportamiento genérico, determinar su matriz de producción, sus vías de circulación y consumo para dar cuenta del enclave histórico del género epistolar en el siglo XIX y su relación con los vaivenes políticos del exilio en la Argentina. En cambio, sí se han intentado relevar los procedimientos escriturarios a partir de los cuales se configuran las identidades textuales de los enunciadores/enunciatarios y cómo son negociadas estas imágenes en la recepción.

         Para el logro de dichos objetivos será preciso analizar las estrategias discursivas propias de cada remitente en relación con la construcción  del enunciado y  de la figura del enunciatario: en particular, las estrategias de manipulación, de seducción y cortesía, actos de habla, respeto o ruptura del principio de cooperación conversacional; descubrir las estrategias argumentativas que jalonan todos los discursos epistolares y esbozar algunas comparaciones entre las cartas según un eje transversal y otro cronológico para evaluar similitudes y diferencias.

 

Corpus

 

Hemos elegido para nuestro trabajo de investigación las obras Epistolario entre Sarmiento-Posse, publicado por el Archivo documental del Museo Histórico Sarmiento, y Sarmiento-Frías. Epistolario inédito, investigación y recopilación del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires. Hemos optado por estas dos colecciones de cartas junto con el texto Correspondencia entre Sarmiento y Lastarria, 1844-1888 fundamentalmente por tres motivos: los tres epistolarios recorren la mayor parte de los años productivos de la vida de estos hombres públicos (entre 1843 y 1888),  los tres nos ofrecen la correspondencia recíproca entre los protagonistas y, por último, es posible comparar transversalmente la relación epistolar de Sarmiento con sus colaboradores y amigos, uno más cercano al corazón que otro, y analizar las prácticas discursivas tanto en su coetaneidad como en su evolución temporal.

El Epistolario Sarmiento-Frías  es una compilación  editada en el año 1997  bajo la dirección de la dra. Ana María Barrenechea, fruto del trabajo de un grupo de investigadores entre los que se cuentan la dra. Elida Lois,   Lucila Pagliai y Paola Cortés Rocca, entre otros colaboradores del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Dr. Amado Alonso” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El prólogo con que comienza la publicación da cuenta de las opciones metodológicas que siguió el grupo: las cartas publicadas muestran la pervivencia  de un diálogo epistolar que comenzó el 11 de noviembre de 1843 y no termina sino con la publicación de dos cartas abiertas del 31 de mayo y 1 de junio de 1878, tres años antes del fallecimiento de Félix Frías.

El prólogo redactado por la investigadora repone en estas páginas iniciales,  determinadas circunstancias biográficas de los protagonistas que contextualizan el intercambio epistolar. Finalmente, explicita la postura de los investigadores sobre la “política epistolar de Sarmiento” e incluye un trabajo de la Directora sobre una de las cartas en particular. La hipótesis que arriesga el texto es la coincidencia de un “proyecto autobiográfico y proyecto de Nación paralelos e inextricablemente entretejidos” por parte de Sarmiento.[20]

Los otros dos epistolarios son ediciones que responden a un estricto criterio histórico, una a cargo del Museo Histórico Sarmiento, otra de gestión privada, que buscaron rescatar del olvido los materiales íntegros de las dos correspondencias entre Posse y Sarmiento y Lastarria-Sarmiento, con la diferencia, entre ellas,  de que una colección es sumamente cuantiosa respecto del número de cartas recopiladas, mientras que la segunda resulta una recopilación de menor cantidad de piezas. Ambas obras tienen prefacios que hemos tomado en cuenta, a la hora del análisis,  para encontrar las claves de lecturas propuestas desde la edición de cada epistolario.

Metodología y marco teórico

 

La orientación metodológica elegida enfoca el análisis discursivo de los textos epistolares señalados como corpus de la investigación, en función de la relevancia de los aspectos estudiados. Se privilegió un enfoque lingüístico por sobre otras perspectivas, aunque sin descartar los aportes históricos, biográficos, filosóficos, ideológicos cuando permitieron entender la producción textual de las cartas como objeto de relaciones entrecruzadas con el contexto social y cultural de la época.

Dentro del amplio campo de los estudios actuales sobre el lenguaje, hemos adoptado la perspectiva del  Análisis del Discurso, en tanto estudios sobre el discurso. Dominique Maingueneau, junto por Patrick Charaudeau, sostienen en su Dictionnaire d’Analyse du Discours,[21] que los términos de “Análisis del Discurso” refieren a un conjunto de disciplinas que han enriquecido este campo del conocimiento. Se alude a  los saberes provistos por la teoría de la enunciación, los desarrollos de la pragmática y de la lingüística textual, entre otros. El Diccionaire toma como relevante la atención que esa disciplina ha puesto sobre las relaciones que pueden establecerse entre texto y contexto. Para Maingueneau, el Análisis del Discurso consiste en: “...penser le dispositif d’enonciation qui lie une organisation textuelle et un lieu social determinés”.[22]

Los inicios del Análisis del Discurso pueden ubicarse en abril del año 1968, cuando surge el término en la reunión de los lingüistas del Coloquio de Lexicología política en Saint Cloud. Al año siguiente, J. Dubois hace conocer al público francés el “Análisis del Discurso” de Harris. La disciplina tiene como campo de estudio un espacio cuyas fronteras están delimitadas por la Historia y la Lingüística.

 En sus  comienzos históricos,  pretendió conformar una disciplina rigurosa que buscaba imitar el modelo científico de la lingüística distribucional americana de Harris. Pero la incorporación  de saberes tales como la teoría de la enunciación, hacia 1971, que incluían la noción de “sujeto locutor” y la revisión de los aspectos verbales en relación con las modalizaciones, junto con la entrada de la teoría de los actos de habla (Austin, Searle) habilitaron a la disciplina a salir del modelo gramatical propuesto al inicio. Más tarde, los aportes de la Sociolingüística pasaron a ser centrales en el cuerpo teórico disciplinar porque se fundamentaron en el postulado de que las prácticas lingüísticas son, esencialmente, prácticas sociales.[23] 

Ahora bien, cuando Benveniste afirma que la lengua combina dos modos distintos  de significancia, uno el semiótico y otro, el semántico, se refiere a dos niveles de acercamiento al objeto de estudio. “Lo semiótico designa el modo de significancia que es propio del signo lingüístico y que lo constituye como unidad”. “Con lo semántico entramos en el modo específico de significancia que es engendrado por el DISCURSO”.[24]

El primer mundo, inscripto en el espacio finito del sistema de la lengua, es del orden de lo estable; el segundo, conduce al dominio de la lengua en uso como mediadora entre hombre-hombre y hombre-mundo. En el primero, los signos deben ser identificados, en el segundo, las palabras, deben ser interpretadas.[25] Este doble enfoque nos permitiría comprender, según Authier-Revuz, que los dos niveles de análisis del texto planteados son los que han dado continuidad a dos consideraciones distintas sobre la lengua: considerar ésta como un sistema finito de unidades y de reglas de combinación, o considerar el área del discurso, es decir,  como un dominio heterogéneo y singular en el que el sujeto imprime su subjetividad.  Para la autora, estas dos orientaciones de la lingüística han conducido a una divergencia teórica en el plano de la reflexión sobre el sujeto enunciador:

-         Una concepción de un sujeto que utiliza el lenguaje para comunicarse y que tiene una relación de control sobre el sentido que produce (aunque de hecho encuentre resistencias de las voces de los otros a quienes se dirige). Aquí habría un posicionamiento exterior al lenguaje, porque el sujeto “administra” sus estrategias  interactivas en función de sus intencionalidades.

-         Otra concepción en la que el sujeto no utiliza el lenguaje para comunicarse sino que  cuando habla, es un sujeto “producido” por el lenguaje, como dirigido por el inconsciente, sujeto destituido de toda posición de exterioridad respecto a su lengua y a su decir. En la línea  de Pêcheux,  el hablante es captado por las formaciones discursivas e interpelado como sujeto. Pêcheux distingue esencialmente dos tipos de discursos dentro de esta corriente: el que acepta y reitera la formación discursiva, aunque el hablante crea adoptar ese discurso con libertad, y un discurso-otro que se opone al discurso dominante, o contradiscurso.[26]

Evidentemente, y desde el comienzo del trabajo, nos hemos ubicado teóricamente en la perspectiva de considerar al enunciador como un sujeto capaz de diseñar sus estrategias discursivas,  en tanto y cuanto ya desde el título hemos optado estos términos para referirnos al tema de la enunciación. De todos modos, lo sostenido tampoco quiere decir que el hablante adopte siempre, en forma consciente, estrategias que permitan la manipulación o persuasión del otro. Simplemente las estrategias discursivas son empleadas por el enunciador en tanto que éste es un hablante competente de su lengua materna.

En el mismo sentido, Parret distingue dos tipos de orientaciones dentro de la línea semiótica del pensamiento: una, seguida por los semióticos anglosajones que respetan el encuadre peirceano o “semiótica analítica”; la otra línea, de los semióticos continentales, que se remiten a la tradición saussureana y hjemsleviana, llamada “semiótica estructural”, aunque Parret no tarda en afirmar que ambas semióticas son compatibles. Mientras que la concepción saussureana del signo está teñida por el conflicto que establecen las concepciones psicologistas y sociológicas sobre el signo, en Peirce los sistemas semióticos tienen una naturaleza lógica que no está influida por el origen psicológico de los signos. Para Parret:

...la semiótica continental se desvía de sus orígenes, el socio-psicologismo de Saussure, y se vuelve más y más formalista, mientras que la semiótica anglosajona se desvía de su origen, el logicismo peirceano, o de la idea de la semiótica como una lógica, y se vuelve más y más sociológica. Por ejemplo,  la semiótica del tipo de Greimas está esencialmente interesada en... relaciones semióticas muy  abstractas tales como las relaciones del llamado “cuadrado semiótico” donde las relaciones “actanciales”, tanto como las modalidades, encuentran su lugar.[27]

           

 Aquello que distinguiría realmente a los dos semióticas desde el origen de las concepciones, estaría dado por las diferencias conceptuales sobre el signo lingüístico: si para Saussure-Hjemslev, el signo es producto de una relación diádica, para Peirce el signo lo es de una relación triádica.

Hemos entonces situado nuestro trabajo en la conjunción de una heterogeneidad teórica, que parece ser la clave de los estudios discursivos, según Authier-Revuz. Creímos acertado utilizar  el enfoque greimasiano, porque su claridad conceptual permite el reordenamiento de un material vasto como las cartas. Sin embargo, cuando lo creímos necesario, aceptamos el aporte efectuado por Parret a la teoría semiótica de la semántica estructural, junto con sus críticas al modelo. Hemos encontrado justificado transitar por una marcada heterogeneidad teórica, en función de ampliar el marco de estudios y, sobre todo, por pensar que era el texto el que debía dictarnos las formas y métodos de aproximación a la lectura. De otro modo, la tarea hubiera sido adoptar un marco teórico único y forzar a los distintos epistolarios como los que trabajamos a caer bajo la lupa de una sola mirada.

Hemos recurrido también a  la concepción bajtiniana del dialogismo esencial de la lengua y su aporte en la teoría de los géneros discursivos. Hemos tomado en cuenta los trabajos programáticos de Benveniste y Jakobson  y los aportes de los continuadores como Kerbrat-Orecchioni.

Hemos optado por los señalamientos efectuados por Maingueneau,[28] cuando se refiere a la situación de la enunciación, en tanto apela al carácter reflexivo del lenguaje como una de las propiedades esenciales en el que las posiciones del enunciador, el co- enunciador y la no persona, lugares fundamentales en el sistema de la lengua. La posición de no-persona, según Benveniste,  representa un plano de ruptura con los planos personales, que debe seguirse en el texto a través de procedimientos anafóricos, léxicos y pronominales.

Este marco teórico amplio nos fue particularmente interesante para el estudio del género epistolar, dado que el enfoque desde la perspectiva del Análisis del Discurso nos permitió establecer  cómo se fue construyendo cada enunciador a lo largo de la correspondencia, los cambios y evoluciones sostenidas,  como así también revisar cuáles fueron las proyecciones  que cada enunciador sostuvo sobre su co- enunciador o corresponsal.

Por otro lado, la referencia a la situación de locución tampoco fue soslayada: ¿desde qué lugar  escribe el enunciador?, ¿desde el político, desde el lugar del educador?, ¿desde dónde se responde a la carta anterior?, ¿como colega, como amigo, como opositor político? La tensión sostenida entre la posición enunciativa y la situación de locución nos permitió advertir de qué manera los enunciadores fueron adoptando distintos roles en el discurso .

La segunda perspectiva señalada por Maingeneau, encerrada en los términos “situación de comunicación”, responde al acrónimo SPEAKING de Dell Hymes, en el que  se sintetiza la finalidad discursiva, el status de los participantes, las circunstancias, el marco temporal, el medio material de intercambio, el tipo de texto y cierto uso de la lengua. Es particularmente importante en nuestro estudio tener en cuenta estas perspectivas señaladas desde el aporte de Hymes, porque las circunstancias vitales que rodearon a la escritura de los intercambios  epistolares modificaron los espacios sociales desde los cuales se realizaba la producción de correspondencia. Piénsese por ejemplo, en las primeras cartas de Sarmiento intercambiadas con Frías, escritas durante el exilio de los dos argentinos, y las diferencias de todo tipo que pueden observarse  entre ellas, y en las cartas abiertas finales del epistolario editado por Barrenechea . En éstas últimas, un enunciador había devenido ex presidente y el otro actuaba como presidente del Senado.

Fueron significativos también los aportes de las diferentes teorías de la argumentación y de trabajos que se complementan con estos enfoques: la argumentación en la lengua de Anscombre y Ducrot, la nueva retórica de Perelman y Olbbrechts-Tyteca, la teoría de los campos de argumentación de Toulmin, pero también los estudios de Eddy Roulet sobre los intercambios conversacionales, y de Perrin sobre las retomas diafónicas.

Tampoco podemos dejar de nombrar a los filósofos del lenguaje, como Austin y Grice, por el peso teórico de sus aportes concretos al campo de nuestra investigación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ningún acontecimiento humano

 se desenvuelve ni se soluciona

en los límites de una conciencia.

                                           Mijail Bajtin


Capítulo 1: Introducción al problema

 

 

La diferenciación genérica entre cartas públicas y cartas privadas es uno de los puntos de investigación que guía este trabajo. Pero el establecimiento de peculiaridades dentro del género epistolar aparece complicado por una práctica editorial moderna que busca y logra convertir lo privado en una mercancía pública. El objetivo comercial de las casas editoriales favoreció la publicación abundante de biografías, autobiografías, memorias y cartas ya desde fines del siglo  XIX en países europeos y en la Argentina, y propició las prácticas de la exposición de la privacidad tanto en el mundo de la fotografía, la pintura como del arte en general. Desde hace algunos años, la historia de la vida privada ha pasado a ser el centro de interés de historiadores y lectores contemporáneos que intentan descorrer  así un velo que había oscurecido una zona que tenía su centro de irradiación en la vida cotidiana.

De alguna manera, el movimiento de perspectiva que realiza la Historia como disciplina ha sido pensado por ciertos filósofos, entre ellos Hannah Arendt[29] como un procedimiento que pretende  la eliminación de la esfera de lo privado, en razón de que toda materia puede hacerse pública.

 Este proceso de borramiento de límites entre una y otra esfera viene acompañado por el auge de una cultura de masas que es capaz de absorber toda práctica humana y transformarla en objeto de consumo listo para ser ofrecido en el mercado. Como contrapartida, las prácticas sociales de los dos últimos siglos parecen haber conducido la escritura hacia el campo de la subjetividad y el predominio de la expresión del mundo de las emociones humanas. Pero este proceso está acompañado a su vez por la práctica de lecturas voyeuristas que se ejercen sobre material privado devenido público como las cartas de amor, los diarios íntimos o los papeles personales. 

 A mediados de siglo XIX, estas prácticas sociales se encauzan bajo los ideales románticos y se asocian con las ambiciones personales de hombres que  buscaban construir  su propia imagen política,  proyecto característico de la generación romántica rioplatense del ’37.

 

Lo público y lo privado

 

En el pensamiento de Hannah Arendt es posible encontrar una relación entre lo que ella considera como público y las formas nacionalsocialistas o comunistas de los gobiernos totalitarios. Según esta pensadora, el totalitarismo puede definirse como un régimen en el que todos los bienes se vuelven públicos y en el que se destruye la vida privada porque el hombre deja de sentir su pertenencia al mundo en calidad de individuo. De esta manera, el totalitarismo presenta, como actividades políticas, campos que se conjugan con esa práctica pero que no se identifican con ella: para el totalitarismo, las áreas jurídicas, económicas, científicas y pedagógicas son espacios que competen únicamente al quehacer político.

Cuando Hannah Arendt reflexiona sobre el pensamiento griego, tomado éste en el sentido de origen de las culturas occidentales, percibe dos tipos diferentes de organizaciones: la socio-política y la natural; esta última es entendida como relativa a las actividades que conciernen al hogar y la familia. El hombre griego recibía, entonces, junto con el nacimiento de la ciudad-estado, una especie de segunda vida:

 

En tanto que el estado incluye al hombre en su cosmos político, le da, al lado de su vida privada, una especie de segunda existencia, el βίος πολιτικός.  Cada cual pertenece  a dos órdenes de existencia y hay una estricta distinción en la vida del ciudadano, entre lo que es propio (’ίδιον) y lo común ( κοινόν).[30]

 

Junto con la división expuesta, el pensamiento griego presocrático sostuvo la idea de que acción y discurso eran dos facultades humanas que se correspondían entre sí y constituían el ideal del ciudadano de la πόλις, lo que puede verse en la Ilíada. Como la acción política era también pensada desde las palabras, esta consideración sobre la lengua repercutió fundamentalmente en el interés de los griegos por el tema de la argumentación: ser político era actuar por medio de la palabra. Para Aristóteles, el hombre es un ζωοn πολιτικόν pero también un ζωοn λóγον ’εκχόυ “un ser vivo capaz de discurso”. En conclusión: los griegos fueron capaces de sacrificar la vida personal en función de los intereses generales de la patria, mientras que  los romanos intentaron combinar los planos de la vida pública y privada.

Durante la Edad Media, esta división entre lo propio y lo común siguió subsistiendo pero tomó un cariz diferente. El feudalismo absorbió como forma de vida todas las actividades que antes fueron pensadas como propias del ámbito de lo doméstico. Desapareció la idea de lo público, en tanto que toda posesión era privada y lo era del señor feudal, quien aplicaba justicia en su territorio, como propietario único de las tierras. Como es sabido, la pérdida del interés por los asuntos mundanos estuvo acompañada por una preocupación permanente en torno a las cuestiones de la fe y  la inmortalidad del alma.

Al llegar la modernidad, surgió una idea de sociedad que reaccionó contra el período anterior caracterizado por el absolutismo real . La ideología de la Ilustración hizo lábil la línea divisoria entre la esfera privada y la esfera política porque cuestionó las bases en las que se sustentaba el poder monárquico: la idea del Derecho Divino. Jean Jacques Rousseau, como los románticos, postuló que el derecho a la intimidad era digno de sostenerse en primer lugar frente a las exigencias del mundo social, frente a una sociedad que imponía sus normas, igualaba a sus miembros y los controlaba para que nada espontáneo quebrase el orden social preestablecido. Para contraponerse a esta fuerza dominadora, los derechos individuales deberían ser protegidos por la sociedad, pues el Estado no tendría que constituirse sino como la expresión de la voluntad de las mayorías. Estas nociones fueron expuestas en la extensa Enciclopedia, que comenzaron a escribir Diderot y D̉Alembert  en 1751 y no terminaron sino 25 años más tarde. Su tesis principal era que todos los hombres nacen iguales, libres y con idénticos derechos.

 

 La escritura de la carta: de lo público a lo privado

 

La carta es un género discursivo muy antiguo, y su uso cotidiano fue variando según cómo las diferentes culturas implementaron la correspondencia en sus espacios ideológicos. En tanto hecho social, el correo epistolar se presta igualmente a una práctica restringida entre personas que desean realizar intercambios discursivos privados como a la comunicación que establecen los estados - naciones entre sí.  Pero en la Historia, las cartas también han servido de vehículo a los creyentes para dirigirse a los dioses o a las Iglesias para mantener el contacto con los feligreses. 

Según los historiadores, las cartas más antiguas que se han hallado estaban escritas en la lengua  acadia o en sumerio,[31] y eran originarias de la región de la Mesopotamia,  entre los ríos Tigris y Eufrates. En la región de Acad, al norte del territorio, se encontraron distintos tipos de correspondencia, tales como la de comerciantes asirios de la Anatolia dirigida a sus compatriotas de Nínive o de Assour  (siglo XIX a. C.),  las cartas conocidas como los archivos reales de Mari (siglo XVIII a. C.),  las misivas de transmisión oral de El Amarna intercambiadas entre el Faraón y las grandes  potencias de la época (siglo XV y  XIV a. C.), la correspondencia de la cancillería real de Nínive (siglo VII a. C.). Con respecto a los ejemplares escritos en sumerio, se conocen billetes administrativos de la dinastía de Our (tercer milenio a. C.), también  correspondencia real de fines del tercer milenio y las cartas dirigidas a los dioses en forma de súplicas o de actos de adoración.  Las primeras tablillas de arcilla que se descubrieron en un templo sumerio de la ciudad de Uruk se refieren a cuestiones contables internas, mientras que otras tablillas sumerias encontradas en las escuelas que funcionaban en el interior de los templos contienen  modelos producidos por el maestro junto con copias realizadas por los alumnos. Estos hallazgos hacen pensar que ya desde su mismo inicio estas misivas primigenias nacieron para desempeñar un rol ambivalente en relación con las actividades públicas o privadas.

Puede decirse, en conclusión, que los acadios, sumerios, babilonios y asirios fueron los inventores de la correspondencia, aunque combinada con el canal oral, porque lo escrito era leído en voz alta para otros. La carta era dictada por un remitente y grabada por un escriba, para ser transmitida ante el destinatario último,  generalmente una persona ilustre.

Una nación  que dominó el arte de la escritura jeroglífica y habitó la misma región del mundo fue el antiguo Egipto. Sus habitantes escribieron mensajes a los dioses sobre las paredes de sus templos, especies de “poemas visuales” dibujados y pintados. Pero también tuvieron una literatura de enorme riqueza, entre cuyos documentos figura El libro de los muertos, escrito en jeroglíficos bajo la XIXª dinastía de los faraones, es decir, en el siglo XIII a. C. Los difuntos eran enterrados junto con este libro, que era leído por los sacerdotes mientras se realizaba el funeral y luego se depositaba en la tumba para que los acompañase en su viaje a la eternidad. Esta concepción mágica de la palabra y la escritura convierte al texto religioso en una “carta para los muertos”, según lo entenderíamos actualmente .

Los egipcios valoraron en mucho el oficio de escriba porque podía llevarlos a viajar y a mantener contacto con el mundo exterior. Aquellos diplomáticos que se ocupaban de asuntos extranjeros tenían que aprender a escribir en el sistema cuneiforme acadio, que se usó como lengua de intercambio común en el Oriente Medio desde el año 2000 al l000 de nuestra era.

 Para  ilustrar los temas religiosos, las inscripciones jeroglíficas egipcias fueron esculpidas o pintadas en los muros de las tumbas y de los edificios públicos; en cambio,  para los asuntos más mundanos se utilizaron hojas de papiro tratadas, sobre las cuales se escribía con tinta . 

 En otra de las grandes civilizaciones antiguas, en Grecia, hubo órdenes escritas militares junto con otras actividades administrativas o políticas que se revestían bajo la forma de epístolas. Más tardíamente aparecieron en el mundo helénico y romano cartas que incluían expresiones familiares y pertenecían al ámbito de lo personal.

El mundo grecorromano fue generoso en la producción epistolar.[32]Hubo cartas administrativas, personales, de petición y recomendación aunque, como el estilo epistolar fue considerado un género menor, no se hicieron estudios retóricos al respecto. Una de las pocas excepciones que conocemos la encontramos en la figura de Demetrio, autor que suele ubicarse imprecisamente entre el siglo III a.C. y el I d.C. Las reflexiones de Demetrio anticipan desarrollos teóricos posteriores respecto de la carta: el autor afirma la ligazón entre la escritura y la expresión de la subjetividad; sostiene la idea de que el tema  epistolar debe ser simple y señala, acertadamente, que: “La carta quiere ser como la expresión breve de un sentimiento amistoso[...]”.[33] 

Las cartas ficcionales utilizadas para el aprendizaje de los niños también nacieron muy tempranamente en la historia humana. Los fragmentos de un papiro egipcio que puede haber sido redactado hace más de 4000 años, dan cuenta de las recomendaciones de un padre a su hijo para que éste se esfuerce en la escuela y aprenda el oficio de escriba, que gozaba de mayor estima que los oficios de los trabajadores manuales. En Grecia existió este tipo de cartas para niños. Hubo asimismo otro tipo de cartas ficcionales que tuvo como finalidad el entretenimiento y estuvo destinado a un público adulto; su temática variaba desde los romances morales a  los eróticos.

Las cartas a los dioses o a los muertos, las de súplica, indican la esencial y permanente flexibilidad del género a través de los siglos para establecer y elaborar situaciones comunicativas complejas.

Dentro de la historia romana, resulta productivo pensar que las cartas como género discursivo, también estuvieron atravesadas por la ambivalencia de sus funciones, porque se prestaban tanto a ser un medio de comunicación público como privado. Ya desde Cicerón, se  inició la costumbre de publicar las cartas familiares de hombres célebres (Ad Atticum, Ad Familiares) para que fueran leídas por los ciudadanos romanos. También  Séneca (Ad Lucilium) publicó las suyas.  De hecho, estos mismos originales sirvieron posteriormente como el ejemplo más completo del arte del bien escribir para los copistas medievales. También se debe a Cicerón la metáfora de pensar la carta como “una conversación en ausencia”, lugar común que señala todo cultor del género epistolar. Según Anne Chamayou,[34] la dificultad en el reconocimiento histórico de la identidad genérica de la carta se debió principalmente a la multiplicidad de sus usos sociales en las diferentes culturas.

La variedad y cantidad de cartas escritas durante el clasicismo grecorromano hizo de ellas un poderoso instrumento de intercambio verbal que se transmitió a la temprana Iglesia cristiana. Los primeros comunicados religiosos incluían narraciones de eventos comunitarios, pensamientos filosóficos, profecías, temas de consolación o de enseñanza moral para los seguidores del culto. Las Epístolas de Pablo, escritas entre los años 50 y 65, son un claro ejemplo del uso del género. Entre  las manifestaciones epistolares posteriores relacionadas con cuestiones sagradas se encuentran las llamadas “cartas de Cristo”, “de la Virgen” y “del diablo”, ya en la etapa del medioevo.

Siglos más tarde, la Iglesia centró en la persona del Papa la redacción de las Cartas Encíclicas, que contienen los lineamientos de la doctrina cristiana, como así también las decisiones de los sínodos episcopales y los asuntos temporales y políticos que interesan a la jerarquía eclesiástica. Estos formatos epistolares han pervivido a través de los siglos y continúan utilizándose aun ahora en las comunicaciones de la Iglesia con sus pastores y fieles.

 Desde una visión más secular,  Caius Julius Victor abordó en el siglo IV d. C. la cuestión epistolar en su Ars rhetorica, haciendo derivar sus conocimientos de las obras ciceronianas. Victor desarrolla en su tratado la cuestión del aprendizaje de tres géneros:   la retórica, la conversación y  la carta (“de epistolis”), clasificada ésta en dos tipos distintos: la que trata sobre cuestiones de negocios (“oratio”) y las personales/ familiares.

Los manuales de técnica epistolar, según Boureau,[35] aparecen a fines del siglo XI  y principios del XII y proponen obras completas y coherentes. El benedictino Albericus de Monte Casino (1030-1105) escribe dos tratados:  Rayons des arts épistolaires (Dictaminum radii), y Bréviaire épistolaire (Breviarium de dictamine); en el primero señala conceptos fundamentales como “auditorio” y la pareja “redactor/lector”, el segundo está dedicado a la enseñanza oral. Adalberto de Samaria (1120), de la ciudad de Bologna, escribe Préceptes des ars épistolaires (Praecepta dictaminum) donde se permite criticar a Albericus y clasifica las cartas según el status del destinatario. Bernard de Meung escribe la Enciclopedia epistolar (Summa dictaminis)  en el 1190 y estos consejos generaron una amplia cantidad de cartas modelos ( cinq cent une ) redactadas para situaciones precisas .

Durante los siglos XII y XIII fue Bologna el centro del ars dictaminis y, aunque hubo varios autores de epistolarios, no hay diferencias sensibles en el plan retórico de las cartas de esos siglos en relación con los siglos anteriores. El arte epistolar era entendido como una técnica de reproducción corporativa.[36] En los últimos siglos de la Edad Media triunfan los notarios y los legistas por sobre los escritores de epístolas: los maestros epistolares renuncian a sus ambiciones públicas y repliegan su escritura al dominio de lo privado, objeto esencial de los tratados modernos. Entre el siglo XII y el XV, el arte epistolar pasa de lo público a lo privado: en el siglo XIV aparece el ars notaria como el arte de redactar y conservar documentos legales y comerciales escritos.

Durante los siglos siguientes, el XVI y XVII, la cultura escrita revoluciona las sociedades occidentales:  “En toda Europa surge una literatura especializada que intenta dar normas y controlar las escrituras usuales [...] fijando las reglas y convenciones propias de cada género escriturario”.[37] Aparecen entonces los manuales epistolares en el mercado, con el objetivo de enseñar determinadas competencias escriturarias, de acuerdo con modelos propuestos. El término Secretario, en el sentido de manual, aparece en Francia hacia 1588. Hacia el siglo XVII, estos manuales de escritura son un éxito comercial que genera múltiples ediciones.

El desplazamiento de la cultura oral hacia la cultura escrita y del estilo deliberativo al epidíctico (carta de presentación  de servicios, de agradecimiento, carta de cumplido) muestra la transformación de la práctica de una esfera  institucionalizada, como la Iglesia o la corte de Justicia, a una esfera social que establece la comunicación privada con la ayuda de la carta como instrumento.

 Para Roger Chartier, quien ha investigado el tema, el éxito de los manuales epistolares se debió, en gran medida, a que facilitaban el acercamiento imaginativo del lector común a un mundo aristocrático y de elite, inaccesible para él. Chartier ha elaborado esta hipótesis al advertir la sorprendente diferencia que se establecía entre  los textos epistolares en uso en la época y los usos arcaizantes de los  manuales de enseñanza . Por otro lado, sostiene que  las prácticas epistolares de los manuales podrían haber servido para disciplinar el mundo cotidiano e imponerle reglas de convivencia.

Desde el punto de vista histórico, las cartas no solamente proveyeron el medio para el desarrollo de los géneros de la ley, el gobierno y la política sino también varios de los instrumentos para el manejo de dinero y de crédito; todos ellos tendrían su origen en la carta.

 

Representación de lo privado-público en la Argentina:

 Las cartas del siglo XIX

 

Aunque apenas  durante los años finales del siglo pasado ha cobrado vigencia la relevancia de los estudios  históricos de la vida privada de  las sociedades humanas, el interés  europeo por los estudios historiográficos de este tipo no puede ser reducido a las últimas décadas del siglo XX. Ya en el siglo anterior, Jules Michelet, en su Historia de Francia(1869), había partido del establecimiento de la relación entre los hechos y el clima y las circunstancias físicas y espirituales que rodeaban determinados sucesos, para escribir su texto.  Otro autor que se ocupó de los aspectos privados de las familias, las relaciones ilícitas y la intimidad fue Jacobo  Burckhardt en La cultura del Renacimiento en Italia.

En la Argentina, por el contrario, el pensamiento de los historiadores nacionales estuvo detenido durante los siglos XIX y XX en un enfoque que se redujo a perseguir información sobre la configuración del país como nación y a encontrar en la historia los cimientos de la construcción de la república. “Si en algo puede distinguirse la situación historiográfica  argentina de la europea este siglo XX, es en la larga centralidad otorgada al Estado, a lo público, a lo político, en la explicación del proceso histórico argentino”.[38] Las relaciones privadas, los lazos de comunicación entre los diferentes agentes sociales, los hábitos vitales, la indumentaria, las costumbres del galanteo y la formación de las familias instalan en la sociedad un campo de fuerzas que recién  parece cobrar importancia en los estudios actuales, en detrimento de esa otra gran historia en la que solamente se narraban los caminos glorificantes de los héroes patrios. Es por esta razón que los historiadores contemporáneos pueden preguntarse, ya sin tapujos ni asomo de pretensión : “¿Estarían allí, en esos espacios íntimos, en esa sociabilidad no pública, las claves de los comportamientos?”[39]

Ahora bien, definir los ámbitos de lo privado y lo público como excluyentes uno del otro no parece ser asunto sencillo, dado que ambas esferas están atravesadas por la temporalidad y por la restricción de sentido que el contexto histórico presta a los términos utilizados. Evidentemente, aquello que consideramos hoy como privado pudo no haberlo sido en su momento. De hecho, es posible plantear la relación entre lo público y lo privado como una relación que no se define históricamente de una vez para siempre sino que ambas esferas son “dos espacios de interacción”,[40] en donde la transformación en un campo modifica inmediatamente la percepción del otro.[41]

Devoto y Madero afirman, a modo de hipótesis, que no puede sostenerse la instalación de  fronteras nítidas entre lo público y lo privado en la Argentina antes de los últimos decenios del siglo XIX; la fecha de 1870 es de particular relevancia porque  marca el límite entre el mundo colonial y el mundo  postindependentista. En este sentido, la Revolución de Mayo habría detenido  el proceso de privatización  de la sociedad colonial para impulsar lo público, dado que los vaivenes de la vida política convertían todo suceso particular en pasible de atención pública. No obstante, es posible pensar que, pese a la relevancia que los procesos institucionales tuvieron en la primera mitad del siglo decimonónico y que marcaron el paso a la vida social, la esfera de lo íntimo se desarrolló a la sombra de los hogares y en los salones de recibo en donde se fraguaban las relaciones amorosas o de amistad.

Las cartas privadas tuvieron la función de tejer las redes de comunicación  interpersonal desde los tiempos de la colonia. Fueron el instrumento que facilitó tanto la difusión de noticias familiares como de sucesos nacionales. Aún más: “Muchas opciones políticas , así como la armazón de los ‘partidos’, nacieron de esos frágiles fajos de cartas intercambiadas entre diversos puntos del territorio nacional, a pesar de los obstáculos geográficos”.[42] Si bien la autora de la cita  aplica esta situación exclusivamente a lo que sucedía en Chile a principios del siglo XIX, no hay más que revisar la correspondencia privada de los hombres de Mayo para comprender que los sistemas de comunicación no fueron sustancialmente diferentes entre las regiones del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

Para Rodríguez Pérsico, quien afirma, al estudiar la producción literaria de Sarmiento y Alberdi,   la existencia de una “...vinculación estrecha entre las esferas privada y pública, entre la política y la estética”,  en la época se practica  un cultivo de géneros discursivos tales como las utopías y los relatos de vida, que fructifican como sistemas alternativos de escritura frente a la hegemonía política y literaria . Creemos que debería considerarse a las cartas privadas dentro de estos géneros discursivos “limítrofes”.[43]

Desde la época colonial hasta  la aparición de los procesos políticos que condujeron a la Independencia, en la primera década del siglo XIX, hubo un largo privilegio de la oralidad por sobre la escritura y del manuscrito por sobre el material impreso, en el  vecino país de Chile.  En ese momento, la lectura grupal de textos manuscritos se vio interrumpida por el surgimiento de  prácticas renovadoras que propiciaron la lectura individual del material. Por ejemplo, durante el Cabildo Abierto de 1810, fueron impresas 300 convocatorias en un pequeño taller de la Universidad en donde se había encargado el trabajo. En el año 1811, se importa para Chile la primera  máquina de imprimir proveniente de los Estados Unidos, acompañada por tipógrafos,   y esta produjo el primer periódico impreso de la zona. Para los años 1828-1830 había en Santiago unas quince publicaciones anuales: en 1827 apareció el Mercurio de Valparaíso, que a partir de 1829  ofreció una edición cotidiana.  

Durante el siglo XIX las prácticas epistolares se inscribieron históricamente como producto de la evolución de tres procesos culturales que podrían sintetizarse como: a) El advenimiento de un proceso masivo de alfabetización de la población, b) un desarrollo económico y social de los países americanos y europeos que obliga a los ciudadanos a mantener relaciones personales y comerciales a larga distancia, c) la consolidación de la idea de la existencia privada como diferente del espacio público, con su correspondiente afirmación de la esfera de la subjetividad.

 

 Cartas y exilio: el devenir de una generación

 

            Según el significado propuesto por Benedict Anderson[44] (1983) las comunidades humanas existen como entidades imaginadas en las que la gente nunca conocerá a la mayoría de sus co-miembros. Cuando surgió la idea del estado-nación moderno hace pocos centenares de años,  su origen fue el resultado de un producto de la imaginación: la idea de una comunidad. Según Anderson, tres son los rasgos que caracterizan el “modo” en que puede imaginarse la nación moderna: en primer lugar,  se la imagina limitada por fronteras finitas, aunque elásticas; en segundo lugar se la piensa  soberana y en tercer lugar, se sostiene “comunidad” en el sentido de camaradería horizontal entre ciudadanos con iguales derechos. 

Si bien los comentarios de Anderson remiten al papel que la literatura y la lingüística de la escritura desempeñan en los proyectos burgueses de construcción nacional y alude para ello  al auge de la imprenta, es posible pensar que los exiliados argentinos del siglo XIX, fundamentalmente los residentes en Santiago de Chile y en Montevideo, se sintieron siempre parte de una “comunidad”, aun cuando permanecieran alejados geográficamente del país durante muchos años. Esta noción de soberanía de la clase letrada, creemos, se encuentra proclamada en el Credo de la Joven Generación redactado por Esteban Echeverría en 1838. Es altamente probable que tanto la actividad de producción literaria y periodística como los contactos epistolares dentro de la comunidad resultaran esenciales para la conformación y sostenimiento de la identidad de los exiliados políticos durante el período rosista.[45] Este registro pormenorizado de la escritura de lo cotidiano fue convirtiéndose en una práctica   que vino a “compensar” las derrotas políticas o las pérdidas familiares.[46]  Pero también sirvió para diseñar el país deseado y es aquí donde se igualan los sueños pero se diferencian los proyectos. Mientras que para el Sarmiento de 1845 lo más urgente fue proyectar el ritmo del progreso en el país añorado, para Alberdi  la alternativa de un país post Rosas fue la conformación de una elite política y económica que propiciara el crecimiento económico.

Cuando los exiliados soñaban con el futuro, la escritura epistolar les permitió soportar el vacío existencial, la soledad y la falta de perspectivas económicas, como así también permanecer unidos ideológicamente por sobre las diferencias políticas. Es por esto que “la correspondencia privada se vuelve una necesidad social”.[47] Y aunque el género  epistolar estaba absolutamente reglado, la escritura que se había aprendido en manuales ejemplificadores permitía sostener la comunicación con parientes y amigos.

Cristina Iglesia relativiza el grado de intimidad expuesto en las cartas como así también el hecho de su privacidad. La investigadora aduce que , por un lado, las cartas eran leídas con frecuencia en reuniones semipúblicas compuestas por la familia o por amigos en el salón; por otro lado, las cartas solían ser abiertas por censores que controlaban ciertos mensajes.

Es posible atestiguar el primer dato porque las cartas de los exiliados solían llevar postdatas con cariños para terceras personas, familiares en la mayoría de los casos. Acerca del tema de la censura, podemos citar un párrafo del diario de Mariquita Sánchez que corresponde al día 28 de abril de 1839: “ Ha llegado el paquete de Buenos Aires y sabemos que todas las cartas de aquí fueron quitadas por la Capitanía del puerto acompañada de la Mazorca. Las mías tuvieron igual suerte.  Mi familia ha pasado más de ocho días en grande aflicción. Hay en la Gaceta algunas publicadas”.[48]

La generación del 37  fue consciente de que su paso marcaba las horas de la historia y supo también que atesorar papeles escritos, documentación personal, correspondencia y otros documentos, a pesar del exilio y las mudanzas, era una forma de dejar una huella física más allá de la propia vida.[49] Así, Florencio Varela, antes de abandonar Montevideo en busca de mejores oportunidades en Río de Janeiro, se ocupará personalmente de rematar sus libros y ceder un fusil, pero de salvaguardar papeles y de pedir que la correspondencia le fuera remitida a su nuevo domicilio. Su intención era escribir la historia de la Revolución de Mayo y para cumplir con  este objetivo tenía que recurrir a los papeles personales:

A medida, querido amigo, que avanzo en el estudio de los monumentos de nuestra Revolución se me hace más espeso el círculo de dudas que me ciñe; Juan María, no es posible satisfacer estudiando en los documentos públicos y que sería preciso aclarar escudriñando correspondencias íntimas u oyendo relaciones sinceras de los hombres de aquella época”.[50]

 

 Esta nota dejada a Juan María Gutiérrez por Florencio Varela indica la especial valoración de la correspondencia privada como fuente de investigación histórica y del relato oral como testimonio de primera mano, pero también señala que los actores mismos confirieron relevancia a sus propios papeles escritos, sabedores de que el tiempo los iba a revalorizar también como documentos.

 

Situación del correo durante el siglo XIX

 

Los primeros encargados de llevar una comunicación de una a otra parte del territorio americano fueron los mensajeros. Estos existían ya en los tiempos del Imperio Inca, que utilizó un sistema de postas para enviar a los chasquis, que realizaban la tarea gracias a sus  ágiles piernas. Sus antecesores fueron tanto los sumerios como los hombres que por el año 1200 A.C. integraron los Correos del Faraón en el Antiguo Egipto. Según Marco </DIV> Polo,  los chinos tuvieron un servicio de correspondencia, 4000 años antes de nuestra era. En Grecia, con los años, los mensajeros a pie  fueron reemplazados por jinetes. Esta práctica continuó durante el imperio de Augusto, en Roma: los correos a  caballo hacían escala en posadas y postas para el recambio de cabalgaduras. Lo que se denominó cursus publicus fue un sistema eficiente que se mantuvo hasta la Edad Media inclusive, y fue ejemplo de los servicios postales en el mundo entero. Esta comunicación estaba reservada al Estado, los asuntos públicos y a los envíos de reyes y funcionarios.

En los siglos XIII y XIV aparece en España un servicio público, también abierto al rey, que resulta sumamente costoso al estado. Si bien el primer documento que establece los servicios postales entre España y América fue suscrito por Fernando V de Aragón y VI de Castilla  el 14 de mayo de 1514, hace falta llegar a la segunda mitad del siglo XVII, para encontrar cierta regularidad en las comunicaciones postales entre el Perú y el Río de la Plata.

 

 ...en 1715, el entonces gobernador de Buenos Aires, Baltasar García Ros, mandó publicar un Bando, que constituye por decirlo así, la primera reglamentación que se diera al servicio de Chasquis, en el Río de la Plata. Este documento marca el primer paso hacia la organización definitiva del Correo en esta región.

 

 En 1748 nace definitivamente el Correo en el Río de la Plata, cuando Domingo de Basavilbaso recibe de la corona española un permiso para habilitar la ruta postal entre Buenos Aires, Mendoza y Santiago de Chile en la región oeste y Córdoba, Santiago del Estero, las provincias del norte y el Alto Perú.[51] Los hechos históricos posteriores se enlazaron con la Revolución de Mayo de 1810 y fueron propulsando distintos sucesos. Dice luego Castellanos:

 

En aquellos tiempos, las carreras de postas eran el único medio de comunicación, a través de ellas, se despachaban además de la correspondencia, tropas, víveres, municiones, gacetas, el papel sellado y las placas de vacuna antivariólica. En cada posta, se aprontaban en tiempos de lucha, hasta 500 caballos, para transportar los regimientos hacia el Paraguay y el Alto Perú, donde se producirían las escaramuzas contra los realistas.

 

El valor y el esfuerzo de los postillones criollos permitió transmitir las noticias bélicas con celeridad, durante las guerras de la independencia. Tanto es así que la citada autora se explaya sobre los acontecimientos que rodearon a la batalla de Chacabuco y su relación con el correo de postas:

 San Martín [...]obtiene una victoria en una batalla de gran importancia ética y estratégica, como es la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817. Pero había que transmitir la noticia y le encarga ese cometido, al comandante Manuel Escalada. Las crónicas siempre dijeron que cruzó nuevamente la cordillera para estar en la capital cuyana en 48 horas y desde allí partir veloz hacia Buenos Aires, donde llegó el 24 de febrero. Los hechos reales, fueron que no empleó dos días, sino cuatro para arribar a Mendoza... El correo inmediatamente después de recibir el oficio, partió de Mendoza a primera hora de la tarde, y sin pausa de día y de noche en un esfuerzo máximo, después de recorrer 291 leguas a través de las pampas, entró en Buenos Aires, el 24 de febrero a las 9 de la mañana. Esto fue una proeza, que contó con la organización de las postas, ubicadas cada 4 o 5 leguas. Una ciudad alborozada, recibió a Escalada que trae el parte original y los trofeos de Chacabuco. Era el 26 de febrero de 1817.[52]

 

Desde el punto de vista de la implementación del derecho de propiedad sobre la correspondencia privada, los Estatutos Provisionales de 1815 y 1817 declararon la inviolabilidad de las cartas. Esta medida fue ratificada por la Constitución de la República Argentina de 1826, que en varios artículos, confirmaba los mismos derechos, aunque esto no significara, de todos modos, que no fuera de lo más sencillo interceptar correspondencia ajena por el  monto de la entrega de algunas pocas monedas.[53]   

Es  Bernardino Rivadavia quien logra que por Ley del 9 de marzo de 1826, se cree la Administración Nacional de Correos, dependiente del Ministerio de Gobierno y Negocios Extranjeros. El 1° de julio del mismo año, nombra a Juan Manuel de Luca, Administrador General de Correos, quien permanecerá en el cargo hasta 1858.

La comunicación postal, a pesar de los profundos cambios políticos, perduró; los Correos Generales fueron mantenidos y las postas subsistieron en las principales carreteras.

A partir del gobierno del general Justo José de Urquiza y la sanción de la Nueva Constitución Nacional de 1853, se establecen empresas de transporte por mensajerías y navegación fluvial en los ríos Paraná y Uruguay y convenios con las líneas marítimas francesas e inglesas. El año 1854 marca el inicio de la reorganización de los Correos Nacionales y se establece que el remitente debía franquear  su correspondencia.

En una carta escrita por Sarmiento y enviada a Posse, desde Santiago, el 1° de septiembre de 1852, el enunciador revela su interés en el establecimiento de nuevos circuitos de Correo entre países limítrofes y requiere la colaboración de su corresponsal al respecto. El sistema de envío de correspondencia propuesto desde el gobierno de Chile  combina la red postal terrestre con la marítima.  Dice así el texto:

 

Otro punto importante de que me ha hablado el Señor Presidente, es  que desea concluir un trabajo postal con la Republica Arjentina para asegurar, acelerar y regularizar la correspondencia de Valparaíso por tierra con Río de Janeiro, Buenos Aires y las Provincias [...] Ponganse de acuerdo en establecer una linea de correo, desde Jujui a Mendoza, por todas las ciudades del litoral de los Andes de  provincia a provincia, a fin de que de quince en quince días concurra con la estafeta de Buenos que trae la de Cordova y demás al paso de la Cordillera y ligandose con los vapores recorra toda la costa. Asi tendran V.V. correspondencia periodica, activa suya!, con el Pacífico...[54]

 

Fue en 1854 cuando se impuso el franqueo previo de las cartas, es decir, el pago del porte de la correspondencia con anterioridad al envío. Desde ese instante, en todas las cartas, se fue aplicando el signo postal Franca, generalmente en tinta azul o negra.

En 1858, fue nombrado en Buenos Aires Gervasio Antonio de Posadas como Administrador general de Correos,  quien se consagró a actualizar los servicios de comunicaciones, de acuerdo con los últimos adelantos europeos. Instaló buzones en la ciudad de Buenos Aires y balanzas en las oficinas de correo, nombró carteros y estafeteros ambulantes, ferroviarios y fluviales. El Presidente de la Nación, General Bartolomé Mitre, encomendó en el año 1862, al Superintendente de Rentas Nacionales, la emisión y renta de nuevos valores postales, los cuales debían llevar la leyenda República Argentina, junto al Emblema Nacional. En 1863, se fijó como emblema para los sellos postales la efigie del primer Presidente Argentino, Bernardino Rivadavia. La máquina impresora, las planchas, las tintas y la perforadora, llegaron a Buenos Aires el 15 de mayo de 1864, y se reglamentó por decreto la impresión de los valores postales.  La primera estampilla realizada en la Casa de la Moneda ofrendó la imagen de Sarmiento.

A fines del año 1873, el Congreso Nacional autorizó el pedido del presidente Sarmiento de la designación de un terreno en la intersección de las calles Balcarce e Hipólito Yrigoyen  para la construcción para la construcción del edifico de Correos, que fue inaugurado durante el gobierno de Nicolás Avellaneda.

 

Correspondencia publicada en Argentina

 

Es de gran interés para nuestra investigación dar cuenta de los materiales editados en forma de epistolarios o libros de correspondencias durante el siglo XIX, como así también de secretarios, a semejanza de las publicaciones francesas  investigadas por Roger Chartier y que sirven para indicar las prácticas lectoras y escriturarios de la sociedad en aquel siglo, sobre todo teniendo en cuenta que no hemos encontrado ninguna bibliografía que listase dichos textos .

Hemos investigado que en la Biblioteca Nacional argentina se encuentran dos manuales epistolares que, publicados en España, datan de principios y mediados del siglo XVIII. Ellos son el escrito por Manuel Tesauro y que se titula Arte de cartas misivas o methodo general, para reducir al papel quantas materias pide el político comercio[55]  y el de Ezpeleta y Mallol titulado así: Práctica de Secretarios, que contiene una concisa explicación de las calidades de este empleo, distinción de las cartas misivas, y declaración de las circunstancias principales para tenerse por bien escritas.[56] Ambos parecen responder a los modelos clásicos de manuales para la enseñanza de la escritura epistolar pero con distintos sesgos, mientras que el primero indica expresamente que su método es aplicable a los intercambios personales, el segundo propone, evidentemente, una clasificación de misivas según las circunstancias de los distintos usos sociales.[57]

Sobre el material de corresponsalía publicado dentro de los límites de la nación argentina es posible hablar de un número importante de ediciones, entre las que deberíamos distinguir entre aquellas que recogen misivas de un solo corresponsal (más abundantes), de aquellas otras que recopilan cartas de los dos integrantes del intercambio epistolar. A su vez, esta clasificación inicial debería establecer y diferenciar las cartas diplomáticas, de las cartas religiosas, así como de las que fueron editadas por razones históricas (cartas de los héroes de la Independencia, por ejemplo).

Dentro de las cartas de un solo corresponsal, encontramos varias publicaciones en libro que datan de los años 1808-1809, editados en la Imprenta de los Niños Expósitos[58] : Carta inserta en el Diario de Santiago del domingo 10 de 1808. Al gran Emperador Napoleón, o Contestación del Señor Capitán General de Provincia y Gobernador de esta Plaza, á la Carta que le dirigió el General Dupont, con motivo del suceso ocurrido el día 13 en el Puerto de Sta. María, o Carta que desde la Ciudad de la Paz ha dirigido el Excmo. Señor Virrey D. Santiago Liniers, al Señor Brigadier D. Joseph Manuel de Goyeneche, Comisario de la Suprema Junta de Sevilla, entre otras.

En los documentos pertenecientes a los primeros años del siglo XIX,  hemos encontrado cartas de contenido religioso dirigidas a la comunidad practicante, como por ejemplo, la Carta pastoral del ilustrísimo señor arzobispo de La Plata Don Benito María de Moxo y de Francoli, a todos los fieles de su arzobispado, editada en la Real Imprenta de los Niños Expósitos en 1807.

No ha escapado tampoco de la publicación la copiosa correspondencia practicada durante la época del Virreinato del Perú y encontramos como prueba de ello el texto de Pedro Vicente Cañete, de 1810, titulado: Excmo Sr., editado por el Real Colegio de San Fernando en Buenos Aires .

Finalmente podemos nombrar la correspondencia Funes, cuyo material se encuentra fichado en la Biblioteca Nacional pero que actualmente no puede ser localizado, entre cuyos ejemplares podemos nombrar la Carta de Sixto Funes al Deán Funes dándole la noticia que el Dr. Paz ha sido nombrado provisor y que dicho nombramiento ha sido muy bien recibido, que data de junio de 1818, Córdoba. No sabemos con precisión si los datos mencionados se refieren a una carta original que ha sido sustraída de la institución o si se trata de una publicación, siendo lo más probable la primera opción.      

En relación con epistolarios que ofrezcan las misivas de los dos corresponsales  hallamos que las primeras ediciones se conforman a partir de la publicación del correo diplomático; así, por ejemplo data de 1820 la Correspondencia de los Excmos. Señor General en jefe del Ejército Libertador y Señor Virrey del Perú [correspondencia entre San Martín y Pezuela], publicada por la imprenta Independencia; es de 1828 la Correspondencia de Tubalkain sobre la negociación de paz. Con el Exmo. Ministro Secretario de Relaciones, impreso por la Imprenta de la Independencia en Buenos Aires. Otro texto similar es el de Correspondencia sostenida entre el Exmo. Gobierno de Buenos Aires, encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina y el Sr. D. Juan B. Nicolson, Capitán Comandante de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos sobre la costa del Brasil y Río de la Plata, sobre cuestión promovida por los Ss. Agentes de la Francia, publicado en 1839, en Buenos Aires, por la Imprenta del Estado. Otras publicaciones de este tipo se suceden en los años 1851 y 1869; luego, recién en el año1938 Ramón José Cárcano publica como compilador un texto de 641 páginas, editado por La Facultad, en Buenos Aires, titulado Urquiza y Alberdi: intimidades de una política.

Durante los años 40 se publican varios epistolarios integrados por misivas de los  dos corresponsales. Esta práctica editorial, como ya lo hemos afirmado anteriormente, se va afirmando con el correr del siglo y continúa teniendo lugar importante en el actual mercado de libros.

Algunos de los primeros epistolarios que hemos podido encontrar, tanto en la Biblioteca Nacional como en el Instituto Ravignani de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en la Biblioteca Nacional de Maestros,  son los siguientes:

 

-         Caillet Bois, Teodoro, comp.; Bucich Escobar Ismael, comp., 1941 , Epistolario entre los libertadores San Martín y Bolívar, Buenos Aires,  Instituto Sanmartiniano, vol. 4. La obra hace referencia a una anterior publicada por  Eduardo Colombres Mármol, del cual han sido tomadas algunas cartas. Todas las misivas del volumen pertenecen a los años 1821-1822 y muchas son  alternas y cronológicas entre los corresponsales.

-         Artigas Ferrando, Miguel, 1946, Epistolario de Valera y Menéndez Pelayo, de la editorial Espasa –Calpe.

-         Goethe, Johann Wolgang von, Schiller, Johan Christoph  Friedrich von. Arrieta, Rafael Alberto (prologuista), 1946, La amistad entre dos genios: su correspondencia, Buenos Aires, Elevación. Se trata, por supuesto, de una obra con cartas traducidas. De todos modos, nos permite verificar el auge de este tipo de publicación, sobre todo desde el punto de vista de la inversión económica que realiza la editorial para traducir materiales extranjeros. 

-         Castro, Antonio P., 1954, Sarmiento y Urquiza: Dos caracteres opuestos por amor a la patria, interesante correspondencia, Buenos Aires, Museo Histórico Sarmiento. Este texto podría ser un interesante material de estudio para todo analista que buscara revisar los distintos procedimientos de cita, dado que el autor realiza comentarios sobre las situaciones históricas que acompañaron los hechos, al mismo tiempo que inserta las distintas  cartas de Sarmiento, Urquiza y Mitre a diferentes corresponsales.

-         Barba, Enrique, 1958, Correspondencia entre Rosas, Quiroga y López, Buenos  Aires, Hachette.

Para finalizar con este listado de obras meramente indicador de algunas de las publicaciones en las que hemos indagado, es necesario tener presente que hemos descartado la enumeración de todos aquellos volúmenes que, por tratar de temas históricos, contienen cartas de prohombres, sin por ello tratar únicamente esta materia. Creemos que una búsqueda exhaustiva daría cuenta de numerosas cartas  privadas publicadas en textos de investigación histórica o antropológica, que consideran a la misiva como un documento de relevancia para atestiguar sobre determinados hechos y características del pasado. Para mencionar un último ejemplar, nos gustaría citar el texto de Mario Buschiaso, quien compila cartas de sacerdotes de los primeros años del siglo XVIII. Esta publicación, realizada en 1941,  tiene como título: Buenos Aires y Córdoba en 1729: Según carta de los padres C. Cattáneo y C. Gervasoni S. J. Ofrece tres cartas del primer sacerdote mencionado y dos cartas del último, sin ilación ni relación entre ellas. El propósito del compilador es recoger estas cartas privadas como fuente histórica de las costumbres del país, para dar a conocer datos sobre la edificación y construcción de los principales templos de Buenos Aires y Córdoba.

 

Los epistolarios : cartas traicionadas

 

Para Pedro Salinas, amante poco pudoroso de la correspondencia escrita (pues proclama su fascinación por el género epistolar a viva voce en su escrito),[59] la carta no puede entenderse de ningún modo como una “conversación a distancia”, idea tradicional sobre el género, porque este razonamiento desmerece la relevancia del intercambio comunicativo. Según el poeta español, esta actitud provoca “desentenderse de la originalidad pasmosa, de la novedad absoluta, con que aumenta la carta este negocio de las relaciones entre persona y persona”.[60]

Si la carta resulta ser un instrumento más beneficioso para el mantenimiento de las relaciones sociales que la conversación misma, quizás se deba al carácter de espejo con que el  remitente se enfrenta a sí mismo en el papel, en una representación moderna del mito de Narciso, antes de relacionarse con el otro a quien dirige la misiva, porque: “Hombre que acaba una carta sabe de sí un poco más de lo que sabía antes”,[61] dice Salinas.

La conversión de los estados del alma a la escritura epistolar es uno de los tópicos más frecuentes cuando se recorre la bibliografía crítica sobre correspondencia privada y hemos aludido ya a que este dejar  traslucir ciertos estados íntimos es lo que caracteriza a la carta amorosa, la carta por excelencia para los cultores del género. Cabe especificar que, desde luego, esta intimidad que revela la carta no es sino una intimidad creada en función de un otro lector y que establece un puente entre dos subjetividades, pero nunca es ya pura intimidad porque ha sido pensada como mediatizada por el lenguaje.

Salinas alude al tema de la privacidad insistiendo en esta necesidad de salvaguardar el secreto epistolar que estructura la correspondencia:

 

Este designio de intimidad, esa voluntad de pudor, que son sustancia misma de la carta pura está expresada materialmente en las precauciones que se toman para que nadie, sino el deseado pueda leerla, desde las ataduras y los sellos de las tablas romanas, al sobre moderno.[62]

 

Con este argumento sostiene que la diferencia entre las cartas privadas y las cartas públicas radica en la intención de quien las escribió: distingue entonces un tercer tipo de cartas, lo que él denomina “las cartas traicionadas”, estas que nacieron para ser privadas pero terminan siendo públicas por un designio que escapa a su autor. Pero estas cartas no dejan de ser esencialmente privadas aun cuando hayan sido editadas y ofrecidas por el mercado al público lector porque fueron pensadas y dirigidas a un corresponsal particular y emplean recursos de comunicación que sólo los corresponsales originarios conocen.

Lo que resulta menos claro, dice Salinas, es que no se haya deslizado en el remitente otra intención que la meramente comunicativa en el momento de escribir la carta. Aunque la misma haya sido diseñada para el intercambio inmediato, no puede dejar de pensarse en la intención literaria de más de una misiva célebre, por lo que el escritor español termina admitiendo que la carta es un terreno resbaladizo, donde la escritura se puede deslizar de lo pragmático a lo literario sin que su autor lo perciba demasiado claramente.

Este concepto nos resulta provechoso para nuestra investigación porque el objeto con el que trabajamos resulta ser precisamente, una correspondencia privada que se ha deslizado a la lectura pública. Pero, ¿es posible pensar que sus autores originales no supieran que la publicación de su correspondencia era un hecho que podía suceder? Si atendemos en la clara inteligencia de hombres como Frías, Sarmiento, Lastarria o Posse, difícilmente creamos tamaña ingenuidad, sobre todo cuando alcanzaron, a partir de determinada etapa de su vida, una relevante trascendencia pública. Por otro lado, hay en los epistolarios de nuestro corpus muchas primeras cartas que indicarían lo contrario: los prohombres de la historia latinoamericana también fueron jóvenes impulsivos, antes de ser célebres. Creemos que esta es una cuestión “bien resbaladiza”, como dice Salinas, y que tiene que ver con el eje temporal que atraviesa  cada una de las correspondencias recogidas en epistolarios : en algún momento habrán sido pensadas como absolutamente privadas y, en otro momento, la idea de que podían ser leídas por otros hombres habrá ido introduciéndose en las mentes de sus autores, como luego lo comprobaremos.

Para Jorge Simmel,[63] en cambio, la carta privada publicada no sería una “carta traicionada” sino  el destino irremisible de toda carta, en tanto que su cuerpo formado por la letra escrita es por esencia opuesto al secreto, “y puede ser caracterizado por una “‘publicidad’ que, si bien es potencial, en cambio, es ilimitada...”.[64] La letra escrita  permite traicionar el secreto de la escritura privada con suma facilidad, dado que “Una vez fijado por escrito, [...] su existencia se ha hecho en principio independiente del tiempo y accesible a ilimitado número de reproducciones sucesivas o simultáneas en la conciencia subjetiva”[65]. Esta fragilidad aparente del secreto epistolar ha sido resguardada históricamente, por un lado, con medidas de seguridad en el envío de misivas (sellos, lacres, sobres cerrados, etc.) y por otro lado, por la idea pertinaz de que leer una carta privada constituye un delito de  intromisión en la vida privada del otro y está penado moralmente como una acción innoble. 

 

Concepciones de los corresponsales Sarmiento, Frías, Lastarria y Posse sobre la escritura de cartas

 

Para comenzar, diremos que D. F. Sarmiento fue un obsesivo escritor de  epístolas durante toda su existencia, a punto tal que el escritor García Hamilton, en su biografía novelada, lo imagina  escribiendo cartas durante los últimos meses antes de su muerte, en un hotel llamado La Cancha Sociedad, en el suburbio de La Recoleta, Asunción. Sarmiento había llegado al Paraguay a fines de mayo del 1888 en busca de una mejora de  salud y, mientras esperaba el armado de su casa metálica en un terreno propio,  continuó trabajando en la escritura de un nuevo tomo para la obra Conflictos y armonías de las razas en América. El narrador lo presenta así:

 

Los días de lluvia los aprovechaba para escribir cartas a sus parientes. Al hijo de su viejo amigo José Ignacio Flores le dirigió una larga y afectuosa misiva, indicándole que la mejor manera de celebrar en San Juan las fiestas julias y la memoria de Francisco Narciso Laprida, sería hacer un homenaje a la Escuela de la Patria y a su fundador Ignacio Rodríguez. Le decía que Flores y él eran los únicos ex alumnos que restaban vivos y que los dos, sin esa escuela, habrían sido unos pobres diablos.[66]

 

 La semblanza literaria construida por el investigador resalta la costumbre de Sarmiento de escribir extensas misivas,[67] como así también su agradecimiento por quien fuera su maestro. Aparece escenificado, a su vez, el tema de la preocupación constante del sanjuanino de demostrar los beneficios de la educación popular.[68]

La carta, en el sentido de práctica escrituraria, está presente siempre en el pensamiento de Sarmiento, como un hábito incorporado a la vida cotidiana, tanto porque escribía con harto frecuencia como porque gustaba reflexionar sobre su ejercicio. Así, la costumbre tenaz de la escritura epistolar atraviesa su mera práctica y se inscribe en su obra literaria como tema de referencia. 

En Recuerdos de provincia, por ejemplo, el tema de la carta privada, en su calidad de  traicionada, aparece en el prólogo mismo de la autobiografía: es la carta extraviada, leída en público por quienes no debían leerla,  la responsable de su exilio.[69] Si bien queda claro que el error del remitente fue la “indiscreción” de trasladar al papel asuntos confidenciales, también  es posible entender que hubo quienes quebraron  la inviolabilidad de la correspondencia privada,  al ejercer una lectura pública.  Una segunda mención, en la misma obra,  hace referencia a otra carta:

 

En mayo de 1848 escribí también una carta a un antiguo bienhechor, en la cual también tuve la indiscreción, de que me honro, de haber caracterizado y juzgado el gobierno de Rosas según los dictados de mi conciencia;  y esta carta, como la de 1832, fue entregada al hombre mismo sobre el que recaía este juicio.[70]

 

 La escritura de una segunda carta lo ha puesto nuevamente en peligro: la escritura tiende a perdurar y a cometer infidencias, en cuanto a que el cuerpo de la letra, manuscrita en este caso,  busca siempre más de un  lector posible . Los enemigos políticos parecen haberse aprovechado de esta peligrosa costumbre de Sarmiento de exponer sus ideas en papeles escritos que giraba a sus corresponsales, sobre todo en una época en la que las medidas de seguridad de los correos eran escasas, tal como lo hemos detallado anteriormente.

            Otra carta más lo conduce a nuevos problemas: es aquella que escribiera Sarmiento en 1872, siendo Presidente de la República, en contestación a una enviada por el Ministro Ibañez de Chile, a propósito de la cuestión sobre los límites entre las dos naciones. En ella dice:

 

Si , pués, se le pidiese a la República Argentina que , sirviendo a los intereses de Chile, entrase en arreglos sobre este punto ocupado con el determinado objeto de favorecer la navegación a vapor del Estrecho de Magallanes, en cuanto es útil a Chile, mis simpatías por aquel país, un deseo de hacer útil mi gobierno para obviar cuestiones sin trascendencia, estarían a favor de  un arreglo equitativo a este respecto.

 

Esta carta es la que le permite al gobierno chileno salir a decir públicamente que el Presidente de la República Argentina presta su acuerdo sobre las pretensiones chilenas respecto de la Patagonia, aun cuando este término no hubiera sido mencionado en la carta.  Fue el Ministro Plenipotenciario en Chile, Félix Frías, quien tuvo que asumir la defensa de los intereses del primer mandatario argentino y del país todo.[71]

  Esta característica de la ambigüedad de la carta en su doble valencia de privacidad/publicidad  de su materia escrita, ha gestado  reiteradas situaciones  de conflicto en la vida de Sarmiento. Según la investigadora Araceli Bellota, la esposa de Sarmiento, Benita Martínez Pastoriza, habría descubierto la infidelidad de su marido, quien sostenía amores con la hija de Dalmacio Vélez Sarsfield, a partir de la lectura de la correspondencia establecida entre los amantes:

 

No fue infundado el temor de Sarmiento de que la correspondencia fuera descubierta por su esposa. Pocos meses después de pedirle a Aurelia que le escribiera sin intermediarios, Benita confirmó lo que ya sospechaba y lo hizo a través de Dominguito. En mayo de 1862 lo envió al correo para buscar cartas de su padre y el joven se enteró de que llegaba correspondencia de Sarmiento desde San Juan pero a nombre de una viejita que apenas sabía leer: era para Aurelia. [72]

 

La ambivalencia entre la privacidad/confidencialidad de la carta produce señalamientos metapragmáticos por parte del remitente, que no deja de indicar en sus cartas, las condiciones contractuales a partir de la cuales se producen los distintos intercambios epistolares. Tanto es así que en la carta de 29 de marzo de 1845, Sarmiento escribe a Frías: “Voi a comunicarle a V. una confidencia qe creo suficientemente garantida por su / circunspeccion i su carácter público...”.[73] La solicitud de la guarda del  secreto se realiza a través de un acto de habla indirecto  que acentúa el hecho de que se trata de una “confidencia” y demuestra la confianza que el remitente deposita en el enunciatario, acto de fe que nos informa sobre la imagen del receptor que ha construido el emisor.

 Muchos años antes, Sarmiento había escrito en Viajes,  una ponderación al género epistolar que no tiene desperdicio, a la hora de pensar una teoría literaria sobre la carta:

 

Desde luego las cartas son de suya jénero literario tan dúctil i elástico , que se presta a todas las formas i admite todos los asuntos. No le está prohibido lo pasado, por la asociación natural de las ideas, que a la vista de un hecho o un objeto despiertan reminiscencias i sujieren aplicación; sin que siente mal aventurarse más allá de lo material i visible, pudiendo con propiedad seguir deducciones que vienen de suyo a ofrecerse al espíritu. Gústase entónces de pensar, a la par que se siente, i de pasar de un objeto a otro, siguiendo el andar abandonado de la carta, que tan bien cuadra con la natural variedad del viaje.[74]

 

 La reflexión acerca del género, al que señala como “literario”, permite comprender qué es lo que su enunciador valora en la carta: los adjetivos calificativos “dúctil y elástico” indican que la carta puede ser moldeada a gusto del  corresponsal. Su extensión, breve o generosa; su materia que permite la amplitud de temas  y propicia, como lo señaló Salinas, la reflexión personal y el autoconocimiento, demuestran  grandes beneficios para quien cultive el arte epistolar. 

 Sarmiento ha dejado impresa su reflexión acerca de las cartas en las mismas misivas que escribió, como en general ha sucedido con todo cultor del género. Por ejemplo, en la carta del 9 de marzo de 1844, del Epistolario Inédito Sarmiento - Frías, aparece una concepción de la carta como reemplazo del intercambio oral. Dice Sarmiento: “Ase algun tiempo qe dejo de un dia para otro hablar a U. de un asunto qe me interesa sumamente...”.[75] Hemos ya señalado con anterioridad que la carta, tradicionalmente, ha sido entendida  como una “ conversación a distancia” y esta propiedad de intercambio es la que se indica repetidamente en los textos mencionados. Esta idea aparece en  muchas de las cartas de los corresponsales bajo diferentes formas: a) como simple oralidad: “Me habla U. de sus desagrados a mi qe tengo el alma carcomida...”,[76] le escribe Sarmiento a Frías; b) como conversación, en una dirigida a Posse :“He tenido el gusto de conversar largo contigo”;[77] c) con un formato propio de otras prácticas orales : “Despues de esta confesion jeneral i esta menuda esposicion de mis escrupulos de conciencia; no me queda sino que te mantengas bien en el ánimo...” [78] o: “Os hago mi confesión, como si fueseis un cura...”[79] ; d) como forma poética : “Vuestra carta es un cántico”, le escribe Lastarria a Sarmiento.[80]

  También es posible encontrar en sus textos una exacerbación de la relación entre  carta escrita y  oralidad, a punto tal que Sarmiento cree “escuchar “ las voces impresas en la carta: “E visto algunas cartas suyas qe veemencia! qe calor! Pocas veces e oido una cosa mas profundamente sentida”.[81]

 Otras reflexiones que realiza el remitente señalan la situación de enunciación dentro de la cual se produce la comunicación diferida,  tal como el no tener nada que decir en el momento o comentar la circunstancia de haber tenido que retener la correspondencia por la pérdida del Vapor que debía llevar la carta, cuando se encontraba exiliado en Chile y  enviaba cartas de Santiago a Valparaíso. La cercanía de la carta con la situación pragmática, en su doble señalamiento de producción de escritura del texto como de anticipación imaginaria del acto de recepción, permite conocer aspectos detallados de las prácticas reales entre estos hombres públicos durante mediados del siglo XIX.

En la carta de Posse del 1° de setiembre de 1862, éste le dice a su destinatario:   “Te escribo desde la cama, enfermo de gripe, pero más postrado de ánimo qe de cuerpo”,[82] para señalar las circunstancias físicas y espirituales que rodean al acto escriturario. O, sobre cómo se produce en el acto de la recepción la interpretación del mensaje del otro , dice Sarmiento: “Mi estimado Pepe: / He recibido dos cartas tuyas escritas con bilis”,[83] aludiendo al enojo de Posse contra el decreto de intervención de la provincia de San Juan a propósito del asesinato de José Antonio Virasoro, su Gobernador.

 Otro aspecto de la recepción puede verse en la carta del 23 de julio de1862, en la que Posse le escribe a Sarmiento: “Anoche recibí tu carta de 3 de este mes, abierta, con el sobre de ajena letra, que te incluyo, porque no quisiera que nuestra correspondencia ande por manos profanas”.[84] Posse describe a su corresponsal  información sobre el aspecto físico del sobre que encierra la carta: para sostener su inferencia de que ha sido abierto de antemano, probablemente leído su contenido y luego girado al auténtico receptor designado por la escritura privada. Las indicaciones son también un aviso de la violación de la correspondencia que funcionan pragmáticamente como una advertencia a futuro para que el enunciatario tome recaudos  en relación con el grado de explicitación de los asuntos públicos respecto de su escritura epistolar .

 Posse vuelve a insistir en el tema, en otra carta producida al mes siguiente, sobre todo a partir, aparentemente, de la queja efectuada por  Sarmiento sobre la no recepción de sus cartas:

 

¿Qué se hacen mis cartas? Te quejas mal: tres llevo escritas... No es culpa mia si tus súbditos se toman la licencia de quedarse con mis mal formadas letras. El mal paradero de mis cartas me acobarda porque no sé a quien confiarlas; sin embargo alla va esta escrita a vapor porqe  el correo sale ahora mismo.[85]

 

 El tema de la posibilidad de una lectura violadora de la intimidad de la correspondencia aparece como un asunto frecuentemente tematizado, en la correspondencia entre José Posse y Domingo F. Sarmiento. Por de pronto, surge al comienzo del epistolario un intercambio de misivas en las que Posse reprocha abiertamente a Sarmiento haber publicado cartas suyas en  el diario El Nacional del mes de septiembre de 1855, con términos claros y enfáticos:

 

He visto en el Nacional de Stre. que has publicado dos cartas mias, que no fueron escritas pª el Nacional sino pª vos. Si no has puesto mi nombre al pie eso no estava pª que nadie dude de su autor. Inutil seria discimularte mi desagrado al verme asi desnudado  en media calle sin objeto... [...]Ahora estas cartas me ponen en una situacion contradictoria respecto de la posision oficial que ocupo, y en cierto modo ridicula. [...] No vuelvas a publicar mis cartas, a menos qe no las pidas espresamente pª eso, qe entonces escribiré sobre los hechos. guardándome bien de decirte lo qe pienso, puesto que no sabes callar los secretos de tus amigos.[86]

 

Posse escribe a continuación de lo citado, ex profeso, un texto al que autoriza publicar, haciendo evidente desde la práctica, la distinción entre lo que fue producido para una lectura privada y lo que lo fue para una lectura pública.  El adjetivo metafórico de la expresión “verme así desnudado” indica claramente que la desprotección que causa la publicación sorpresiva de la escritura privada provoca en el remitente enojo y sensación de traición de la amistad.[87] Se suma a este argumento el reclamo de Posse de que su propia actuación pública se verá desprestigiada.

Sarmiento contesta la misiva anterior en la carta del 7 de enero de 1856, y explica las circunstancias desgraciadas que rodearon al hecho, tal como que los copistas del diario no respetaron las marcas que él había hecho en las cartas de Posse, para dividir el texto publicable de lo que no lo era. Sin embargo, es de notar que la gravedad de lo publicado está relacionado con la figuración pública de ambos nombres y cómo  el conocimiento, por parte de la gente en general, de los papeles privados escritos por estos protagonistas políticos, pudiera resultar contradictorio con lo dicho en la esfera pública. A estas razones apela Posse cuando afirma que Sarmiento lo ha hecho quedar como un necio: lo que se puede/debe decir en privado no es idéntico a lo que debe/puede decirse en público.

 Esta situación de la publicación de cartas de índole privada en los periódicos nacionales parecería ser una costumbre poco extraña a la época, puesto que se repite la mención de otro hecho, esta vez, con intencionalidad manipuladora por parte del diario que la publicó. Escribe Posse a Uriburu:

 

He visto una carta de D Antonino á D Mateo Martinez, publicada con regosijo por la Tribuna, como si le hubiese caido una bendicion de Dios por qe  con su acostumbrada hipocresia habla de sometimiento al nuevo Presidente, al viejo amigo Sarmiento ¡y le creen! ¡P...qe  son bárbaros![88]

 

Posse denuncia en esta correspondencia un procedimiento político de manipulación política. Siembra la sospecha de que la carta a la que alude haya sido escrita ex profeso para engañar a la opinión pública, o, por lo menos sugerir que si la carta es auténtica, su contenido es falso. La acusación de Posse centra sus ataques en la prensa, más precisamente en el diario La Tribuna y sanciona con el sustantivo  abstracto “hipocresía” la inclusión de la carta en el diario.

En la Correspondencia entre Sarmiento y Lastarria aparece una situación invertida con respecto a la que se ha presentado anteriormente. En la carta que Sarmiento le escribe a Lastarria a principios de febrero de 1849, le dice: “He recibido vuestra carta con gusto, con amor, con reconocimiento. La publicara en la Crónica si conociera tu voluntad”.[89] Mientras que la de Posse resultó publicada sin el permiso de su autor, aquí  Sarmiento en tanto enunciador solicita indirectamente permiso a su corresponsal para la publicación de su misiva en el periódico. Pero, habiendo cambiado de parecer mientras escribía el texto, el enunciador modifica su acto de habla indirecto para utilizar a continuación expresiones de fuerte tono imperativo, que rectifican el pedido anterior y utilizan otro tono: “Escríbeme inmediatamente una carta del carácter que acabo de recibir para insertarla en la Crónica, apoyad mi pensamiento, i desaprobad mi modo; dadme consejos i cubridme con vuestra simpatía. Publicaré esa carta en la Crónica”.[90] Desde el punto de vista de la sintaxis narrativa, los sucesos acaecidos respecto de Posse y la publicación de sus cartas son exactamente el reflejo de la otra situación vivida respecto de Lastarria pero invertida: mientras que Posse se enfurece porque Sarmiento ha publicado sus cartas sin su permiso en medios públicos, Sarmiento solicita a Lastarria que le envíe una carta para su publicación, sin atreverse a dar a conocer su carta anterior por temor a desagradar a su autor. Es la anticipación del acto lo que transforma la situación .

 Otro aspecto relevante de este último texto radica en que Sarmiento solicita a Lastarria que le envíe otra carta pero del mismo “carácter”, esto es, de estilo similar a la anterior. Entonces, ¿cuál es la diferencia que establece Sarmiento entre una carta  privada y una pública?  ¿Es que pueden decirse en ambas las mismas cosas? De alguna manera presuponemos que sí, que hay una tendencia por parte de Sarmiento de hacer público lo privado en tanto y cuanto esta decisión contribuya a engrandecer su figura política ante los ojos del público. A propósito del tema dice González Arrilli : “Sarmiento está en sus cartas...[...] ...de manera que puede verse que su extraordinaria voluntad y su magnífico producto no encontraba variantes ni sabía distinguir entre lo público y lo privado”.[91]

Sin embargo, la circunstancia de que las cartas personales fortuitamente pudieran caer en menos de cualquiera y ser instrumento de usos perjudiciales para el buen nombre del remitente, permite comprender los temores de los corresponsales al respecto. Una de las pruebas de que este resguardo afectaba el ritmo de la escritura de correspondencia fue el hecho de que los corresponsales disminuyesen la frecuencia de su escritura en momentos claves de la lucha política.  En la carta de Sarmiento del  13 de diciembre de 1868, éste le escribe a Posse:

 

No esperes que te conteste siempre ni satisfaga completamente tus expectaciones. Me resisto a hacer que anden cartas de Presidente que para ser francas han de anticipar o mostrar el fondo de las cosas. Bastete saber que tus observaciones son mui apreciadas y tus cartas siempre bien recibidas y necesarias.[92]

 

El texto citado permite comprender que al haber variado la posición política del remitente, la voz que “habla” en las cartas lo hace desde un lugar distinto. Esta situación de modificación contextual impone una alteración en la redacción de los textos epistolares, sus huellas reducen la posibilidad de expresión de la escritura privada en tanto expansión de la subjetividad. El remitente, desde su lugar de presidente de la Nación, no puede permitirse extravíos en la manifestación de opiniones personales, que una vez conocidas, podrían afectar su carrera política. Asimismo, las estrategias del poder obligan al mandatario a mantener el secreto de Estado en determinadas circunstancias. Pero además, es posible entender que los protagonistas eran conscientes del peso de su palabra política, fuera ésta pública o privada,  y de cómo ésta podía, eventualmente resultar manipulada si caía en manos de los enemigos.[93]

            La carta de Posse que responde a esta última misiva, nos revela, sin embargo, que el discurso precedente ha sido puesto en práctica por su autor menos de lo que se debiera , puesto que  el remitente le reprocha a Sarmiento el envío de una carta suya a Manuel Taboada, por motivos no ajenos a lo que se había enunciado antes:

 

He visto tu carta de 15 de Otre. á D. Manuel Taboada que ha mandado en copia por docenas , y te la repruebo solo en la parte de exesiva amabilidad, quizá porque eso tenga un alcance contrario a tus propósitos, y porque irrita la impaciencia de aquellos de nuestros amigos que no saben hacer concesiones ni al tiempo ni a sus deseos. Taboada a comprendido el efecto de tu carta por ese lado y por eso ha multiplicado su circulación.[94]

 

La escritura revela prácticas sociales perversas de reproducción de la palabra del otro, y Posse advierte a Sarmiento que sus propios aliados políticos podrían culparlo por los términos con los que se dirige a quien, como parte de la montonera de Santiago del Estero con mando en zona de frontera, es acusado por Posse de “ladrón de caballos”.  La  acotación de Posse sobre la “excesiva amabilidad” de Sarmiento se refiere a la herida que han producido los dichos anteriores en las sensibilidades de sus seguidores, quienes no hacen sino esperar  una conducta firme por parte del gobierno central, según el enunciador. Posse aconseja a Sarmiento desarmar las fuerzas que custodian las fronteras porque disponen de tal cantidad de armas y caballos que podrían fácilmente rebelarse en contra del poder central.

            Una situación diferente a la ya planteada es aquella por la cual la carta de uno de los corresponsales es leída en público  por quien la recibe, para regocijo de toda la familia. Tal el caso de la carta enviada por Sarmiento a Lastarria  el 3 de febrero de 1876, en el que la privacidad de la lectura de la carta es relativa, porque al ser realizada en un ámbito familiar, termina por ser pública, aunque dentro del marco de la familia:

 

En realidad mi querido Sarmiento, yo no era alma de este mundo ayer, cuando recibí vuestra carta del 10 de enero, tendido en una hamaca debajo de un nogal de 300 años de edad: hace cuatro días que está en casa el duelo, pues hemos perdido casi de repente a la mujer de mi hijo Demetrio, la cual era una bella muchacha hija de Pepe Prado. Estaba yo mas que abismado en mi dolor, en el de mi familia que me rodeaba. Comenzé a leer vuestra carta i comenzé a reir, i luego me brotaron carcajadas que formaron alarmante contraste con la actitud de todos. que  miraban asustados. Parece que decian entre si: “estará loco”; pero cuando les dije que  me reia porque Sarmiento me traia la alegria en medio de mi duelo, como otras veces me habia dado tantas buenas impresiones, todos participaron del consuelo, i gustaron de la carta i de los versos acompañados.[95]

 

   

La carta leída se trata de uno de los pocos casos de carta privada, leída en público, pero no traicionada, puesto que la lectura compartida con familiares queridos no puede considerarse una traición a la privacidad del otro. La excelente narración de Lastarria permite imaginar el contraste entre la alegría que produjo la lectura de la carta y la tristeza del duelo anterior. Las risas brotan de la afirmación de Sarmiento de que se sentía más joven que aquel, aun cuando tenía más años que su co-enunciador.

En la carta del 12 de enero de 1870, Sarmiento  vuelve a disculparse con su amigo Posse por no responder a sus cartas con la frecuencia que lo hacía antes. Aparecen nuevamente mencionados en la carta los motivos por los cuales la correspondencia se hace menos franca y se dilata en el tiempo: el miedo a la delación y a la publicación de lo privado en diarios de lectura pública:

 

Mi estimado amigo.

 Me hace decir Piñeiro por debajo de cuerda que estas mui sentido porque no te escribo cuando mas no fuese para decirte mi parecer sobre el diario de Tucuman.

Tu eres uno de los pocos a quienes deseara decir mi pensamiento por entero; pero es este mismo deseo lo que me estorba escribirte.

No se si recuerdas el verso de Beranger en que el Padre Eterno le Bon Dieu, quejando se de cómo van las cosas icibas, se calla de miedo de los delatores. Yo se lo tengo a la policia.

El otro dia la Nacion publicó una carta de R. Martinez a mí. Yo no la he leído todavia. Un mes antes la policia de Santiago se habia hechado sobre la correspondencia. Hasta ahora hallo juez que quiera ir a levantar la sumaria de tan donosos hecho. Figurate una carta mia a Pepe Posse es un proceso de Taboada , o en la Nacion, y quedamos lucido.[96]

 

Otra vez aparece inscripto en el cuerpo de la carta el temor a la mirada escrutadora de otro no prevista en el circuito de la corresponsalía. La aprensión se refiere tanto a la difusión pública de las cartas privadas en los diarios como a los procesos jurídicos que pudieran entablarse a partir de ella. Esta pasión da cuenta hasta qué punto las fronteras entre lo público y lo privado se combinan en estas cartas, porque enunciador y enunciatario comparten el conocimiento de que sus escritos pueden ser utilizados por sus enemigos políticos precisamente porque pueden encontrarse en ellos material relativo a la vida social. Si las cartas contuvieran estrictamente asuntos personales, estos hubieran resultado de escaso interés  para los lectores ocasionales.

            En la primera parte de la cita aparece reflejada la antinomia de la carta en su doble faceta de lo que dice y lo que calla. Si el deseo del remitente es “decirlo todo”, en realidad hace lo contrario: “calla” demasiado, para gusto de su  corresponsal, quien supone que la relación amistosa dada entre ambos protagonistas se ha resentido por la instalación del persistente silencio epistolar . 

            En la carta que presentamos a continuación aparece como  referencia del texto una carta “ausente”, que es la que supuestamente ha escrito Sarmiento a Avellaneda, en perjuicio de Posse, según lo entiende este mismo. La misiva pertenece a la Correspondencia Sarmiento-Posse y fue escrita el 8 de noviembre de 1874:

 

                        Mi querido Sarmiento

¿Qué carta has escrito a Avellaneda respecto de mí? Algunos Diputados tucumanos aseguran haberla leído... Según las versiones circulantes, esa carta es un pedido o recomendación tuya, por una plegaria mía pª. que se me deje en este Colejio no haciendo lugar á mi renuncia. La cosa no deja bien parada a mi dignidad, si es como se dice. Así debe haberlo comprendido Avellaneda al mostrar y entregar la carta. Poco le habrá importado la infidencia de revelar una carta privada a mis enemigos con tal de hacerme daño.[97]

 

La situación comunicativa parece entablar un círculo en el que Posse habría escrito una primera carta a Sarmiento para que éste, a su vez, se dirigiera a Avellaneda, presidente en ese momento histórico, para la concesión  de un favor que tenía que ver con el cargo de Director de un colegio en Tucumán. El hecho de que “algunos Diputados tucumanos aseguran haberla leído” incomoda a Posse, quien siente, una vez más, que Sarmiento ha traicionado su confianza al no haber guardado precauciones para hacer permanecer en secreto el propio pedido. La carta propicia su lectura, lo hemos afirmado ya, aun de quienes no estaban pensados como receptores posibles. Esta infidencia de la lectura de una carta ajena es vista desde la perspectiva de Posse como una estrategia que perjudica su dignidad (su buen nombre) y afecta su honor de caballero. A su vez permite inferir qué imagen de un Sarmiento despreocupado de los pequeños hechos de la vida cotidiana guarda para sí este remitente, como así también el grado de amistad íntima  que se revela a través del reproche, puesto que el enunciador se permite a sí mismo expresarlo sin tapujos.   

Por último, haremos referencia a una carta enviada por Posse el 31 de agosto de 1886 porque explica el origen histórico de este epistolario y, fundamentalmente, porque presenta de modo explícito la percepción que tenían estos corresponsales sobre su propia importancia en el devenir de nación. Dice así:

 

            Señor General D Domingo F. Sarmiento

                        Mi querido Sarmiento.

            Cuando estuviste aquí te dije que tenia una coleccion de tus cartas durante cuarenta años de amistad y confidencias; y que queria devolvértelas como propiedad de tu familia, mui  útiles para tu biografía póstuma.

Te las mando ahora en un paquete sin orden de fechas para que alla las pongas en linea.

Esas cartas quitando la paja y dejando el grano, contienen la historia de tu vida entera, contada al amigo íntimo, desde los tiempos primitivo de tú carrera pública, hasta los tiempos presentes; alla está la serie de tus ideas, de tus posiciones políticas, de tus impresiones del momento, de tus propósitos de todos los días, es en una palabra tu biografía hecha por el propio autor sin pretenciones de hacerla. No habrá mas que separar lo que no debe salir dl dominio de lo secreto y privado. Al releer esas cartas tal vez te sirvan  para despertar recuerdos útiles para trabajos históricos.[98]

 

Durante la presentación del tema, ya habíamos inquirido sobre esta problemática cuestión de quién resulta ser el dueño legítimo de las cartas enviadas: ¿el que las recibe o quien las escribió? Posse comprende la relevancia histórica que ha alcanzado su amigo  Sarmiento y es por este motivo que le devuelve las cartas escritas durante muchos años, cuando toma conciencia de que su salud se debilita. Se las devuelve como “propiedad de la familia”, no como su propiedad personal, anticipando quizás la idea de que las cartas eran documentos ya de valor público, aun en vida de los corresponsales.[99]  Las palabras “biografía póstuma” advierten el cercano final del otro; sobre sí mismo comenta su decadencia física en los párrafos finales de la carta, que no hemos copiado. Pero además, Posse tiene discernimiento de que las cartas representan una zona biográfica de la vida de Sarmiento más cercana a la realidad que lo esgrimido por él mismo en Recuerdos de Provincia, porque estas fueron hechas sin la intención de perdurar ni de alcanzar la gloria.

Finalmente, la recomendación sobre la separación de la paja y el grano se refiere al resguardo de lo íntimo y privado y a la convicción de que sólo se debe divulgar lo público. Sin embargo, el prólogo escrito por el Director del Museo Histórico Sarmiento, Antonio P. Castro, en 1946, da cuenta de que las cartas se publicaron en forma completa y que se recogieron en el epistolario todas las halladas. 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo me conozco

 y llego a ser yo mismo

sólo al manifestarme para el otro,

 a través del otro,

 y con la ayuda del otro.

Mijail Bajtin

 

 

 


Capítulo 2. Epistolario Sarmiento-Frías:

recorrido modal y narrativo de la conjunción a la no-conjunción[100]

1.     Presentación del epistolario

 

Este capítulo remitirá al texto Sarmiento-Frías. Epistolario inédito,[101] en el que hemos de atender a diversas cuestiones. Por un lado, nos interesa ver cómo funciona la referencia a lo privado y lo público en las cartas personales de Sarmiento y Frías, en tanto y cuanto hemos considerado, como hipótesis de este trabajo, que es también a través de las cartas privadas que estos hombres diseñan y proyectan discursivamente una imagen pública.

Por otro lado, las dos últimas cartas, una de Sarmiento, otra de Frías, presentadas por la colección de Barrenechea, son un par de extensas cartas “abiertas”, que serán analizadas a partir de su estatuto genérico diferente, tan sólo en función de oponerlas al resto de las cartas. Deberemos atender también en los textos epistolares a aquellos procesos discursivos que nos permitan la exploración del sentido, como expresión de la subjetividad de los corresponsales; finalmente, intentaremos interpretar el recorrido narrativo de los sujetos Sarmiento y Frías,  tal como aparecen inscriptos en el cuerpo de una correspondencia que se inicia durante el exilio de ambos, en el vecino país de Chile.

La lectura continuada de las cartas de Sarmiento incluidas en este epistolario imprime al texto un recorrido narrativo que hace atravesar al enunciador principal por la disjunción, el contrato y la prueba (elementos mínimos necesarios para la constitución de un relato, según la teoría greimasiana) y que concluye en una prueba glorificante  que tiene que ver con el reconocimiento público de su investidura presidencial.

Por otra parte, hemos titulado este capítulo como “De la conjunción a la no-conjunción”, a propósito de la evolución de la relación epistolar entre los dos corresponsales, marcada por dos momentos claves: el ofrecimiento de amistad  por parte de Sarmiento con que comienza el epistolario y el enfrentamiento político entre Sarmiento y Frías con el que se cierra. La “junción” es aquella categoría sémica en la cual sujeto y objeto existen semióticamente uno en relación con el otro.[102] Los protagonistas del intercambio epistolar se dan existencia como pareja de corresponsales, en tanto y cuanto “una [carta] es un gesto vano si no tiene respuesta, si no hay otra que contestándola, inaugure con seguridad una correspondencia”.[103] Así, cultivan  un intercambio amistoso como objeto deseado por ambos, más allá de acercamientos/alejamientos que señalan el recorrido de la relación humana.

 

Desde el punto de vista temático, el intercambio de cartas entre Sarmiento y Frías puede ser reducido a unas pocas secciones. Para nuestro trabajo nos interesa observar cómo se conjuga lo temático con lo discursivo y cómo, a su vez, este aspecto  entra en relación con la esfera de lo privado y lo público. Un criterio de clasificación temático permite reducir la correspondencia enviada entre ambos a seis categorías, entre las que hallamos:

a)      cartas que  inducen al establecimiento de lazos amistosos entre Sarmiento – Frías

b)       cartas que  comentan la Reforma ortográfica propuesta por Sarmiento a la Universidad chilena, durante la polémica gestada entre los años 1843 y 1844

c)       cartas que efectúan  actos de pedido por parte de Sarmiento para la difusión de su obra escrita

d)      cartas que exponen el programa político de Sarmiento, la conformación de alianzas y su proyecto de gobierno

e)      cartas redactadas y enviadas por ambos corresponsales durante la presidencia de Sarmiento, entre las que pueden encontrarse las de salutaciones, las que proponen relaciones comerciales y, fundamentalmente, aquellas que se refieren a los problemas limítrofes entre Argentina y Chile

f)         cartas producidas por ambos luego de transcurrido el período presidencial de Sarmiento, en las que hay agradecimiento de éste por la gestión de Frías y se sigue “conversando” sobre el problema de límites .

 Esta clasificación temática por la cual hemos optado nos sirve para ordenar el material de las cartas, que será analizado en relación con otros criterios funcionales que no responden exactamente a esta clasificación, porque enmarcamos el presente trabajo a partir de la interpretación de los recorridos narrativos de los actantes y su relación con  la esfera de las modalidades, criterio semiótico en detrimento de la clasificación temática.[104]

Por otro lado, la división temática de las cartas del epistolario que se ha presentado no coincide con la propuesta hecha por Barrenechea en el prólogo de su publicación; ella elige para la presentación del epistolario un eje vertebrador que resulta de las alternativas sufridas en la relación epistolar establecida entre ambos protagonistas, relación que sí hemos tomado en cuenta para la titulación del capítulo.  Así, sostiene que durante la primera etapa de convivencia en Chile se aúnan los intereses de los dos exiliados mientras que luego, en una etapa intermedia, estas relaciones se habrían enfriado y las expresiones verbales no darían cuenta de la espontaneidad anterior. El tercer momento  señalaría la máxima asimetría de la relación: Sarmiento se constituye presidente de la Nación y Frías, un Ministro de su gestión.  Por último, Barrenechea indica lo que sería “el punto culminante de su disidencia” cuando Frías y Sarmiento esbozan posiciones contrarias en relación con  la “Política de la Conciliación” propuesta por el gobierno de Avellaneda y aceptada por Adolfo Alsina y Bartolomé Mitre.[105]

 

2. Recorrido modal de Sarmiento:

2.1. La modalidad del “querer”

 

 

Hemos considerado las dos primeras cartas del epistolario  Sarmiento - Frías como particularmente valiosas para el análisis textual porque conforman, desde el punto de vista discursivo, dos piezas excepcionales para ver en ellas cómo funciona el despliegue argumentativo del remitente. La búsqueda de recursos discursivos le permite a Sarmiento comenzar y sostener una relación contractual, que se instala desde el espacio privado del intercambio epistolar, pero que lo excede prontamente porque tendrá consecuencias en la vida política de ambos protagonistas.

  La estructura contractual puesta en práctica por el enunciador, y aceptada por el enunciatario, puede definirse a través de un proceso de manipulación que funciona como matriz de una relación planteada dentro del plano de la  amistad.

 Para  distinguir las estrategias perseguidas por un enunciador que se presenta como deseoso de entrar en comunicación recurriremos a la teoría semiótica propuesta por A. J. Greimas,  en tanto que ésta “es una forma de hablar del hombre, de su relación con el mundo en que se encuentra y sobre el cual actúa, y de las relaciones interhumanas fundadoras de la sociedad”.[106]  Nos interesará especialmente encontrar en este modelo semiótico un metalenguaje que nos permita describir la organización interna del enunciado, en cuanto a sus componentes sintácticos y semánticos. El resultado nos acercará al análisis de la situación del discurso epistolar, a partir de la explicitación de sus presupuestos.

    En la primera carta enviada por Sarmiento a Frías el 11 de noviembre de 1843, es posible ver cómo el enunciador Sarmiento manipula la situación discursiva a  través de diferentes estrategias para lograr un acuerdo con un Félix Frías enunciatario. Espera que, transformado en amigo, publicite sus textos y lo impulse a través de un hacer persuasivo que revela la competencia del enunciador como figura autorial inscripta en el texto.[107]

             Según la teoría greimasiana, el análisis semiótico del nivel superficial permite representar antropomórficamente las funciones (F) del hacer en tanto actantes  relacionados con dos enunciados elementales, un enunciado de estado y un enunciado de hacer. En este último enunciado es posible encontrar dos clases de sujetos: un sujeto de estado, en tanto depositario de valores; un sujeto de hacer, en tanto que transforma su relación con el objeto. Esta modificación de hacer “puede interpretarse como un hacer-ser  de un sujeto que acarrea un cambio de estado y que afecta a otro sujeto”.[108]

          Dos recorridos narrativos son posibles aquí: el del sujeto y el del anti-sujeto. Esta relación que se instaura entre ambos corresponsales puede ser concebida como:

1-     Transferencia de objetos de valor

2-     Comunicación entre sujetos.

Nos detendremos por el momento en el primer punto. La transferencia de objetos de valor puede estar dada por la conjunción o por la disjunción: mientras que la última se refiere a una relación de privación, la inicial designa una relación de adquisición. Si se revisa el texto presentado a continuación, podrá notarse que frente a la privación (no haberse comunicado antes),  lo que ofrece el enunciador es una “relación” (de amistad), entendida en términos de adquisición: el objeto de deseo del remitente, entonces, propuesto por el texto, es el de dar principio a la comunicación. Como ésta se establece y continúa, damos por aceptada la propuesta.

Por otro lado, la comunicación entre sujetos con competencia modal conduce a la manipulación como fenómeno, competencia que revela el “saber hacer”.[109] La comunicación manipuladora es aquella que, contrariamente a la comunicación a secas, lleva al destinatario-manipulado a una falta de libertad debido a la cual no puede dejar de aceptar el contrato propuesto por el destinador- manipulador. Así, puede verse en el texto:

 

Señor Dn Feliz Frias

Santiago Nove 11 de 1843

 

Distinguido compatriota:

No se que ha hecho que deseando uno y otro comunicarnos hayamos permanecido hasta hoy sin dar principio a una relacion que a juzgar por mi mismo, estaria basada en mil simpatias  de principios, de ideas, de patria, de causa &.

Aprovecho pues esta ocasión para ofrecerle una amistad que no tendra tanto de util como de sincera.

Acompaño a V. cuatro ejemplares de la Memoria que leí a la Facultad de Humanidades para que me los distribuya entre los RR. de diarios y revistas de esa republica,[110] a fin de que si hayasen digno el asunto, lo discutan y ventilen. Espero que V. no permanecerá espectador frío, cualquiera sea el partido que adopte.

[...]

Queda de V. servidor y amigo

                                           

                                            Domingo Faustino Sarmiento

                                 No descuide V. mandarme algo de lo que a este respecto se escriba.[111]

 

Es posible identificar, a partir del texto citado, los recorridos narrativos del sujeto enunciador así como hallar en el texto la realización de ciertos dispositivos retóricos que podrían ser entendidos como procedimientos propios de la semántica discursiva, en el sentido dado por G. Latella. Estos procedimientos son la tematización y la figurativización. El primero se refiere a instalar temas en los programas narrativos, el segundo procedimiento comprende la figuración y la iconización. Por medio del primero se instalan figuras semióticas, por medio del segundo se intenta revestir a las figuras para producir una ilusión referencial. Al respecto, podemos entender que la frase inicial de la carta (“No se que ha hecho que deseando uno y otro comunicarnos hayamos permanecido hasta hoy sin dar principio a una relacion...”) instala en el discurso dos figuras de sujetos que pretenden el mismo objeto de deseo (la amistad). A su vez, un enunciado construido con fuertes marcas enunciativas que remiten al pronombre de primera persona plural indica el intento de gestar la ilusión referencial  (iconización).

  Desde otra perspectiva teórica mucho más tradicional como es la Retórica clásica, podemos encontrar una similitud notable entre el cuerpo de la carta y la estructura del texto argumentativo aristotélico. Según recordamos, éste proponía en el exordio el comienzo y anuncio del discurso.  El exordio solía dividirse, a su vez, en dos partes: la captatio benevolentiae o momento de seducción del auditorio y la partitio, cuando se enumeraban las divisiones del texto y se comunicaba el objeto del discurso.[112]

          La captatio benevolentiae  presentada por el enunciador se realiza en este texto epistolar a través de una puesta en discurso que  remite a la manipulación emocional del receptor, en tanto que se pone de relieve a través del encabezamiento y el cuerpo de la carta la condición de connacionales (atribución)  del enunciador y del enunciatario. El enunciador se instala en un plano de simetría respecto del enunciatario y se revela como participante de una situación de exilio que es compartida por ambos en Chile (desposeimiento del objeto de valor “patria”). Además, la certeza del acuerdo político que consiste en la oposición de ambos al gobierno rosista le permite al enunciador  encontrar un punto de partida sobre el cual construir luego una conclusión que confirme la identificación entre enunciador y enunciatario: están unidos por la misma “causa”. El razonamiento puede ser explicitado argumentativamente del siguiente modo: si ambos somos connacionales, si ambos tenemos los mismos deseos y principios, entonces, debemos ayudarnos.

Esta conclusión, que no aparece en forma explícita pero que sí puede inferirse a través de las premisas anteriores, se esconde detrás de un acto de habla que podemos denominar “de pedido” y que tiene que ver con la difusión de cierta obra sarmientina.[113] Este padecer del exilio y el hecho de que ambos fueran argentinos aparecen  sugeridos en el enunciado como soportes de la argumentación posterior al primer párrafo, donde el remitente insiste a través de los recursos retóricos de la enumeración y de la hipérbole, en todo aquello que largamente comparten los corresponsales: “ ....estaria basada en mil simpatias de principios, de ideas, de patria, de causa&ª.”[114]

          Con el tópico de la amistad ofrecida por el enunciador estamos ante la presencia de una manipulación que reenvía a un hacer persuasivo que transforma el /poder-hacer/ del destinatario, porque ¿quién podría rechazar u ofenderse a partir del ofrecimiento de amistad? Para Parret, la amistad es una de las pasiones orgásmicas en donde se conjuga el deber y el poder. Mediante la combinación de los cuadrados semióticos[115] del Poder y del Deber se llega a la idea de que en la amistad hay un deber//no[no poder-hacer] imposibilidad de impotencia: el sujeto del deber está en relación “prescriptiva” con el sujeto del querer, por cuanto la nobleza obliga, tal como suele decirse popularmente.

Esta amistad ofrecida “no tendrá tanto de útil como de sincera”, dice el texto, en donde el término “sincera” puede ser interpretado como refuerzo del sustantivo “amistad”. La polifonía de la negación, que presupone la voz de otro enunciador que afirma lo negado, se opone explícitamente a la inferencia que pudiera hacer el enunciatario del carácter utilitario del intercambio propuesto. 

En el tercer párrafo citado aparece el otro objetivo de la comunicación: la difusión de la Memoria sarmientina.[116] Nótese hasta qué punto el enunciador se siente comprometido con sus textos, que intercala el dativo de interés “me” en el sintagma “me los distribuya”. La frase siguiente revela una segunda petición: el no quedar frío permite que el enunciatario infiera que se le solicita que se transforme en un sujeto pasional que sostenga un compromiso abierto con la obra, tanto esté a favor de ella como en contra (aunque aparentemente el enunciador le da libertad al enunciatario para expresar su opinión sobre la obra, este razonamiento es falaz y restrictivo: el pedido indicado posteriormente en la posdata conduciría a pensar que simplemente Sarmiento está requiriendo comentarios positivos: no se  suele rogar que se manden recortes sobre comentarios periodísticos desfavorables). Puede hacerse referencia entonces al concepto de manipulación, a partir de que el sujeto de hacer, compromete a otro sujeto  en un tipo de enunciado que se instala en una función de transformación para que modifique su relación con el Objeto.

 Otros conceptos formulados en el segundo tomo del diccionario Semiótica dirigido por Greimas y Courtes diferencian el rol actancial del Destinatario- manipulado  con el término de ejecutante, mientras que proponen el nombre de decisor para el manipulador. En tanto que la decisión se apoya en la dimensión cognoscitiva de la estructura modal del hacer, la ejecución se ubica en la dimensión pragmática del hacer; Sarmiento-decisor, instalado en la modalidad del querer, pretende que un Frías ejecutante, manipulado a través de un contrato prescriptivo de amistad, difunda sus textos a partir de transformar su relación  con el objeto.

          Llegados a este punto, es lícito reflexionar acerca de que si bien las estrategias discursivas del  enunciador han sido consideradas como manipuladoras porque conducen tanto a propiciar un hacer-hacer como a un hacer-ser del enunciatario,[117] no es menos cierto que el propio enunciador ha debido ser manipulado él mismo por lo que el Diccionario llama un estado patémico, o sea, que una pasión ha movilizado al enunciador para convertirse a su vez en manipulador. Este estado patémico o estado del alma permite el reconocimiento de los roles actanciales. Detrás de la escritura epistolar sarmientina es posible comprender el pedido de elogio y difusión de la Memoria por parte de Sarmiento como identificable con el rol que denominaríamos “el ambicioso”, por asemejarlo a los roles presentados por el Diccionario, (“el colérico” o “el avaro”).[118] 

Dejaremos este punto sin ahondar para mencionar que el destinador puede ejercer su poder persuasivo, como hemos afirmado ya, a través de: a) la modalidad del poder, en la que puede ofrecer  dones positivos (valores ) o negativos (amenazas), y de b) la modalidad del saber, a partir del cual el destinador evalúa la competencia modal del destinatario produciendo juicios positivos o negativos acerca de su actuar.

Veremos ahora las otras variantes del cuadrado semiótico y revisaremos luego las evaluaciones del destinador sobre la competencia de destinatario .

 

 

2.2. La modalidad del “deber” y la sobremodelización del “deber hacer”

2.2.1. La prescripción:

         

Hemos  comentado ya  cómo, desde nuestro punto de vista, el ofrecimiento de amistad realizado por parte del enunciador Sarmiento en tanto destinador[119] compromete al  sujeto destinatario a realizar una serie de pruebas que van a finalizar con el reconocimiento (sanción) por parte del destinador. Si la relación entre Destinador y Destinatario es por esencia asimétrica, en tanto que el Destinador funciona como un hiperónimo del Destinatario, podemos entender que el Sarmiento enunciador busca la amistad en nombre de ideales patrióticos y educativos, valores a los que difícilmente pueda negarse  el Destinatario.

          Situados en este momento en la perspectiva de la modalidad deóntica, creemos necesario reponer el cuadrado semiótico correspondiente para revisar el tema con mayor profundidad:

 

 

                                 deber hacer                              deber no hacer

                             (prescripción)                              (interdicción)

         

 

               no deber no hacer                                 no deber hacer

                  (permisividad)                                        (facultatividad)

 

 

La modalidad deóntica se construye sobre el cuadrado semiótico  que combina el deber con el hacer. Si el deber hacer puede entenderse como prescriptivo, puede sostenerse que la relación de amistad que se ha constituido entre ambos corresponsales implica un deber hacer  al que se apela en numerosas ocasiones por parte de Sarmiento . Así, la carta  del 31 de enero de 1844  se lamenta de “qe no me considerase en el numero sus amigos” y un mes después escribe “Espero qe me mande el articulo del siglo , i sobre todo qe U. tome parte en la cuestion”, refiriéndose a la toma de posición de Frías en la polémica ortográfica de la cual estaba participando activamente Sarmiento. Estamos ante la presencia de un /querer-hacer/ + /no poder no hacer/ con lo que definimos a la manipulación argumentativa que ejerce el decisor sobre el ejecutor manipulado.

En esta situación que consiste en un “hacer  persuasivo” por parte del destinador-manipulador, aparecen toda suerte de enunciados modalizados para comunicar el deseo de que el otro cumpla con el propio objeto de deseo del enunciador. En la modalidad de la prescripción pueden encontrarse enunciados como el siguiente: “Escribo a Villafañe i Rojo i espero qiera U. pretarme [sic] el servicio de dirijirme las dos adjuntas la ultima bajo cubierta de Chenaut por com-/benio anterior”(Sarmiento 31/1/44). En este caso, Sarmiento solicita a Frías que entregue a Juan Bautista Chenau la correspondencia dirigida a Anselmo Rojo, en Potosí, probablemente a causa de la dificultad de la época en las comunicaciones por correo.

La prescripción aparece muy a menudo en las cartas sarmientinas a Frías, en relación con una multiplicidad de temas. Por un lado, en el pedido de difusión de su obra, de entrega de correspondencia a otros, de distribución de libros. Por otro lado, hay un mandato moral absolutamente prescriptivo que es interpretado por parte del destinatario, que se muestra competente en interpretar, primero, y en ejecutar, en  segundo término, el programa dado por el destinador. Por ejemplo, en la carta de Frías del  19 de febrero de 1844, aparece el siguiente enunciado, refiriéndose a la obra de Sarmiento:

                                  

En los diarios de Bolivia he visto ya reproducidos algunos de sus artículos –Espero que Villafañe servirá à la idea de su Memoria, y tambien otro amigo de Chuquisaca, que escribia. Lo que importa es buscar la imparcialidad y justicia en todas partes. Si estos hombres no la acojen, será porque son ellos.[120] 

 

 

El enunciador segundo ha interpretado según su propio esquema representacional (se trata de una re-esquematización ) la modalidad prescriptiva del enunciador primero pero ha modificado el contenido de la Función del Destinador a la luz de sus presupuestos ideológicos, entendiendo entonces que su actuar se rige por un ideal de Justicia que sirve de justificación ante sí mismo por lo actuado.

 

 

2.2.2. Interdicción, permisividad y facultatividad

 

Otros mecanismos manipulativos pueden ser vistos en los  fragmentos citados a continuación de la carta enviada por Sarmiento a Frías en 1843 o 1844 (doble fecha escrita en el original, realizada por distintas manos) donde encontramos tanto el                                     hacer no hacer (impedimento) como  no hacer-hacer (no-intervención) y no hacer no hacer (dejar hacer), las otras tres variantes de la manipulación greimasiana. La primera clasificación se corresponde con el  señalamiento inicial hecho en el texto con negrita: No insista Ud. me haría mal.[121] El enunciador se refiere a los dichos de uno de los hermanos Rodríguez Peña ─Demetrio─  (retoma diafónica), para convalidar su punto de vista argumentativo. Sarmiento alude a las dificultades que encuentra para hacer que su propuesta de reforma ortográfica triunfe en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Frías había apoyado su propuesta desde el periódico El Mercurio, pero en esta carta el enunciador comienza a dar cuenta a su enunciatario de la oposición de los miembros de la Comisión a una reforma tan radical. Presentaremos en este caso, y como excepción, la cita del texto completo, puesto que analizaremos las diferentes secciones de esta misiva:                                     

 

Señor Dn  Félix Frías                                                       1844

Santiago Mzo. 7                                    Supongo sea del 1843                         

                                

Mi buen amigo:

Su carta de U me llena del mas bibo reconosimiento , qe quiere aun desnudarse de lo qe le pertenese  por rebestirme  a mi de una superioridad qe no tengo! Baya, qe me ase U.  admirarlo en su pretendida pequeñes.

Peña tiene bestialmente razon en lo qe le dise. No insista U. me aria mal. aguarde otra epoca mejor.

Anoche tubimos Unibersidad – larga discusion yo i Bello andres – palabras – bejeses, antipatias miedo, inersia en lugar de pensamiento. La reforma será admitida asta por ai, no mas es admirable ber lo qe produse en los espíritus la rutina, la autoridad, la falta de filosofía i de respeto a los echos. ¿ Sabe qe disen de la Academia de preseptores de España? Nada-.-qe no es ofisial- qe no es un echo consumado, que no es el papa, &&.

Dejemos pues la cuestion por ahora. Sus tres artículos eran buenos, el ultimo sobre todo lleno de orijinalidad y de pensamientos nuebos. Me a gustado mucho. No comprometa su posision por nada, aprendamos a vivir; bea U. la mia y sirbale de modelo.

[...]   No me nombre, pues, dejeme dormir asta qe me despierten las punsadas de estos escorpiones que se ieren a si mismos.[...]

 

Sarmiento es aquí totalmente fiel en su escritura a la propuesta de Reforma ortográfica que había sostenido en los medios periodísticos chilenos y la utiliza aún para la escritura de cartas personales de circulación privada, con lo que revela un alto grado de coherencia  y obstinación de su parte. Sabe que ha gestado una polémica que aviva los espíritus de los lectores y que sus oponentes son prestigiosos colegas de la Facultad de Humanidades.[122] Es pues, cuando le sugiere a Frías: Dejemos la cuestión por ahora, en una manipulación del no hacer-hacer (no-intervención). El enunciador es un manipulador competente que sabe avivar el fuego de polémica en ciertos momentos o retirarse del fragor de la lucha en otros. Los momentos del combate verbal están determinados temporalmente y el “por ahora” no hace más que indicar que volverá sobre la cuestión en otro momento que resulte más conveniente.

            Otro aspecto interesante de subrayar a partir de la lectura de esta carta, es el  criterio ya mencionado de Evaluación por parte del destinador de la competencia modal  del hacer del destinatario: “Su carta de U me llena del mas bibo reconosimiento, [...] me (¨[h] |a|se U. admirarlo en su pretendida pequeñes”, indica claramente el reconocimiento por la tarea solicitada y la sanción positiva o reconocimiento de la competencia del otro. 

            El último tipo de manipulación, el del no hacer no hacer (dejar hacer) aparece en los fragmentos finales que se citan de la carta a Frías. Este dejar hacer se presenta metaforizado bajo  el sintagma “déjeme dormir”, con el que el enunciador propone una interrupción de la lucha. Este pedido se refuerza con la expresión de “escorpiones que se hieren a sí mismos”, en la que Sarmiento estaría aludiendo a Andrés Bello, según la interpretación de la edición anotada de las cartas que seguimos. La fuerza  argumentativa estaría dada en este caso por la utilización de figuras retóricas (la metáfora como analogía condensada) y las figuras  de pensamiento (ironía y alegoría) .

 

2.3. La modalidad del “saber” y la sobremodelización del “saber hacer”

 

A  partir de la segunda carta  del epistolario (de fecha 31 de enero de 1844)  surge la escritura reformada según la propuesta de Sarmiento. Estos rasgos se mantienen durante todo el año 1844, aun cuando las diez primeras cartas funcionan como las más representativas para el tema de la reforma ortográfica, tanto porque mencionan directa o indirectamente  el asunto de la ortografía como porque, a  su vez, la practican.[123] El enunciador se presenta desde un lugar del saber para validar sus ideas sobre la lengua castellana y su ortografía, bajo una modalidad epistémica, porque también sabe hacer por partida doble: escribe una Memoria para imponer la reforma ortográfica y utiliza este saber hacer en su propia escritura.

 

2.3.1. El discurso del combate como estrategia del “saber”

           

La carta  del 13 de febrero de 1844 de Sarmiento a Frías retoma el tópico de la amistad iniciado en el primer ejemplar  del epistolario, para ahondar y reafirmar el lazo establecido. El encabezamiento “Mi apreciado amigo” y el cuerpo de la carta sostienen un tono idéntico: “...ai entre nosotros sierta ermandad de ideas, sierto rrumbo jeneral en los conseptos que nos distinge de toda la Chusma”.[124] La confraternidad alude a la estructura contractual de la relación epistolar instalada entre el Sujeto de Discurso y su Ayudante, al mismo tiempo que aparece como un recurso retórico que delimita el nosotros frente a los otros, asegurando de este modo la visión positiva de propio grupo y el sentido de pertenencia frente a la visión adversa (chusma) de lo que se denomina como extra-grupo.[125] El “cierto rumbo general de los conceptos” remite al mundo epistémico compartido por los enunciatarios; la “Chusma”, precisamente, encarna el anti-sujeto, la ignorancia, a la cual se opone el enunciador. Es en esta disyuntiva creada discursivamente por un Sarmiento en tanto figura polémica del discurso, donde aparecen las metáforas bélicas y se plantea el enfrentamiento como un combate militar: “Yo buelbo al combate: i ya e empesado a desplegar mis gerrillas [sic] sobre la Comision de la facultad de Umanidades”. El saber epistémico es también un saber militar porque permite  diseñar estrategias de ataque y repliegue contra un enemigo.

            Creemos necesario, antes de revisar en detalle las estrategias discursivas que utiliza Sarmiento como arma de combate, detenernos por un momento en el contexto discursivo en que se producía esta polémica ortográfica.

 

2.3.1.1. Inscripción del saber en el contexto histórico
 

 

Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento coincidieron en una etapa de sus vidas en Chile, incidiendo Sarmiento en la cultura chilena a partir de sus trabajos como periodista en los diarios El Mercurio de Valparaíso, El Nacional y El Progreso de Santiago. El conflicto entre ambos  intelectuales se produjo en 1842. Según Emilio Carilla (1964), el  enfrentamiento no se dio tanto entre Sarmiento y Bello sino entre Sarmiento y un discípulo del primero, llamado José María Núñez. El motivo tuvo que ver, aparentemente, con la publicación de los Ejercicios populares de lengua castellana de Pedro Fernández Garfías, a quien Sarmiento defendió en las páginas de los periódicos.

            Ángel Rosenblat (1961) sostiene, en cambio, que la generación del 37 ─entre los que se contaba a Alberdi, Esteban Echeverría, Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez y pueden incluirse a Sarmiento y al joven Mitre─ tenía motivos ideológicos para oponerse a la cultura española y aun a su lengua.[126] Por ejemplo Echeverría, en polémica con Alcalá Galiano, había dicho “Nos parece absurdo ser español en literatura y americano en política”.[127] Esta misma idea sería la sostenida por Sarmiento en Chile, al defender en su Memoria el galicismo y las innovaciones lingüísticas del castellano latinoamericano.

La diferencia de edad entre Bello y Sarmiento (más de treinta años) hace suponer a Rosenblat que Sarmiento entabló una lucha verbal a todas voces contra una figura académica como la de Bello porque le permitía competir por el espacio público y adquirir notoriedad: “La polémica de 1842 es una tentativa para destronar a Bello, una batalla por la conquista del poder”.[128]

Si bien todo esto pudo ocurrir, no es menos probable que el enfrentamiento entre Sarmiento y Bello tuviera que ver con un pensamiento divergente al respecto de la lengua materna. Según Alfredo Canedo:

Bello, como todo buen hablista y latinista, comprendió, presintió y sintió que la unidad política hispanoamericana sólo habría de garantizarse en formas dialectales propias, remozada con nuevos apuntes lingüísticos, ortográficos y semánticos, sin enfatismos y parafernalia verbales, menos todavía con voces del vulgar comercio idiomático.[129]

 En un trabajo presentado en 1824, titulado “Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía de América, Andrés Bello afirma:

No se crea que recomendando la conservación del castellano sea mi ánimo tachar de vicioso y espurio todo lo que es peculiar de los americanos. Hay locuciones castizas que en la Península pasan hoy por anticuadas y que subsisten en Hispano-América. ¿Por qué proscribirlas?[...] Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando las patrocina la costumbre uniforme de la gente educada..[130]

  Pero Bello publicó en 1847 un ensayo gramatical y morfológico titulado Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, en el que sostuvo que la lengua castellana americana no debía independizarse, de ninguna manera, de la lengua española ni estuvo de acuerdo con la hispanofobia de algunos hombres argentinos de la generación del 37. Si puede dividirse la historia en puristas e innovadores, Bello militó en las filas de los primeros, junto con Florencia Varela, exiliado en Montevideo, quien no quería hacer corresponder la emancipación de la lengua a la corrupción del idioma.[131]  Las ideas de Bello aparecen resumidas en las siguientes palabras: “ Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicación y un vinculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes”.[132]

Sarmiento se enfrentó con Bello por tres razones básicas: porque disentía con él oponiendo las nuevas ideas románticas a su galanteo clasicista, porque Bello se sometía a los dictados de la Academia Española de la Lengua en oposición a los ideales de mayo, y porque no pretendía imponer el dialecto criollo hispanoamericano como  lengua nacional. Sarmiento leyó en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Santiago de Chile su Memoria sobre la ortografía americana’ el 17 de octubre de 1843. Propuso allí la simplificación ortográfica del castellano, con un criterio cuasi-fonémico que comprendía el reemplazo de la ve por la be, la zeta por la ese, la y griega por la i latina, la equis intervocálica por la cs y la ge por la jota; además de la supresión de la ‘hache’[no siempre]  y la u muda en que y gue. Afirma Alfredo Canedo, que “Para Bello, quien presidía la Comisión de Lengua de la Facultad, todo en la "Memoria" sarmientina era: "un disparate mayúsculo", "un brusco e imprudente rompimiento con las convenciones universales de los pueblos españoles en punto a la ortografía y un caos en el cuerpo de la literatura castellana".[133] La contestación de Sarmiento no se hizo esperar y envió rápidamente su Informe a la Comisión de Lengua de la Facultad de Humanidades, respaldado abiertamente por el lingüista chileno Victorino Lastarria.

La Facultad de Filosofía y Humanidades se pronunció finalmente el 25 de abril de 1844 por una reforma menos radical de la ortografía, siguiendo las ideas fundamentales de Bello de 1823.  La reforma fue perdiendo vigencia a través de los años para adoptar en 1854 un texto para la enseñanza de F. Vargas Fontencilla, que sólo respetaba la modificación de la “g” y la “y”, con valor vocálico.[134]

 Recién hacia 1884 el Consejo de Instrucción Pública chileno pidió un estudio. En 1892 resurgió la polémica con los Neógrafos, que propusieron una escritura fonética. En 1918, la Academia Chilena de la Lengua recomendó al gobierno chileno que adoptase la ortografía de la RAE. En 1927 se decretó por imposición  el respeto a la ortografía española normalizada, cuando las relaciones diplomáticas que venía construyendo Chile con España se encontraban en sus mejores momentos.

2.3.1.2. Estrategias discursivas del combate

 

El mecanismo discursivo empleado por Sarmiento, que consiste en la aplicación de términos bélicos a la descripción de sus acciones políticas, ha sido estudiado por Dardo Scavino en Barcos sobre la pampa. Las formas de la guerra en Sarmiento,[135] en relación con su pensamiento e ideología, como modo de posesión del suelo.  Nosotros hemos comprobado que esta estrategia discursiva se extiende asimismo  a la escritura de las cartas privadas, en cuanto que revela la puesta en práctica de una táctica militar de la acción sobre temas y terreno civiles. La batalla discursiva que instala el Sarmiento enunciador privado es, conjuntamente, el combate por el poder que persigue el Sarmiento periodista, y, como afirma Carilla, se trata de un poder en disputa , por el  que combaten los actores desde dos frentes distintos: uno desde los diarios y otro desde la Universidad. Uno tiene académicos como ayudantes, el otro, amigos influyentes como Frías, Montt o Lastarria; uno tiene como ventaja el prestigio académico de los años, el otro la juventud, la novedad y el ímpetu.

Según Scavino: “...para Sarmiento, las estrategias y tácticas militares están indisolublemente unidas a modos de posesión del suelo, pero también a formas de circulación de las mercancías y a modalidades de consumo y goce que pueden ser económicas o no”.[136] Precisamente en este caso, las estrategias militares  están “puestas en discurso” para representar una lucha del poder ideológico, cultural, de supremacía intelectual en el ámbito social chileno y que no pasa, fundamentalmente,  por factores económicos sino por “la detención de la palabra”. Así, lo que Scavino comprueba para formas de “circulación de mercancías” puede ampliarse al concepto de “circulación de saberes” y de posesión de la palabra autorizada, porque, finalmente, lo que se discute es la legitimidad y autoridad de la palabra sobre el tema de la lengua criolla y su escritura.

 Afirma Scavino más adelante en el texto: “Sarmiento verá en la guerra un instrumento de violencia para alcanzar una finalidad política: la guerra será un acto para imponer una voluntad a un adversario”.[137] Y después: “El triunfo militar, luego, creará las condiciones necesarias para imponer una voluntad política”.[138] Si podemos relacionar los conceptos de  búsqueda del poder y vocación política, lo que Scavino analiza para la situación militar puede ser aplicado a las fórmulas discursivas que utiliza Sarmiento en las cartas a Frías, en tanto enunciador. Esta vocación de poder, evidenciada en el discurso, puede ser vista tanto como una reflexión sobre la propia conducta, como estrategia frente a una realidad que se presenta como hostil, como también una forma de construir una imagen política de un enunciador vencedor por medio de la correspondencia privada, tal como lo insinuáramos en la hipótesis de este trabajo.

La ambición personal, consecuencia de la pretensión de difusión de su persona y de sus  escritos, no puede dejar de traslucirse en la correspondencia privada sarmientina y en esta misma carta que ya hemos citado.

Sarmiento en tanto enunciador,  continúa diciendo: “Pienso mandar todas estas discusiones a los diarios americanos i ver si trabo la batalla jeneral.[...] Agamos amigo este serbisio a la America; desligemosla de sus antesedentes fatales i echemosla en una nueba i ancha bia. Combatamos pues”.[139] Aparece aquí un enunciador que propone su inscripción gloriosa en las páginas de la historia americana, porque se ubica a sí mismo prestando un “servicio” a la América toda, en función de oponerse a un destino aciago  que parece previsto para ella . Enfrentarse a ese destino se convierte en el motor de su acción. 

El “Combatamos pues” resulta presentado como una conclusión de una argumentación soterrada en donde las premisas pueden ser entendidas como : A- La patria tiene un destino funesto; B- Es preciso oponerse a ese destino ineluctable;  Conclusión - Combatamos valientemente para  hacer renacer a la patria. Acto de habla de tono fuertemente apelativo, que connota por su forma  verbal de primera persona plural la constitución de un “nosotros inclusivo” que remite a la heroicidad de una dupla victoriosa, que hoy podría leerse como identificado con Quijote-Sancho Panza; Aquiles- Patroclo, etc., y también como la incorporación del enunciador Sarmiento a las filas de los gloriosos ideales de Mayo. Evidentemente, el enunciado también involucra al destinatario en un deber hacer manipulativo porque oponerse a  su reforma es también oponerse al progreso y la modernidad de la patria.

Las cartas subsiguientes guardan el mismo estilo combativo: en la del 17 de febrero de 1844 aparece este texto:

 

...e buelto a la cuestion sobre ortografia, impugnando el pareser de la Comision. Mi articulo de oi, es simplemente una parada mañana prinsipiaré  a maniobrar: sera el 2° un([a]) guerrilla([a])│eo│ para llebar adelante la metáfora. El 3° qe ya tengo escrito tambien es la batalla; aqi e rreconsentrado todas mis fuersas; el cuarto irá por los muertos.[140]

 

 La metáfora empleada no podría ser más clara: aparece explicitado el  recurso retórico, primero hay una parada o espacio de  descanso militar, luego una batalla y por último, el enunciador, posicionado desde un lugar de soldado, recogerá los cadáveres de los enemigos en el triunfo final.  Esta descripción de  hechos probablemente futuros, de acuerdo con los deseos del enunciador, prevé las acciones en el provenir  y anticipa el éxito, pero también sirve como argumento previo para la recriminación de la falta de acción: “E notado qe el Mercurio no ase cara ahora. No se cual es la posision de U. alli pero estraño este silensio”. El combate, para ser exitoso, necesita de aliados y las alianzas se construyen augurando el éxito de la campaña.[141] Nuevamente aparece un tono fuertemente prescriptivo, propio de la  manipulación,  que se instala en una modalidad deóntica del deber hacer.   El “no sé cuál es  la posición de U. allí” remite al juicio negativo realizado por el enunciador, instalado desde la modalidad del saber, sobre la competencia modal del destinatario y podría ser considerado como un acto de habla indirecto que formula una pregunta  que compele a respuesta precisa.

La respuesta de Frías no se hace esperar, dos días después, el 19 de febrero, responde: le informa a Sarmiento que, pese a la oposición del propietario de El Mercurio, ha conseguido un espacio en donde él mismo redactará los artículos “sin careta de corresponsal”. En la postdata, se despide  de Sarmiento con  un doble párrafo, el último de los cuales dice: “[...] Luego que V haya recojido los muertos, yo aplaudiré su victoria”. [142]La manipulación  seductora de Sarmiento, en tanto  figura del discurso, ha logrado “apasionar” al manipulado, instalando en él un estado pasional que comparte con el enunciador y lo hace partícipe de un “estado de creencia”.  Al respecto,  Graciela Latella hace notar que hace falta desarrollar, junto con la teoría de la persuasión, una teoría de la interpretación “que describa cómo el destinatario-sujeto [...] se convierte en un creyente”.[143]

 

2.3.2.Validación del enunciador desde una modalidad del “saber” unida a la presentación de un sujeto pasional

 

Creemos de interés  revisar cómo Sarmiento describe su enfrentamiento con Bello en la Universidad el 7 de marzo de 1884 para observar otras estrategias discursivas empleadas por el enunciador:

 

Anoche tubimos Unibersidad – larga disusion yo i Bello andres – palabras-bejeses ([se]) │an│tipatias miedo, inersia en lugar de pensamiento. La reforma será admitida asta por ai, no mas es admirable ver lo qe produse en /los espíritus la rutina, la autoridad, la falta de filosofia i de respeto  a los echos.

 

 Sarmiento censura en el debate  la actitud de sus contrincantes, porque pone el acento en la propia valoración de los hechos, desautorizando  las ideas de  los anti-sujetos, grupo del que  Andrés Bello es portavoz. Para ello utiliza una construcción discursiva que suele denominarse como “serie orientada”: puesta en serie homogénea de diferentes categorías que rematan en una conclusión  (palabras, vejeces, antipatías, miedo, inercia en vez de pensamiento). La operación argumentativa  presenta  como homogéneas  categorías denotativas: “palabras neutras”,  y  categorías léxicas connotativas de fuerte valor negativo : “vejeces, antipatías, miedo, inercia”, para culminar con “pensamiento”, otra categoría denotativa léxica de valor altamente positivo. La operación discursiva se polariza en la disyuntiva enfrentando pares conceptuales: palabras de los otros/pensamiento propio;  ‘vejez’ frente a ‘juventud’; conceptos negativos como ‘miedo’ e ‘inercia’ para las expresiones de los oponentes frente a la clarividencia personal. Este recurso discursivo en el que se opone dos conceptos para privilegiar uno y desmerecer  al otro es el mismo que emplea Sarmiento en su obra literaria cuando enfrenta, por ejemplo, civilización a barbarie. Idéntico recurso de descalificación del antagonista mediante el recurso de la antítesis había aparecido en la carta del 1 de febrero de 1844: “Biera U. amigo, el informe de la Comision ¡qe pobreza! qe ignoransia de su asunto!”.[144] Nuevamente el enunciador se presenta como un sujeto pasional (señalado a partir de los signos de exclamación) que, autorizado por su saber, soporta un estado patémico de sufrimiento a causa de la escasa sabiduría de los otros (par ignorancia de los otros/sabiduría propia).

 En la carta anterior, fechada el 2 de marzo del mismo año, el enunciador  se había validado a sí mismo también a partir de la construcción discursiva de un estatuto de  autoridad conferido por sus conocimientos:

 

Tengo una espesialidad doctor en educasion primaria: en esto estiendase sin miedo, nadie querrá   disputarme el titulo ; conocimientos casi esclusibos en el pais – nesesidad e influensia de ellos- adqisision para el pais – estado de la educacion en America - falta de trabajos de la España sobre la materia – ciensia americana, popular de aplicasion inmediata. Trabajos métodos de enseñansa &&ª .[145]

 

En este caso, la acumulación de sustantivos abstractos busca producir un efecto de veridicción,  que recurre como estrategia retórica a una  amplificación trabajada desde el juego de los contrarios: el saber frente a la ignorancia, conocimientos exclusivos  de la ciencia americana frente a la carencia de conocimientos españoles. Pero también, como afirma Lespada, aparece una  exhibición del propio cuerpo que resulta poco ética, por su carácter de desmedida: “...expansión hiperbólica [que] lo lleva a confundirse con el devenir histórico del continente”.[146]

 

Otro recurso discursivo recurrente como el de la metonimia permite comprender por qué Sarmiento ponía tanto esfuerzo en la difusión de su textos: todo rasgo asociado positivamente a sus producciones vale a favor de su persona En este sentido, Christian Plantin[147] se refiere a “mecanismos de figuras” por los cuales decir, por ejemplo, que los niños de alguien son admirables es decir también que lo es el padre. De esta manera, hay en este razonamiento una ley de pasaje que  puede ser reconocida como “metonimia de la causa” y que manipula la causalidad positiva o negativamente. Si los textos producidos por Sarmiento son admirables, él mismo se convierte en motivo de admiración: la carrera política de Sarmiento se diseña también discursivamente sobre la base de una manipulación del otro respecto del hacer-hacer, que se refiere en gran medida a la contribución de un destinatario que actúe en la difusión y puesta en circulación de los textos sarmientinos (hacer-saber).  

Muchas son las cartas del epistolario Sarmiento–Frías en las que el remitente solicita la colaboración del  receptor de la carta para la difusión de sus obras. Ya hemos citado la primera carta, del 11 de noviembre de 1843, que se refiere a cuatro ejemplares de la Memoria.  Las siguientes también insisten en el tema como una constante. En la carta que hemos numerado como novena según un orden cronológico, carta enviada por Sarmiento a Frías  con fecha 9 de marzo de 1844, solicita a Frías que interceda ante el presidente de Bolivia, Sr. Ballivian, para que éste suscriba 200 ejemplares  con contrato de la obra Mentor de la Educación primaria de modo tal de poder afrontar el precio de la publicación. Esta obra había sido propiciada por el Ministro de Educación Pública  (Manuel Montt) con la condición explícita de que varios gobiernos americanos contribuyesen económicamente a su publicación. Sarmiento se construye como enunciador que pretende el favorecimiento del bien común (Destinador):  el provecho del proceso previo de escritura de Sarmiento y la posterior gestión de Frías están dirigidos a los maestros de escuela (Destinatarios finales), para que “mejoren sus luces/redundando esto en provecho de la enseñanza jeneral”.[148]  Valida el enunciador su propio  conocimiento desde la  base de la experiencia adquirida en la  función docente. Sostiene para ello que es un saber específico de tipo “profesional”, porque delimita el campo de la enseñanza al aprendizaje de metodología, por parte de los maestros, para facilitar la adquisición del conocimiento de los niños.

La estrategia discursiva predominante en este fragmento es establecer un estado de veridicción, un hacer-creer-verdadero, autorizado y sostenido por la comunidad a la que pertenece el enunciador: es el ministro de Instrucción Pública quien ha solicitado la escritura de textos escolares y ha propiciado la publicación. Recordemos que todo  discurso manipulador se  apoya no en  evaluaciones individuales sino en axiologías  consensuadas socialmente.[149]

Por otro lado, el mantenimiento aparente de un nivel discursivo basado en la función referencial del lenguaje permite el borramiento del sujeto enunciador mediante el uso de construcciones impersonales que sólo comprometen al enunciatario, tales como: “Ya se imajina U. el impulso que por este medio va a tomar la educacion pública en este pais y el alto grado de mejora de que es susceptible”[150] o “...se imajina U. cuantos bienes para la difusion de las luces traeria este vinculo,  este vehículo para las ideas”.[151] Aquí el discurso construye su propio universo referencial, que se apoya en la colaboración participativa de la 2ª persona para sostener un punto de vista argumentativo.[152]  Pero no es posible sostenerlo sin el consenso del enunciatario y su potencial adhesión, que co-construye el objeto de discurso en tanto que acepta las representaciones que el  destinador ofrece. Por supuesto, esta co-construcción que observamos suele darse, en la conversación, durante el intercambio entre participantes, mientras que en la correspondencia se da como diferida en el tiempo y el espacio: aquí el enunciador presupone y establece como inferencia necesaria la colaboración del enunciatario para construir este objeto de discurso. Sin embargo, carecemos de la respuesta de Frías, por lo que sólo podemos intuir que la continuidad del intercambio epistolar se siguió dando porque, por lo menos, no hubo una oposición explícita  a los numerosos pedidos efectuados por Sarmiento a lo largo de tanta correspondencia. Por otro lado,  hay una instauración de causa - efecto naturalizada en la argumentación sostenida por el Destinador, en tanto que el beneficio de la lectura de los textos próximos a escribirse y editarse, que recibirán los maestros, no está entorpecido por complejidad alguna. Las representaciones del destinador sobre la recepción y comprensión de sus textos  permite entender que la concepción del lenguaje que ofrece es la de una transparencia absoluta, y la concepción del aprendizaje, por lo menos, mecanicista. 

   Pero este enunciador avezado en la materia pedagógica se presenta también como  un instructor humilde, por lo que recurrirá a la ayuda de otros profesionales extranjeros : “...respecto a mis débiles conocimientos profesionales, qe serán ayudados en esta parte por todos los que me subministra ademas una rica coleccion de trabajos franceses, alemanes é ingleses sobre la materia”.[153] El prestigio de los trabajos extranjeros resulta ser la garantía de la bondad del producto educativo pues estos colaborarán para acrecentar los conocimientos de la labor de Sarmiento. Aparece el tópico, muy a menudo presente en la obra del sanjuanino, de la sobrevaloración del texto escrito / extranjero,  y de su propia  gestión de autodidacta, en una pseudo argumentación “ad misericordiam”, gracias a lo cual se solicita la colaboración del otro.

El tema es retomado en la carta de Sarmiento a Frías del 29 de marzo de 1845: si en la misiva anterior le había solicitado a Frías que presentase el asunto al presidente de Bolivia “...apoyándolo en una buena recomendación suya”,[154] en esta correspondencia le pide que le avise cuál es la respuesta de ese país.  En cambio, en la carta del 12 de abril de 1845 realiza comentarios sobre su obra, la Vida de Aldao  y anticipa la escritura del Facundo:

La Vida de Aldao a echo en San Juan grande efecto, mis enemigos (esto es los del gobierno), escribe uno se estasiaban en elojios exajerados; tres ejemplares andaban de mano en mano, i aun el misterio con qe estos tres abian aparecido le daba mas voga. Dos en la mesa del Cura i uno entregado por una tapada. El caso es qe/ con esos tres andaban 29 qe fueron juntos, i qe según me lo indican en cartas todo el resto estaba alli; son 100 ejemplares los introducidos. Si escribo la de Quiroga, desmoralizo completamente a la canalla.

 

Estamos ante la presencia de la idea del texto como instrumento de lucha política, que permite horadar el poder  rosista a partir de la palabra escrita en el periódico o en el libro publicado. Se reitera el tema del lenguaje como instrumento de poder y se establece en esta carta un lenguaje que semiotiza la situación: Frías como co-sujeto es  el enunciatario de un texto que designa a los anti-sujetos por medio de una paráfrasis : “mis enemigos  (esto es los del gobierno)” o la canalla . Los libros son casi la representación física de su autor, lo reemplazan en el espacio físico, por un recurso de sinécdoque, y toman forma humana: habían aparecido, andan, fueron, verbos que personifican la acción de los textos. Estos ocupan con su cuerpo el lugar que su progenitor debería ocupar por derecho propio y le es negado.  

 

 

2.3.3. La construcción política del enunciador desde la modalidad del saber

 

Las cartas que  cronológicamente se ubican luego de las que tratan la reforma ortográfica presentan varios temas que podemos reducir básicamente a tres: la afirmación y el sostenimiento de los lazos amistosos de Sarmiento con Frías (continuidad de una relación ya establecida previamente), el pedido de la difusión de libros de autoría propia por parte de Sarmiento (objetivo pragmático que persistirá en las cartas hasta el período presidencial de éste)  y el explicitamiento de su programa político.[155] Una carta escrita por Sarmiento entre el 20 y el 23 de febrero de 1844, que tiene la indicación de “¡Rreserbadisimo!” es analizada por Ana María Barrenechea en el prólogo del epistolario como ejemplo notable de lo que ella entiende como la conjunción de la propia vida con el diseño de país:

 

...la relación  entre la imagen que insistentemente construye, su proyecto autobiográfico (expresión feliz de Paul de Man) aplicable a los múltiples pasajes dispersos en su obra y a los libros enteramente dedicados a narrarse a sí mismo.[...]Proyecto autobiográfico y proyecto de Nación paralelos e inextricablemente tejidos...

 

La construcción pormenorizada de una imagen pública por parte de Sarmiento invade la esfera de la privacidad  y ayuda a comprender cuáles fueron las estrategias políticas que le permitieron el ascenso al poder y que incluyeron  el permanente auto - elogio de su persona, de los hechos llevados a cabo, de los ideales por cumplir.  Barrenechea insiste en el carácter “instruccional” de esta carta sobre lo “que debe decirse y debe callarse en la escritura para ser políticamente eficaz”.[156] La pretensión de Sarmiento es “establecer mi nombre”, escribe a Frías, como si realmente se tratara de una fundación en el terreno de la opinión pública. Para Gustavo Lespada, 2002, “...novelar su autobiografía, maquillar su linaje e instalarlo como un capítulo del Manual de la Historia Argentina será sólo el preámbulo de la postulación del candidato...”.[157]

El consejo dado a Frías: “...afecte imparcialidad...” bien podría ser analizado desde el cuadrado semiótico de la veridicción o del  ser/parecer de la palabra política y también desde lo que puede y debe mostrarse en la esfera pública y lo que debe reservarse/ocultarse en la esfera de lo privado.

En cuanto a las estrategias discursivas que le permiten al enunciador edificar una imagen positiva de sí mismo en esta carta, no podemos dejar de mencionar: a) el uso de la voz de autoridad como mención: cita a  Andrés Bello, a quien trae al texto para hacerle decir, polifónicamente, que sus escritos son mejores que los de Larra; b) la descripción de su propias virtudes: osadía, valentía, clarividencia, franqueza, candor:  “Mi osadia para la crítica...”, “...el asierto de mi elecsión entre los partidos qe me solisitaban...”, “...le he escrito todo lo qe me a paresido qe combiene notar con todo el candor de un tonto”;  c) la ubicación discursiva del enunciador desde un lugar que lo presenta como un joven impetuoso que arremete contra los sectores tradicionales de la cultura; d) la  conversión de la figura del enunciador como portavoz de la verdad: “...esto ultimo es la berdad”; e) El reconocimiento humilde por parte del enunciador de sus errores / “desasiertos”, “Falta de considerasion a las sircunstansias...”; f) el enunciado de los fines perseguidos, como la promoción del bien público: “el aber estendido el sírculo de ombres qe lee en las probinsias...”;  g) la validación de sí mismo desde un lugar del reconocimiento de los otros respecto de su saber, avalado tanto por la Universidad como por su programa de enseñanza en el Liceo de Señoritas: “Incorporasion a la Unibersidad. Unico estranjero americano en ella”; h) el uso de la estrategia discursiva de la victimización: “La correspª de los diarios lo ultraja, lo llama loco fatuo”; i) el empleo de una estrategia argumentativa cuasilógica que sostiene que “el fin justifica los medios”: “ ...de todos modos la sosiedad tendrá qe perdonarle sus estrabios en cambio de sus buenos deseos”.  

En este sentido, la carta del 26 de febrero de 1845 es otro ejemplo digno de ser estudiado, si bien en su textura prevalece el desarrollo y la justificación teórica del programa político y se omite el  aspecto autobiográfico .

Sarmiento alude a un Congreso Americano que recién se reunirá entre 1847 y 1848, en donde representantes de Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia y Perú se congregaron finalmente para la firma de un tratado de unión para apoyar la independencia e integridad territorial de cada uno de ellos. Para Sarmiento, el punto principal de discusión entre los países será “...la clausura de los rios a la navegacion estranjera....”,[158] a lo cual él se opone. El temor del enunciador es que, a futuro,  nadie discuta  este artículo en la reunión, que “pasará por aca sin mucha resistencia, como pasaran todas las torpezas qe pueden inspirar el temor y la incapacidad a estos gobiernos de españoles.”[159] Los “gobiernos de españoles”, países latinoamericanos independientes, son tachados de “incapaces”. El enunciador, que se presenta a sí como un “iluminado” , realiza un acto de habla para “prevenir” a su enunciatario sobre la conveniencia de que Bolivia no apoye esta idea , pues se vería especialmente afectada.

En el párrafo siguiente el enunciado se enriquece con una fuerte presencia de la enunciación a través de deícticos. La función de éstos se desdibuja en la segunda porción del sintagma oracional, que parece desmentir lo afirmado en la primera: “Mis doctrinas sobre la materia ya U. las conoce i menos qe doctrinas son hechos vulgares”. Si bien en la parte inicial de la fórmula, el pronombre posesivo de primera persona da cuenta del carácter de poseedor de conocimiento que se adjudica el enunciador, la segunda parte alude menos a lo que suele llamarse  “falsa modestia” que a un imperioso efecto discursivo de verosimilitud y de veridicción sobre lo que se afirma (efecto de verdad), puesto que las “doctrinas” no son productos ideológicos sino que son “hechos” que hasta el vulgo puede conocer (hechos  vulgares).

 Es a continuación que se produce el despliegue del proyecto sarmientino, bajo la intención ¿aparente? de prestar argumentos a Frías sobre el tema: “...los pueblos americanos no navegantes – mal irremediable- ace trescientos treinta años que poseen los rios mas caudalosos del mundo i no los navegan".[160] El argumento fuerte que aparece aquí está también reiterado en el Facundo  y se basa en la idea de que el “mal es irremediable: los pueblos americanos no son navegantes”. Esta idea de destino ineluctable, que sostiene el enunciador,  es la que permite la construcción de  premisas que colaboran con la idea de permitir a los extranjeros la libre navegación de los ríos americanos, tesis a la cual quiere arribar Sarmiento.  Este concepto de destinación se reitera a continuación:

 

No se alarme V. de qe le diga qe este/ es uno de los muchos defectos incurables de raza; los españoles no navegan sus rios interiores tampoco. De aqi resulta qe necesitamos abandonarlos la esplotacion estranjera; esto es qe la actividad, codicia, espiritu de empresa i aventura del comercio vaya penetrando poco a poco, i dando vida a los pueblos litorales.[161]

 

Los términos “defectos incurables de raza” remiten a una construcción ideológica del Sarmiento liberal que se contrapone con el perfil del Sarmiento educador. Si la educación como instrumento privilegiado del progreso de los pueblos es la que integrará definitivamente al ciudadano como parte de una república, entonces la idea de “raza maldita” no puede menos que opacar la construcción argumentativa expuesta, elaborada sobre la base de un pensamiento estereotipado y cristalizado.[162] El argumento también puede ser visto como lo que Perelman definiría como maquiavélico -“no importan los medios para arribar a un buen fin”- puesto que la idea de progreso termina imponiéndose en el razonamiento.

El segundo tema que aparece mencionado es el de la crítica al funcionamiento de la Aduana de Buenos Aires, porque ésta cobra derechos y estorba el crecimiento de la riqueza del comercio en los ríos interiores. La estrategia discursiva del enunciador se sostiene sobre el intercambio de opiniones y así  promete “...podemos ocuparnos mas seriamente de la materia, ya sometiendole mi idea, ya mostrandome sus objeciones. Lo qe importaría es qe Ballivian no durmiese en este asunto qe puede mui bien servir de base a alianzas con el Paraguai i Corrientes”. En realidad, el objetivo pragmático de la comunicación sobrepasa la construcción del rol del corresponsal porque el enunciador pretende que éste transmita a otro sus propias convicciones para sellar pactos políticos que pudieran servir para alianzas futuras. La carta privada se ha convertido una vez más en un instrumento de comunicación que propicia la conformación de convenios internacionales para la actividad pública y el diseño de la política exterior de un país, aunque por fuera de su gobierno.

En la carta del 12 de abril de 1845 Sarmiento continúa tratando el tema de la libre  navegación de los ríos, pero lo hace desde otra perspectiva. Sarmiento teme que el gobierno de Rosas sea reconocido por Inglaterra y Francia.  Su visión de estos países es negativa, a contrapelo de otros textos en los que había transformado a estas naciones en paradigmas de la civilización : “ ...a la Francia se le da un diablo de nuestros principios: [...] i a la Inglaterra le interesa mantener la Republica desqiciada asta qe una gran guerra europea le de ocasión de echarla el guante si puede. Vea el Times, no ve sino el rio”.[163] El temor de la invasión extranjera hace que en esta oportunidad convierta en  antisujeto a los gobiernos de Inglaterra y Francia, y acepte unirse a  Rosas, hipotéticamente,  en contra del proyecto  de fijar como límite internacional el río Paraná. Por lo menos en este caso, la escritura privada se percibe como opuesta a la escritura pública-periodística y mostraría, no tanto las contradicciones ideológicas del pensamiento sarmientino, sino el reconocimiento de la defensa del territorio que podría haber llegado a hacer Rosas y que luego, efectivamente, realizó.

En la carta siguiente, la del 26 de enero de 1846, Sarmiento da cuenta de su situación de enunciación: ya que  se encuentra en Montevideo a punto de partir para Río de Janeiro. Esta  situación comunicativa aparece señalada deícticamente por la primera persona del pronombre personal y el presente de indicativo de los verbos: “...yo tengo a bordo todas mis cosas para marcharme.”[164]

 Con este mismo presente de la enunciación construye otro enunciado, esta vez en tercera persona, que afirma: “Rosas cae sin remedio”. Para el año 1846 podemos sostener que  deseo y  realidad se confunden y aparece enunciado  como cierto  el objeto del deseo cuando es solamente probable: la descripción del hecho convoca a su epifanía. Como dice Lespada: “Sarmiento presenta sus ficciones como si fueran hechos...”,[165] o mejor aún : “Sarmiento concede a la palabra poderes talismánicos  que inciden sobre la realidad. [...]...actúan como fórmulas rituales o conjuros propiciatorios”.[166]

Pero es en la carta del 29 de noviembre de 1849 donde aparecen explícitas las ambiciones políticas de Sarmiento. Por empezar, la representación del anti-sujeto Rosas se ha transformado en los textos epistolares y aparecen lexemas de valoración fuertemente negativa, tales como  tirano/monstruo/bárbaro.[167] En segundo lugar, el enunciador Sarmiento utiliza nuevamente  el procedimiento de solicitar la difusión de sus textos, no para adquirir  lustre como hombre educado sino  en función de un alcance político “contra la política de aquel monstruo”.[168]  En tercer lugar, la estrategia discursiva del auto-elogio y la construcción de fragmentos autobiográficos a su medida[169] reaparecen en el texto  sarmientino para elaborar una imagen de sí mismo que resulte antitética de la de Rosas, representante de la barbarie y el “odio”, mientras que el enunciador se postula como el “representante de las ideas[...] la esperanza de aquellos pueblos  oprimidos”.  La construcción del enunciador se sostiene  sobre el prestigio de su opositor: “Últimamente, él más que yo, ha contribuido con sus mismos diarios, a establecer la idea de que yo soi en este momento el enemigo mas temible que se le presenta”. Esta posición de “contradestinatario”[170]  le permite al enunciador confrontar discursivamente contra Rosas, ubicándose en un plano de simetría respecto de él, lo que engrandece la propia figura. Por otro lado, le permite anticipar y proyectar su carrera política.

Cuando el Sarmiento enunciador  habla de sí mismo, emplea la tercera persona, en reemplazo de la primera; así, la vaguedad del  concepto repone la humildad de la que carece la formulación  en palabras de su ambición política: “...faltaría un hombre bastante conocido en sus miras, sus ideas i sus principios, para dar reposo a aquel país i hecharlo de nuevo en la carrera de la civilizacion”. Si analizamos el texto citado veremos que el “faltaría” hipotetiza por su carácter de verbo conjugado en tiempo condicional, la afirmación de que “es necesario otro hombre “ y reemplaza su sentido.  Luego aparece el “bastante conocido”, o sea, un hombre de pensamiento transparente, con lo cual ha convertido su permanente campaña política de desprestigio de Rosas en un bien inapreciable, puesto que afirma que el hombre elegido para guiar los pasos de la nación debe ser previsible.[171]

 Finalmente aparecen dos propósitos con los que aquel hombre cumpliría: a) tranquilizar al país, b) echarlo a andar por el camino del progreso. Sobre el primer punto, los sucesos históricos posteriores demostraron que no basta la voluntad de un hombre, ni siquiera de un presidente para concluir con procesos de movimientos sociales (nos remitimos al gobierno de Mitre, por ejemplo) y además, que un proyecto de país ideado en las mentes de algunos hombres, por más brillantes que estos fuesen, no puede corresponderse miméticamente con la realidad (porque la hegemonía nunca es completa, diría un gramsciano), y es por esta razón que el discurso citado es auténticamente político en cuanto tiene de retórico, pero ha perdido verosimilitud desde el marco de una lectura actualizada.

La inscripción ideológica del enunciador Sarmiento instaura en esta carta un fuerte vínculo con la Europa ilustrada donde, al contrario de la carta citada anteriormente, se construye en un “nosotros inclusivo” que le permite al enunciador convertirse en una figura ilustrada transnacional : “....que por tanto pueda alejar las antipatias suscitadas por aquel barbaro contra los intereses europeos que son los nuestros”. La identificación de los intereses nacionales con los europeos se produce en el texto como resultado del enfrentamiento con la “barbarie” rosista.[172]

Esta reflexión le permite realizar un encadenamiento discursivo que conduce a convalidar el punto de vista siguiente: la difusión de su propia obra en vista de su carrera política. La fórmula que utiliza como nexo consecutivo: “En vista de estas consideraciones....” hace hilar el razonamiento en una argumentación entimemática (le falta alguna premisa), absolutamente falaz pero altamente sugestiva desde el punto de vista retórico.

No podemos dejar de señalar el aspecto valorativo de los subjetivemas adjetivales que se insertan en este quinto párrafo: básicamente, le solicita a Frías un “induljente Compte rendue de las adjuntas obras” y “su brillante pluma” en donde se conforma un acto indirecto de habla (‘sea indulgente’) y una estrategia de halago (“brillante”).

El proyecto del diseño de la carrera política de Sarmiento está concluido al finalizar el año 1849 y también están  terminadas de idear sus estrategias: la difusión de sus obras para obtener la bendición de la prensa nacional y sobre todo internacional, la configuración del Otro -Rosas- como el enemigo  de la cultura y la civilización, el diseño de la propia imagen a favor de la ilustración, la educación, el progreso.  Desde el punto de vista discursivo, ya no hay ocultación de sus aspiraciones políticas, por lo menos en sus cartas privadas. Su discurso es claro y contundente: “Sería para mi, la gloria mas pura, llegar un dia a influir en los destinos de mi pais, sin otros medios que las buenas ideas, la sanidad de los propósitos i sin otro ausilio que el de los hombres ilustrados de Europa i America”. El “sin otros medios” revela que en tanto figura discursiva, el enunciador ha sabido resaltar lo que aparentemente podía ser originalmente una desventaja: su escasa escolarización, su falta de fortuna personal, su carencia de relaciones parentales de prestigio. Las “buenas ideas” y “los sanos propósitos” no son más que otros argumentos a favor del punto de vista sostenido  que refuerzan la verosimilitud de la conclusión y que, en tanto discurso político, revelan la modernidad del dispositivo retórico.

 

2.4. La modalidad del “poder”: Sarmiento presidente

 

Cuando Greimas define dentro de la teoría de las modalidades el término “poder”, como uno de los enunciados que rigen los enunciados descriptivos, entiende que se debe prestar atención a dos estructuras que identifica como: a)  el  poder - ser/estar y b) como el poder/hacer. Sin embargo, dice luego que “estas denominaciones no pueden sino evidenciar las afinidades que existen entre las estructuras modales del poder y las del deber”, siendo complementarias las estructuras del deber- ser y del poder - ser.

Los cuadrados semióticos son los siguientes:

 

 

                        poder ser/estar                                      poder no ser /estar

                           (posibilidad)                                         (contingencia)

 

 

.

                        no poder no ser/estar                             no poder  ser/estar

                        (necesidad)                                             (imposibilidad)           

 

o:

 

 

                          poder hacer                                         poder no hacer

                            (libertad)                                           (independencia)

 

 

           no poder no hacer                                         no poder hacer

             (obediencia)                                                    (impotencia)

 

 

Estos cuadrados nos ayudarán a entender, gracias a la intuición semántica que proporcionan las relaciones establecidas entre el poder/ ser y el deber/ser  las estrategias discursivas epistolares de Sarmiento como remitente de correspondencia privada a Frías durante su período presidencial.

De las doce cartas escritas durante este lapso que va desde el 12 de octubre de 1868 hasta el 12 de octubre de 1874,  ocho pertenecen a Frías y solamente cuatro a Sarmiento. Sin embargo, estas cuatro se revelan como de singular importancia en tanto que se refieren al conflicto limítrofe con Chile y vienen a iluminar el panorama sobre cómo se dieron las discusiones en el momento más álgido de su gobierno.

Durante el año 1868, Sarmiento asume como Presidente de la República. Al año siguiente de iniciado su mandato, nombra a Félix Frías como Ministro Plenipotenciario en Chile. Como ya se ha dicho, Frías había ocupado anteriormente diferentes cargos políticos de relevancia: había sido secretario general de Lavalle; cónsul del gobierno de Bolivia en Valparaíso;  miembro del Congreso argentino, pero, fundamentalmente, era considerado por Sarmiento como un hábil político que conocía la sociedad chilena desde los tiempos del exilio.

Si bien los problemas por cuestiones limítrofes databan de años atrás, es durante la gestión de Sarmiento cuando se produce un recrudecimiento del tema, sobre todo desde el año 1871. Durante este período, gobiernan en Chile los miembros del partido liberal, opositores  de los conservadores;  entre  estos últimos se contaba el ex presidente Manuel Montt, protector de Sarmiento. El  partido gobernante en Chile fue contrario a la figura de Sarmiento desde el comienzo de su mandato, en razón de los antiguos enfrentamientos políticos que databan de la época del exilio del argentino.  En el año 1873, un diario chileno publica algunos artículos anónimos en los que hace referencia a viejos artículos periodísticos que habrían sido escritos por Sarmiento durante su exilio en Chile. En una retoma del discurso del otro que intenta perjudicar a Sarmiento  a la luz de la opinión pública, el artículo se refiere a sus palabras de otrora, aparentemente citando sus dichos, que  conferían derechos al país vecino sobre tierras en la Patagonia, según el texto. El argumento mencionado viene a ser la consecuencia de que el artículo  periodístico del argentino apoyaba, en aquel entonces,  la ocupación chilena de un punto geográfico en el Estrecho de Magallanes, para favorecer la navegación. La política expansionista chilena de los años 70 ponía en duda en los periódicos la pertenencia de las tierras patagónicas a la nación argentina, aun cuando ese espacio nunca había entrado antes a ser parte del conflicto limítrofe.   

La carta de mayor envergadura política del epistolario es una correspondencia confidencial dirigida por Sarmiento a Félix Frías, el 20 de marzo de 1873. La importancia está dada por el asunto de relevancia histórica del que trata. Su encabezamiento: “Mi estimado amigo” marca el tono de la epístola, que puede ser caracterizada  por la impronta pasional que en ella ha impregnado el enunciador.

En primer lugar, éste se representa a sí mismo como un caballero herido en su honra por la difamación (entendida en la más cabal acepción medieval)  y utiliza una ironía para  señalar lo que para el enunciador se encuadra en la modalidad del  no poder ser,  en el sentido de la incredulidad manifestada por el enunciador respecto de los hechos acaecidos. Estaríamos hablando, en realidad, del no debería haber sido, según el enunciador:

 

Seria una recompensa personal, acaso merecida la que me darian los chilenos, por el vivo interes que tomé por sus cosas, su comercio y su adelanto.

                        Deshonrándome, sin mejorar en nada su derecho, a no ser que las ideas anónimas de un diario chileno, cuya redacción se atribuye a un joven emigrado argentino, ahora treinta años, han regalado un territorio a Chile...

 

 

El señalamiento de su interés por los asuntos chilenos, el hecho de que los artículos difamatorios hayan sido publicados anónimamente, el tiempo pasado (treinta años), la transformación  de estado de joven emigrado a actual presidente, son argumentos con los que el enunciador inicia su defensa. Ésta se encarga “al amigo a quien me dirijo, para hacer que el diplomático/ ponga no solo el interes de la República en juego sino los de un amigo a quien los destinos de su pais, y sus deberes ponen en situación difícil”. La invocación de la amistad nos remite a los planteos iniciales con los cuales hemos comenzado el análisis de este capítulo. La amistad “obliga”, impone un  deber/ ser,  agravado en esta ocasión por el deber que le impone la patria como diplomático, ante el riesgo de la pérdida de territorios nacionales.

 Sarmiento se refiere en su carta, a otra enviada al Ministro chileno Ibáñez, en donde  afirma que no se ha pronunciado sobre un asunto ya planteado por parte de los chilenos y que se niega a considerar: la posibilidad de  la compra-venta del Estrecho de Magallanes, tal como lo ha ofrecido aparentemente el gobierno chileno. Sarmiento  ─dice─  ha decidido no responder a la oferta planeada dado que esta decisión está fuera de sus atribuciones presidenciales y  debiera pertenecer por derecho al Congreso argentino. Sin embargo, la dificultad para ejercer su legítima defensa ante el agravio del artículo publicado en Chile que le adjudica antiguas opiniones vertidas que perjudicarían a los intereses nacionales, se halla obstaculizada por el hecho de que Sarmiento no guarda los ejemplares antiguos del diario el Progreso y, por lo tanto, no recuerda exactamente sus dichos en la prensa chilena. Escribe lo siguiente:

 

....no teniendo los primeros números del Progreso que escribi sobre Magallanes no puedo recordar las frases ni aun las ideas que hacia valer, para apoyar la idea de tomar un punto de aquellas rejiones a fin de estable-/cer remolques, para habilitar aquella via poco frecuentada por el comercio. Pero puedo recordar por la naturaleza de la cosa lo que proponia.

 

El “poder recordar” la esencia de lo que quería afirmar en ese tiempo se enfrenta a lo que “pueden decir” actualmente los diarios del momento. También, la reflexión lo lleva a pensar qué hacer. Aquí la posibilidad del hacer es un no hacer: propone a Frías la renuncia al ejercicio de la presidencia en función de salvaguardar los intereses de la patria. Sarmiento comprende que no basta negar la responsabilidad de su acto de enunciación periodística por el hecho de que no hubiera firmado esos artículos y  escribe: “Para mí, dado este caso, habría un medio sencillo, y sería el de renunciar mi puesto, y consagrarme a combatir las pretensiones de aquellas gentes”,[173] lo que sería un no hacer más (renuncia) para luego poder hacer otra vez (enfrentarse a sus enemigos y combatir por la patria), porque el conflicto que  se le plantea al enunciador se sitúa en el espacio simbólico instalado entre la persona y la posición que ocupa. Y más adelante:

 

Si en despecho del buen sentido, del deber que impone a esas jentes no traer a colación artículos de diario, para arguir con ellos derechos, esto pusiese en conflicto mi persona con mi posicion en cuanto pueda dañar en lo mas minimo a la Republica, estoi dispuesto a quebrar el indigno instrumento, con descender del puesto que ocupo, a fin de que libre de esa responsabilidad pueda consagrarme a defender como individuo los derechos de mi pais.[174]

 

Como es de notar, el enunciador plantea el no deber ser  de la prensa chilena frente al deber ser  del enunciador como presidente de la República. Este ofrecimiento de renuncia al cargo de Presidente de la Nación es comunicado a Frías en una carta confidencial. Pero no puede dudarse de que se trataba de un argumento de peso que Frías, como Ministro plenipotenciario, podría haber llegado a utilizar para presionar a las autoridades chilenas y disuadirlas de sus propósitos.  Al hacerse responsable de sus dichos anteriores, Sarmiento como enunciador se  construye discursivamente  como un ser capaz de un  acto ético de renunciamiento.

Para continuar el análisis de la carta propuesta nos parece necesario traer a colación las reflexiones de Mijail Bajtin al respecto del tema de la ética. Un aspecto central del asunto sobre el que se ocupa  Bajtin está presente en los Manuscritos sobre el acto ético y es esta idea de que todo texto produce efectos,  incluso difíciles de predecir. La alusión a la responsabilidad del artista aparece ya en el artículo “Arte y responsabilidad” de 1919 donde afirma: “La personalidad debe ser plenamente responsable”.[175]  El razonamiento puede plantearse del siguiente modo: si el ser ocupa en el mundo un lugar–tiempo único e irrepetible, este hecho lo  conduce a un deber ser insustituible para otro.  Bajtin lo dice así: “Todo lo que yo puedo realizar nunca ni por nadie puede ser realizado. La singularidad del ser presente es irrevocablemente obligatoria”.[176] En esta misma dirección del sentido, “cada texto (visto como enunciado) es algo individual, único e irrepetible, en lo cual consiste todo su sentido”.[177] Y también:

 

...la reproducción del texto por un sujeto (regreso al texto, una lectura repetida, una nueva representación, la cita) es un acontecimiento nuevo e irrepetible en la vida del texto, es un nuevo eslabón en la cadena histórica de la comunicación discursiva. [...] Pero el texto (a diferencia de la lengua como sistema de recursos) nunca puede ser traducido hasta el final, porque no hay un texto de los textos, potencial y único.[178]

 

Si relacionamos estas ideas con lo escrito en el cuerpo de la carta remitida por Sarmiento a Frías veremos que lo que argumenta Sarmiento como parte de su defensa es que la construcción de sentido, producto de lo escrito en su momento en el país vecino, no  persiguió el propósito de favorecer a Chile en desmedro del territorio argentino. O sea, no fue su intención desfavorecer a su país.  Pero más allá del propósito, que no puede ser evaluado, sí es acertado el razonamiento que expone a continuación: “...la  más peregrina invención en suponer que al Jefe de un Estado lo liguen ideas, opiniones que pertenecieron a otro pais, a su prensa, y aun a un hombre si tal fuese el / sentido de se las palabras”.[179]  Ni el hombre es el mismo ni sus circunstancias ni el contexto en que se produjo el enunciado anterior: Sarmiento enunciador remite a la situación de enunciación en la cual se produjo el texto, para acotar su significado y desambiguarlo.

  Creemos que otro de las marcos adecuados para repensar el tema se halla en los textos de Bajtin, como cuando afirma en su artículo “De los apuntes de 1970-1971”: 

 

Un periodista es ante todo, un contemporáneo. Está obligado a serlo. Vive dentro de una esfera de problemas que pueden ser solucionados en la actualidad (o, en todo caso, en un período próximo). Participa en el diálogo que puede ser terminado y hasta concluido, puede llegar a ser realización, puede llegar a ser una fuerza empírica.

 

Es importante señalar que, dentro de esta concepción, Sarmiento no tendría más responsabilidad que haber dicho lo que dijo en otro tiempo y lugar. Si todo discurso está atravesado por un cronotopo (un tiempo y espacio determinado), la descontextualización de su artículo periodístico habilita otros sentidos (resonancia) que no estaban presentes cuando se enunció el discurso y se lo recepcionó. Bajtin habla de la dialogicidad de todo discurso y  de que cada enunciado no es más que un eslabón en la cadena de enunciados, lo que permite sostener que no pueden leerse los textos periodísticos de Sarmiento sino en el seno de la producción de las diferentes voces de la cultura chilena del momento. Este mismo argumento es el que utiliza Sarmiento para defenderse de las calumnias.

Las autoridades chilenas, a través de periódicos adictos, manipulan la palabra periodística de Sarmiento, porque la separan de su marco de emisión o su contexto de producción, clausuran el sentido de sus dichos,  la reifican. La interpretación realizada por el diario chileno soslaya que el Sarmiento periodista escribía desde una posición de exiliado, y que en la contemporaneidad de los hechos pasó a hablar desde otro “lugar”, desde la máxima investidura que puede conferir una nación a una persona.

Si para Bajtin, cada época refracta de un modo diferente la incorporación de la voz ajena en el discurso, esta incorporación permite dar cuenta de los procesos ideológicos que intervienen en las elecciones de las sociedades. La refracción del sentido de los dichos periodísticos del joven Sarmiento produce consecuencias imprevisibles más allá del momento de su emisión, y revela la matriz conflictiva del dialogismo esencial del uso del lenguaje humano. Por otro lado, los textos literarios sarmientinos continúan generando aún hoy lecturas ideológicas que siguen siendo una fuente de conflictos entre distintas corrientes de crítica literaria.

 

3. Recorrido modal de Frías:

3.1. El señalamiento de la no-conjunción

 

            Desde la primera carta recopilada en el Epistolario inédito, fechada el 11 de noviembre de 1843 hasta la carta del 26 de julio de 1867, sólo tenemos una pieza de Félix Frías (la del 19 de febrero de 1844) y  veintisiete por parte de Sarmiento. A su vez, el lapso temporal que se recorre desde la primera carta hasta la número veintiocho, de un total de 45, es de aproximadamente veinticuatro años.

            De las cartas que conservamos de la correspondencia de Frías con Sarmiento, casi todas pertenecen al período presidencial del segundo, salvo tres: dos cartas previas al mandato y la última, posterior, fechada el 19 de marzo de 1877. Por lo tanto, las piezas con que contamos se enviaron entre el 26 de julio de 1867 y marzo de 1877, con una particularidad: mientras que  las seis primeras misivas pertenecen a Frías y carecemos de las respuestas, las otras doce pertenecen a cada uno de los corresponsales y es el único sector de la compilación donde se presenta un intercambio epistolar propiamente dicho.  

            La carta con la que Frías inicia este período de corresponsalía es la del 26 de julio de 1867, un año antes de las elecciones nacionales que se realizaron  en el mes de abril de 1868. Sarmiento se encuentra en Estados Unidos desde 1865, designado como ministro plenipotenciario en ese país.

            En esta carta, que responde a una de Sarmiento del 20 de abril,  se refiere Frías a una sesión del Senado de la Nación, en la que ha defendido la necesidad de la República de mantener las representaciones diplomáticas en el exterior. La justificación aparece en la carta: “No hice más que cumplir con un deber de patriotismo”,[180] declara Frías, sin adjudicar la defensa a un compromiso de amistad con Sarmiento.  Este nuevo deber ser, dictado por un Destinador sobrehumano, y enunciado esta vez desde un enunciador diferente (Frías), permite entender cómo fue variando el tipo de relación epistolar que se estableció entre ambos corresponsales y cuál fue el papel cumplido por Frías, quien, colaborando y respaldando a Sarmiento, creyó cooperar de la mejor manera con la construcción de la nación .

El texto que citamos a continuación autoriza a inferir que las estrategias discursivas utilizadas por Frías y por Sarmiento en las cartas privadas que se enviaron entre sí fueron bastantes diferentes . Leemos por ejemplo:

 

...pues aunque nos mantengamos siempre en polos opuestos relativamente à ciertas doctrinas sociales, y respeto en mis adversarios toda convicción sincera y honrada; y no he podido menos que aplaudir el celo que V. consagra al servicio de la patria comun, cuya situacion actual dista mucho desgraciadamente de corresponder à nuestras antiguas ilusiones de emigrados.[181]

 

Este texto nos remite, necesariamente, a la primera carta analizada en este capítulo, a la inicial del epistolario. Si comparamos una carta con la otra, obviando el salto temporal, mientras que en la escrita por Sarmiento el enunciador partía de una propuesta de amistad que se basaba en ideales comunes, en ésta podemos advertir que Frías como enunciador selecciona una denominación léxica contraria, “adversario”, para categorizar al “otro” de esa misma pareja amistosa. Además,  esta palabra se carga negativamente en relación con la serie sintagmática: “nos mantengamos siempre en polos opuestos”.  El adverbio  temporal instala la continuidad de la divergencia en el tiempo, propone al lector la inferencia de que no es casual ni accidental que no estén de acuerdo, sino que esto es lo medular de la relación establecida entre ambos. La afirmación de que están en polos opuestos se complementa semánticamente con el término “adversario” (etimológicamente ad - versus) . Para atenuar la dureza de la expresión anterior, el enunciador no deja de mencionar que tienen en común “la patria”, y se permite utilizar un deíctico posesivo de primera persona plural en función inclusiva, que reenvía a los antiguos acuerdos y a una historia compartida en el pasado, que de todos modos los une en sus propósitos patrióticos: “nuestras antiguas ilusiones de emigrados”.

            El párrafo siguiente funciona como envío de pésame por la muerte de Dominguito en Curupaity. Alude el enunciador a su propia vivencia del dolor y menciona tanto el momento en que conoció  la noticia  (el adverbio “ayer” en función deíctica) como la celeridad con que apuró la escritura de la carta presente.

            Por último, creemos interesante señalar que es en esta carta donde también se diferencia el enunciador del enunciatario al sostener que: “La distancia que nos separa no me parece favorable para una polémica epistolar”. Frías se refiere a su creencia de que sólo la religión podría terminar con la corrupción  y a su opinión de que “...pienso que cincuenta ó cien sacerdotes argentinos formados en los seminarios de Baltimore  ó en Nueva Orleans cambiarian en gran parte nuestro deplorable estado social”.[182] El establecimiento de la divergencia entre enunciador- enunciatario es doble: remite a que no instalará polémica por la lejanía geográfica (en realidad, se previene en contra de la estrategia retórica predilecta de Sarmiento, y le anticipa que no aceptará réplica a sus palabras) y, por otro lado, insiste en una educación religiosa con la que Sarmiento no está de acuerdo (entendida como “lejanía ideológica”). Si bien el primer punto expresa una reflexión metadiscursiva contractual sobre cómo debe darse el intercambio epistolar, parece ser propio del estilo de Frías el buscar la conciliación y no el enfrentamiento; sin embargo, esto no le impide definir sus ideas  y objetar al otro, aun cuando lo realice en términos amistosos. 

            La misma idea de no confrontar discursivamente con Sarmiento aparece reafirmada en la carta siguiente, del 11 de enero de 1868, en las palabras: “En estos momentos no está, como V. concebirá, mi ánimo dispuesto à discutir con los amigos ausentes – y me limito a enviarle el último folleto...”.[183] Frías enunciador no permite la palabra polémica de Sarmiento, se niega a discutir y le cierra la posibilidad de poner en entredicho sus propias ideas. Por otro lado, la ausencia  del amigo se hace presente al enviar un objeto que comunique lo que no quiere ser comunicado por la correspondencia, aunque la distancia establecida entre los dos corresponsales se conserva simbólicamente en el cuerpo de la carta. La no-conjunción señalada por Frías  también se reitera en otro párrafo:

 

Como ciudadanos de una república, desearia que esas cuestiones de hombres de diferentes convicciones, en el terreno de los principios, fueran las únicas que nos dividieran. Temo mucho sin embargo que otros hombres con otras armas que las del razonamiento y de la libertad, se apoderen de la escena pública...[184]

 

La operación discursiva realizada en estas líneas permite remarcar, otra vez, las diferencias de creencias entre el enunciador y el enunciatario. En primer lugar, aparece un verbo conjugado en tiempo condicional en el período principal de la oración,  cuyo segundo término: “...fueran las únicas que nos dividieran” permite inferir que existen otras divergencias que el enunciador no quiere explicitar pero a las que alude veladamente. No obstante, esta cláusula resulta atenuada tanto por el empleo de un conector adversativo “sin embargo”, como porque le sigue un razonamiento en el que se construye en “ellos” más lejano aun, que permite destacar que el enunciador y el enunciatario poseen valores comunes como “ las armas del razonamiento y la libertad”, sintagma con el Frías parece elogiar finalmente a su destinatario.

Reconocemos entonces que la estrategia discursiva diseñada por parte de Frías enunciador consiste en iniciar un movimiento, que podemos graficar como de  avance y retroceso, sobre la relación amistosa. Este procedimiento también puede comprobarse en la carta anterior .

 

 3.2. La conformación de la conjunción

            Las cartas siguientes ya pertenecen al período presidencial de Sarmiento y las diferencias políticas señaladas en misivas precedentes son dejadas de lado,  borradas, en función del reconocimiento de la legitimidad de la autoridad presidencial por parte de Frías, quien se considera afortunado y agradecido por el voto de confianza que significa su nombramiento como Ministro plenipotenciario en Chile,  efectuado por Sarmiento. Claramente señala el enunciador, que su lugar es el de representación del poder ejecutivo en el extranjero y por lo tanto, actuará según los criterios fijados por la gestión. Así afirma, por ejemplo : “Desearia ser autorizado para hacerles sentir por medios indirectos...”,[185] refiriéndose a la situación de montoneros refugiados en Chile. Y también: “En todo caso,  si V. no piensa así, obedeceré las instrucciones que el gobierno me transmita”. Piénsese qué  diferente de la de Sarmiento debió ser la personalidad de Frías y cuán conveniente para el gobierno del primero, el hallazgo de un hombre que sirviera de equilibrio en los momentos difíciles de la presidencia.

Como primera carta luego de su designación en el cargo, Frías explicita las pautas según las cuales un nuevo contrato es establecido entre ambos: la obediencia aun ante el desacuerdo pasa ser el postulado que fija las relaciones de sometimiento de un Ministro al poder del presidente de la república.

 La ocupación de un cargo ejecutivo por parte de Sarmiento permite la aparición de otra modificación en las relaciones epistolares, que se apoyan en la modalidad de la evaluación del hacer de quien gobierna. Así Frías, en tanto enunciador competente por el rango político que ocupa, evalúa la competencia del gobernante en su hacer político y expresa: “...empiezo por felicitarle por la noble actitud en que ha colocado al gobierno nacional, con motivo de la inicua revolucion ocurrida en Entre Rios”,[186] para referirse a las medidas tomadas por Sarmiento luego del asesinato de Urquiza, que consistieron en el envío de tropas y la intervención política de la provincia. Esta valoración positiva tiene que ver con un procedimiento de identificación realizado discursivamente en este texto por Frías, en donde se equipara el lugar ocupado por Sarmiento con los intereses patrióticos. Esta asimilación que puede verse como antitética de  la situación política dada durante el gobierno de Rosas, donde el lugar de ejercicio del poder no coincidía con los intereses nacionales legítimos, según estos enunciadores, e indica el grado de aceptación de Frías de los lineamientos generales del ejercer político de Sarmiento. Frías lo enuncia identificando, confundiendo, la felicidad de Sarmiento con la felicidad de la patria:  “Van estos renglones llevandole mis votos sinceros por su felicidad en el año que empieza. En el puesto que Ud. ocupa ella está muy ligada a la de la patria...”[187] Junto con los deseos es necesario remarcar que la amistad ofrendada por Sarmiento a partir de la primera carta del epistolario aparece ahora refrendada en las cartas de Frías a través del encabezamiento y del saludo final.

Desde un punto de vista estructuralista, es posible afirmar que Frías - enunciador reconoce la competencia de Sarmiento como jefe de Estado, admite que éste está calificado para realizar acciones “heroicas” o pruebas decisivas que conduzcan a su reconocimiento social y es por esta razón que las evaluaciones resultan altamente positivas, como lo serán a lo largo de varias cartas.

 La distancia social instalada por la asimetría de ubicaciones políticas de ambos hombres, que recorren las cartas enviadas por Frías durante la etapa presidencial de Sarmiento, se percibe en el estilo formal que prima en el encabezamiento: “Señor presidente y estimado amigo” de las cartas iniciales, mientras que una carta escrita dos años después simplemente comienza con “Mi estimado amigo” y se despide con “Adios mi amigo. Le deseo buena salud y mucha paciencia para luchar con los obstáculos de todo jenero que lo rodea. Su amigo afmo.” La distancia jerárquica se ha acortado nuevamente y es la amistad sostenida la que ha permitido equilibrar, de alguna manera, la asimetría instaurada en el ámbito público.

Las evaluaciones de Frías sobre  el hacer político de Sarmiento, hemos dicho,  se reiteran en las cartas siguientes, tanto como fruto de sus propias palabras y aseveraciones  como en forma de cita de lo que otros han afirmado. Tal es el caso de  la misiva del 15 de abril de 1873, en donde aparece la voz de Manuel Montt para calificar al entonces presidente Sarmiento: “Su ministro bastará para probar al Sör Ibañez que la actitud de V. en la/prensa chilena fue, como me lo dijo no ha mucho D. Manuel Mont [sic] ante todo la de un buen argentino”.[188]

Esta afirmación es ratificada en la carta, fundamentalmente porque Frías intenta tranquilizar a su enunciatario sobre lo escrito en los periódicos en su época de residencia en Chile durante el exilio. Así, Frías utiliza la cita directa con marcas de comillas para transmitir al propio Sarmiento, ciertos fragmentos de los artículos de prensa que han causado la malevolencia de algún grupo de chilenos, entre los que se incluye el nombrado señor Ibáñez.. La defensa del territorio no admite  réplica y Frías así lo indica:

En este punto no dudo que V. ha pensado como yo, que era menester desplegar toda nuestra energía; y manifestar que estamos dispuestos à llegar hasta la guerra, si era menester, antes que tolerar la presencia de la bandera chilena en la costa patagónica”.[189]

 

El enfrentamiento planteado en la carta de enero del 68 ha sido suspendido en la correspondencia porque los roles de los enunciadores en la vida pública se ha modificado: la enunciación aparece señalada en el discurso a través de una primera y segunda persona que se hallan escindidas pero que son identificables en su hacer.  El “no dudo que” remite a la modalidad lógica de la certeza, por lo que aparece luego un verbo conjugado en primera persona plural en donde la identificación de enunciador/enunciatario es total.

Sarmiento ha confiado la defensa de los intereses del país y el resguardo de su nombre a Frías y éste logra defender los unos y el otro con la puesta en práctica de estrategias que implican desde el establecimiento de redes diplomáticas para la disuasión de la guerra, por ejemplo, con Perú,  hasta la paciente recolección de artículos periodísticos olvidados para refutar posiciones contrarias, que habían sido traídos nuevamente  al presente en medio de la polémica por los límites chileno-argentinos. Por esta razón, creemos adecuado cerrar este tramo del capítulo con la despedida que redacta Frías al final de su carta del 15 de abril de 1873: “En este punto los deberes de mi patriotismo se confunden con los de la amistad, que siempre nos unió”,[190] porque nunca  estuvieron tan cerca los intereses de la patria de los de la amistad entre Frías- Sarmiento.

 

 

 

4. De la no-conjunción  privada a la no-conjunción pública: las cartas abiertas

 

La selección epistolar presentada por Barrenechea cierra su recorrido narrativo con la recopilación de dos cartas abiertas publicadas el 31 de mayo  y 1° de junio de 1878 en el diario La Tribuna  de Buenos Aires. La primera es de Sarmiento y la segunda de Frías.

Aunque por supuesto ambas cartas no se corresponden con el género epistolar privado cuyo tratamiento hemos venido persiguiendo, porque se trata de dos cartas abiertas, nos parece de todos modos pertinente no dejar pasar la oportunidad de referirnos tangencialmente a estas cartas,  en función de la hipótesis principal de este trabajo.  Hemos afirmado desde el comienzo de la escritura que todas las actividades de los hombres políticos suelen estar dirigidas hacia un fin único que orienta sus vidas y prácticas y que tiene que ver con la promoción de su figura pública. En esta construcción, hay un uso de la  palabra política que tiende a cimentar la imagen que se quiere transmitir. Respecto de este caso, creemos que la escritura privada contribuyó, en gran medida,  al diseño,  de la carrera política de estos dos hombres, uno porque en su ansia de ser reconocido gloriosamente por los ciudadanos argentinos apeló a casi todos los recursos que permitieran su difusión política, el otro porque su equilibrio y mesura en las actividades profesionales y su colaboración activa en el engrandecimiento de la figura del otro fueron en gran medida la llave que abrió la oportunidad a un cargo público clave en la gestión de gobierno del primero.

Lo que queremos afirmar es que resulta llamativo que, luego de una vida signada por una práctica constante de escritura de cartas privadas entre corresponsales, en las que las diferentes posturas políticas eran explicitadas discursivamente a través de la correspondencia personal, el discurso político, la escritura literaria o a través de artículos periodísticos de opinión publicados en diarios de la época, nos encontremos  en este epistolario compilado por Barrenechea  con un material que puede verse como el producto del cruce de dos géneros diferentes.

 La carta abierta tiene una estructura de encabezamiento, cuerpo y despedida similar al de la carta privada pero su lectura está dirigida al lector del diario en que ella está impresa. ¿Por qué creyeron estos dos hombres que era necesario exponer sus puntos de vista diferentes a la mirada de los otros, en sendas cartas abiertas? Recordemos que, durante los primeros meses del año 1853, Sarmiento había sostenido una durísima polémica con Alberdi a través de cartas que devinieron públicas por  responsabilidad primera de Sarmiento, quien abrió a la prensa la correspondencia privada del segundo cuando aun no se había convertido explícitamente en  su rival. Estas cartas fueron publicadas posteriormente en forma de libro con los títulos de “Cartas quillotanas”, las de Alberdi y  “Las ciento y una”, las de Sarmiento.[191]

La carta abierta de Sarmiento fue publicada el 31 de mayo y el 1° de junio de 1878 en La Tribuna (Buenos Aires), en la primera página, primera columna, hecho que da cuenta de la importancia con que fue considerada la publicación por los editores.

Esta carta posee dos partes: la primera, con un titular de “Notable” en letras mayúsculas y un subtítulo que reza: “Una carta del Sr. Sarmiento”, tiene la peculiaridad de estar escrita en tercera persona del singular. Así, la validación de la autoridad del enunciador responde tanto al “talento”, “la experiencia” y “la sinceridad” como a que éste habla  “con la seguridad de la esperiencia”. La primera parte del texto, entonces, es un autoelogio del enunciador que, en tercera persona, “describe” los méritos del autor. Se refiere a su contradestinatario Frías, afirmando que: “El señor Frías es un hombre honrado que ha puesto su influencia, y su actividad moral al servicio de un propósito patriótico pero irrealizable”. La conjunción adversativa de la cláusula pone el peso de la argumentación en el segundo término, por lo que el enunciador  acusa al enunciatario de iluso.

La segunda parte tiene un encabezamiento : “Sr. D. Felíz Frias (Presidente de la Cámara de DD.)”, que identifica y personaliza, fundamentalmente, hacia quién está dirigida la carta. Esta vez, el enunciatario utiliza la primera persona de la enunciación para nombrarse y la segunda persona singular (V.) para dirigirse a su enunciatario, a quien acusa de viciar el sistema parlamentario porque, como presidente de la cámara de Diputados, había suspendido una sesión en la que se trataría la intervención en la provincia de Corrientes.

La discusión por la conciliación política entre Avellaneda, Adolfo Alsina y Mitre, a la que Sarmiento se opone por considerarla nefasta para los destinos de la nación, permite a Frías desplegar todo su caudal contraargumentativo y contestar al día siguiente con otra carta abierta. Esta vez, el encabezamiento es más amistoso: “Sör D. Domingo F. Sarmiento” Y más abajo: “Mi querido amigo” .

Frías retoma cada uno de los argumentos presentados por Sarmiento y los refuta. Así, por ejemplo, formula una cita  encubierta  afirmando que “Nadie ha pensado en arrancarle resoluciones clandestinas, ni en escamotear, segun su expresion, la solucion de la cuestion de Corrientes”. La reformulación como procedimiento discursivo permite al enunciador fijar su punto de vista argumentativo y sostenerlo como si se tratara de un malentendido: “De lo que se ha tratado es de buscar una solucion...” Los argumentos se suceden: se argumenta por el ejemplo, el argumento pragmático, la inclusión de la parte en el todo, el argumento de autoridad  y el modelo - antimodelo.

 Frías refuerza su posición discursiva por medio de una alusión velada a  unas conocidas palabras de Sarmiento,[192] poco felices,  a las que responde: “Economizar sangre de argentinos es economizar los capitales, que nos ha prestado el estrangero, no para matar argentinos, sinó para ferro-carriles, para templos, para escuelas”.[193] Frías rebate la oposición de Sarmiento a la conciliación con los mismos argumentos que ha empleado tantas veces el propio Sarmiento con otros propósitos: la fundamentación por el progreso. Además, enfrenta a Sarmiento con su propia táctica de ofrecer discursivamente una polaridad que resulta falaz pero también altamente convincente: opone conciliación a guerra civil.

La despedida : “Su amigo afmo Felix Frias” ratifica la amistad y confirma que el disenso político no impide la afirmación de los lazos afectuosos, aunque, qué duda cabe, la carta abierta de Sarmiento ha instalado una estructura polémica en el recorrido narrativo de la amistad de los dos corresponsales.  Es por esto que Frías afirma: “/Ahí tiene V., mi amigo, puesta á la luz del sol toda mi conspiracion, todo el trabajo clandestino, que V. me reprocha”.[194] Frías rechaza el lugar de “traidor” que le ha conferido Sarmiento y confirma su interés por sostener los ideales patrios y las virtudes cristianas sobre las cuales  es posible edificar la república.

     Finalmente, dado que no es nuestro propósito realizar un análisis pormenorizado de estas dos cartas abiertas, que no pertenecen al corpus seleccionado en función de la hipótesis, pero sí mencionar el hecho de que la publicación en diarios de estas cartas permite entender que constituyen una prolongación de las cartas privadas, tanto por su tono como por la problemática que tratan, queremos relativizar la distancia existente entre la escritura  pública y la escritura privada, en tanto rasgos caracterizadores funcionales de la carta para esta situación comunicativa en particular. Creemos que la diferencia entre una y otra escritura se instala a partir de la diferencia entre los elementos constituyentes del acto comunicativo (un lector/ muchos lectores), el uso pragmático (hacer – hacer/ comunicar o informar) y lo que puede o debe decirse (confidencialidad/publicidad), aunque en ambos casos hay un uso “político” de la palabra escrita, en tanto pretensión de manipulación del otro.   

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

...cada uno

escribe la carta

 como retrato

                                                                                                               de su propia alma.

Demetrio


Capítulo 3: Epistolario Sarmiento-Lastarria. Conjunción y no-conjunción en los distintos momentos

 de la amistad[195]

 

1. Presentación del epistolario

 

 La Correspondencia entre Sarmiento y Lastarria 1844-1888, compilada y anotada por María Luisa del Pino Carbone,[196] se inicia con un prólogo de concepción romántica en el que los dos corresponsales son presentados por la comentadora. La idea de genio como fruto de la naturaleza, la alusión a la grandeza predestinada de los protagonistas de la historia y el empleo de cierta retórica hiperbólica que dan cuenta del tono laudatorio de la publicación, buscan la justificación de la edición de las cartas privadas de Lastarria y Sarmiento. 

                La presentación de los actores del intercambio epistolar es realizada por Carbone, en el caso de Lastarria, a través de la acumulación de datos  biográficos encomiables de sus antepasados; en el caso de Sarmiento, a través de la obra Recuerdos de Provincia como fuente autobiográfica autorizada. Si para el primero, la autora confunde los méritos  de José Victorino Lastarria con los de su padre y su abuelo, adjudicando una causalidad generacional a su propio desempeño, para el segundo construye una visión que por lo menos peca de ingenua, al interpretar la autobiografía novelada de Sarmiento como documento histórico.[197] 

            De mayor riqueza para el análisis del discurso que perseguimos resultan ser dos episodios mencionados en el prólogo, que se hallan en extraña disonancia con el punto de vista sostenido por la compiladora, ya que no dejan bien parada a la figura de Sarmiento. Es relevante, nos parece,  percibir el conflicto que se produce entre el material citado y la  actitud notoriamente apologética de la recopiladora de la correspondencia, quien intenta negar el efecto de sentido producido por la cita que ella misma incorpora en el prólogo.

            El prefacio pone sutilmente en tela de juicio las razones esgrimidas por Sarmiento como justificación de su elección política hacia el partido conservador de Montt, en detrimento del partido  liberal, en cuyas filas se contaba Lastarria. Para este propósito recurre Carbone a la cita de textos del propio Sarmiento.

Luego se narran dos versiones diferentes, una a cargo  de Lastarria y la otra, de Sarmiento, para describir la presentación personal de Sarmiento a  Manuel Montt, entonces Ministro de estado y Jefe del partido de los pelucones.

Respecto de la primera cuestión, la recopiladora presenta, para explicar los motivos que guiaron la elección política de Sarmiento, una extensa cita extraída de Recuerdos de Provincia, en la que el narrador señala las peripecias recorridas por sus reflexiones a partir de la invitación del partido pipiolo a integrar sus filas. Digamos que su negación a la participación en ese sector político se debió a varias razones, entre las que no fue menos importante el tomar en cuenta su condición de exiliado político. Además influyó que :

... el antiguo partido pipiolo no tenía elementos de triunfo, que era una tradición y no un hecho que entre su pasada existencia y el momento presente mediaba una jeneración para representar los nuevos intereses del país.[...] Entonces podía acercarme a los amigos del Gobierno...”.[198]

 

La inclusión del texto precedente obliga a la prologuista a iniciar un descargo sobre la figura de Sarmiento puesto que las propias palabras de sinceramiento del autor han dejado dudas sobre cierto razonamiento calculador y especulativo de la elección . Dice entonces Carbone: “Queremos ver en este interés por acercarse a los amigos del gobierno, no el mezquino logro de ventajas personales que en ninguna circunstancia fué el móvil de los actos de  Sarmiento...”[199] La negación polifónica que, según Ducrot, remite a la presencia simultánea de dos enunciadores, uno que niega y otro que afirma, permite poner en duda la afirmación de la autora y habilita al lector del prólogo a mantener una doble sospecha: tanto sobre las razones que impulsaron a Sarmiento a inclinarse del lado de los conservadores como sobre las intenciones últimas de la prologuista al incluir esta cita en un texto de homenaje al prócer.

La segunda cuestión, más compleja porque se percibe claramente la contradicción entre lo dicho por Lastarria y lo sostenido por Sarmiento, es tratada por la autora del prólogo con cierto énfasis descriptivo que le permite no tomar partido explícito en la disputa  sostenida por los dos corresponsales, aunque sí presentar el asunto como polémico.

Retoma Carbone lo que Sarmiento enuncia  en Recuerdos de Provincia:

Entonces podía acercarme a los amigos del Gobierno, a quienes estaba encargado de introducirme aquel Dr. Rafael Minvielle, que acertó a encontrarme en un cuarto desmantelado, debajo del Portal, con una silla y dos cajones vacíos que me servían de cama. Fui , pues, introducido a la presencia de don Manuel Montt, Ministro entonces y jefe del partido...[200]

 

El texto citado resulta ambiguo en su significación última, por falta de datos proporcionados por el narrador. No está claro cómo se relaciona Sarmiento con Minvielle, aunque la construcción del sintagma parece sugerir que el Dr. Minvielle  fue a buscarlo a su cuarto desmantelado por orden del partido conservador.

            Carbone se atiene a la información proporcionada por una de las cartas de Lastarria y afirma a continuación: “En una de sus últimas cartas, del 15 de abril de 1884, [Lastarria]...le reprocha no haberlo recordado y se atribuye la presentación de su amigo a don Manuel Montt, hecho que de lleno le abrió el camino de la prensa y la acción administrativa en Chile”.[201] Esta mención de la discrepancia de sentido producida entre los dos enunciados es soslayada por el texto, porque la inclinación argumentativa del prefacio busca el ensalzamiento de la amistad entre los dos hombres, lo que le permite a su autora desestimar las huellas discursivas que revelarían fisuras en el modelo histórico presentado. Veremos más adelante cuál es el tono y el contexto en que Lastarria inicia su reclamo y cómo es percibido por su corresponsal Sarmiento.

El procedimiento de acumulación de enunciados extraídos de diferentes corpus que realiza la  prologuista produce, por un lado, una muestra de la falta de armonía que presentan los materiales heterogéneos al ser expuestos conjuntamente, sin una sutura adecuada. Por otro lado, el prólogo no termina de poner en relevancia los quiebres textuales porque éstos amenazarían con destruir, potencialmente, las imágenes idealizadas presentadas al comienzo del texto. Dicha ambivalencia no resuelta en la presentación aparece como un problema de escritura de quien ha recopilado las cartas.    

El epistolario Sarmiento-Lastarria está construido a partir de 15 cartas de Sarmiento y  8 de Victorino Lastarria. De las escritas por Sarmiento, la última carta, fechada el 10 de julio de 1888, está dirigida a Demetrio Lastarria, hijo de Victorino. Es una carta de pésame y de homenaje al extinto.

Interesan en la correspondencia varios aspectos, entre los cuales no es de poca relevancia el hecho de que las cartas publicadas sean sucesivamente de uno u otro corresponsal y puedan leerse como  intervenciones dialógicas diferidas en tiempos y espacios siempre variables.

 

 

2. La dimensión semiótica

2.1. El recorrido narrativo de la no-conjunción a la conjunción

 

La correspondencia comienza con una no-conjunción entre Sarmiento y Lastarria, entendida esta última como la relación de oposición que une a los dos sujetos con el objeto de deseo (el sostenimiento de la amistad).  Revisaremos esta situación con la contribución del concepto bajtiniano de “palabra ajena”, para echar luz sobre los dos primeros intercambios epistolares de esta colección.

            Bajtin relaciona el tema de la palabra ajena  con el concepto de alienación, en el sentido de que sostiene que cada época  segrega esta palabra de distintas maneras en la vida discursiva, atendiendo a procedimientos de estilización, parodia, polémica, etc. La definición ofrecida es la siguiente: “Llamo palabra ajena a cualquier palabra de cualquier otra persona dicha o escrita en su lengua o en cualquier otra lengua, es decir, la palabra ajena es cualquier palabra que no es mía”.[202] Y luego:  “Yo vivo en un mundo de enunciados ajenos. Y toda mi vida representa una orientación en este mundo, una reacción a los enunciados ajenos”.[203]

Es necesario pensar el tema del tratamiento de la palabra ajena desde dos perspectivas diferentes, respecto de este epistolario. Por un lado, no podemos dejar de advertir que la mera compilación de las cartas y, por supuesto, el agregado de notas por parte del editor crítico representan una instancia de manipulación de la voz ajena. Por otro lado, en las dos primeras cartas que aparecen en Correspondencia entre Sarmiento y Lastarria 1844-1888, puede observarse cómo se gesta una réplica furibunda del enunciador Sarmiento ante lo que cree una ofensa a su persona,  propiciada por el diario El Siglo y, a continuación, la objeción de Lastarria al punto de vista esgrimido, como contestación de la primera carta o segunda réplica.

La cuestión del sostenimiento del tópico en las dos primeras cartas permite reconocer hasta qué punto  la correspondencia de mitad del siglo pasado reemplazaba la espontaneidad del diálogo: la inmediatez de la comunicación establecida entre ambos corresponsales  se refleja en el hecho de que Lastarria escribió su respuesta a Sarmiento  en la misma hoja de papel que el primero le había mandado. Dicha inscripción remite a una situación de enunciación que puede ser caracterizada como espontánea y de rápida resolución.

            Citamos aquí las dos breves cartas escritas en 22 de abril de 1844, en las que Sarmiento y Lastarria interpretan cada uno el discurso del otro :

 

                       Señor Dn. Victorino Lastarria

Mui señor mío

No deseo esplicaciones de parte de V. i no estoi dispuesto a darlas tampoco. Como V. no a podido estorbar qe el Siglo me injurie, me echa en cara qe soi asalariado, i estranjero, no obstante abermelo prometido, i como no se qien escribe en el, sino qe V. es el dueño de la imprenta para su negocio y para su elevación política; me dirijiré a V. siempre qe quiera desbaratar las ipócritas [sic]  ataqes de su diario, y descubriré al público los motivos puramente personales qe V. tenga para llevar un diario.

Esta prevención le indicará a V. qe toda armonía e inteligencia entre ambos a cesado, y no quiero ser el juguete de V. o sus órganos.

                                                                      Qedo de V.

                                               Sarmiento

           

Abril 22

Contestacion

                               Sr. Sarmiento

Acuso recibo de la declaración de guerra qe V. me ace, previniéndole qe no sufriré de V. ofensa ninguna contra mi onor.─ Lastarria

(*) El conspirador deseoso de regularizar las discusiones de la prensa prometió al señor Sarmiento qe el Siglo no le insultaría, mientras este señor no insultase a los redactores de este diario: a echo lo posible por guardar su promesa, pero como no le era dado forzar al Siglo a que sufriese los epítetos de miserable, cínico y otros con qe le regala el señor Sarmiento, le dejó usar de represalia. I  qe acer? Querrá el señor Sarmiento qe los redactores del Siglo sean tan cínicos qe se lleven sufriéndole con paciencia toda la vida. El conspirador se cree relevado de su compromiso.

 

 

  En el intercambio epistolar citado se revelan las consecuencias de la situación de no-conjunción de los dos actores, que, a su vez, responden a tomas de posiciones políticas encontradas. Sarmiento, redactor del diario semioficial El Progreso, había actuado periodísticamente a favor del ministro Manuel Montt desde su columna y Lastarria, colaborador de El Siglo, se ubicaba como redactor del diario opositor al oficialismo.

Analicemos en primer lugar el texto enviado por Sarmiento. Las negaciones iniciales: no deseo explicaciones/ no estoy dispuesto a darlas tampoco, indican la ruptura de una relación amistosa ya establecida con antelación a esta escritura. Se trata de una palabra reactiva que busca oponerse a aquella que la provoca mediante la negación. Pero, como toda negación polifónica, su enunciación se contradice con el enunciado. Es decir, si realmente el enunciador no hubiera querido pedir u ofrecer explicaciones, posiblemente no habría escrito esta carta. Así que la no-conjunción sostenida en el texto permite sospechar que, aun frente a la adversidad momentánea que presupone la ruptura de los lazos afectivos del enunciador, el objeto de deseo sigue siendo la conservación de la amistad.[204]

En el cuerpo de la carta sarmientina resuenan los términos de asalariado, extranjero como parte de un discurso indirecto que retoma literalmente la voz ajena y ante el que el enunciador reacciona emocionalmente, para intentar invalidar los dichos. Se trata de una retoma diafónica en tanto que el enunciador intenta referir un acto de habla efectivo o potencial del destinatario para negociar el punto de vista ofrecido por el artículo periodístico. Este tipo de retomas es frecuente en el género epistolar y puede diferenciarse entre las retomas iniciativas o reactivas. Todas las retomas estudiadas en este apartado son, de hecho, reactivas, porque se ofrecen como respuestas de otros enunciados anteriores. Si entendemos que el enunciador persigue anular la conclusión a la que dichas premisas conducirían (deslegitimar sus opiniones periodísticas) entonces se trataría según Moeschler, de una refutación.[205] 

Finalmente, lo que se le plantea como problema al enunciador radica en que estas voces retomadas no pueden ser atribuidas a ningún locutor responsable, probablemente porque el artículo periodístico ofensor no haya sido firmado por ningún corresponsal.

La pregunta que surge inmediatamente al leer los textos es ¿qué palabras  retoma el enunciador Sarmiento para injuriar a Lastarria? ¿Por qué las adjudica a éste? Explícitamente, el enunciador adjudica la responsabilidad de lo dicho por el diario a Victorino Lastarria, por ser éste el dueño de la imprenta, aunque la conclusión del razonamiento argüido por el enunciador no parezca ser pertinente.

            La voz ajena reaparece  con más fuerza en las palabras: no obstante habérmelo prometido. La ruptura de la promesa, en tanto acto de habla, se corresponde con la quiebra de un contrato de mutua credibilidad, en el que se basa toda amistad. Sin embargo, no es un dato menor que el reclamo a Lastarria tenga que ver más con que éste ha permitido la publicación de la injuria en el diario, que con su actuación periodística propiamente dicha. El adjetivo valorativo en hipócritas ataques revela precisamente que lo que se cuestiona es la hipocresía del otro: la falsedad, la deslealtad, el engaño, la estafa moral o la simulación.

            Si volvemos al planteo inicial de este trabajo, veríamos que un estado  patémico (la cólera) ha impulsado al enunciador-Sarmiento a agredir verbalmente a su colega, en función de que ha sentido que el contrato previo de no agresión no ha sido respetado por su opositor, aun cuando éste no haya participado directamente de la escritura del artículo difamador.

            Por último, hay un acto de amenaza que se refiere al futuro. Dice el enunciador: “...i descubriré al público los motivos puramente personales qe  V. tenga para llevar un diario.”[206] La amenaza consiste en dar a conocer (hacer público), a través de la prensa, los motivos privados que organizan la conducta periodística de su corresponsal. Lo que quiere decir, parafraseando el texto anterior, que el enunciador amenaza con hacer explícitos los móviles privados del otro, en un dominio público como es un diario, para desprestigiarlo como hombre de trayectoria reconocida. Aquí estamos ante la presencia de una estrategia discursiva que actúa como provocación en tanto amenaza de una denuncia pública, como medio para derrotar al opositor político.

            Vemos nuevamente, entonces, que las fronteras entre lo público y lo privado, entre lo que puede decirse en uno u otro ámbito varía de acuerdo con la estrategia discursiva de la ocasión, pero ha sido para los corresponsales un arma  de doble filo en la táctica de la esgrima por el poder. [207]

            La segunda carta, respuesta de la primera, se encuentra en el mismo pliego de papel que ésta, en su cara reversa, y, ya hemos dicho,  indica que fue devuelta de inmediato al primer corresponsal. El segundo enunciador interpreta, reformula  y pone en términos militares la voz del primer enunciador: “Acuso recibo de  la declaración de guerra qe V. me ace...”.[208] La reelaboración parafrástica del enunciatario devenido enunciador permite  comprender cómo ha sido recibida la palabra sarmientina y en qué termino ha sido evaluada la situación de enfrentamiento. 

Más complejos son los procedimientos que se utilizan a continuación. El enunciador se denomina a sí mismo como “El conspirador”, retoma irónica y burlesca de la voz ajena. También utiliza la tercera persona para hablar de los términos en los que el contrato de no agresión había sido suscrito entre los sujetos reales de Sarmiento y Lastarria, argumentado que lo publicado por el diario El Siglo no era una declaración de combate sino un movimiento de defensa ante las agresiones del diario El Progreso. Las palabras miserable, cínico remiten a defender otro punto de vista argumentativo: el periódico de Lastarria no ha ofendido sino que se ha defendido de los ataques del argentino.

La última frase de la carta: “El conspirador se cree relevado de su compromiso”,[209] demuestra a las claras que el conspirador no es tal, en tanto y cuanto afirma abiertamente a partir del momento la decisión de romper con el compromiso contractual por el cual debía negarse a agredir al otro. Lo interesante de esta nueva paráfrasis realizada en el texto es que la estrategia discursiva del chileno pasa por sintetizar en una nominación, conspirador, todas las recriminaciones del argentino. Pero esta palabra es retomada como burla, porque al asumirse como conspirador, el enunciador confiere a la palabra un efecto de sentido paradójico que se resuelve caricaturizando la voz del otro.

Treinta años después de este “diálogo diferido”, Sarmiento vuelve a referirse  a la situación de enfrentamiento político con Lastarria, en una carta escrita el 2 de junio de 1874, para reflexionar sobre su propia acción de gobierno:

 

Soy, lo sabéis, menos liberal que vos, y nos hemos batido en su tiempo, quiza sin comprendernos, como sucede siempre á los combatientes. Yo estaba con mi amigo Montt, en cuanto a establecer gobierno; con vos en cuanto a dejar libre la acción (al pueblo).[210]

 

El posterior reconocimiento del distanciamiento  ocasional de los amigos, por parte del enunciador, permite comprender hasta qué punto los protagonistas de la correspondencia  convivían emocionalmente con sus ideas políticas y cómo eran los pactos o las luchas políticas las que determinaban las amistades y los alejamientos. De todos modos, el sostenimiento de la amistad durante tantos años entre Sarmiento y Lastarria  da prueba de que el afecto y el respeto que los dos se tenían recíprocamente fue creciendo con los años y superó la mera disputa política circunstancial.[211]

 

2.2. La no-conjunción final: el reproche de Lastarria

 

Las cartas enviadas por Lastarria a Sarmiento y recopiladas en este epistolario tienen su clausura en la carta del 15 de abril de 1884. Es la última carta recopilada del chileno y es también una de las más complejas para el análisis, tanto por su carga afectiva como porque realmente parecería que “nada queda por decir” luego de esta misiva. De hecho, la carta posterior de respuesta de Sarmiento no responde a ninguno de los reclamos del corresponsal chileno, estando la misma escrita con un tono bastante impersonal que produce un borramiento de la figura del enunciatario a quien supuestamente está dirigida la misiva.

En una carta anterior,  fechada el 4 de enero de 1884 y enviada desde Buenos Aires, Sarmiento anticipa a Lastarria que viajará a Chile para reencontrarse con sus antiguos amigos y  promocionar la lectura de sus discursos, que han sido editados en Buenos Aires para esa fecha. Fiel a su costumbre, Sarmiento le solicita a Lastarria que promocione su libro antes de su llegada “para despertar las simpatias que duermen”.[212]

          La carta de Lastarria a la que nos referimos, de  abril del mismo año, es la que se corresponde con la visita del argentino a Chile y fue enviada a Sarmiento antes de que éste partiese de regreso a Buenos Aires, luego de un festejo con amigos comunes el día de la víspera. Similar a otra misiva anterior ya analizada, el enunciador Lastarria nuevamente compara el destino glorioso de Sarmiento con la aparente falta de reconocimiento de sus contemporáneos respecto de su propia actuación política. En esta comparación se encuentra desfavorecido por la opinión pública, puesto que no es aclamado como el argentino.

            El rencor del enunciador se plasma en la escritura de la carta: cree que se ha esforzado tanto como el otro en la promoción de la enseñanza y, sin embargo, los resultados le han sido adversos. ¿Cuál es el estado patémico de Lastarria? ¿Siente envidia frente  a los aplausos que despierta Sarmiento en su vejez, allí donde va? ¿O son celos?[213]

            Dice el texto:

...los brindis del banquete, que os ofrecimos ayer vuestros amigos i que me ha hecho pensar en vuestra feliz estrella, comparandola con el punto negro que yo ocupo, siendo vuestro compañero y coetaneo.

                        Adonde quiera que vos llegueis encontrareis admiradores que os rinden homenaje, pues no solo en vuestro pais se ajitan los pueblos para recibiros, sino en Chile, donde es tan parca de aplausos la gente. Por que no me pasa a mi lo mismo? Será que vos hayais sido menos brioso, mas dulce i mas contemporizador q’ yo en la lucha por la verdad i por el progreso de las ideas? De ninguna manera...[...] También tendré mal olor? ¿Por que es que en la fiesta de ayer al servidor de nuestra instrucción primaria, no ha habido una palabra para el constante servidor de la instrucción superior...?[214]

 

Para analizar esta cita se hace preciso contar con la ayuda de un marco teórico que nos proporcione una visión semiótica del sistema de las pasiones, en tanto que  “La puesta en discurso de las pasiones constituye la realización de las pasiones: lo discursivo, lo retórico, lo figurativo, son el término ad quem de la manifestación pasional”.[215]

Parret introduce un concepto que será de ayuda para el análisis de esta última carta: a diferencia de la relación canónica establecida por la narrativa greimasiana entre Sujeto deseante y Objeto deseado, aporta una relación semiótica que se sostiene sobre tres términos: Sujeto 1 / Objeto / Sujeto 2, siendo el Sujeto 2 la “autoridad social” que sanciona al Sujeto 1.

            Si volvemos a pensar en la cita previa, percibiremos cómo hay dos relaciones  triádicas opuestas. A saber: por un lado, podemos imaginar a Sarmiento como  Sujeto1, que alcanza el Objeto deseado (fama, renombre, reconocimiento) –y esto está sancionado por los colegas que le rinden homenaje en Chile, Sujeto 2 . Por otro lado, el enunciador Lastarria se sitúa a sí mismo en comparación con Sarmiento y afirma que habiendo realizado él acciones tan valiosas como el otro Sujeto 1 y, habiendo deseado la fama y el éxito personal como el otro (idéntico Objeto), no los ha obtenido porque su esfuerzo y su tarea no son  reconocidos por sus pares (Sujeto 2).  Enuncia Lastarria en su carta:  

He llegado a mis ultimos dias, no como vos, para tener una muerte dulcificada con el perfume de la gratitud i de la gloria, sino para undirme en el desengaño i en la soledad a que me condena el pueblo a quien he consagrado las flores de mi actividad y de mi amor. [216]

 

La sanción de la autoridad popular no ha favorecido a Lastarria, quien sufre un estado de desamparo frente a la atención dispensada al argentino. Podemos hablar ahora de las pasiones quiásmicas en relación con lo expresado por el enunciador en la carta. Estas modalizaciones teóricas se refieren a las modalidades del saber y el querer. Parret introduce los predicados de ser/parecer para describir la competencia efectiva del Sujeto con el Objeto, lo que da cuenta de la categoría veridictoria.

El cuadrado semiótico permitirá entender las relaciones establecidas:

                                                          Verdad

                                       ser                                    parecer

     Secreto                                                                                                         Mentira

                                      no-parecer                     no-ser

 

                                                           Falsedad

 

Mientras que, desde la visión del enunciador, Sarmiento se ubica entre el Ser y el Parecer del cuadrado semiótico y, por lo tanto, su programa educativo aparece como una Verdad ante los miembros de la reunión que lo agasajan, en cambio la actividad personal del enunciador Lastarria se debate entre el Ser y el No – parecer por lo que resulta que su actividad permanece en el Secreto y no adquiere relevancia ni consenso en los demás.

            Pero el enunciador no detiene su enojo en las figuras de su entorno político chileno, sino que acusa a su corresponsal Sarmiento de cometer la misma ingratitud que los demás:

 

Hasta vos mismo sois injusto conmigo, por glorificar a un hombre que no necesita para su gloria que digais que os comprendió en vuestros esfuerzos  por la educación. Habeis olvidado la historia, o os habeis acostumbrado a repetir que Montt hizo la Escuela Normal por vos. No es asi, pemitidme que os lo diga. La idea es de Miguel de la Barra, a quien Chile debe la iniciativa de grandes cosas aunque no lo conozca. Yo le ayudaba en su proposito. Montt aceptando la idea, se excusaba de realizarla porque le faltaba un hombre. Vos estabais aislado en el tercer piso del portal  de Cierra Bella i yo os presentaba como el mas a proposito a Montt , que os rechazaba por cuyano. Vos no habeis conocido a Montt sino por mi, que os llevé a su casa, calle de Agustinas, un dia domingo con Quiroga Rosas.  [217]

 

El párrafo citado revela a un individuo que inscribe en su discurso una impronta subjetiva de estado patémico que podríamos  relacionar con la angustia y la ansiedad, clasificadas por Parret como pasiones quiásmicas, que tienen que ver con el Saber y el Querer.  La reunión con amigos ha propiciado por parte del enunciador “un saber” que instaura como  descripción: el enunciador expone la situación  de disjunción entre los otros chilenos y él mismo, y de no-conjunción entre Sarmiento y su propia persona.  Dice Parret que tanto la angustia como la ansiedad se caracterizan por no proyectar ninguna temporalidad. Focalizan estas pasiones su atención en el pasado, las proyecciones hacia el futuro están cerradas por lo que la retrospección llena al sujeto patémico de contenidos pasionales. Entre ellos, la cólera. A propósito de ella:

 

Montt habló con vos i simpatizó , hallandoos buenas cualidades. Entonces principiaron vuestras relaciones, i yo no paré hasta que os hice nombrar; hasta que conseguí que os nombrara al pobre Acuña de segundo. Esa es la verdad.[218]

 

La verdad es opuesta a la mentira: es mentira también lo que no se dice, lo que se oculta. Y es posible que todo el asunto se deba a una doble interpretación: para uno, se han tenido los méritos suficientes para que los resultados provechosos surjan por sí mismos, para el otro, hace falta la ayuda generosa de la amistad para salir adelante frente a las dificultades que engendran la pobreza y la falta de contactos sociales. Quizás ambas interpretaciones sean conjuntamente correctas.


2.3. La cólera de Lastarria como pasión

 

            “Las pasiones aparecen en el discurso como portadoras de efectos de sentido muy peculiares; despiden un aroma equívoco, difícil de determinar”, afirman Fontanille y Greimas en la Semiótica de las pasiones.[219] En una ampliación de la estructura actancial primitiva, los autores se explayan sobre las estructuras polémico-contractuales de las que participan los actantes para dar cuenta de dos narraciones diferentes: una en que persiguen el mismo objeto de valor y, como sostienen el mismo sistema de valores, entonces entran en competencia, la segunda en que los sistemas de valores de los actantes son diferentes y por lo tanto entran en conflicto. Cuando las estructuras contractuales y las polémicas conviven, determinan pasiones positivas como la “emulación” o negativas como la “cólera”, “que suscita una frustración a partir de un horizonte contractual y pacífico”.[220]

Teóricamente, existen reflexiones encontradas sobre el tema de la cólera, en tanto que unos filósofos la consideran una emoción y para otros semiólogos es una pasión, lo que nos obligará a un pequeño desvío teórico.[221]

            Para Alain (citado por Parret), la cólera proviene del miedo de uno mismo  por no saber qué actos se es capaz de llevar a cabo. La cólera tiene como efecto el odio. Alain toma un punto de vista que pertenece a la sintagmática performancial porque entiende que las pasiones como la cólera provocan a menudo otras pasiones en el propio sujeto o en el co-sujeto.

Para Tomás de Aquino, por el contrario, la pasión de la cólera no deriva del miedo, porque es producida por la conjunción de varias pasiones distintas. Dice que la cólera es “ el deseo de desquitarse justificadamente causando un mal al otro, suponiendo esta venganza una injuria previa”.[222] Podríamos interpretar que, para el enunciador Lastarria, se han cometido dos faltas en su contra: la primera, es la falta de reconocimiento del pueblo chileno por su tarea  respecto de la educación superior y de otros tantos principios sostenidos durante su exitosa trayectoria de hombre público, la segunda es el olvido de Sarmiento respecto de su ayuda desinteresada en tiempos penosos para el sanjuanino, como así también el hecho de que éste no haya reconocido públicamente su colaboración desinteresada . Según Tomás de  Aquino, el sujeto patémico debe  considerar que su sufrimiento es inmerecido y es por esta causa que se provoca el estallido del enojo. Estaría de acuerdo con Alain en que la cólera engendra el odio y éste inicia un ciclo sin fin.

            Para Greimas, según Parret, la cólera es una pasión compleja que podría ser entendida dentro de una configuración pasional sintagmática en la cual se desarrollan microrrelatos estereotipados que se presentan como discursos autosuficientes. La  narración estaría integrada por secuencias como frustración / descontento / agresividad. Según Greimas, antes de que se produjera esta secuencia de frustración debería haber habido una espera fiduciaria en donde primara la confianza. La espera improductiva pudo producir una disforia, que, a posteriori, tuvo que derivarse en dos formas: la insatisfacción y la decepción:

 

La insatisfacción y la decepción pueden transformarse en sentimiento de carencia. El estado terminal, resultado de la no conjunción del sujeto con el objeto de valor puede confundirse con el estado inicial: el recorrido podrá proseguir entonces como  la liquidación de la carencia y el restablecimiento de la conjunción objetal y de la relación fiduciaria. El sentimiento de carencia es un rencor: es duradero y engendra la hostilidad y un deseo de venganza. [223]

 

El rencor impregna la materia discursiva sobre la cual Lastarria imprime su queja. El descontento proviene, según Greimas, de la vivencia de un estado de carencia. Podemos imaginar que el enunciador había esperado por parte de su amigo Sarmiento unas palabras de reconocimiento público hacia su persona, en la reunión de agasajo, que no llegaron. Por el contrario, las palabras de agradecimiento fueron para Manuel Montt, quien, según el enunciador Lastarria, no las precisaba, porque no había sido su intención ayudarlo.[224] La carencia de expresiones de gratitud en el homenajeado respecto del chileno, revela  la espera fiduciaria de Lastarria, puesto que el desengaño proviene de haber creído en la buena fe del otro y de haber establecido un contrato amistoso  donde el “deber ser” impone la reciprocidad de los lazos afectivos.

            Dice Parret que “...el deseo de venganza es una respuesta a la ofensa. Pero la cólera conlleva una agresividad que es diferente de la venganza”[225] porque, en el caso de la cólera, el sujeto actúa sin un programa previo de acciones, a diferencia de como sucede durante la venganza.

            De todos modos, la cólera de Lastarria se inscribe en el intercambio epistolar con Sarmiento como un acto de venganza escrituraria, que puede ser vista como una búsqueda de indemnización moral en compensación por la ofensa recibida, que se restringe al ámbito de lo privado. El enunciador, en cambio, debió sentir en su momento la ofensa como pública, porque fueron los comensales del banquete en general y  Sarmiento en particular quienes no reconocieron sus méritos personales.

 No sabemos, en realidad, cuáles fueron las consecuencias extraepistolares de la no-conjunción entre ambos corresponsales, porque no hay más cartas escritas por Lastarria en el epistolario recogido por Carbone y porque sabemos que cuatro años después de la escritura de esta carta,  Lastarria fallece. El enunciador es consciente  de esta recorrida final en la que está transitando su vida y/o la amistad que los uniera durante tantos años y escribe:

 

Esta carta de despedida os va a fastidiar- Si la leeis rompedla, que os la escribo por pura charla i por desechar la pena que tengo, creyendo que ya no os volveré a ver i que pronto olvidaréis a uno de los hombres que por mas largo tiempo os ha querido i aplaudido, a vuestro viejo amigo. [226] 

 

El sintagma de “carta de despedida” resulta ambiguo en el contexto en que fue escrito. Sarmiento abandonaría Chile al día siguiente y el enunciador podría estar aludiendo simplemente a que dejarían de verse por un tiempo. Creemos que su significado es otro: tanto Lastarria como su amigo Sarmiento son hombres de edad avanzada, que viven lejos el uno del otro. Así que es posible que Lastarria considerara esta carta como una despedida formal. Esta idea se ve reforzada por el hecho de que, por lo que podemos saber, Lastarria no escribió más cartas a su colega durante el resto de los años que le tocó vivir.

 

2.4. El reestablecimiento de la conjunción  y la reparación de la ofensa:

 

última carta de Sarmiento a la familia Lastarria

 

            El 10 de julio de 1888 Sarmiento escribe desde Asunción una carta de pésame a Demetrio Lastarria, hijo de don Victorino. El enunciador afirma haberse enterado por los diarios de Buenos Aires de la noticia del fallecimiento, ocurrido el 14 de junio del mismo año. Cabe señalar que  tres meses después fallecería también el argentino .

            La carta de Sarmiento es algo más que una simple y formal carta de pésame.  Podría ser considerada como la retribución pendiente de un antiguo contrato fiduciario que, de alguna manera y en el sentir de Lastarria, había sido infringido por el enunciador .

            Dice Sarmiento a Demetrio Lastarria:

 

Mucho ha debido oirle  hablar a su señor Padre ya finado de las buenas y cordiales relaciones que mantuvimos siempre; pero nunca acertaría a definir el carácter especial que tenía la amistad de Lastarria y que conservó siempre. [...]Yo era uno de los que mas exitaban las susceptibilidades, o por menos pulido por el roce, pues era lo mas provinciano o por sentirme mejor apoyado. Esperimenté todo jénero de contrariedades, a veces repulsiones, tuve amigos sinceros i de circunstancias, pero entre todos ellos se distinguía Lastarria, por el afecto, por la deferencia, por una cierta aprobación tácita, y sobre todo por la protección que me dispensaba, cuando habría de serme necesaria.[227]

 

La reparación de la ofensa  se produce mediante el reconocimiento de la ayuda del otro en una carta privada que es enviada al hijo de Lastarria. Sin embargo, y tal como hemos mencionado respecto de las “cartas traicionadas”, esas que nacen destinadas para la lectura de un destinatario particular pero que acaban siendo leídas por varios, el resarcimiento de Sarmiento hacia la figura de Lastarria termina siendo público, aun sin que este hubiera sido su propósito inicial.

            La muerte del amigo permite al enunciador retrotraerse en el tiempo: verse a sí mismo como “el menos pulido”, “el más provinciano” y allí en el recuerdo encontrar el verdadero valor del otro por su aprobación tácita y por la protección dispensada. Tengamos presente que Victorino Lastarria, al momento de encontrarse con Sarmiento, era un joven abogado ya catedrático del Instituto Nacional y un periodista iniciado en la prensa, mientras que el otro, proscripto y exiliado, no tenía más recursos para la subsistencia que su propia inteligencia.


 

2.     La dimensión semántica

 

            Para analizar más pormenorizadamente las cartas enviadas por uno u otro corresponsal hemos elegido continuar este trabajo con la ayuda de una perspectiva retórica que complete la mirada semiótica  con la que hemos trabajado hasta ahora en este capítulo. Los textos epistolares, muy ricos en su entramado, permiten prestar atención, pese a su carácter predominantemente comunicativo, al doble aspecto que caracterizaría a estos discursos y que podríamos denominar como estético-argumentativo, dado que el uso de determinadas figuras de estilo conlleva un propósito persuasivo, al mismo tiempo que confiere al texto una valor estético, que por momentos, se vuelve digno de mencionar.

    

3.1. La metáfora como estrategia discursiva de persuasión

 

 

Como destaca Paul Ricoeur, la retórica de Aristóteles abarca tres campos disciplinares distintos: una teoría de la argumentación, una teoría de la elocución y una teoría de la composición del discurso. Cuando la historia de la retórica, a través de los siglos, queda reducida a una clasificación de tropos, en tanto adornos que visten  el arte del bien decir, entonces, la retórica se separa de la dialéctica y pierde esa calidad de techné  que “hacía de la persuasión un fin distinto que debía ser alcanzado por medio de una estrategia específica”.[228]

En este mismo sentido, se hace pertinente estudiar el uso de las metáforas en las cartas que integran la correspondencia entre Sarmiento y Lastarria desde un punto de vista discursivo y sin  reducir la metáfora al tropo clásico.

Según el marco teórico greimasiano que hemos seguido en el capítulo anterior, puede considerarse como discurso plurívoco todo aquel que manifiesta una isotopía compleja en donde se produce una conjunción sincrética de términos normalmente disjuntivos. Desde el punto de vista semántico, el plano de contenido textual produce una sucesión de efectos de sentido propuestos por el enunciador, que deben ser decodificados por el enunciatario, sobre todo cuando el uso metafórico trasciende el sintagma y pasa a ser parte del discurso. Este efecto de sentido puede ser entendido como un desvío del significado literal.

 En Semiótica,[229] los autores diferencian la metáfora que funciona dentro de la frase, de la metáfora “hilada”: “Si la metáfora funciona normalmente dentro del marco de la frase y puede ser aprehendida y descrita en ese contexto,  no llega a ser un hecho discursivo sino cuando es prolongada o “hilada”; dicho de otro modo, cuando ella constituye una isotopía figurativa transfrástica”. Hablaremos entonces de las isotopías metafóricas  instituidas en estas cartas como portadoras de sentido propio,  distinguibles como productoras de sentido en el discurso, más allá de la pertenencia frástica. Sostenemos que difícilmente pueda haber una metáfora cuyo sentido se restrinja solamente al significado de la frase, puesto que, de hecho, siempre contribuye este recurso a la construcción de sentido. Pensamos, por el contrario, que sólo las metáforas “muertas”, en el sentido que les da Ricoeur, pueden pasar desapercibidas  y clausurar el sentido, dado el automatismo de la percepción. 

 

 

3.1.1. Metáfora y metonimia en la construcción del pensamiento político

 

 

            En la carta del 16 de enero de 1853, el enunciador Sarmiento agradece a su corresponsal Lastarria el envío de su obra, La Historia Constitucional de Medio Siglo y hace entonces una referencia elogiosa a la obra de Alberdi, Bases y puntos de partida para la Organización Política de la Confederación Argentina, que había sido dada a publicidad en Chile, el 1° de Mayo de 1852.

            Dice la carta:

 

Nunca más necesarios que ahora los trabajos constitucionales en la américa española.

Es esta una campanilla, un reglamento con que debemos llamar a cada momento al orden a estos pueblos, prontos a lanzarse en el sendero de la reacción en que marchan ya tantas naciones.

El libro de V., el de Alberdi, en todo lo que en ese sentido se escriba es pues bueno, por el solo hecho de escribirlos; por solo el pensamiento y el objeto que los inspira.[230]

 

El término “campanilla” no permite construir una analogía sencilla con el antecedente, “trabajos constitucionales en....” sintagma al que remite, por lo que podemos entender que  hay aquí un desvío metonímico,[231] en tanto que el enunciador alude a la necesidad de los pueblos de elaborar una Constitución (o reglamento) que los guíe en su camino histórico.

            Por el contrario, sí se establece una analogía por medio del recurso de la enumeración cuando se nombran las obras de Lastarria y de Alberdi: la primera palabra del sintagma siguiente “todo lo que se escriba” engloba a las dos obras citadas precedentemente y da cuenta precisamente de que ambas no son sino parte integrante de una posible colección de textos que regule los aspectos jurídicos de la nación, necesarios para  ordenar la “barbarie” y construir la “civilización”.

            El término “campanilla” puede ser tomado como aquel que despierta una serie de sentidos que sugieren: a) un llamamiento al orden dentro de las instituciones escolares; b) la demarcación de momentos entre el descanso y la tarea escolar, al dividir los recreos de las horas de clase; c) la configuración  simbólica de un espacio escolar: la convocatoria al orden es siempre conducida por una figura de autoridad que impone la norma; d) la percepción de un pueblo asociado con la imagen de niños o jóvenes que deben ser educados por los maestros, no tanto en función de ser mayores de edad, sino por sus conocimientos.

            Creemos que el despliegue interpretativo realizado tiene su justificación en la propia actuación docente de Sarmiento, lo que le hace recurrir a imágenes que frecuentan el orden escolar, por  su relación con su propio pasado y construcción de la identidad.[232] Por otro lado,  el historiador Halperín Donghi se refiere a la generación del 37 como aquella que propició la “hegemonía de la clase ilustrada” porque sostuvo que las ideas de renovación política sólo podían ser ofrecidas por los intelectuales de la época.

            Finalmente, el término “campanilla”, ya lo hemos dicho, es un llamamiento al orden y a la clausura de un tiempo que podría ser definido como el del imperio de la barbarie, según el razonamiento sarmientino. En esta carta, Sarmiento coincide con la postura de Alberdi, expresada en el texto La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo, publicado en 1847 en Chile,  de que los argentinos debían aprender a obedecer a las instituciones políticas como base para que cualquier proyecto de nación fuera factible. Para Alberdi, esta práctica social  ya se había consolidado durante el gobierno rosista, mérito que concede al Restaurador. Para Sarmiento,  las guerras civiles y el enfrentamiento de los caudillos entre sí y en relación con el poder central, demostraban que tal aspiración de consolidación jurídica del país no era sino un deseo político que estaba lejos de realizarse.

            Las dos construcciones metafóricas que se deslizan a continuación permiten descubrir la evolución del pensamiento del enunciador Sarmiento, quien, enfrentando su desilusión por los viejos gobiernos de Europa luego del viaje realizado, encuentra en Estados Unidos la guía del pensamiento:

 

Los hechos han fallado y la doctrina también. Hacer la historia de las evoluciones parlamentarias de la Europa es hacer la necrolojía de todas las verdades porque hemos combatido. Los golpes de Estado, las constituciones de PAR L’ARMÉE, son el fruto de aquella escuela y la reacción que nos invade por todas partes.

Ahora y desde estos últimos años me he vuelto a otro sol que no se eclipsa, que ningunas nube oculta: Los Estados Unidos.[233]

 

Las metáforas construyen sentidos por sí mismas pero también los construyen por la relación que instalan en el interjuego que producen entre sí. La primera metáfora utiliza el término “necrología”; su referencia a la muerte, a la oscuridad y la derrota son evidentes. La contraposición está dada por la palabra “sol”, que forma el par antitético del anterior. Opone sol-oscuridad (luto-negro), muerte-nacimiento (el sol nace todos los días), principio-final , lo acabado-lo porvenir, etc.

No constituye una novedad afirmar que el sistema de pensamiento sarmientino se basa en polaridades. Noé Jitrik destaca en su análisis sobre el Facundo el uso de esta estrategia discursiva, aludiendo no sólo a una forma de pensar y de expresar la realidad propia del enunciador sino haciéndola extensiva a un rasgo del pensamiento de la generación romántica.[234] También podríamos coincidir con el mencionado investigador en que Sarmiento parece ser un “adelantado” respecto de su época, porque instala temas de discusión que  sólo aparecerán en la conciencia de los intelectuales argentinos muchos años después.[235] Tal es el caso de la profecía sobre Estados Unidos que aun hoy se erige como una potencia hegemónica a la que Europa no puede hacer sombra.

 

3.1.2. Metáfora y presentación de sí mismo

 

 

El último recurso retórico que citaremos de la carta del 16 de enero de 1853 a Lastarria es una comparación que se vuelve importante por su reiteración a lo largo de las cartas siguientes: el enunciador parece haber hallado un sistema representativo de imágenes que, sin ser original,  sí utiliza como estructura distintiva de imágenes:

 

Yo estoi aquí como nuestros buquecillos que varan en el Río de la Plata, aguardando a que venga la crece para flotar de nuevo. Hace 49 dias, a que reapareció en Buenos Aires aquella lucha de las CIUDADES y de las CAMPAÑAS que apunté en Civilización y Barbarie. Se acuerda ? Espanta ver reproducirse esta fisonomía peculiar de nuestra vida política.[236]

 

Pueden verse aquí varias cosas: el diminutivo en el término “buquecillos” de la comparación atiende a la pretensión de presentar una imagen de sí mismo dentro de un marco de humildad enunciativa que escapa a la arrogancia o soberbia. También está escrita en el texto la aspiración del enunciador de mostrarse como profeta capaz de anticiparse a los sucesos del país: la analogía entre lo que narró como hombre de luces propias en su obra sobre Facundo y los sucesos que se vienen desarrollando le permiten ir construyendo, para el otro,  una imagen de político sagaz. Tercero: el enunciador persiste en refrendar su sistema ideológico: los términos civilización y barbarie son aquellos que configuran la “fisonomía particular de nuestra vida política”. Al respecto de esta actitud escrituraria sarmientina, dice Piglia: “...logra hacer pasar los juicios de valor por juicios de hechos”,[237] para describir la modalidad asertiva con que el enunciador construye la referencia.

            Otro modo de ver el mismo texto sería pensar que la frase “Hace 49 dias, a que reapareció en Buenos Aires aquella lucha de las CIUDADES y de las CAMPAÑAS que apunté en Civilización y Barbarie”  funciona como un enunciado auto-argumentado, en la medida que no se pueden separar en forma estricta “los hechos en los que se basa y las conclusiones a las que llega”.[238] Este tipo de enunciados dificulta la refutación del oponente porque para ello haría falta demostrar que el argumento es insostenible.

Finalmente, con el uso del subjetivema “espanta”, el enunciador prediseña una recepción del texto, que no puede menos que producir efectos de alarma en el receptor; esta estrategia persuasiva obliga al enunciatario a construir un objeto discursivo fuertemente ideologizado, de cuya influencia es difícil escapar porque se necesitaría tomar distancia frente al texto tal como estamos realizando a partir del análisis del discurso en este momento.

            La carta siguiente retoma las imágenes navales para significar otra red conceptual distinta:

 

El Brasil marcha ya sobre Montevideo, i la antigua señora de aquel Adriático está como Venecia humillada, i desunida. Todas las pequeñas ambiciones hallan pasto en esta división, como los insectos en los cadáveres. Ved a la América española toda, sino es Chile,  i buscando en la historia mas noble ejemplo i mas triste si cabe, habeis olvidado la separación con Jerusalem de dos tribus de un pueblo que por la alianza de raza, culto e idioma podría tenerse en pié, i no obstante esto, los siglos confirmaron la desmembración i los Macabeos sucumbieron al fin contra los Seleucidas por falta de soldados! He aquí pues la nave rota. Cada fragmento ha tomado por su lado a merced del viento, el casco en una dirección i el gobernalle en otra.[239]       

 

La metáfora del final del párrafo puede comprenderse en relación con el texto que lo precede. La nave rota simboliza el estado de la nación, que se encuentra dividida de modo tal que cada fracción tira para su lado y no hay forma de unificar la dirección bajo un gobierno central. La categorización del país devenido nave resulta de una estrategia discursiva que pretende ser “descriptiva” del referente. No obstante, desde la perspectiva de análisis del discurso, sabemos que toda manifestación de certeza del enunciado resulta siempre una de las estratagemas fundamentales de la ideología, porque los hechos “nunca hablan por sí mismos”.[240]    

Pero otras metáforas han sido empleadas antes: Montevideo es una antigua señora que se parece a una Venecia humillada. Comparación y metáfora permiten inferir que la analogía con la antigua Italia, cuyo esplendor tuvo fin, superpone los conceptos de triunfo y fracaso, produciendo al mismo tiempo una tensión de significados que no termina de resolverse  acabadamente.

La segunda comparación quiebra la isotopía del texto por la irreverencia de los términos y la brutalidad de las imágenes invocadas: “...las pequeñas ambiciones hallan pasto como los insectos en los cadáveres”. La acusación a sus compatriotas no puede ser formulada de modo más claro, tampoco el resentimiento del enunciador, que revela su conocida oposición personal al gobierno de Urquiza.

Finalmente, encontramos un argumento por el ejemplo: la referencia a la división de Jerusalén en dos tribus enemigas alude a las luchas instauradas entre Buenos Aires y la Confederación de las provincias. La profecía que se instala en el texto es de lo más sombría: el augurio de la destrucción de la nave, de la nación. El lector deberá proseguir con el razonamiento e inferir que se vuelve cada vez más imperioso encontrar quien se haga cargo de la cuestión y resuelva los problemas nacionales.

La conclusión explícita de los argumentos sostenidos por el texto aparece hacia el final de la carta, pero la metáfora sobre el barco ha cambiado de eje y puede entenderse que ahora el enunciador se designa a sí mismo bajo la construcción de la metáfora hilada: “Todos esos y mas aun eran antes vientos prósperos para hinchar las velas. Hoy empero abierto el casco, rota la jarcia cuelgan aquellas como moco de pavo desairado sobre pico mudo y callado”.[241] La metáfora continuada crea un efecto de sentido que se apoya en las dos primeras construcciones sintácticas, pero que quiebra su isotopía a partir de la comparación, puesto que no es usual comparar las jarcias (las velas) con “moco de pavo desairado sobre pico mudo y callado”. El adjetivo “desairado” ha personificado al “moco de pavo” y lo ha humanizado hasta refractar su sentido en el último sintagma nominal. La referencia a la derrota de los sueños propios del enunciador y de sus  ambiciones permite comprender que se ha silenciado su voz de denuncia, aquella misma que había contribuido a provocar la derrota rosista y que le permitió, según sus dichos, ser reconocido por los ciudadanos argentinos en el campo de batalla . Recordemos que  el General Urquiza había incorporado a Sarmiento  al Ejército en calidad de boletinero encargado de redactar los partes de la guerra. Su silencio del momento es representado como  el símbolo de la derrota del proyecto de nación  del cual él formaba parte. La asimilación de su propia vida al proyecto de país –tesis sostenida por Barrenechea─ no puede ser más evidente. La nación y él mismo son la nave rota. 

La metáfora hilada construida sobre léxico naval es retomada  nuevamente en  una carta escrita por Sarmiento durante el año 1879: esta vez la nave deviene barquilla para sugerir la fragilidad de la construcción náutica frente a los obstáculos que impedirían su navegación. El enunciador Sarmiento se refiere a su participación política durante el gobierno de Avellaneda, en calidad de Ministro del Interior, encargado de las Relaciones Exteriores, según él mismo declara en esta misiva:

 

...la tempestad se desencadenó apenas ponia mano al timón, y habreis podido, desde la otra orilla del proceloso rio, ver la debil barquilla subir sobre la cresta de las embravecidas olas, resistir al viento, luchar, combatir y ceder al fin, sin zozobrar.

            Estoi en tierra otra vez, remendando  las desgarradas velas. y reparando la jarcia. Me echaré al mar otra vez!

            Quise combatir la demagojia salvaje; pero encontré que no era bien secundado por capitanes y contramaestres, y he debido recoger trapo, antes de estrellarme contra escollos que no estaban señalados en la carta.[242]

 

La sinécdoque que señala la acción de poner “la mano al timón” permite entender que el enunciador se señala a sí mismo como el timonel experto que conduce la barquilla en medio de la tormenta: la analogía construida es de sencilla decodificación. La estrategia discursiva vuelve a ser presentarse a sí mismo en el combate con sus enemigos, en este caso naturalizados por la metáfora, para  poner el acento en las dificultades que se afrontan (pruebas peligrosas) y el éxito final obtenido (auto- heroificación del narrador). El héroe es además, un combatiente solitario que no carece de astucia y se rige por el  proverbio que indica que “soldado que huye, sirve para otra batalla”, por lo que el retiro final del combate puede entenderse como  una acción racional de autoprotección del cuerpo y no una cobardía, según como lo presenta el enunciador.[243]


3.1.3. La metáfora en la descripción/creación del referente

 

En una carta de felicitaciones de Lastarria a Sarmiento, fechada el 22 de octubre de 1868,[244] una comparación implícita establece un saldo favorable para la situación eleccionaria argentina, en detrimento de las elecciones ocurridas en Chile y Perú:

Dice Lastarria:

 

Una elección popular en el Perú eleva a un Comandante de la guerra Civil, que no tiene más ideas que un asistente de la situación de su patria...Una elección  popular en Chile nos ha dado un Presidente que no tiene más ideas ni otras mañas que las de un “guaso” estrecho i pelucón...[...] Pero vuestra patria, en los conflictos de una guerra exterior y de una conflagración interna, se ha hechado en brazos de un maestro de escuela, de un obrero de la idea, de un representante del progreso intelectual; esto consuela, y dá fe a los que esperamos i perseveramos en la democracia. [245]

 

La enumeración sintagmática de la última frase del enunciador Lastarria parece responder punto por punto a la pretensión que el  ethos del enunciador Sarmiento había propuesto para sí mismo en sus discursos y en las cartas privadas que hemos recorrido. Sarmiento se había reivindicado a sí mismo como maestro, como intelectual (obrero de la idea) y propulsor de ideas progresistas. Lastarria-enunciador, a su vez, reafirma en esta carta  la construcción discursiva que había sido diseñada por el argentino. La patria “se echa en brazos de” responde a la figura retórica de la personificación, la patria es una amante desesperada que por fin se encuentra con el amado que ha estado buscando. Este sentido  romántico del texto propicia ─según entendemos─  una lectura  ideológica en la que no puede dejar de observarse el grado de naturalización con que son presentados los sucesos.

La figura de la patria como “amante” surge gracias a la contraposición de sentidos  construidos en las dos primeras frases de la cita: en Perú se elige a un “Comandante de la guerra Civil”; en Chile se ha elegido un “Guaso”; sólo en Argentina la patria “se ha echado en brazos de un obrero de la idea”. Esta última  metáfora y la de “representante del progreso intelectual” permite elaborar la isotopía del hombre trabajador, tenaz, que ha llegado al poder por afuera de los manejos del poder de las clases de la elite nacional.  

 El enunciador le habla “al amigo, al correligionario, i al viejo compañero”.[246] Como es posible comprobar en esta carta, la no-conjunción de la primera misiva se ha transformado en una relación de total consenso, dado que las referencias metalingüísticas al tema de la amistad son frecuentes en esta carta y en las subsiguientes. 

Una nueva metáfora “hilada” aparecerá cuando Sarmiento esté por concluir su mandato presidencial. Así, en la carta  del 2 de junio de 1874, el Sarmiento enunciador se referirá a su propia actuación en el Ejecutivo con una alusión literaria: “Dejaos  pues oir, ahora que me humanizo y en previsión del fin de la gran comedia, vengo ya buscando la puerta del teatro para escabullirme”.[247] La metáfora construye su analogía en la semejanza de la exposición pública del actor y del político, ambos en escena representando su papel. Así como el actor cuando deja el escenario, vuelve al anonimato del que partió, el enunciador asume que a su retiro del primer plano de la escena política del país corresponde el “escabullirse”, o sea, retirarse a un segundo plano de notabilidad. Esta idea condice con aquella otra expresada en la Carta abierta a Frías, en donde  el enunciador Sarmiento proclama que su intención al terminar el mandato había sido callar sus opiniones para no obstruir el ejercicio político de quien lo continuaba en el poder.

Sin embargo, la palabra “comedia” no alude simplemente a una representación teatral sino que nos remite necesariamente a la Comedia dell’arte italiana y también a la “gran comedia” medieval de la vida humana. Creemos que, en este caso, el enunciador se permite una pequeña broma respecto de su propio gobierno, aspecto humorístico de la situación que puede ser compartido en amistad en tanto que puede pensarse  la referencia implícita a la comedia bufa de enredos.

La metáfora del teatro es retomada por Lastarria en su carta de respuesta. El tono de chanza del enunciador habilita comprobar cómo ha sido leído el mensaje anterior y cómo éste se permite agregar su propia interpretación de las palabras del otro:

 

...vos quereis q. me haga oir, ahora q. estais buscando la puerta del teatro para escabulliros Por que? Acaso temeis q. os silven? No, habeis hecho muy bien vuestro papel. Tendreis aplausos, aun en ese público tan descontentadizo i tan irrespetuoso. No os ocultaré que vuestros amigos os vieron con miedo subir a las tablas, no solo por que temíamos al actor revelde, sino sobre todo por el carácter i los malos hábitos de nuestro público.[248]

 

El uso de la metáfora continuada posibilita construir otros sentidos que no estaban presentes en el texto primigenio. El segundo enunciador juega con la idea de la representación teatral/política del otro y augura que los aplausos darán cuenta del éxito con que ha sostenido el gobierno Sarmiento. El texto deriva hacia cuestiones personales acerca de los temores previos de “los amigos”, entre quienes se incluye el enunciador: los términos actor rebelde, público, contribuyen a completar el sentido de la metáfora.  El público es, en las obras teatrales, activo tan solo en la demostración de la aprobación o desaprobación de lo ofrecido en escena. Tal parece ser la idea sostenida respecto de la ciudadanía que eligió con el voto a Sarmiento, según la concepción de quienes escriben estas cartas,  un pueblo que sólo al final del ejercicio de la presidencia premia con el aplauso o la silbatina, pero que no tiene injerencia mientras se desarrolla la obra.

            La metáfora del navío es retomada una vez más por Sarmiento en la carta del 10 de enero de 1876, esta vez para crear tensión entre la figura de Lastarria y una vieja nave primero, luego para compararse el propio enunciador con la misma categoría nominal :

 

Si aun  sois alma de este mundo, os felicito al contar un año mas. Vamos para viejos ambos, teniendo cada uno cuenta diversa, según cree que le va en esta fiesta de la vida. Tal es el silencio que se hace en torno vuestro que me temo esteis cual vieja nave sin carena en algun puerto. Sientome por comparación mas joven pues aunque desarmado estoi a flote, y puedo aun arrostrar el embate de las olas.[249]

 

La metáfora “fiesta de la vida” trasluce el optimismo del enunciador como en pocas ocasiones suele suceder. Esta alegría se hace chanza al comparar las edades de ambos corresponsales, puesto que Sarmiento es varios años mayor que Lastarria y, sin embargo, se siente más joven según su propio parecer. “Arrostrar el embate de las olas” significa en este caso, sin agotar su significación, que sobrevive indemne a las críticas políticas de sus enemigos. La metáfora hilada continúa en el párrafo siguiente, del cual rescataremos las ideas principales:

 

Descendí del alto puesto aquel...Fui nombrado Senador...he aquí una existencia que file son noeud, a merced de los vientos, en mar un poco crespa, sobre escollos harto visibles para no evitarlos y con suerte varia, sin ser nunca ni mui venturosa, ni desesperada. Con mejor y mas constante fortuna ya hubiera anclado, arribando a puerto seguro, mientras que esta mi incompleta felicidad, mi mesurado bienestar que exige que achique la bomba un poco cada día...[250]

 

El enunciador produce una reflexión en la que sopesa su propia vida pasada. Del balance realizado afirma, continuando con la metáfora de la navegación, que de haber tenido una vida más venturosa ya hubiera dejado atrás el escenario político. En cambio, el equilibrio económico precario no le permite descansar sino que debe mantenerse alerta para “achicar” o quitar el agua del bote para que éste no se hunda. El enunciador alude así a la necesidad  de continuar trabajando para mantener su bienestar, aun a la edad de 65 años, como sostiene más abajo. No puede negarse que el optimismo del protagonista  le permite describir su situación actual y pasada como positiva frente a los obstáculos y a la propia vejez.

            En el párrafo final de esta carta el enunciador despliega su virtuosismo literario a partir de una comparación muy lograda por su valor estético, que permite comprender cómo cierta vena  lírica, que en su momento le hizo enviar sus precarios versos  a su compatriota Alberdi,[251] se conservó hasta la vejez: “Yo amo el mío [el país], como se ama el potro de la Pampa, bravío, fuerte, inseguro, y lijero como el viento”.[252]

 

 

3.1.4. Las metáforas intimistas

 

 

            Nuevamente, en la carta de respuesta de Lastarria, se produce la continuación de la metáfora. Pero si bien el tópico del barco es retomado, es posible interpretar el mensaje desde otra perspectiva: la de la necesidad de presentar la propia vitalidad a través de la comparación con la vejez del otro. Dice así el texto:

 

Vuestra carta es un cántico. Os imaginais, para consolaros en vuestra vejez que yo tambien estoi viejo i que se hace el silencio a mi rededor, como si yo fuera un barco añejo en carena. Preguntad a los que me ven y os dirán que apenas represento 40 años.[253]

 

Lastarria como enunciador se permite continuar la broma iniciada por Sarmiento, sabiendo que es más joven que su amigo. Sin embargo, más abajo en el texto, el enunciador establece diferencias profundas entre ambos corresponsales, donde ya sin tono jocoso, muestra la escritura un matiz amargo que acompañará las últimas cartas del chileno:

 

Mirad, la diferencia esta en que vos sois un batallador afortunado i yo un soldado siempre derrotado. Vos con un alma de volcán, i una fuerza de pampero, habeis luchado, conquistado gloria, poder, fortuna, i seguis luchando para mantener vuestras conquistas, sin que os molesten los mosquitos que os zumban, ni las víboras que aplastais al pasar. Yo por el contrario despues de 30 años de pelea contra las potencias sociales que ejercen el despotismo sobre la independencia del espíritu i sobre el derecho a la libertad del hombre, he sido siempre vencido, me he fatigado por el desengaño... [254]

 

  La evaluación autobiográfica de la carta anterior despierta en este corresponsal también una reflexión personal: el enunciador se siente disminuido frente a la popularidad del otro, quien ha alcanzado: “gloria, poder, fortuna”, sin advertir  desde Chile la cantidad y calidad de los enemigos que Sarmiento supo ganarse a lo largo de la vida ni cómo éste era caricaturizado por los medios gráficos del momento, tanto por su sordera como por su personalidad colérica y egocéntrica. La lejanía geográfica y de comunicaciones entre los dos países no le permite a Lastarria ver la realidad argentina con ojos objetivos.

Como procedimientos discursivos, las antítesis revelan un fuerte valor connotativo, la primera de ellas batallador afortunado frente a soldado siempre derrotado implica la percepción del campo político como una arena de luchas por el poder, conceptualización  bastante diferente a la elaborada por Sarmiento  en cartas anteriores, en donde se  hablaba de “comedia”, sobre la finalización de su período presidencial.

            La segunda antítesis establecida entre los conceptos del triunfo del argentino frente a la derrota del chileno, nace de una construcción elaborada con dos sintagmas paralelos acumulados, alma de volcán, fuerza de pampero. Estos sirven para naturalizar el carácter explosivo del sanjuanino, soslayando la voluntad política y la obstinada lucha de este último por el poder.

            Siete años más tarde, Sarmiento enunciador recurre a otra vez a la metáfora del volcán, esta vez para  referirse al clero argentino, en ocasión de las discusiones en torno a la cuestión que se debatía acerca de si la educación pública debía ser laica o debía  tener inclinación religiosa. Tanto Sarmiento como Lastarria se opusieron  a estas ideas y defendieron el librepensamiento. Quienes se les oponían sostenían, como Frías, que sólo la religión  puede inclinar al pueblo a mantener una conducta ética y moral en sus actividades diarias. La cita que hemos extraído presenta al clero como una volcán apagado, pronto a  comenzar su movimiento geológico: “Si os llega por alla el rumor del combate con la clerigulla y demas vermine pero sin estrepito de armas, direis que el viejo volcán que parecia apagado, de la reacción clerical hace humo en Buenos Aires”.[255] La relación entre el ser/parecer es la clave de la analogía que reúne a la Iglesia católica argentina, alertada por la laicidad propuesta por sectores políticos relevantes.   

            La correspondencia de los últimos años de vida de ambos amigos ha tomado un aspecto confidencial que antes no tenía. Implica la confianza de años de amistad  y también la necesidad de confesar por escrito las verdaderas alegrías o desazones a un alma gemela.

            La visión negativa de la realidad política chilena que presenta Lastarria se revela con todo su poder en las metáforas animalizantes que aparecen en su texto, con la carga desvalorizante que contienen los nombres de los insectos que nombra : “...me he cansado de ser mosquito zumbador en las orejas de los depotismos...”, “La política los últimos 15 años nos ha legado una plaga de langosta...”.[256] La primera figura retórica se refiere a  sí mismo, la segunda, a la clase política. Antes se había referido el enunciador a las víboras que habían sido aplastadas por su interlocutor. Esta percepción negativa de su propio entorno es la que le permite al enunciador insistir en dibujar una valoración muy positiva de la imagen del corresponsal, como político y como hombre: encuentra que éste es un gran sabedor de latines (“he aquí uno de los 400 latines que vos sabeis”), que es un incansable luchador (“la pujanza batalladora de Sarmiento”), que tiene su presencia relevante valor para la enseñanza (“ya q. sois maestro mayor de escuelas”).

 

3.1.5. Metáfora  y  literatura

           

La relación ambigua entre metáfora y literatura propicia el desarrollo de un debate teórico que excede el marco de nuestro trabajo. Sin embargo, no podemos dejar de citar a Boris Arvatov[257] a propósito del tema, quien contrariamente a las ideas presentadas por Sklovski sobre la especificidad de la forma poética, entiende que “No existe un lenguaje poético que sea indiferente a las tendencias del lenguaje práctico. De las relaciones entre estos dos sistemas lingüísticos depende su accionar en el plano organizativo”.

            Parte el autor mencionado de una serie de observaciones interesantes sobre  el lenguaje práctico para considerarlo finalmente como una abstracción que no tiene vida real, dado que la diversidad de los usos de la lengua desmiente toda homogeneidad lingüística.  Arvatov sostiene :

 

El arte “representativo” organiza en la invención aquello que no está organizado y que, por lo tanto, no es perceptible en la vida, pero que atrae a la sociedad porque necesita de su carácter organizador. Para que un motivo tenga derecho a la existencia en una novela o un relato, se requieren dos condiciones indispensables: 1) la falta de organización en la vida cotidiana de aquello que se ha representado; 2) el deseo, a pesar de todo, de percibirlo.[258]    

 

Esta curiosa reflexión sobre la relación entre las representaciones literarias y la vida nos conduce de nuevo a la carta de Sarmiento del 18 de marzo de 1877 para comparar lo que este último enunciador sostiene respecto de la obra célebre de Cervantes y su relación con la vida política  de Argentina y Chile:

 

...Creo que Cervantes goza de una fama inmerecida  por haber creado el tipo del inmortal manchego. Don Quijote, salvo el nombre, era un mito europeo, ya casi borrado  y que el rejuveneció, para destruirlo del todo.

                        Su creación inmortal es Sancho! Esa es su grande obra. Un tipo nacional, español, cristiano, como lo ha hecho  su historia, sus reyes,  su religión; un bribón en el fondo, porque así solo puede vivir...

                        ...yo veo, siento y palpo a Sancho y no a Don Quijote, en mi mismo, en los demas, y en todas las ramificaciones de la raza.

                        Nuestra diplomacia y nuestra política, nuestros partidos y nuestro patriotismo, siente a su Sancho, como él sentía a cebolla.  Os aconsejo apliqueis secretamente este cartabon, a cada figura culminante, a cada discurso heroico o sabio, y vereis que es un metro, tomado de la medida de nuestro pueblo. [259]           

 

Las observaciones del enunciador responden, en gran medida, a aquellas realizadas por  el corresponsal Lastarria en su misiva anterior, que daba cuenta de su desilusión política respecto de los hombres representativos en su país. Pero el comentario literario instaura, en este caso, correspondencias entre el orden de la realidad política y la literatura: Sancho es un metro, una medida de cada político o de cada discurso de la nación.  La metáfora confiere un sentido paródico al razonamiento, teniendo en cuenta que, en general, se suele hablar de la literatura como representación mimética de la realidad. El recurso retórico presentado por el enunciador invierte esta situación: es la figura de Sancho la que sirve de parámetro para medir la realidad.

            Ahora bien, el giro caricaturesco del razonamiento presenta también un aspecto de autocrítica: el enunciador se coloca él mismo en posición de calco de las bribonadas de Sancho. La argumentación se resuelve en una conclusión: todos somos Sancho, todos somos de una misma raza, es la raza hispánica la que nos conduce a ser bribones. ¿Es este razonamiento un anticipo de lo que luego desarrollará en su obra Conflicto y armonías de las razas en América?

            Si bien no es posible responder a esta pregunta, podemos imaginar que  toda obra ensayística nace  luego de una larga incubación de las ideas en la mente de su autor, quien va puliendo los razonamientos  hasta convertirlos en texto. En el caso de un autor prolífico como Sarmiento, hemos encontrado ya en cartas tempranas una referencia al  tema de la raza como determinante del comportamiento humano, por lo que  las observaciones surgidas de este texto no pueden causarnos extrañeza; por otra parte, el tema no es exclusivo  del enunciador sino que pertenece al discurso científico y ensayístico de la época.

            Sí queremos hacer notar que la construcción metafórica no constituye en esta carta un adorno retórico de la frase, sino que expresa un concepto sobre la realidad política de los dos países vecinos que podría fundar una perspectiva literaria.[260]

            Por otra parte, las metáforas hiladas o los tropos de los enunciados estudiados no pueden sino considerarse en su doble función retórica de semantismo y persuasión, en tanto que sostienen su cercanía con el discurso político, del que se diferencian por su circulación  discusiva dentro de la esfera privada. Las figuras retóricas se convierten en estrategias que apuntan a la convalidación ideológica de determinadas formaciones discursivas, propias del pensamiento nacional liberal del siglo pasado.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La palabra es el puente construido

entre yo y el otro.

 Si un extremo del puente

está apoyado en mí,

el otro se apoya en mi interlocutor.

La palabra es el territorio común

 compartido por el hablante y su interlocutor.

 

 

Voloshinov

 

Capítulo 4:  Epistolario Sarmiento-Posse: la interacción epistolar (las cartas como objetos y las cartas como discursos)[261]

1. Presentación del epistolario

 

 

            El epistolario entre Sarmiento y Posse 1845-1888  fue publicado por el Museo Histórico Sarmiento en 1946, cuando dicha institución se encontraba bajo la Dirección de Antonio P. Castro.  Es este último director, entonces,  quien escribe los dos textos introductorios que presenta la obra, titulado uno “Biografía de Posse” y “Aclaraciones de la Dirección”, el otro.  En el primer apartado, se enfoca la biografía de Posse desde la perspectiva de la relación fraterna instaurada con Sarmiento, con el objeto de rescatar el carácter íntimo de esta amistad. El signo que indica la cercanía espiritual de estos dos hombres está dado por la marca lingüística que señala el uso del tuteo entre ellos. recordemos que el único hombre ajeno a la familia con el cual Sarmiento se tuteara, además de Posse,  fue su otro amigo, el chileno Victorino Lastarria.[262]

            Las páginas del Director del Museo trazan las huellas tradicionales por las que se construyen las biografías de personas históricas, de tono laudatorio, con la sola particularidad de que retoma la semblanza que de Posse hiciera Augusto Belin Sarmiento para su libro inédito: “Sarmiento y sus Amigos”. El discurso del nieto, remarcado con las comillas propias de la cita, refleja algunas ideas del propio Domingo Faustino Sarmiento respecto de cierto retraimiento personal de Posse, que habría perjudicado el lustre de su vida pública, dado que prefirió pasar sus años vitales en la provincia de Tucumán, antes que emigrar a la capital.

 Estas ideas, discutibles desde que son producto de la focalización de uno solo de los protagonistas, sostienen un único punto de vista argumentativo, que termina predominando en la semblanza que Antonio Castro hace de Posse. El Director del Museo Histórico Sarmiento retoma lo dicho por Belin Sarmiento cuando comenta: “este ilustre ciudadano que pudo haber ocupado las más altas dignidades públicas con sólo alejarse de su provincia natal...”[263] De hecho, si se rastrearan las vicisitudes políticas por las que atravesó la vida de Posse, podría observarse que abandonó en varias ocasiones la vida de su provincia natal y que también  llegó a ejercer cargos públicos de importancia en Buenos Aires, por lo que creemos que Castro, igual que Belin, no han podido sustraerse a la subyugación que sobre ellos ejerciera el punto de vista sostenido por Sarmiento, del cual se apropian como enunciadores.

            Los valores de la publicación, que se realzan en la segunda introducción, pasan por dar a luz la colección de cartas de ambos corresponsales, por el hecho de que se publiquen las cartas en forma íntegra y por la certeza de poder ofrecer la lectura al público de una colección casi completa de ejemplares, que permiten conocer “importantes entretelones” de la política provincial y nacional.   

            Las cartas forman una colección cuantiosa: 120 ejemplares son escritos por Sarmiento a Posse; de Posse, se presentan 128 piezas, de las cuales algunas pocas están dirigidas a otros corresponsales . La publicación se ofrece en dos tomos.

 

3.     La bivalencia constitutiva de la carta

 

            El envío de una carta de un corresponsal a otro puede ser comprendido por lo menos en dos sentidos: por un lado, en tanto textura  hecha de palabras, como discurso epistolar; por el otro, la carta se constituye también como un objeto material que arriba a una dirección dada y que como “cosa física” puede extraviarse, tornarse ilegible o resultar violada en su envoltura. Estos dos aspectos de la carta hacen que el filósofo Jacques Derrida retome determinadas ideas de Freud para referirse a este género discursivo, en las que se relacionan la ida y vuelta epistolar con el juego del yo-yo que Freud observara como actividad propia de su nieto:  la carta aparece y desaparece  ante la vista así como en el juego del niño, éste puede atraer o desenvolver el piolín del carrete para acercarlo/alejarlo de sí. Surge entonces del juego la idea del retorno previsto: “ El juego serio del fort/da empareja la ausencia y la presencia en el re- del retornar”.[264] En el caso de la carta, esta relación entre la ida y la vuelta es lo que hemos denominado, a lo largo de este trabajo, bajo los términos de “contrato epistolar”: el envío de una carta presupone su contestación  y reenvío por  parte del segundo corresponsal.

            La carta es una “presencia”, dice Suzanne Roy,[265] y como tal, suele estar acompañada de otras presencias: desde las más nobles (fotografías, cabello, dibujos, pétalos de flores, etc.) hasta los más insólitos fluidos (lágrimas y otros imaginables) con las que el  primer corresponsal reafirma la corporeidad de la carta, y señala su propia presencia física más allá de la ausencia que presupone la correspondencia epistolar. Según Landowski,[266] las cartas “hacen ser” entre sujetos en tanto que producen que Uno, el referencialmente ausente, deviene semióticamente presente como el Otro . El hecho de que la carta pueda ser considerada como un objeto material  que circula de mano en mano, permite  suponer una interacción o un intercambio entre dos sujetos. Este intercambio a la distancia es, por supuesto, primordialmente verbal, pero no excluyentemente lingüístico puesto que podríamos entenderlo como una interacción semiótica  de objetos entre dos actantes que se encuentran alejados en el tiempo y en el espacio.

            Lo llamativo de lo que en la Introducción hemos denominado como  “duplicidad intrínseca” de lo epistolar es esta ambivalencia que se produce  entre la presencia y la ausencia que la carta establece entre los corresponsales. Así, Vincent Kaufman denuncia este deslizamiento: “La carta parece favorecer la comunicación y la proximidad, de hecho, ella descalifica toda forma de participación y produce una distancia”.[267] Si bien la carta “borra”  la distancia, también la instaura. Piénsese por ejemplo en toda ocasión en que pudiendo uno hablar con otro, sin embargo, le envía una carta o la deja  depositada para su lectura en algún común.

            Según el enfoque semiótico de Greimas y Courtés, “...todo intercambio es un hacer performador que, situado en una estructura binaria de sujetos (en la relación “toma  y daca”), constituye una de las formas de la comunicación o de la transferencia de los objetos de  valor”, [268]  por lo que entienden que todo intercambio se enclava en una relación contractual entre el destinador y el destinatario.

 La restitución del destinatario, luego de haber recibido el envío,  puede ser positiva (recompensa) o negativa (castigo). Desarrollaremos en el próximo apartado cómo las retribuciones positivas entre ambos corresponsales tienen que ver con ofrendas que cada uno hace al otro en función de confirmar el afecto mutuo. La retribución negativa se presenta más cabalmente en esta interacción a partir de la instalación de un pertinaz silencio epistolar que implica la ruptura de la comunicación, o simplemente,  a partir de actos de habla tales como reproches, recriminaciones o reclamos. 

La escritura puede subsanar la ausencia, afirma Landowski, pero solamente si  la separación de hecho puede ser transformada  en una co-presencia virtual de ambos sujetos, sobre la base de una junción previa a la relación de disjunción epistolar.   La carta establece una distancia entre los corresponsales no interlocutores, al mismo tiempo que dialécticamente la niega e instala un diálogo superador del alejamiento físico. Analizaremos entonces la extensa relación epistolar entre Sarmiento y Posse desde estas dos perspectivas complementarias: las cartas como discursos, las cartas como objetos.

                                              

2.1. Las cartas como objetos

2.1.1. La carta como reparadora de la ausencia:

 

 

Hemos afirmado arriba que una de las virtudes de la comunicación epistolar  es la que permite  la metamorfosis virtual de la ausencia del Otro y lo convierte en  presencia. En numerosas ocasiones, la ausencia aparece tematizada en la correspondencia de los dos amigos y también es frecuente encontrar en los textos, reclamos que provienen de los estados pasionales de carencia que sufren los actantes a partir de la ausencia de correspondencia.

En el primer ejemplar del Epistolario entre Sarmiento y Posse, 1845-1888, Sarmiento escribe a José Posse,[269] el 29 de enero de 1845, una carta afectuosa en donde puede percibirse el juego de los amigos entre la presencia en el pensamiento/la ausencia en la realidad:

 

Mi querido Pepe. Debe perseguirte por todas partes i como una Dama del Lago la memoria de tu pobre amigo, puesto qe no dejas de escribirme desde San Juan, Buenos Aires, Tucumán, donde qiera qe te encuentras. De aquellos tres puntos  e recibido otras tantas cartas, aunqe no en el orden qe tu las escribiste qe fue la ultima la qe de Tucuman venía con fecha de Junio.

Eres pues para tus amigos, lo qe más de una qerida a sido para ti; vaya esta espiacion. El Meje me decia. Abeis reemplazado en su corazon a Recuero, qe cuan indigno es, fue el ídolo qe adoró durante dos años: porque Pepe necesita estar qeriendo algo, i como tos los devotos, no razona, no examina; su ídolo puede ser una cebolla, un perro como entre los ejipcios, el sol, como entre los Persas. Ya pues qe soi ahora tu ídolo, qiero qe tu seas un persa, qe eso de las cebollas i los perros los dejo para el ñato Vial, Recuero, etc.[270]

 

El texto citado permite comprender la cercanía de afectos que se había establecido entre los dos jóvenes argentinos desde el inicio de la correspondencia que este epistolario recoge. La enumeración geográfica (San Juan, Buenos Aires, Tucumán), el tiempo presente del verbo en el sintagma “no dejas de escribirme” y su aspecto durativo hablan de la persistencia en el tiempo del acto escriturario de Posse. La comparación con la “querida”, pertinente en lo que la amistad y las relaciones amorosas tienen en común, explica la simetría de la situación creada con un dejo de burla: así como Posse ha sido perseguido por sus queridas, sin que respondiera a ellas, así recibe ahora un maltrato por parte de los amigos que no le escriben, como vía de expiación.

            La alusión al “Meje” hace aparecer un discurso directo no marcado por la enunciación,  que instaura una polifonía enunciativa que sirve para autorizar la voz del enunciador principal. No es sólo el enunciador Sarmiento quien percibe esta capacidad afectiva de Posse de acompañar a sus amigos a través de sus desplazamiento geográficos sino que esta idea es compartida por un Otro, conocido común de los dos corresponsales, quien legitima el decir del enunciador principal del texto.

            Respecto de la expresión “...qe soi ahora tu ídolo” nos parece interesante ampliar la reflexión citada de Parret sobre la diferencia entre los procedimientos de seducción y los de manipulación, para establecer distinciones de estrategias discursivas empleadas en este epistolario y en el de Sarmiento-Frías.

            En el cap. VI ─“Seducir”─ del texto De la semiótica a la estética, Parret afirma que “...la seducción es esencialmente diferente de la manipulación porque no tiene ningún lazo intrínseco con una intencionalidad (no hay querer-intención ni conciencia en la seducción)”.[271] Esta no intención estaría ligada  a la idea de que la seducción se produciría por sí misma y en relación con una ocasión determinada y no formaría parte de una conducta activa del seductor. El concepto de Parret se remonta a la idea de  καιρός  tal como fue pensada por los sofistas griegos.

            Si volvemos al texto epistolar citado, veremos que el enunciador parece acordar con la reflexión de Parret, en el sentido de que, según la voz citada del “Meje”, “...Pepe necesita estar qeriendo algo, i como todos los devotos, no razona, no examina...”, porque ha sido “seducido” por la persona de Sarmiento, quien de alguna manera, desconocía los efectos de su propia “seducción”, entendida ésta en sentido amplio.

            Parret marca sus diferencias teóricas respecto de lo postulado por Greimas, al considerar que la seducción no es un sub-tipo de manipulación, porque el seducido no desarrolla ningún programa del querer-hacer. Mientras que la manipulación ocultaría bajo secreto su finalidad última, la seducción podría proponer un lenguaje directo en sus manifestaciones discursivas, puesto que no habría intención oculta alguna en el establecimiento de la interacción. Creemos que este es precisamente el caso que ocurre en la interacción entre los sujetos discursivos de Posse y Sarmiento, tal como aparece inscripto el texto en el cuerpo de la carta, cuando el enunciador Sarmiento afirma: “En medio de este culto qe reconozco con mucha gratitud como ijo de la efusion i la sinceridad misma, no dejas de...”.[272]

            El sintagma “que soy ahora tu ídolo” está constituido por una definición esencialista en la que el enunciador se ve a sí mismo a través de la mirada cordial del otro y que refuerza el propio narcisismo.

            El discurso admirativo de Posse vuelve a darse en varias ocasiones a través del epistolario, aunque ─como veremos─ las pasiones se van metamorfoseando a través del tiempo y pasan por diferentes crisoles.

            Para volver al tema de la carta como reparadora de la ausencia, diremos que en algunas cartas, el reclamo perentorio del envío pronto de misivas puede ser leído como síntoma de que la ausencia de correspondencia era sentida por ambos corresponsales como una carencia afectiva que llevaba consigo el riesgo del quiebre del contrato epistolar.      

            Al respecto, la carta enviada por Posse el 1° de agosto de 1861 dice: “Mi querido Sarmiento. Me futro [sic] en el misterio de tu silencio: Que Dios te conserve en el propósito de guardar dieta de tu lengua./ Te escribo para avisarte q.e todavía estoy vivo... ”.[273]          Aquí aparece la tematización  de la ausencia espiritual del Otro, en tanto que no hay presencia corporal de cartas. El procedimiento de la  conversión de la escritura en oralidad, ahora silente, es un  aspecto que ya hemos desarrollado en un capítulo anterior. En este caso, la ruptura de la máxima conversacional de Grice que indica que no se debe dar más información que la necesaria establece la presencia de un acto indirecto de habla, en el que hay un reclamo de  correspondencia, oculto bajo la función informativa del lenguaje (“Te escribo para decirte que todavía estoy vivo”).

            En la misiva siguiente, del 20 de diciembre del mismo año, persiste el llamado de atención de Posse a su corresponsal: “Mi querido pelao: ¿Qué te has propuesto con tu silencio?”.[274] La no escritura de una carta es un indicio de otra cosa, un signo de interrogación al que no es sencillo responder,  para quien se encuentra lejos en tiempo y espacio.

En algunas oportunidades, la falta de cartas representa el disgusto de uno de los corresponsales, como en la carta del 3 de julio de 1862, en la que Sarmiento escribe a Posse desde San Juan: “Mi querido Pepe. Estas enojado conmigo, a juzgar por tu obstinado silencio. Ya otra vez te he explicado las causas del mío durante el año pasado, causas que nacían de la reconcentración, nacida de disgustos personales...” [275]

            Los silencios interrumpen la correspondencia, a veces durante meses. Pero no son pocas las cartas que se extravían por las malas condiciones del correo, circunstancia que mantiene a los amigos sobre ascuas al desconocer si la carta escrita ha llegado a destino o no. Por este motivo es necesario preguntarlo en cada carta para confirmar o desechar la sospecha de la pérdida. Por ejemplo, en la carta de enero de 1865, Posse escribe: “Te largo esta carta a la buena de Dios sin saber por dónde ni a donde vaya porque nunca me has dado la dirección de tu correspondencia”.[276] Y para 1886, sigue afirmando: “...ahora que el vapor suprime tiempo y distancia no por eso anda mas lijera la comunicación epistolar. Por alla se han de quedar barajando las cartas en las oficinas para mandarlas fiambres y oliscadas en los subsiguientes trenes”.[277] Recordemos que en la comunicación epistolar  establecida entre Sarmiento y Posse el factor tiempo era el responsable de distorsionar las noticias o los comentarios que uno y otro corresponsal se enviaban entre sí. Sobre todo, el Sarmiento de los últimos años solía calificar a ciertos artículos periodísticos enviados por Posse por correo como “fiambres” inservibles, porque ya la ocasión de su publicación había pasado varias semanas antes, por haber quedado fuera del foco de la prensa el tema tratado.

 También los silencios se prolongan por distintos acaeceres: porque las cartas se cruzan, por los frecuentes viajes de Sarmiento al exterior, porque determinadas circunstancias llevan al ostracismo al uno o al otro en momentos difíciles de la vida. Dice Sarmiento en mayo de 1869: “Ya esperaba tu carta, en que acosado por alguna necesidad pública, te verías arrastrado a salir de la abstención en que te habías encerrado. Lo propio me sucedió a mí después de Caseros”.[278]

Si bien el número total de ejemplares escritos a lo largo del epistolario es equivalente entre ambos corresponsales, la asimetría de las jerarquías socio-políticas entre uno y otro enunciador, en la etapa de la presidencia de Sarmiento, se convierte en un factor que altera el equilibrio de la interacción en cuanto al número de ejemplares,  porque son muchas más las cartas que aparecen escritas por Posse que las que Sarmiento envía. Ya lo hemos dicho, el temor de la violación de las cartas por parte de los enemigos políticos hace que el Presidente restrinja mucha de la comunicación íntima que antes había sostenido en forma escrita con su amigo Posse. Así lo indica Sarmiento cuando en la carta del 5 de setiembre de 1872 afirma:

 

                        Mi estimado Pepe:

            Con mucho placer y no poco remordimiento recibí tu carta en que con razón te quejas por mi largo silencio. Cometí al principiar mi desagradable tarea de gobernar perversos y mal criados, de interrumpir mi correspondencia íntima con mis amigos.

            No queriendo hacerla diplomática, prefería no dejar rastros de mis desencantos,  y aun de mis opiniones.

            Contigo debió ser otra cosa pero estaba Santiago de por medio...[279]

 

La referencia exofórica a Santiago de Chile se relaciona con las dificultades sufridas por Sarmiento durante su presidencia respecto de la cuestión limítrofe, al mismo tiempo que el enunciador reconoce su malestar respecto de la escasa correspondencia girada a sus amigos. La presidencia actúa en el mandatario como una mordaza que pone coto a sus habituales expansiones escriturarias, que tanto disgustos le habían acarreado en sus años mozos.

           

2.1.2.- La tematización de los objetos

 

            La notable proliferación de objetos enviados por correo entre Sarmiento y Posse durante las cuatro décadas en que fueron amigos da la pauta de un tipo de intercambio material, que asociado con la interacción  lingüística instauraba entre los corresponsales fuerte lazos de comunicación. Estos vínculos se veían reforzados tanto por la trama discursiva que los objetos generaban en tanto tema de “conversación”, en sus momentos de envío y recepción, como por la presencia misma de la pieza enviada, que podríamos suponer, cargada semióticamente desde el texto de la amistad recibida/otorgada/practicada/ofrendada. Los objetos materiales del intercambio están siempre enunciados en el cuerpo de la carta y son, generalmente, ofrecidos por uno u otro corresponsal en calidad de obsequio para el otro. En algunos casos, los objetos son enviados  a partir del pedido expreso de una de las partes; en otros casos, son girados porque se sabe grato para el otro determinada ofrenda. En unos pocos casos, funcionan como encargo a cambio de dinero de uno de los corresponsales, generalmente Sarmiento. En todos los casos, los objetos duplicarían la materialidad de la carta, en tanto cuerpos que se  dirigen a un remitente y van precedidos o acompañados por cartas. Veamos algunas  situaciones:

 

 

2.1.2.1. El caso de las semillas:

 

En numerosas oportunidades el enunciador Sarmiento solicita a Posse una remesa de semillas de árboles o de plantas de adorno o de aquellas que puedan servir para cercos. Por ejemplo, en la carta del 29 de mayo de 1853, Sarmiento requiere semillas de “sevil, pacará, cedro, nogal i demas plantas de maderas...”,[280] por las que promete abonar los gastos. Es el período durante el cual  Sarmiento,  desde Yungai, Chile, se aficiona a la ebanistería y ve en ella una posibilidad de instalar un negocio productivo en Tucumán, inversión que recomienda fuertemente a Posse para ser realizada en su provincia. Este pedido es reiterado en otra carta posterior.

En la carta del 18 de julio de 1864, en cambio, es José Posse el que solicita la compra de semillas de añil por parte de Sarmiento, en Guatemala. Recordemos que durante ese año, Sarmiento iniciaría un viaje por el continente que lo llevaría hasta Estados Unidos. Posse le pide, en consecuencia, que se ponga en contacto con gente de ese país para conseguir las semillas, que servirían para producir tinturas para el teñido de tejidos . Le promete como recompensa: “...te ruego que me procures una porción de semillas y me las remitas por la via mas segura. En cambio te levantaré una estátua pintada de azul”.[281]

Las cartas de uno y otro corresponsal retoman el tema de las semillas de añil una y otra vez puesto que Sarmiento realiza muchas tratativas para conseguirlas en varias oportunidades. Estos esfuerzos  son descriptos con minuciosidad aunque los resultados son aciagos: cuando las consigue, el bulto se pierde en el camino.

Otra ocasión de intercambio de plantas y semillas se produce a partir del proyecto de creación el 27 de junio de 1874 del Parque “3 de Febrero” en Palermo, ciudad de Buenos Aires. Sarmiento enunciador le solicita a Posse el envío de la flora tucumana, en su multiplicidad de árboles y flores. Este le remite doce carros cargados con toda las especies de plantas imaginables con los nombres rotulados por agrónomos. El relato del proceso de acomodamiento de  las plantas  en doce carros, así como la descripción de los pasos que concluyen con el arribo, merecerían un estudio en sí mismo, dada la narración de valor literario de Posse, más próxima al realismo mágico de García Márquez que a la crónica histórica.  

En  1876, Sarmiento le obsequia una carga de semillas a Posse; entre ellas, semillas de pensamiento, de las variedades brasileras.

 

 

2.1.2.2. Sobre quesos de Tafí y aceitunas:

 

La carta escrita por Sarmiento el 14 de julio de 1855 al Sr. Ministro General de Gobierno,  Sr. José Posse,  exige humorísticamente a éste la entrega de quesos de Tafí a cambio de la cooperación en materia educativa, para su provincia.

En la carta de Posse de agosto de 1861, el enunciador le comunica al destinatario que ha remitido “dos quesos de Tafí forrados en lata”...con la esperanza de “Que salgan buenos los quesos, que no se indijesten en la retorta química que tu estómago...”[282] El agradecimiento del receptor y la devolución de obsequios se realiza a través de  un saco de aceitunas prensadas, remitidas por Sarmiento desde la provincia de San Juan, en noviembre de 1862. Los envíos de quesos son frecuentes  y están indicados en la correspondencia a lo largo de los años; en julio de 1876 encontramos uno de los agradecimientos más explícitos por parte del enunciador Sarmiento:

 

Pero no te contaré esto antes de darte las más rendidas gracias por el queso con aji. Son admirables los dichos quesos con aji o sin él, con requisicion o sin ella, de la Constª. Alberdi.

Cuando recibo uno de estos emisarios de Tucuman, y espresion jenuina de tu cariño, me abstengo de darte las gracias con encarecimiento, por miedo de que la oposicion me atribuya el torcido propósito de inducirte a mandarme otro. Pero como me anuncias uno en camino, sin esperar a que el ferro-carril llegue a tus puertas, no puedo contener por mas tiempo los impulsos entusiastas de la gratitud de mi estomago, que aplaude, haciendose (como tu lo experimentabas con las empanadas de San Juan) haciendose agua la boca! [283]

 

El párrafo citado se refiere explícitamente al tipo de intercambio establecido entre los dos corresponsales: los objetos, comestibles en este caso, u otros, son el signo indicial del cariño del otro, puesto que basta con su presencia para convocar la presencia afectiva del ausente; por esta razón los hemos considerados “textos que dicen” del afecto del otro. A continuación, la referencia  a las “ empanadas de San Juan” reenvían a un universo simbólico de vivencias compartidas, sobreentendidas por los interlocutores y que escapan a nuestra comprensión, por la falta de explicitamiento del tiempo y espacio exactos en donde compartían las menudencias.

Finalmente, no puede dejar de sorprendernos que, incluso en la formulación de un enunciado de tono intimista y afectivo, se presente la idea de convocar a los fantasmas de los enemigos políticos, para disculparse por la falta de agradecimiento recurrente frente al envío de quesos. Los corresponsales, hombres esencialmente políticos, tiñen todo intercambio epistolar, aun el privado,  de colores públicos.


 

2.1.3. El intercambio de objetos:

 

Múltiples objetos viajan en uno u otro sentido, de norte a sur y viceversa, a  lo largo del territorio argentino, anticipando o acompañando las cartas de los dos amigos. En julio de 1855,  Sarmiento pregunta qué libros suyos desea Posse tener consigo para enviárselos, en la carta siguiente de agosto del mismo año Posse le manda el diario el Nacional de la Semana para hacerlo conocido y propiciar la comunicación entre los pueblos. Posse dispone encomiendas con café de Yungas, porque conoce el gusto del sanjuanino; Sarmiento le ofrece en retribución en otra carta: “No necesitan de U. de cebollas, rabanos, vetarrugas lechugas que tengo magníficas de Francia?”. [284] En marzo de 1862, Sarmiento remite a Posse un retrato de su hijo adoptivo, a quien nombran con el apodo de “ el pequeño Garibaldi”. Durante el mismo año, Posse le devuelve el envío con una fotografía de sí mismo, “...sacada espresamente para tí en uno de esos días de fiesta, mui raros de mi corazón”.[285] En diciembre de 1864, Sarmiento le proporciona a su corresponsal unas fotografías suyas y del Congreso Americano, además de tres medallitas conmemorativas. En febrero de 1874 Posse le envía unas muestras de madera, en un cajoncito con el nombre del receptor. En septiembre de 1874 Posse le dirige fotografías pedidas por Sarmiento sobre Tucumán; en febrero de 1875 le solicita que le mande estacas de mimbre para producir plantas de ese tipo. Sarmiento le regala  en noviembre dos tipos de mimbres: uno amarillo para “canastar” y el otro para ligaduras. Ambos son  brotes para cultivar, además de dos cajas de insectos, un libro y semillas. En septiembre de 1879, Posse le obsequia a Sarmiento tres bastones de su fábrica, confeccionados con tres maderas diferentes y sin cortar, para que los adapte a la altura deseada.

 

 2.1.4. El intercambio de textos:

 

 

 Haremos una rápida mención de los documentos escritos con que ambos corresponsales acompañan las cartas porque su enumeración detallada sería tediosa, aunque sí nos interesa mencionar que los intercambios de diarios, panfletos, libros, artículos propios y ajenos,  discursos y todo tipo de documentos eran tan frecuentes que muchas de las cartas podrían ser consideradas como intertextos de aquellos.[286] Por ejemplo, el enunciador Sarmiento le suele hacer llegar a Posse cada una de sus producciones literarias o periodísticas. Pero no puede realizarlo sin efectuar determinadas paráfrasis explicativas respecto  de sus propios textos. Así, en la carta del  22 de agosto de 1882 lleva a cabo una exégesis de su obra Conflictos y Armonías de las razas en América, que citamos por extenso por lo interesante del comentario:

 

...he querido averiguar  de donde proviene la diferencia y encontrado que el votante pertenece a una rasa indigena cuyos antecedentes eran serviles hace cuarenta años, y que es inepta para el gobierno representativo.

Esta rasa esplotada como se la ve en toda America por transfugar de la rasa blanca Artigas, Guemes, Rosas o por desertores Bustos etc. o por indios y mulatos alzados...

El mal es sin remedio? No. En la ciudad de Buenos Aires los blancos somos mas que los rojos; pero los estrangeros la emigracion provocada para aumentar nuestras filas es estraviada por nuestra falta de plan, y por la política italiana...

Armonías de las rasas, la española americana, con los emigrantes hoy de Europa en el numero: en principios de gobierno con los Estados Unidos, unico poder moral, material y americano que pueda con un principio “la America para los Americanos” salvarnos de reconquistar de afuera de la barbarie que domina ya [ya] en toda la America.[287]

 

Aparecen enunciadas aquí las ideas fundamentales que guiaron a Sarmiento en la escritura del texto: el ideal del logro de una armonía de las razas, que creía determinantes en la historia de los pueblos. Leemos también su desilusión respecto de la política migratoria llevada por los gobiernos argentinos y su admiración  por los Estados Unidos. El slogan “América para los americanos” mencionado parece una anticipación profética de la política exterior norteamericana llevada a cabo durante el siglo XX.

 

 

 2.1.5.-Tematización sobre un animal

 

            En una carta sin fecha, enviada desde Tucumán, pero que debe ser del año 1874, el enunciador Posse le comunica  a su enunciatario que en poco tiempo recibirá como regalo un loro parlanchín:

 

A fines del mes se pondrá en viaje tu loro. Vas a recibir un animal mas racional que los racionales: puedes conversar con él: no te rías. Habla, canta, pide lo que desea. Recién creo  lo qe dice Darwin y Clemencio Roger de esa especie. Destápate los oídos, para sorprenderte de lo qe diga de mi parte tu loro - loro.[288]

 

La presencia del loro se comenta en el transcurso de varias cartas: permite  comprender hasta qué punto el afecto  de Posse buscó complacer y acompañar a su amigo cuando ya era un sordo declarado y vivía aislado  en su casa del Tigre. La respuesta de su corresponsal no es menos interesante:  Sarmiento afirma que “El Loro será recibido con la distinción que sus anunciados talentos merezcan”.[289]

 Aproximadamente dos meses más tarde, hacia fines de agosto, vuelve a escribir Posse  para ejercer la defensa de su protegido animal, tanto de las quejas del sanjuanino, quien protesta porque no logra hacer hablar al loro, como para explicar que el cuidado inapropiado de la mascota pudiera ser la causa de la pérdida de su voz. La información brindada por el enunciador, respecto de los loros parlanchines, revela la fina sensibilidad del tucumano y su amor a la naturaleza, cualidad que compartía con su corresponsal:

 

Te he mandado una maravilla con el loro que tratas tan injuriosamente de animal. Aquí los loros habladores  valen dos y tres pesos, y debía ser un portento ese que tienes cuando he pagado  25 $ por él.

Sucede siempre que al cambiar de clima, de naturaleza y de objetos y de personas desconocidas les viene el mutismo. Mi hija Manuela llevó dos loros mui habladores que cayeron en una profunda pena. El uno murió de melancolía,  y el otro al año recien recobró el habla.

Si has conservado enjaulado al loro has hecho una barbaridad.  La prision es la mitad de su silencio. La jaula no fue sino un accidente de transporte.  Para que esté libre y contento hazlo colocar en una estaca clavada en la pared. Es necesario que lo hagas dormir adentro mientras haga frío: así se ha criado. No le des cosas grasosas a comer. Pan mojado en agua, papas hervidas, pero frias, naranjas ...Cuando recobre su alegria y su lengua le pediras perdon de rodillas por haberlo tratado de animal.[290]

 

El tono de la carta, íntimo y lindante con la chanza, da cuenta de la confianza establecida entre los dos corresponsales, como así también del juego de palabras que se logra con los términos animal/humano. Ya Posse, en una carta anterior, había mencionado  al ave como un ser racional más inteligente que los hombres. 

 

 

 2.1.6.- Las cartas de presentación

 

Con frecuencia se ven uno y otro corresponsal impelidos a presentar personas de su conocimiento al otro, tanto porque se les ha pedido como favor personal o porque necesitan ellos mismos que el otro disponga de la persona encomendada en función de un objetivo preciso. Estas presentaciones son siempre de hombres de cierto prestigio, militares o familiares, que acudían a la casa de una de las partes,  munidos de la carta de aval escrita por la otra parte. Por ejemplo, Posse le escribe a Sarmiento siendo este presidente, para presentarle a Monsieur Bruland, médico francés que busca instalarse en alguna ciudad del Litoral;[291] al Dr. Tiburcio Padilla, que ha regresado del destierro, para que  informe al sanjuanino sobre la situación de las provincias del norte,[292]etc. Sarmiento, en cambio,  recomienda al General Rivas dirigirse ante la presencia de Posse, enviado como General de Ejército con la función de pacificar el clima político de las provincias, puesto en jaque por los Montoneros. Sarmiento enunciador le  solicita a  Posse que colabore con su gobierno como amigo personal, para indicarle los nombres de los amigos del Presidente, para casos necesarios.[293]

            Otros recomendados de Posse son el Itmo. Obispo Diocesano de Salta D. Fray Buena-Ventura Riso Patrón que viaja a Roma para asistir a un Concilio, para el cual solicita ayuda económica; el estudiante de Letras D. Baltazar Iramain; Dn. Salvador Alfonso, Director del diario La Razón de Tucumán;  Dn. Emilio Carmona, miembro de la tucumana Sociedad Sarmiento.

            Sarmiento envía, por su parte, una carta a Posse para encomendarle a su nieto Julio Belin: “...que va en busca de trabajo para establecerse, si encuentra que las proposiciones que le han hecho son aceptables...”, para lo cual le ruega a su corresponsal. “...le subministres los datos que esten a tu alcance, y lo pongas en contacto con quienes puedan subministrarlos, con todo aquello que la buena voluntad puede sin sacrificio”.[294] La amistad del tucumano resulta ser un reaseguro respecto del cuidado de la familia más próxima y querida.

 

 

2.2. Las cartas: discursos que realizan actos

           

Cuando el Diccionario razonado de la teoría del lenguaje de Greimas y Courtés define la expresión “acto de lenguaje” lo designa como :

-          “un hacer ser” (aceptando la tradición filosófica de la escolástica), que en tanto su dimensión pragmática puede escribirse paradigmáticamente como “hablar” frente a “callarse”; o sintagmáticamente, como “tomar la palabra” frente a “quitar la palabra”, “otorgar la palabra”, etc.  El Diccionario  se ubicaría aquí en la continuación de la concepción  saussureana  que distingue los conceptos de habla/lengua/lenguaje.

-          desde otra perspectiva,  el acto del lenguaje se constituye también como “’un hacer-saber’, es decir, como un hacer que produce la conjunción del sujeto-enunciatario con un objeto del saber”.[295] Aquí se parte del concepto de performance en tanto hacer de enunciados. A su vez, este término ha sido tomado de la teoría chomskyana, y de alguna manera, ha sido redefinido desde una perspectiva más semiótica, que se relaciona con el de competencia  en su doble función de producción e interpretación de enunciados.

-         finalmente, el acto de lenguaje puede ser entendido como un “hacer-hacer” manipulativo de un sujeto sobre otro.       

 

            El Diccionario se refiere a la categorización de Austin sobre los verbos performativos (opuestos a los “constatativos”), en otra entrada, afirmando que:

 

Se observa, sin embargo, que el aspecto performativo... no está ligado, en efecto,  a una forma lingüística particular : depende esencialmente de ciertas condiciones relativas a la naturaleza del contrato enunciativo y a la competencia modal de los sujetos implicados en la comunicación.[296]

 

Los estructuralistas franceses se distancian, en cierta manera, de la concepción de los “filósofos del lenguaje” porque  sostienen que los análisis de la teoría  son aun  parciales y porque consideran que no puede ligarse la noción del performativo a una “forma lingüística particular”, reflexión que fue aportada por Austin mismo en sus últimas  Conferencias.

Sin entrar en mayores disquisiciones teóricas que nos apartarían del análisis de las cartas  escritas y recibidas por los sujetos Sarmiento y Posse, tomaremos prestadas las ideas de Searle, como continuador de Austin,  en cuanto a que “...puede aparecer la misma referencia y predicación al realizar diferentes actos de habla completos”,[297] y que todo acto realizado por el hablante está compuesto de un acto de emisión (emitir palabras), de un acto proposicional (referir y predicar) y un acto ilocucionario (enunciar, mandar, preguntar, etc).

            Searle establece diferencias entre los actos ilocucionarios de pedido, aseveración, interrogación, agradecimiento, consejo, aviso, saludo y felicitación, aun cuando con frecuencia se le ha reprochado que toda su teoría se reduce al análisis del acto promisorio, al que dedica la mayor parte del capítulo III,  “La estructura de los actos ilocucionarios”.[298]

De todos modos, nos serviremos de los lineamientos presentados por Searle respecto de la clasificación de los actos de habla, teniendo en cuenta que:

 

1. Siempre que se especifica algún estado psicológico en la condición de sinceridad, la realización del acto cuenta siempre como una expresión de ese estado psicológico.[...] Así, aseverar, afirmar, enunciar (que p) cuenta como una expresión de creencia (de que p) . Pedir , rogar, ordenar, exigir, prohibir, suplicar o  mandar (que se haga p). Prometer, hacer votos, amenazar, dar palabra de honor  (de que A) cuenta con una expresión de intención (de hacer  A). Dar las gracias, dar la bienvenida o felicitar cuenta como una expresión de gratitud, de placer (por la llegada de O), o de placer (por la buena suerte de O).[299]

 

Searle coincide con el enfoque de Greimas-Courtés en que es el contexto discursivo el que señalará el carácter de una emisión cuando no haya un indicador explícito de la fuerza ilocucionaria, hecho habitual en los tratamientos de cortesía. Es lo que generalmente se conoce bajo el nombre de “teoría de los actos indirectos de habla”. Nos dedicaremos entonces a identificar los actos de habla de nuestros corresponsales, tomando como aporte los distintos matices teóricos que hemos venido citando.


2.2.1. El sujeto cognitivo como informador o el acto de habla de la aseveración.

 

El informador o “sujeto cognoscitivo dotado de un saber (parcial o total) por el enunciador  e instalado por él en el discurso, en posición de mediación respecto al enunciatario",[300] es un concepto sostenido por la dupla Greimas-Courtés en su Diccionario razonado de la teoría del lenguaje, en el que se privilegia  la función del actante por sobre el acto mismo del lenguaje. Desde otra perspectiva, John Searle define el acto de Aseverar, enunciar (que), afirmar , introduciendo también un sujeto que realiza la acción, pero poniendo énfasis en el acto y no en el sujeto mismo :

                 

            1. H tiene evidencia (razones, etc) para la verdad de p.

2. No es obvio ni para H ni para O que O sabe (no necesita que se le          recuerde , etc) que p.

H cree que p. [301]

 

Searle diferencia el acto de enunciar simplemente como representación de un estado de cosas efectivo, del acto de argumentar, por el que se intenta convencer al otro. Su posición pues, distaría de lo que se ha dado en llamar  “La teoría de argumentación en la lengua”, teoría sostenida desde mediados de los años  setenta  por J. C. Anscombre y O. Ducrot, que asevera que no puede existir ningún discurso que no sea argumentativo porque todo enunciado “...en tanto destinado a otro y en tanto realización de una acción, funciona de hecho como  un  movimiento discursivo orientado en una cierta dirección”.[302]

Como veremos al revisar algunos ejemplares de esta colección de cartas, mientras que algunas veces se tiene la impresión, desde el punto de vista del lector, de que los enunciados no sostienen la sola intención de comunicar, de transmitir informaciones del acaecer de ciertos hechos históricos relevantes a un otro alejado en tiempo y espacio, de que los enunciadores buscan constituirse en “informadores” que intentar influir en el enunciatario, en otras cartas puede percibirse lo contrario. Visto que el acto de habla de informar o aseverar podría considerarse como particularmente relevante en la correspondencia establecida entre Sarmiento y Posse, por su contexto epocal y biográfico, decidimos no tomar partido por una u otra teoría y, desde el texto mismo, identificar aquellas informaciones que, evidentemente, conducen a  sostener un razonamiento argumentativo, de las que no lo hacen, por lo menos, claramente.

 Si pensamos que como hombres de actuación política tanto Sarmiento como Posse debían estar necesariamente bien informados acerca de lo que acontecía en el país, podremos comprender fácilmente que, a mediados del siglo XIX, la falta de noticias y de testimonios fidedignos sobre determinados sucesos políticos hacían peligrosa toda toma de decisiones que afectara a los intereses  públicos. Por otro lado, tanto Sarmiento como Posse estuvieron durante todas sus vidas muy ligados a la actividad periodística, por lo que les era vital  comunicarse fehacientemente entre ellos para dar cuenta al otro de las novedades, para que cada uno pudiera escribir/actuar en consecuencia.

            Las nuevas comentadas pueden clasificarse por lo menos en dos tipos: aquellas que se referían a cuestiones del orden privado, las que se referían a asuntos del orden público. Analizaremos, en primer lugar,  las noticias brindadas por los corresponsales sobre su propia intimidad o sus afectos directos.

 

2.2.1.1. Las noticias acerca de los asuntos privados

 

            Tanto Sarmiento como Posse son enunciadores que hacen frecuente mención de sus situaciones personales, precisamente porque las cartas privadas enviadas entre amigos permiten este grado de explicitamiento. En la primera carta del epistolario, que ya hemos citado, Sarmiento enunciador afirma: “Mi familia se va el venidero para San Juan, i yo me quedaré solo por estos mundos, con el corazón cerrado a todas las afecciones, asta las de la amistad que son tan caras: ¿puede darse una vida mas congonjosa?”.[303] Sarmiento remite la carta desde San Felipe, Chile, y puede entenderse que la información se reduce al primer período de la oración, el que le permite expresar su queja, que también tiene que ver con la  partida de Posse. Éste ya ha abandonado Chile y se encuentra en Tucumán. El sentimiento de soledad inscribe en el texto al sujeto, en su aspecto pasional.

            En esta misma carta, el enunciador comunica a su corresponsal el embarazo de la señora Martínez (Benita, su futura esposa) en los términos de un feliz acontecimiento del matrimonio “qe tan pocas esperanzas daba de sucesión”. El enunciador no es más explícito y no podemos saber a ciencia cierta qué pudo entender Posse a partir de tan oscura afirmación, aunque es probable que estuviera al tanto de los amores clandestinos de Sarmiento, por haber compartido la amistad con él en Chile.[304]  

            Los enunciados sobre noticias personales incluyen también la descripción de  las vacilaciones y los desconciertos personales. Por ejemplo, el enunciador Sarmiento escribe a Posse y reflexiona sobre su suerte al mismo tiempo: “Para mí este suceso desquicia completamente mis planes y sistema. ¿Qué hago aquí? Estoy rumiando la idea de irme a San Juan, a vivir a lo sanjuanino, entrar en minas y establecer allá mis reales. Aquí queda poco digno de hacer” afirma en  Buenos Aires, diciembre de 1860, luego del asesinato de José Antonio Virasoro, gobernador de San Juan, mientras se espera en el orden nacional el informe oficial de Aberastain.[305] Los violentos sucesos políticos del país signan las vidas privadas e influyen en su suerte. Así lo confirma Sarmiento en su carta del enero de 1862 cuando sostiene respecto de sí mismo: “Después de la muerte de Aberastain quedé anonadado con la inmensidad de la catástrofe, y la desesperanza de todo remedio.[...] Encerréme pues en un sistema de mutismo, que me libraba de todo esfuerzo de espíritu”.[306] La aseveración del enunciador realiza un acto indirecto de habla que se constituye como un pedido de disculpas implícito, por la interrupción de la correspondencia durante todo el año 1861.

            Otras informaciones que aparecen a menudo en los textos epistolares son respecto de la salud física de los corresponsales: tanto Sarmiento como Posse son enunciadores detallistas de sus males físicos, a los que presentan siempre relacionados con las penurias morales. Si bien este tipo de temática se va acentuando con el correr de los años, no dejan de aparecer aun en cartas tempranas respecto de la vejez. Así, Sarmiento le comunica a Posse el 5 de diciembre de 1862 , desde San Juan, mientras ocupa el cargo de Gobernador:

 

Mi salud sigue quebrantada, habiendo estos días aumentado a una dolencia cronica otras que es accidental y de la estación. Mi espíritu se mantiene apuntalandose con ideas y proyectos de mejora. Necesito achicar la bomba todo el día, por temor de que suban y me ahoguen mis propios recuerdos. Creo que aciertas  en las indicaciones que me haces, y te agradezco los consuelos.[307]

  

Las dificultades del cargo abruman al enunciador y los temores de que nuevos asaltos  violentos jaqueasen su poder convirtieron en un “atolladero” su paso por el gobierno sanjuanino, según lo afirma en su carta de mayo de 1864. El texto presentado retoma de alguna manera un lugar común de la retórica medieval, puesto que el enunciador plantea implícitamente la lucha del espíritu contra el cuerpo enfermo y el triunfo del primero,  que se sostiene por los ideales a realizar. La metáfora naútica revela, por el contrario,  que el espíritu no está en paz, puesto que la nave podría irse a pique.

            Posse tampoco se ahorra expresiones que revelen su  subjetividad. En la misiva del 7 de diciembre de 1865 , escribe:

Yo no he andado bien; aparte de las ajitaciones de la política, he sufrido un contraste que me ha afectado profundamente y cuya triste impresión aun conservo. El joven é intelijente Brusa, mi compañero y director en la empresa del añil, se suicidó el 27 de Stre, de la manera mas inesperada del mundo, a los 24 años de edad, lleno de ciencia y con una intelijencia superior. [...] Se había equivocado en  los cálculos de la nivelación de una acequia y al reconocer el error resolvió matarse por no sufrir la crítica de sus émulos.[308]           

 

Las penurias morales de la vida privada se narran al otro corresponsal porque las cartas  son “conversaciones a distancia” entre amigos: dar cuenta de sí mismo y de las situaciones que se están atravesando, permiten sostener la continuidad de la amistad aun cuando el encuentro cara a cara se haga difícil y escasee.

            Las cartas de los últimos años quince años de correspondencia revelan  más enfermedades y penurias: en el caso de Sarmiento, su sordera;  en el caso de Posse, los problemas familiares y los disgustos económicos.

            El enunciador Sarmiento se refiere a su dolencia en los siguientes términos: “He quedado sordo rematado, con ocho meses de tensión cerebral... No podré servir de plenipº. de ministro ni de Diputado, no teniendo oidos para oir disparates y aun cosas serias”.[309]  La frase responde a la toma de conciencia del enunciador hacia 1877, en el sentido  de que la enfermedad, de estricto orden de lo privado, le impedirá asumir  funciones públicas de importancia. Este tópico va a estar presente en varias de las cartas de Sarmiento y muestra tanto las alternativas de la salud (mejoramiento de la audición/empeoramiento) como de las ilusiones y desilusiones de quien ansía permanecer  dentro de las esferas ejecutivas del gobierno, pero se ve impedido por su propia salud.

            Las noticias  positivas se describen con minuciosidad:

Para darte un buen rato te diré que estoy amenazado de recuperar el oido!, gracias a los desvelos de un joven medido sanjuanino, Dr. Doncel, que ha tomado pechos curarme. Ensaya nuevos métodos en el hospital en sordos, si encuentra a mano, o en sanos, y me los aplica enseguida. Esta vez con acierto, pues oigo mucho, y si dura puedo decir que oigo lo bastante para vivir decentemente. [310]

 

Cuando la sordera evoluciona favorablemente, como lo explica el enunciador dos meses después de la carta anterior, el humor aparece:

Al medico le ha valido mucha notoriedad, y salen de debajo de tierra sordos que se ignoraban a si mismos, o sujetos de ochenta y dos años, empedernidos e incorrejibles por osificación o cornificación que es la ultima forma de los viejos, sobre todo si han tenido mujeres.[311]

 

Pero el humor  se vuelve sombrío cuando el mal reaparece al año siguiente y las expresiones de desasosiego son breves y escuetas: “Me ha vuelto el mal del oido, estoi viejo, desencantado, y taciturno por desagrados, previsiones, y falta de algo que me apasione. Tú lo sufres a veces con mi silencio”.[312] Las aseveraciones del enunciador se relacionan con la aparente falta del propio futuro político que le produce la muerte de Adolfo  Alsina en diciembre de 1877 y el surgimiento de Roca en el mapa político nacional. El enunciador se ve defraudado en sus ambiciones políticas por el acontecer histórico y esta falta de esperanza le produce un estado de ánimo negativo.

            La respuesta de Posse resulta también pesimista:

                        Querido Sarmiento:      

He estado mui mal de salud durante tres meses, mas del alma que del cuerpo. Mis hijos empiezan a darme serios disgustos porque no puedo satisfacer en el todo pretenciones é intereses que viene desarrollándose en la edad,  y que fomentan las malas costumbres de esta sociedad... Estoi profundamente triste y desencantado sin objeto esterior que me apasione, la vida me fastidia porque no tengo a que aplicarla útil o agradablemente.[313]

 

A lo que Sarmiento contesta:

            Mi estimado Pepe:

            Recibí por fin una carta tuya. Preguntaraste [sic] porque no era contestación a alguna mía. después de tan largo silencio? Por las mismas razones que te han movido a escribirme. “porque estoi triste y desencantado, sin objeto esterior que me apasione, la vida me fastidia porque no tengo a que aplicarla útil o agradablemente”.[314]

 

La retoma diafónica del enunciador Sarmiento, que entrecomilla en una cita directa las expresiones vertidas por su corresponsal Posse, resuena en un “eco” que conduce a la idea de que los enunciados producidos por uno u otro enunciador son intercambiables, pues se ha producido entre ambos una relación de  identificación, cuya función puede esquematizarse en esta fórmula:

f(p         p) x f( p         p)

según las ocho configuraciones de formas simples de la interacción que presentan Greimas y Courtés en el segundo tomo del Diccionario.[315] La retoma literal del enunciador Sarmiento permite comprender el grado de acuerdo que está establecido entre los amigos, puesto que hace suyas las palabras del otro.

Las historias familiares también se repiten en los dos hogares y establecen una relación de convergencia: f(p     p) x f(p      p). Así como Posse afirma tener dificultades con sus hijos por reclamos económicos que no está dispuesto a cumplimentar, así el enunciador Sarmiento también se lamenta de los pedidos de dinero por parte de su nieto Julio Belin y del mal manejo que éste hizo de los bienes de  su madre:

 

Te lamentabas del trabajo que te daban algunos de tus hijos y nada te contesté por evitarte volver sobre ello. ¿Te acuerdas del nieto que te encomendé! Hizo aquel contrato sin consultarme saliole mal, y me pidió dinero, que le negué, para continuar de su cuenta cobre terreno ajeno. Vino aquí, y poseyendo su madre unas leguas de terreno en Santa Fe, convinimos en que fuese a verlas... el día que debía partir me escribió una cartita  pidiendome perdon de haberse casado ese dia con una niña pobre, y de condición humilde![316]

 

Si entendemos por convergencia lo que el Diccionario de la RAE indica: “Concurrir al mismo fin los dictámenes, opiniones o ideas de dos o más personas” podemos afirmar que las ideas o reflexiones de los dos corresponsales llevan a la misma conclusión , que no está explicitada, sobre los hijos y nietos.

 2.2.1.2. Las noticias acerca de los asuntos públicos

 

En cuanto a las aseveraciones que pertenecen al ámbito de lo público pero que se inscriben en estas cartas privadas, son tan numerosas que sólo detallaremos algunos de aquellos aspectos que respondan  a la construcción de la imagen política de uno y otro corresponsal. Dejaremos de lado, por ejemplo, todos los enunciados que se refieren a hechos históricos acaecidos en la contemporaneidad de la escritura epistolar, cuando no afecten discursivamente a la imagen de uno u otro corresponsal, dado que la perspectiva de la revisión histórica no es el propósito de este trabajo.

Para empezar, nos llama la atención una carta escrita por Sarmiento en Río de Janeiro el 10 de abril de 1852, junto con la cual el enunciador envía un folleto titulado “Campaña”, en el que se explican las causas de su separación de la política de Urquiza. A continuación , aparecen las siguientes  afirmaciones:

 

Tenemos pues aun un período de oscilaciones. Buenos Aires esta organizado de a pies a cabeza....Pero Buenos Aires no tiene hombre ni nombre nacional, que oponer a Urquiza sino es el Jeneral Paz o yo: Buenos Aires es ademas impotente sin el apoyo de las provincias. [...] ...me dirijo para que te constituyas mi interprete y mi corresponsal en Mendoza. Entiendete en San Juan con con los Dres Rawson y Aberastain, (Chile) en Mendoza con Dn Pero Leon Zoloaga y Dn Juan Godoi (Chile?) en La Rioja con Dn Domingo García,  en Santiago del Estero, con un amigo tuyo Palacios..., en Salta con los Solas  y ..., en Cordova tu sabras con quien y avisamelo. [317]

 

El enunciador Sarmiento establece mediante esta carta privada, una red de alianzas políticas para el lanzamiento de su nombre en pos de una campaña que lo conduzca a la representación de toda la república. Posse  será el hombre que manejará el armado de los contactos políticos en el interior del país, puesto que si bien cree que su nombre debe comenzar a sonar en Buenos Aires, esta ciudad por sí sola es impotente para sostener su candidatura, “sin el apoyo de las provincias”.  Una reformulación adecuada del texto nos permitiría entender que Sarmiento enunciador cree que su figura política podrá ser erigida por Buenos Aires, pero no se sustentaría sin el acuerdo de las provincias.

            El enunciado citado es un claro ejemplo de cómo lo que aparenta ser una información (“...Tenemos pues aun un período de oscilaciones. Buenos Aires esta organizado de a pies a cabeza....Pero Buenos Aires no tiene hombre ni nombre nacional...) no es más que un segmento argumentativo que funciona como premisa de la conclusión: el hombre que debe ser elegido es el General Paz o yo. El argumento utilizado por el enunciador puede clasificarse como dentro de aquellos que utilizan una relación causal. En una definición más precisa, podríamos hablar de un argumento “por el peso de las cosas”, lo que puede explicarse como que el peso de las circunstancias obliga a tomar determinada decisión. En este caso, el enunciador se proclama a sí mismo como candidato  a la presidencia porque Buenos Aires no tiene otro nombre u hombre que Paz o él.[318]

            En el párrafo siguiente de la misma carta, aparece lo que podríamos denominar  su programa político, muy similar a aquel delineado en el cuerpo de la correspondencia a Félix Frías siete años antes, en febrero de 1845. En este caso, el enunciado programático de la plataforma política tiene un formato  verbal  prescriptivo que no lucía aquella carta:

                                  

Nuestros principios deber ser

                                   Organización de un sistema de aduana jenerales...

-          Abolición  de las aduanas y pasaportes interiores.

-          Creacion de Aduana jenerales en los Ríos y en las fronteras.

-          Reunion del Congreso, en lugar donde no pueda ser oprimido por Urquiza ni otro alguno.

Y como medios estratéjicos:

Oponer dilatorias a la lección de Diputados, siempre que no se consulte la dignidad y la independencia del Congreso.

Sostener la diputación de nuestros  amigos políticos cuidando de que haya entre ellos si fuese posible, quien esté lleno de nuestras ideas.

Apoyar o no contrariar a Buenos Aires, pues Buenos Aires somos nosotros y nuestros amigos. Allí mas que en las provincias cuento con un partido personal inmenso, que no necesita sino e apoyo de las provincias para convertirse en partido politico.[319]

 

La cita  contempla  las conocidas posiciones políticas de Sarmiento sobre  la libre navegación de los ríos y el planteo de la necesidad de una aduana general. Más digno de mención resulta el enunciado en el que se propone una reunión del Congreso, opuesta al influjo de Urquiza.

El resto de las consignas propuestas pueden considerarse estrategias políticas elaboradas por la oposición al gobierno del momento, en la que no es menor la última frase, en la que se sostiene “Buenos Aires somos nosotros y nuestros amigos”, identificación compleja que pretende incluir a la figura del corresponsal Posse dentro del “nosotros”, aun cuando éste se encuentre residiendo en su provincia de Tucumán  y tenga pocos amigos en Buenos Aires.

 Lo característico de este discurso del enunciador sigue siendo su relevante condición de discurso argumentativo, puesto que, no podemos dejar de señalar haciendo referencia a Ducrot,  esta aseveración persigue el propósito de señalar a la ciudad de Buenos Aires con un valor  positivo, que ha sido transferido desde  la condición de que el enunciador ES Buenos Aires junto con su corresponsal, y los amigos también lo son, aunque también tenga como intención hacer saber a Posse enunciatario cuál debe ser su postura política.

Muchas de las cartas escritas posteriormente por Posse van a contraargumentar, a través de aseveraciones, lo afirmado por Sarmiento en esta carta, como si el intercambio epistolar pudiera retomar una y otra vez los mismos temas a través del tiempo, a la manera de una conversación que desgrana y reenvía a un permanente intercambio de opiniones. En la carta de Sarmiento de enero de 1860, podemos descubrir las huellas de la polémica sostenida entre ambos, aunque no poseamos, al parecer, copia de la carta de Posse que se menciona en el cuerpo de ésta.  Por ejemplo, Sarmiento en tanto enunciador, retoma las palabras del otro para refutarlas:

 

Dices que ves que esta ciudad no puede ser presentada por modelo por tales o cuales deficiencias. ¿Dónde está la otra?...Es Buenos Ayres la porción de argentinos que está mas en contacto con el mundo esterior, que mas intereses reune, que mas veces ha debido atesorar, que mas se acerca a un pueblo culto...  [320]

 

La calurosa defensa que el enunciador realiza respecto de Buenos Aires dan pie para pensar cuán ácidas debieron ser las críticas que Posse enunciador efectuara respecto del mismo tema. Creemos que es precisamente la calidad de “extranjera” con que puede tacharse la identidad de Buenos Aires, lo que  promueve el rechazo de Posse.

Numerosas son las cartas en las que el enunciador Posse realiza una descripción de Buenos Aires, en un todo en desacuerdo con la visión sarmientina. Así “dar nombre” en una descripción significa “evaluar”: mientras que la ciudad representa para el punto de vista del sanjuanino un “pueblo culto”, para Posse significa “...un pueblo de compadritos facciosos, factores de la tiranía mas vergonzosa que conoce la historia”.[321] La negación del marco de lo afirmado anteriormente por su corresponsal le permite al enunciador Posse elaborar una nueva definición sobre lo que es Buenos Aires, que resulta ubicarse en las antípodas de lo sostenido por Sarmiento. En una retoma diafónica de los términos de la epístola anterior, sostiene: “Aquel pueblo no es modelo  de nada, ni en hombres ni en administracion, ni en ideas; aquello es un foco de anarquía en accion, o latente”. [322]   La palabra “anarquía” sintetiza para el anunciador la barbarie prefigurada por Sarmiento en sus textos, desde que la civilización es aquella que puede legislarse a sí misma y constituirse como una comunidad con derechos y deberes ciudadanos. Ya veremos cómo el enunciador Posse retoma nuevamente este término cuando pretende calificar la situación  del país como negativa, luego del gobierno de Mitre.

La misiva del tucumano del 19 de diciembre de 1860 es una réplica a las cartas anteriores de Sarmiento en la que el enunciador  afirma haberse retirado “desabrido” de la Convención y de Buenos Aires porque, digámoslo familiarmente, “no todo lo que brilla es oro” y la lejanía de la ciudad no le había permitido reconocer  su verdadera naturaleza. “Es un pueblo gastado en su primera edad...[...] Sino es Sarmiento, la prensa de Bs Ays tiene la espalda vuelta al interior”. [323] Sarmiento le responde: “Pero Buenos Ayres con todos sus defectos será siempre el paladium de la libertad”.[324]

Para dejar de lado estas disonancias de criterios, que se incuban dentro de la misma corriente de pensamiento liberal en que ambos comulgan, es necesario pasar revista al análisis de las estrategias discursivas que persiguen la descripción de la referencia y parecen cumplir solamente con la función informativa del lenguaje. Por lo pronto, los niveles de información y opinión se presentan tan asimilados uno a otro que es preciso realizar un análisis  minucioso del enunciado para deslindar la función apelativa del lenguaje de la referencial. Por otro lado, la descripción puede ser entendida como el fruto de una  actividad perceptiva que recurre siempre a una “toma de posición”, en la que se produce la inscripción del sujeto en el discurso, tanto cognitiva como pasionalmente.[325]

En el siguiente sintagma, la cláusula se inicia con el señalamiento de un hecho aparentemente objetivo, pero la marca de la primera persona plural va a traicionar el aspecto referencial del lenguaje: “Hemos tenido elecciones sin el apoyo del gobierno dirijido  este por Tejedor, que no tiene conciencia política, y si vanidad personal que le hace juzgar...”.[326] La subjetividad trasciende el plano de lo personal y se extiende a todas las consideraciones sobre el país, sus dirigentes, la propia realidad argentina, etc. La subjetividad se expresa también a través del uso frecuente de verbos de creencia, en donde la retoma puede ser irónica como en este caso: “Yo creo que la disolución nos amenaza de cerca partiendo desde la gloriosa ciudad, que con su autonomía procura, alzarse con el Santo y la limosna”, escribe José Posse, en enero de 1864.[327]

 

2.2.2. El acto de habla de Pedir

 

Respecto del acto de habla de  pedir, Searle presenta el siguiente esquema, que resulta productivo para analizar los requerimientos de uno y otro corresponsal, sobre todo en lo que respecta a la regla Preparatoria:


 

 


                        Contenido                      Acto futuro de A de O

                         proposicional                                                   

TIPOS DE

                       REGLAS                                                  

                         Preparatoria                        1.   O es capaz de hacer A

     2.  No es  obvio ni para H ni para O que H va a hacer A de manera espontánea en el curso normal de los acontecimientos.

 

Sinceridad

H desea que O haga A.                  

Esencial                           Cuenta como un intento de hacer

    que O haga A.

 

Comentario      

Ordenar y mandar tienen la regla      preparatoria adicional de que H debe                                             estar en una posición de autoridad sobre                                        O.

Mandar no tiene probablemente la condición ‘pragmática’ que exige no-obviedad. Además, la relación de autoridad infecta en ambos casos la condición esencial, puesto que la emisión cuenta como un intento de hacer que O haga A en virtud de la autoridad de H sobre O.[328]

 

Hemos ya señalado  en un ítem anterior cuán frecuentes eran los pedidos de envío de objetos materiales entre uno y otro corresponsal, por lo que no volveremos a citar este tipo de intercambio.  Hay otros actos de pedido que nos interesan más, como por ejemplo, aquel por el cual el enunciador Sarmiento se encomienda a Posse para que “...te constituyas en mi interprete y mi corresponsal en Mendoza. Entiendete con...”.[329]  Habíamos citado ya esta carta respecto del tema de la puesta  en discurso que realiza el enunciador Sarmiento para propiciar su candidatura, cuando escribe a su colega desde Rio de Janeiro en el año 1852.

 En esta carta, el enunciador utiliza el sintagma “...me dirijo para que te constituyas en mi intérprete...”, que podría ser enmarcado como un acto de pedido o como un acto de  mandato, según pueda pensarse,  que  hay  una distancia de autoridad entre uno y otro corresponsal en relación con la estructura jerárquica  del partido político en que ambos comulgan. De todos modos, este ambiguo “pedido” resulta curioso, sobre todo porque el enunciador le encomienda al enunciatario que sea su “intérprete”. Podemos imaginar que el sentido de esta palabra puede restringirse hasta convertir el término en un sinónimo de la palabra  “representante”, pero creemos que el vocablo “intérprete” tiene otra connotación. Para el Diccionario de la RAE , la palabra significa: 1. com. Persona que interpreta. 2. Persona que explica a otras, en lengua que entienden, lo dicho en otra que les es desconocida. 3. fig. Cualquier cosa que sirve para dar a conocer los afectos y movimientos del alma.

            La segunda acepción, que es la más enriquecedora para nuestro trabajo, sintetiza la idea de que el intérprete es un “traductor”, que es capaz de repetir a otros, el decir de un primero, ya interpretado. Sarmiento enunciador delega en Posse enunciatario y autoriza la posibilidad de un decir veridictorio en su nombre.

            Este pedido del enunciador de transformar al enunciatario en el  intérprete de sus ideas, se ve acompañado por un minucioso diseño de las estrategias discursivas que éste debe llevar a cabo  en su decir segundo :

 

Tu conoces mis ideas, esperanzas y proyectos. Bien manden por prensa, por la palabra, por las relaciones vivo mi nombre en las provincias, presentadme siempre como el campeon de ellas en Buenos Aires; y como el provinciano aceptado por Buenos Aires y las provincias; unico nombre arjentino aceptado y estimado de todos – del Gobno. de Chile- del de Brasil, con quien estoi en estrecha relacion – de las provincias – de Buenos Aires- del Ejercito- de los federales- de los unitarios- fundador de la política de fusion de los partidos... [330]

 

¿Es esta una orden, un pedido o una sugerencia? Creemos que el enunciado tiene formalmente marcas  de verbos directivos (manden/presentadme), que dan cuenta de la distancia socio-política que instala el discurso entre uno y otro corresponsal, puesto que “...las pautas para construir un mensaje, o ‘el modo de decir las cosas’, o simplemente, el uso del lenguaje, son parte de la materia de la cual están hechas las relaciones sociales...”.[331] El uso de la segunda persona plural, a partir de la segunda oración, indicaría que el enunciador se dirige al enunciatario en tanto representante del partido en la provincia de Tucumán. Así se explica la marca del plural en el verbo “manden”. Entonces el enunciatario se vuelve un doble enunciador: hacia el público votante (el “afuera” del partido) y hacia sus prodestinatarios.  

            Veamos ahora cuáles son las estrategias propuestas por este enunciador que, a través de un formato discursivo privado  como la carta, intenta diseñar una campaña política en la que el instrumento privilegiado de difusión de su imagen pública es el discurso de sus acólitos con decires sobre su persona.

            El diseño de la campaña política prevé como vehículo principal a la prensa, único medio de comunicación más o menos masivo para la época, para lo cual el enunciador necesita de  la colaboración de las ideas y de la pluma del enunciatario.

 “Mantener vivo el nombre” por medio del periodismo escrito parece ser el gran mandato al corresponsal Posse. Para esto, el enunciador sugiere que el enunciatario presente  a los ojos del público una imagen de sí mismo que lo muestre como aquel que ha sido elegido por los diferentes sectores de la sociedad y aúna las voluntades más disímiles: la estrategia discursiva diseñada por el enunciador para la difusión de su nombre es señalarse como representante de las provincias en Buenos Aires, pero amigo tanto de federales como unitarios, porteños y provincianos, argentinos y extranjeros, etc. La maniobra discursiva propuesta entonces por el enunciador es construir un “nosotros” inclusivo lo suficientemente amplio como para que todos los sectores de la sociedad proclamen su nombre y soliciten su candidatura para dirigir el destino nacional.

 Continúa diciendo el enunciador: “Si ese plan se sigue por mis amigos íntimos con perseverancia como yo he seguido la oposición a Rosas, lograremos triunfar porque los elementos son inmensos, lo que falta es unidad de acción  y un nombre que reuna todas las voluntades”.[332] En este caso, el acto indirecto de habla “sé constante” resume el carácter total del enunciado y el propósito de la carta en cuanto a macro acto de habla: se persigue el objetivo determinado de delegar en el enunciatario la construcción de la imagen pública del enunciador.

El enunciador Sarmiento demanda a su corresponsal Posse todas estas acciones  porque no es obvio ni para uno ni para otro que espontáneamente Posse se fuera a convertir en el intérprete político de Sarmiento en el interior del país.

      Este mismo mandato aparece en otra carta del enunciador Sarmiento del 14 de julio de 1855, tres años después, pero las variaciones  discursivas entre uno y otro texto dejan en claro que las posiciones sociales de uno y otro corresponsal han variado lo suficiente como para imprimir su sello en el enunciado. En primer lugar, la carta está encabezada al “Señor Ministro Jral de Gobierno: Antes de pasar a lo que hace el objeto de esta carta diré a V...”,[333] lo que señala  un procedimiento formal de apelación, en el que la deixis manifiesta las nuevas relaciones sociales establecidas entre los corresponsales. En segundo lugar, el uso del “Usted”, como tratamiento de formalidad, entraña también el señalamiento de una modificación enunciativa respecto del registro habitual de las cartas anteriores. Si bien podemos considerar que el uso de la variedad discursiva es lo que permite el juego ambiguo que puede darse entre el respeto y la parodia de éste, creemos que en definitiva, las marcas enunciativas indican un distanciamiento del enunciador respecto de su enunciatario , que de todos modos imprimen un sesgo diferente en la comunicación.

Este procedimiento obliga al enunciador,  por cuestiones de coherencia sintáctica y semántica, a realizar un acto de habla en el que se señala un pedido en forma explícita, a partir de un enunciado  con marcas claras de la instancia de enunciación:

 

Estan en el gobierno Alsina y Mitre, y puedo yo estar en la prensa luego, si encuentro en las provincias un contrapeso, con que equilibrar la tiranía que la opinion ejerce aquí sobre todo diario que se atreva a ver con otros ojos que los suyos, las cuestiones arjentinas. Para poder intentarlo el Nacional necesitaríase una fuerte suscripcion en las Provincias, y esto es lo que solicito en esta, y en la adjunta que tu rotularás a quien convenga. Espero que Tucuman , la culta Tucuman, comprenda sus intereses.[334]

 

      La forma impersonal del verbo “necesitaríase” y el señalamiento de “el Nacional” como sujeto de la  subordinada verboidal inclusiva le permiten al enunciador manifestar las necesidades  del periódico como una cuestión ajena a sí mismo, por esta razón debe el enunciador usar el pronombre “esto” como referencia anafórica, para apropiarse del pedido.

En el resto de la carta vuelve el enunciador a formular varios pedidos  a su corresponsal, entre ellos: “Indícame quienes son mis amigos en Tucuman pues no conozco ninguno”.[335]La inferencia que todo lector puede hacer es que el enunciador pregunta para que el enunciatario revele quiénes son  aquellos seguidores  de sus ideas en los que puede confiar la difusión de su nombre.

Otras cartas dignas de ser señaladas en este análisis respecto de los actos de habla  de pedido son aquellas en las que el enunciador Posse le solicita al enunciatario Sarmiento, devenido presidente de la República entre los años 1868 y 1874, que le otorgue un puesto  en su provincia, para poder vivir dignamente:

 

Me arruiné en la especulación del añil, como sabes, y me tienes ahora sin oriente, encerrado  en mi casa por evitar persecuciones injuriosas con mi familia de cinco hijos cuyo porvenir agrava las congojas de mi espíritu. Ya ves que no es para envidiar semejante situación. Ya sabes todo.

Mis deseos, digo mi aspiracion es, que si se ha de crear la inspeccion de correos por acá, la de escuelas, una oficina de estadísticas nacionales u otro destino  en algo qe  pienses fundar por estos mundos te acuerdes de mí. Necesito eso para tener de que vivir, y como para-rayos contra los bárbaros. Envejecido en la vida pública ya no estoi para buscar otros caminos.[336]

 

El enunciador Posse solicita a su enunciatario que le otorgue un empleo creado por la Administración Nacional, en la provincia de Tucumán. Justifica su pedido a partir del desmejoramiento de su situación económica : había depositado su confianza en una empresa de teñido de prendas con añil y esta inversión no había dado los frutos previstos. El enunciador no es pretencioso en su pedido porque ofrece diferentes variantes posibles, a través del recurso de una enumeración heterogénea de construcciones nominales.

Recordemos que para Searle, la regla Preparatoria es: 1.   O es capaz de hacer A  y 2.  No es  obvio ni para H ni para O que H va a hacer A de manera espontánea en el curso normal de los acontecimientos. También presenta como regla Esencial: Cuenta como un intento de hacer que O haga A. Trasladado este esquema al acto de habla de Posse significa que no es obvio para Posse que Sarmiento espontáneamente le fuera a ofrecer algún cargo, y que éste bien podía hacerlo desde el lugar que ocupaba (por lo menos desde la óptica del enunciador).

            El  texto de Posse recién citado aparece  ubicado hacia el final del cuerpo de una extensa carta, luego de que el enunciador haya dedicado gran parte de su escrito a defender su posición frente a la de Avellaneda, a quien declara su enemigo. Este ciudadano había sido recientemente elegido por Sarmiento para ocupar el cargo de Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Posse enunciador retoma ciertos dichos públicos de Avellaneda, ofensivos sobre su persona,  que versaban sobre la imposibilidad de que Posse mismo fuera designado por Sarmiento para ocupar  algún ministerio (que acaso Posse esperara), por carecer de luces personales propias y ser un “provinciano”. El enojo de Posse hace que inicie su defensa privada a través de su enunciatario Sarmiento, para lo cual utiliza todo tipo de argumentos, entre ellos, aquel que afirma respecto de Avellaneda: “...no sé con qué títulos se hace tan dueño de casa. Yo no le reconozco trabajos a favor de tu candidatura sino después de haber fracasado, aquí y en otras provincias la tentativa de introducir la de Alsina...”.[337]

            El primer párrafo citado revela hasta qué punto el enunciador es consciente de que no será llamado a ejercer cargo de importancia alguno en el gobierno nacional, causa por lo que solicita un cargo menor al que pudiera haberle correspondido en función de su antigua amistad con Sarmiento y de su actuación política precedente.

            Aparece también en la cita de referencia la cuestión del  juego de las esferas de lo público y lo privado en dos planos: por un lado, Posse enunciador retoma  en un canal privado lo que públicamente ha dicho Avellaneda respecto de su persona, y  para defenderse utiliza un  vehículo de difusión mediada como la correspondencia personal; por otro lado,  el enunciador se refiere a sí mismo como “ ...envejecido en la vida pública...”, lo que quiere decir que ha dedicado sus esfuerzos  a servir los intereses públicos y que esta exposición de su persona no le ha sido beneficiosa.

            Esta misma idea es reiterada por Posse en varias oportunidades, en la variante del deseo explícito de querer salvaguardarse de los dardos de los enemigos políticos, sobre todo cuando afirma que necesita un puesto otorgado por el Gobierno Nacional para que le sirva de “pararrayos”.

            En las cartas siguientes, se evidencian los roces de la relación establecida entre los dos corresponsales, que tienen que ver con que Sarmiento reprocha a  Posse su permanencia en las provincias y su falta de lustre público en Buenos Aires, con lo que queda esclarecido que Sarmiento comparte la opinión de Avellaneda sobre Posse o que la opinión de aquel  ha influido en su pensamiento. Posse le recrimina su posición y afirma : “...he jugado al que gana pierde”.[338] De todos modos, insiste con su pedido:

 

Te repetiré que estoi mal de finanzas, que me estan cerrados por acá los caminos de la vida pública usurpados hoy por patanes; que necesito ocupar un puesto nacional como medio de vivir y que me sirva de para-rayos contra estos bárbaros. Te indique la inspección de correo, una oficina de estadística ú otra cosa... [...]Has pues lo que puedas dentro del límite de tus facultades; ningun esfuerzo mas alla.[339]

 

La última frase del párrafo resuelve con ironía la reiteración del pedido, en el que el enunciador insiste en que tiene la necesidad de buscar protección del Ejecutivo nacional contra los enemigos políticos de la provincia, quienes detentan el poder a nivel de la Gobernación. Recordemos que, según la regla Preparatoria de Searle, Posse formula un pedido porque está convencido de que Sarmiento puede hacer algo por él.

            Sin embargo, la posterior propuesta que le hace el presidente Sarmiento está muy alejada de los deseos de Posse: le ofrece un empleo de Secretario privado en Buenos Aires, con 200 $ fr. de sueldo y “una ayuda de costas en la prensa de tres mil pesos papel”.[340] Mientras tanto, en la provincia de Tucumán, ha sido requerida la presencia de  Posse en Casa de Gobierno y como la familia Posse ha afirmado, ante el reclamo del Ejecutivo,  que éste se encontraba fuera del hogar, fue enviada una fuerza pública para conducirlo al despacho del entonces gobernador Luna, para su escarnio público, según narra el mismo Posse en su carta del 3 de febrero de 1869. Estas circunstancias han provocado el alejamiento físico de Posse de la ciudad de Tucumán, tal como él mismo le escribe a Sarmiento para realizar un nuevo pedido:

 

Es preciso sacarme de situación mas que embarazosa, peligrosa. Antes de ahora te había pedido una comision nacional cualesquiera gratuita que fuese, que me sirviese de para-rayos contra estos bárbaros... y has mirado con frialdad mi solicitud. No abandones al amigo  de tantos años, mucho mas ahora que la justicia está de mi parte.[...]

No pretendo figurar ya en la vida pública, ni aquí ni en  ninguna parte, pero quiero lo último a que pueda aspirar el mas humilde de los Ciudadanos: garantias para su persona y sus intereses. Abandono el derecho de pensar y escribir en paises donde existen Gobiernos que persiguen de muerte al escritor.[341]

  

   Este último acto de pedido, más cercano a lo que denominaríamos súplica pone en tela de juicio el contrato de amistad establecido de antemano por los corresponsales. Es en calidad de amigo que el enunciador solicita ayuda y también como ciudadano: exigencia de que se cumplan los principios del respeto a la vida y al derecho de defensa de los ciudadanos en las repúblicas democráticas.

En la carta subsiguiente, Posse enunciador expone cómo han ido evolucionando los hechos de su vida privada y cómo el capitán Rivas, enviado por Sarmiento a la provincia, ha desarmado la persecución de sus enemigos políticos. Sin embargo, el desengaño de Posse ha sido tan completo respecto de sus esperanzas en relación con las actividades públicas que afirma:

 

....estoi irrevocablemente resuelto a no tomar parte alguna en la política local no nacional, escarmentado por los sufrimientos y los desengaños.[...]

No estrañes ya no recibir cartas mias, porque las creo inútiles desde que dejen de tener interes político.

Salgo con mi familia a descansar en la vida privada de las fatigas de espíritu, y salgo indefinidamente. [342]

  

En esta carta, las desdichas expuestas se reducen al ámbito público y es en la familia donde el enunciador encuentra alivio de los males que lo aquejan en tanto figura


pública. No obstante, hemos visto que en otras cartas posteriores, tanto Posse como Sarmiento se lamentan de las situaciones familiares que se ven obligados a sufrir,  males de diversas clases. Por último, cabe señalar que el enunciador  afirma que dejará de escribir en tanto que sus cartas son útiles para el destinatario solamente por su valor de interés político. Estas  apreciaciones del enunciador indican, por un lado, la confirmación de nuestra idea, sostenida a lo largo del trabajo, de que las cartas intercambiadas entre Sarmiento y algunos corresponsales cumplían una función política de diseño de campaña, promoción del nombre y también de diario de noticias que hacían de la carta un instrumento ideal de comunicación. Por otro lado, el enunciador cree, en su desilusión del mundo, que sus cartas son leídas por el enunciatario Sarmiento únicamente en función de intereses políticos que  nada tiene que ver con las relaciones personales de amistad. Creemos que este sintagma puede ser interpretado como un acto indirecto de habla en el que se proclama una aserción para que el otro la niegue. Por supuesto, Posse no cumplió con su promesa de no enviar más cartas, puesto que  continuó escribiendo a Sarmiento hasta la muerte de éste,  casi veinte años después.

En la carta del 28 de agosto de 1869,  el enunciador Posse realiza un pedido a su corresponsal Sarmiento para que influya en la postulación de su candidatura para la elección de diputados nacionales, dentro del partido liberal. El pedido revela hasta qué punto la versatilidad humana puede revertir las decisiones tomadas anteriormente y también demuestra que Posse hace uso de la carta, también, como instrumento para gestar y sostener su candidatura. Dice así:

 

Necesito pues saber todo eso para mis trabajos ulteriores no solo en la prensa, sino para abrirme camino al Congreso. Ya qe de esto te hablo y si quieres verme por allá, has qe.  D Manuel Ocampo le escriba a Helguera recomendando mi candidatura, como cosa suya, pues es el mas eficaz resorte que se pueda tocar.[343]

 

Posse solicita, en esta misiva, la ayuda del enunciatario para concretar su candidatura: encuentra para ello una estrategia indirecta, que consiste en intentar persuadir al enunciatario para que a su vez  este corresponsal influya  en otro. La estrategia elegida por el enunciador es muy similar a la escogida anteriormente por el propio enunciatario respecto de su propia candidatura.

La carta de Sarmiento del 7 de abril de 1870 trae consigo un nuevo ofrecimiento para Posse, cuando éste había sido despojado de su cargo por “...la más negra y la más infame de las traiciones”:[344]

Ha muerto Piñeiro, paladium que tenía en el Senado, y te han cerrado la puerta a ti . [...] ...todos los que me querían me han faltado en la hora en la que necesitaba de su concurso, y tu tambien atado con las tela arañas de Provincia no has podido en dos años darme la mano. Queda un asiento vacío en el Senado y una pluma sin tinta en la prensa. Esta podrías mojarla tu, y poner un poco de talento y gracia del lado del gobierno...[...]

Se habla de una hija que se te casa y se vendría a vivir aquí. ¡Porque no te vienes con ella o antes, y corres los asares míos, defendiendo lo que nos es común, en ideas y principios? [345] 

 

El pedido/ ofrecimiento de Sarmiento convoca a Posse a Buenos Aires, quien visita al presidente. Sin embargo, Posse elige volver a su provincia y pasa a desempeñar allí el cargo de Rector del Colegio Nacional de Tucumán, bajo la tutela del ministro Avellaneda. En el texto que mencionamos arriba, el enunciador Sarmiento presenta a su enunciatario como “atado con las tela arañas de Provincia”. Esta idea del enunciador sobre cómo Posse ha sido atrapado por las intrigas de la provincia y no puede despegarse de su entorno  familiar y social se condice con aquella otra idea que habíamos presentado al comienzo de este capítulo, de que, según Sarmiento,  Posse hubiera brillado con otro esplendor si hubiera abandonado la provincia y elegido la Capital. El reconocimiento explícito por parte del enunciador, de los méritos escriturarios y de la comunión de principios que sostiene con  su enunciatario permite comprender que el propósito de Sarmiento durante su gobierno  fue atraer al tucumano a la capital, para contar con su colaboración, aunque nunca le ofreciera un cargo de relevancia pública. Como si la amistad, que tiene su origen en la relación privada entre personas, impidiera de por sí  que esos lazos trascendieran a la esfera de lo público ; según lo explicado por Augusto Belin Sarmiento en su libro inédito: “Sarmiento y sus Amigos” , la relación de amistad habría sido la causa, precisamente, que obstaculizara el nombramiento de Posse durante el gobierno de Sarmiento. Dice el texto de Belin:

 

Lamentaba Sarmiento al fin de su vida la falta que le había hecho la ausencia de Posse, enumerando las instancias y ofertas que el amigo no había aceptado. Imaginé decirle que hubiera podido atraerle como Ministro de su presidencia y dijo: “nunca se me hubiera ocurrido: éramos tan amigos que me hubiera parecido tener a un hermano para refrendar mi firma y asesorarme”.[346] 

 

Este texto testimonial del nieto de Sarmiento permitiría comprender la nobleza de los motivos que habrían empujado al sanjuanino a no proponer un cargo ejecutivo a su amigo Posse, aunque quizás hubiera sido mejor para ambos protagonistas que hubieran explicitado en ese momento sus sentimientos y opiniones.

            En la carta del 15 de enero de 1874, el enunciador Sarmiento retoma la cuestión de los empleos pedidos por Posse para refutar lo afirmado por su corresponsal, señalando en su misiva:

 

Voi a tus quejas, y quiero ser también atendido. Te propuse venir aquí, para ayudarme, hacerte conocer y ponerte en camino.

Preferiste ser Rector de que no estás contento.

Avellaneda a mi pedido debió proponerte el ministerio que él dejaría; pues por el que he nombrado habras visto que no hacia grande hazaña. Te propusieron una Legación a Bolivia que no has aceptado. ¿Qué pues podía hacer mas que eso?[347]

 

Sarmiento menciona haber recibido una “quejumbrosa carta” por parte de su corresponsal, que no se encuentra en el epistolario; ésta que leemos es la respuesta a aquella otra hoy extraviada. Evidentemente, en esa carta, Posse le debe haber reprochado su falta de atención respecto de sus pedidos anteriores, puesto que la frase responsiva de Sarmiento es: “quiero ser también atendido” . Pero agrega que su intención era “ponerte en camino”, lo que quiere decir que el enunciador había guardado ciertas expectativas en lo concerniente a labrar el futuro político de su amigo, que no se cumplieron. 

El enunciador también hace saber a su enunciatario que había propuesto su nombre a su ministro Avellaneda para que le ofreciese el cargo que este último iba a abandonar. Pero en la carta subsiguiente del 19 de febrero, Posse responde que nunca había recibido ninguna indicación de Avellaneda al respecto, por lo que el asunto parece, por lo menos, poco claro. ¿Pensó seriamente Sarmiento en ofrecerle el cargo de Ministro de Justicia e Instrucción Pública a Posse? ¿Fue esto comunicado a Avellaneda? ¿Qué respondió Avellaneda? ¿Pudo haber confiado Sarmiento en que Avellaneda transmitiera sus deseos aun cuando Avellaneda y Posse eran enemigos desde hacía años y se disputaban la amistad del Presidente? 

De todos modos, lo escrito en esta carta por Sarmiento entra en contradicción con lo afirmado por su nieto Belin Sarmiento, hecho que introduce una duda sustancial respecto de lo que realmente éste  hubiera podido  pedir a Avellaneda .

            Finalmente, otro grupo de actos de habla de pedido que se reitera a lo largo de las cartas es aquel por el cual Posse solicita que Sarmiento no discontinúe el envío de correspondencia. Así, en numerosas oportunidades, Posse se lamenta del silencio “epistolar de Sarmiento” y reclama el restablecimiento de la comunicación escrita entre ambos corresponsales. Este silencio de escritura de cartas de Sarmiento se acentúa en su época de Presidente, período en el cual los reclamos de Posse son también muy frecuentes. Por ejemplo:

-         Carta del 6 de octubre de 1870: “No sé qué significa tu silencio cuando tienes a mano tantos hechos y acontecimientos que se relacionan con tu gobierno, que lo modifican,  y qe necesitaban una explicación tuya pa  estar  en autos y alegrarme o entristecerme según me hicieras conocer tu posición o tu situación de ánimo”.[348]

-         Carta del 10 de diciembre de 1870: “No comprendo porque me has puesto á dieta de tus cartas pues solo he recibido una desde que nos separamos”.[349]

-         Carta del 11 de enero de 1871: “La escasez de tus cartas me tiene desorientado sobre la verdadera situación de las cosas que tan enredadas se presentan a la distancia”.[350]

-         Carta del 3 de julio de 1871: “ Para qué me he de quejar de tu silencio desde que veo que se ha hecho crónico! Tu palabra última fue el 8 de Febrero...”.[351]

 

Si prestamos atención a la cronología de las cartas citadas, veremos que entre la segunda cita y la tercera,  sólo ha transcurrido un mes de tiempo, lapso de tiempo frecuente del Correo de la época  para unir Tucumán con Buenos Aires. Los telegramas solían demorar algunos días. Creemos que el reclamo de Posse probablemente tenga más que ver con el retardamiento del ritmo de intercambio epistolar y con cierta discontinuidad de la correspondencia, que se da justamente junto con la asunción de la presidencia por parte de Sarmiento.

 

2.2.3. El acto de Aconsejar

 

            Para Searle, aconsejar es “decir lo que es mejor para ti”. La idea de pensar lo que es mejor para el otro se relaciona directamente con los lazos afectivos y la intensidad del sentimiento de amistad sostenida entre dos personas. En este caso, los consejos abundan en el epistolario. Luego de ver las reglas del acto de habla correspondiente, comprobaremos cómo la proporción de consejos dados por uno u otro corresponsal es asimétrica, medida según un eje temporal. De acuerdo con este parámetro, la balanza se inclinaría hacia uno u otro extremo: en una primera etapa, es Sarmiento como enunciador quien suele brindar sugerencias a Posse ─consejos personales, comerciales o económicos -, mientras que durante el período presidencial de Sarmiento, estos suelen estar a cargo del enunciador Posse y se refieren fundamentalmente a lo que podríamos denominar como “consejos al gobernante” .

            En las reglas constitutivas del acto de habla aconsejar establecidas por Searle se define como la regla de la Sinceridad esta idea de que se realiza el acto porque se cree saber lo que es mejor para el otro, por lo que resta sólo comunicárselo.

 

 

 

 

 

 


                        Contenido                      Acto futuro de A de O

                         proposicional

      

                         Preparatoria                                                    

                                                                                          1. H tiene alguna razón para  creer que        A  beneficiará a O.

 2.  No es  obvio ni para H ni para O que O  hará A  en el curso normal de los acontecimientos.

TIPOS DE

 REGLAS

Sinceridad

H cree que  A beneficiará a O.                  

Esencial                          

 Cuenta como una asunción de que A será del mayor interés para O.

 

Comentario      

Contrariamente a lo que podría suponerse, aconsejar no es una especie de pedir. Es interesante comparar  “aconsejar” con “incitar”, “abogar por” y “recomendar”.

Aconsejarte no es intentar que tú hagas algo en el sentido en que lo es pedir. Aconsejar es, más bien, decir lo que es mejor para ti.                           

                                  

 

El consejo inicial aparece ya en la primera carta enviada por el corresponsal Sarmiento a su enunciatario Posse y es del orden de lo privado. El enunciador se refiere al anuncio de  casamiento por parte de Posse. En función de tales novedades, el enunciador advierte: “Tentaciones me vienen de darte un consejo. Uno, uno solo te daré. No abuses del amor no agotes todos los placeres. Conservala casta i pura si qieres amarla siempre”.[352]

            Esta sorprendente reflexión brindada al amigo íntimo parece ser una confesión de secretos  mal guardados por parte del enunciador. Si bien el empleo de la segunda persona singular en los verbos “abuses” y “agotes” indica deícticamente la inscripción del “tú” del enunciatario en el discurso,  en la construcción sintáctica del sintagma puede advertirse, como implícito, el razonamiento “no hagas como yo que...”. La reserva del enunciador  sobre su vida íntima no permite el despliegue de la frase. Sin embargo, pocos son los consejos que, en general,  no tengan  su origen en la propia experiencia de vida, sobre todo porque el enunciador advierte que  tiene “tentaciones” de dar un consejo, a partir de lo cual el lector realiza la inferencia de que no es habitual que el enunciador proporcione consejos ni que éste considere apropiado brindarlos sino como excepción a la regla.

            La última oración de la cita utiliza un período condicional en su segundo término, y cuando invertimos el orden de  las cláusulas para su mejor interpretación, el resultado es: Si quieres amarla siempre, consérvala casta y pura. Si no la conservas casta, entonces no la amarás siempre puesto que el amor físico agotará los placeres y junto con este rebosamiento se terminará el amor, podría ser una paráfrasis adecuada.

            Un consejo similar fue brindado por el enunciador en otra carta anterior, que no corresponde a este epistolario. En el año 1843 Sarmiento escribe a un joven de su familia, llamado Domingo Soriano Sarmiento, a quien le brinda un consejo muy similar al conferido a Posse. Pero en esta primera carta, encontramos las cláusulas ausentes en la carta a Posse,[353] que explicarían el fundamento mismo del consejo: cuando se traspasan algunos límites de la decencia, la relación conyugal entra en crisis pues el varón suele despreciar a aquella mujer que acepta ciertos juegos sexuales, según la visión del enunciador.    

            El segundo consejo relevante que aparece en el epistolario también está a cargo de Sarmiento, pero tiene una  incumbencia pública. Se refiere el enunciador a la posibilidad de establecer una vía comercial entre la ciudad chilena  de Copiapó  y las ciudades argentinas de Tucumán y Salta. El enunciador presenta el asunto como favorable a los intereses de la provincia de Tucumán, puesto que “... puede vender en este mercado por valor de 200.000$ anuales.” Así que el enunciador sugiere: “Abran pues el camino, y Chile les ayudará por su parte.”[354] Señalamos este fragmento de la carta porque alude al doble discurso de las cartas escritas y enviadas entre Sarmiento y Posse:  en la carta anterior habíamos visto un consejo estrictamente de orden personal y aun íntimo sobre recomendaciones para con la vida matrimonial. En esta segunda carta, la recomendación de establecer una vía comercial entre ciudades de países limítrofes responde a una preocupación por los intereses públicos más allá de sus personas, que también son comentados en las carta.

            La misiva  del 15 de noviembre de 1854, en cambio, relaciona más estrechamente los intereses económicos públicos con los privados. El enunciador Sarmiento menciona los beneficios de instalar una industria de la ebanistería en Tucumán, dado que esta provincia tiene riqueza en calidad de maderas y que, además, permanece la tradición del tallado artesanal entre las actividades del pueblo.  La idea que persigue el enunciador es propiciar la posibilidad de exportar  desde el interior argentino, muebles ya manufacturados a Chile. La otra industria que le propone a Posse es la de la talabartería, para la confección de sillas de montar, que podrían ser vendidas al ejército de la Confederación argentina. Este mismo proyecto aparece nuevamente en otra carta del 6 de octubre de 1864: “Otra industria te indicaría, temiendo sin embargo que la barbarie de nuestras costumbres sea obstáculo para su desarrollo. Tucuman posee maderas esquisitas para silleterias como la norteamericana.”[355]

Otros consejos de Sarmiento aparecen en las cartas, generalmente para efectuar recomendaciones a Posse sobre con quiénes debe relacionarse políticamente. En estas cartas los consejos son siempre emitidos por Sarmiento.

Recién a partir de septiembre de 1868, esto es, cuando ya Sarmiento ha ganado las elecciones presidenciales, aparece el primer consejo, mechado de opinión, de Posse:

 

Esta carta llegará a tus manos probablemente cuando estes armando el discurso del trono pª tu coronación ¿te diré un pensamiento sin pretenciones de consejo? Mitre ha hecho una política que se resume en esta frase a la bartola. “Los pueblos se curan por sus dolores”. Con esa vacuna se ha propagado la anarquia; los gobiernos se han desnaturalizado y los pueblos han caido en la servidumbre.[...] Yo creo que debe reaccionarse contra aquella perniciosa doctrina estableciendo, que el Gobierno Federal es una autoridad tutelar que vela por sus gobernados en todas partes, porque la constitución le impone el deber de hacer efectivas las declaraciones y garantias qe ella establece.[356]

 

En este extenso párrafo el enunciador presenta una descripción de la situación política de la nación durante el gobierno de Mitre, desde su punto de vista.  “A la bartola”, expresión que sirve para definir que el ejecutivo  nacional no fue capaz de organizar adecuadamente el estado, es también un juego de palabras, puesto que a Mitre solían llamarlo “Bartolo o Bartolito”, dado que su nombre verdadero era Bartolomé. La crítica más aguda que realiza el enunciador es acusar al gobierno de haber sembrado  la anarquía, lo que puede ser entendido como fruto de la irresponsabilidad.

El enunciador comienza el párrafo mencionando la “coronación” de Sarmiento. Este efecto humorístico paródico con que se deforma la asunción del bando presidencial da pie para realizar varias interpretaciones sobre la relación misma establecida entre Sarmiento y Posse. Evidentemente, el grado de cercanía afectiva de uno y otro corresponsal, su conocimiento y respeto mutuo  son los factores que le han permitido al enunciador hacer una chanza  de  peso, sin que pensara éste que  lesionaba la imagen de su corresponsal, nada menos que presidente electo de la nación. Además, revela hasta qué punto el enunciador conocía las debilidades ególatras de su amigo, que se permitía burlarse de este defecto.

Ahora bien , luego de la humorada,  aparece una descripción en tercera persona del singular en la que: “...la voz del enunciador modela la materia verbal desplegando el sustrato perceptivo de las dimensiones cognoscitiva y / o pasional”.[357] La estrategia discursiva revela una dimensión cognoscitiva que se relaciona con el “saber” que detenta el enunciatario respecto de la situación real del país.  Este “conocimiento” es transmitido verbalmente a su corresponsal para “hacerle saber que...” a partir de una estrategia discursiva que se centra en la denominación (un nombre) con el que define las circunstancias: “anarquía”. Podemos sostener que en este enunciado descriptivo la denominación mencionada se despliega en rasgos que permiten tejer una red semántica en el texto, que tendría como apoyo los términos “dolor”/“vacuna”/“enfermedad”, subjetivemas que detentan la visión negativa sobre la realidad.

El uso del pronombre de primera persona en la última oración del párrafo, acompañado de un verbo de creencia en presente del indicativo, seguido del verbo deber, no deja lugar a dudas sobre la modalidad directiva del sintagma, que reclama la puesta en marcha de las garantías constitucionales por parte del gobierno central. Pero continúa inscribiendo en el discurso la impronta del plano  pasional del enunciador, también a partir de los subjetivemas “perniciosa doctrina” y “han caído en la servidumbre”.

Aparece luego otra carta escrita por el corresponsal Posse, inmediatamente posterior a la citada, del 20 de septiembre, en la que el consejo se vuelve personal, retomando esta oscilación que hemos percibido en casi todas las cartas de los epistolarios estudiados: la alternancia entre una temática más personal y privada y la necesidad de conformar una alianza política que respalde ideales e intereses comunes. Como mencionábamos, en la carta subsiguiente, el consejo brindado por el enunciador Posse a su amigo es fundamentalmente  del orden de lo privado, aunque tenga su resonancia en el ámbito público. Dice así:

 

He leído algunos de tus discursos con todo el aire yankee que has traido. ¿Te daré un consejo? Si te lo daré: evita cuando puedas toda referencia a tu persona para no dar ocasión a tus adversarios a que te calienten los oidos con aquella marimba de Don yo qe tantas veces te han hecho sonar.[358]

 

Nuevamente la mofa y el consejo aparecen conjuntamente, como si el enunciador hubiera encontrado una estrategia discursiva que le permitiera decir todo lo que piensa, sin causar por ello rechazo por parte de su amigo, que sabía bastante susceptible. El consejo toma forma instruccional: “evita...”, aunque su estilo directivo se encuentra atenuado por la justificación que acompaña a  la modalidad imperativa del verbo.

      En otro párrafo de la misma carta aparece otro consejo, que también tiene que ver con el cuidado de la imagen pública del presidente, que Posse trata de salvarguardar:

 

En una de mis cartas anteriores te avisé de los trabajos que en daño tuyo habian puesto tus enemigo presentándote como hereje, barbaridad que hacian penetrar en los conventos. Insisto en que debes , alguna ocasión solemne, hacer saber que crees en Dios y las p... de la Iglesia. Conoces bien el interior y por lo tanto no debes mirar con desprecio esta indicación. [359]

 

  En esta oportunidad, el sintagma  “insisto en que debes hacer saber” implica una doble vuelta de tuerca sobre la relación entre el saber y el hacer. De esta manera,  en primer lugar,  el enunciador tiene un discernimiento, que resulta de conocer y vivir en el interior del país (aspecto cognitivo de la descripción). Como lo dice al final de la cita, todo aquel que conoce las provincias, tiene noticia de las creencias religiosas del interior del país. En segundo lugar, el enunciador se siente obligado a comunicar un saber a su corresponsal (aspecto pasional del enunciado porque implica la modalidad del deber ser) para que éste pueda, a su vez, hacer saber a un tercero excluido, la población, que es un creyente de Dios y la Iglesia (aspecto pragmático del enunciado).[360]  

Respecto de la carta de Posse del 20 de noviembre de 1868, es preciso que se repongan algunos datos contextuales históricos para ser comprendida: Posse comenta en su misiva que el caudillo Varela  prepara en la Puna de Atacama un ejército de 200 hombres dispuesto a  avanzar con las armas contra la ciudad de Salta. Posse sospecha de la complicidad de los hermanos Manuel y Antonino Taboada, quienes estarían buscando alianzas para conformar una rebelión. Sugiere entonces el enunciador:

 

Me toca pues decirte...que mandes un General de linea, a Arredondo que es el mas prestijioso, si llega el caso de organizar una división contra la montera [montonera]. [...] Por Dios, reflexiona y has caso de mis palabras, tienes la autoridad de la experiencia y la intención de que aciertes con una medida de suma trascendencia en lo presente y venidero.[361]

 

El enunciador Posse alerta a su enunciatario sobre el futuro problemático del norte argentino, si la rebelión llegase a concretarse. Por este motivo aconseja enviar un militar para organizar la resistencia, en caso de que ésta se produjera. Finalmente el Ejecutivo envía al Teniente Coronel Roca, quien pasa por Tucumán, y es agasajado por Posse, para seguir con sus oficiales para la provincia de Salta. Pero  la impaciencia de Posse, al ver que nada sucedía, lo obligó a mandar otra carta diciendo:

 

No espere el Gobno Nacional, aunque haga milagros, merecer la aprobación de sus adversarios despechados; se han de convertir en conspiradores alevosos cuando vean estériles sus trabajos por la prensa. Sin desdeñar la opinión es necesario buscar otra base para gobernar: no olvidemos que las acciones humanas se dirijen mas bien por las pasiones y los intereses, que por las ideas de los hombres.[362]

 

El enunciador  establece su comunicación  señalando como interlocutor al “Gobierno Nacional”, por lo que es notoria que la carta no está dirigida al amigo de la temprana juventud sino al mandatario en ejercicio de la presidencia. Además, el sintagma “Gobierno Nacional” señala no sólo a la persona del Presidente sino que incluye a todos sus ministros y secretarios. El enunciador había venido imprimiendo en sus cartas una relativa crítica a la actuación del gobierno, a quien tachaba de débil e indeciso frente a determinadas vicisitudes políticas.  En este caso en particular, la crítica se detiene en la actitud “complaciente” del gobierno para con sus enemigos políticos. El consejo se sintetiza en la frase: “...es necesario buscar otra base para gobernar...” como si los errores del gobierno partieran de una visión  equivocada de la realidad, en la que no se tuvieran en cuenta las pasiones humanas sino sólo las ideas.[363]

            Habíamos visto cómo en cartas anteriores al mandato  presidencial de Sarmiento, solía ser el sanjuanino quien aconsejaba al tucumano sobre con quiénes debía relacionarse políticamente.  En esta oportunidad, vemos que es el enunciador Posse quien se permite aconsejar al presidente respecto de  con quién debe aliarse:

 

Procura atraerte al Senador Frias, qe es mi amigo, hombre honrado, conservador de principios, y qe creo a de estar con el Ejecutivo siempre que se intente humillar o menoscabar su autoridad. Hazle llegar la carta adjunta.[364]

 

El consejo del enunciado resulta del deseo de intentar fortalecer la imagen positiva del gobierno, que es frecuentemente atacada por los sectores opositores, sobre todo desde las publicaciones de la época. En el mismo sentido, en otra carta del 28 de agosto de 1869, instruye a su corresponsal sobre cómo conquistar las voluntades de los oponentes, para lo cual el enunciador utiliza un conocido refrán, que le sirve de base a su argumentación:

 

Escúchame un consejo. Escribe cartas con cualquier pretesto, aun cuando mas no sea que diciendo jeneralidades a los Gobernadores de Provincia, a aquellos que nos pertenezcan o puedan pertenecernos.

¡Es tan facil contentar las pequeñas vanidades! Esos hombres se pagan de tener cartas de Presidente aunqe no digan cosa que sirva. No seas desidioso: acuérdate del adajio español qe  dice, qe  mas moscas se matan en una cucharada de miel que con una  pipa de vinagre.[365]

 

Más allá de lo atractivo del texto por la sugerencia del enunciador, nos parece relevante el hecho de que aparezca en el discurso la marca de la primera persona plural, en el pronombre nos, dentro del sintagma “nos pertenezcan o puedan pertenecernos”, porque significa la inclusión del enunciador dentro del partido gobernante. Es precisamente en esta carta donde el enunciador Posse da cuenta de sus posibilidades de ser elegido  como Diputado en Tucumán para el Congreso Nacional y le solicita a  su enunciatario la colaboración necesaria para que ello suceda.

Los actos de habla clasificados como aconsejar  se van haciendo cada vez más escasos en las cartas subsiguientes, hasta desaparecer por completo durante los últimos diez años de correspondencia. Si bien existe una carta escrita por Posse en  octubre de 1874 en donde aconseja a Sarmiento la modificación de los planes de estudio preparatorios, para la supresión de la enseñanza del alemán y el latín como lenguas obligatorias, pues que son : “inútiles e inconducentes” en las tierras americanas y además representan “el tormento y el suplicio del espíritu de los jóvenes”. [366] Recordemos que recién durante 1875 Sarmiento fue director de escuelas de la provincia de Buenos Aires y senador nacional por San Juan, luego de abandonar la presidencia.

 

 

2.4 Otros actos de habla

 

            John Searle presenta en Actos de habla otros actos que no hemos tratado hasta aquí, tales como el acto de Preguntar, Dar las gracias, Avisar , Saludar y Felicitar. Varios de estos actos de habla están escasamente presentes en las cartas, puesto que si bien el acto de preguntar puede realizarse alguna que otra vez en un material discursivo como el epistolar, no es frecuente que muchas cartas contengan una serie de preguntas. Tampoco el acto de Dar las gracias es frecuente, quizás porque la amistad entre los dos corresponsales requería menos del explicitamiento del acto. Aunque sí hemos señalado ya, por ejemplo, la complacencia que le producía a Sarmiento  el recibimiento de los quesos de Tafí, con que Posse solía obsequiarlo.

            Creemos que alguno de los actos de habla no analizado hasta el momento pero que sin embargo vale la pena indicar es el acto de Ordenar, que para Searle se distingue de Pedir, porque hay en el primero un efecto de autoridad de H sobre O. Esta legitimación del “mandar” puede estar dada por una autoridad moral sobre la acción vergonzante del otro: es el caso de las cartas privadas de Posse, publicadas por Sarmiento en el diario el Nacional, en septiembre de 1855. Aunque ya nos hemos referido a este episodio en otro capítulo, es provechoso recordar que el enunciador Posse le escribe a Sarmiento, preso de un importante estado pasional de ira que transforma el acto de mandato en “prohibición”: “No vuelvas a publicar mis cartas, a menos qe no las pidas espresamente pª eso, qe entonces  escribiré sobre los hechos, guardándome bien de decirte lo qe pienso, pues no sabes callar los secretos de tus amigos”.[367] El reproche del enunciador trae aparejado consigo el ofrecimiento de disculpas por parte de su corresponsal. Así, el par adyacente reproche-disculpas,    funciona en algunas cartas como contrapunto de otro par que podríamos denominar como acusación-defensa. En una carta de enero de 1860, el enunciador Sarmiento atribuye a su corresponsal Posse la condición de ser un “provinciano”, imprimiendo al adjetivo  una dirección de descalificación del otro, que ha atacado en su carta anterior a la ciudad de Buenos Aires. Posse, en su misiva de respuesta, se apoya argumentativamente en una posición ideológica cercana a la de Urquiza al considerarse como provinciano, frente a lo que considera erróneo de Sarmiento, Alberdi y otros, a los que critica su falta de “religión política”.[368]

            Un episodio similar ocurre cuando, ya en el año 1888, Posse se entera de que Sarmiento no ha recibido el telegrama de cumpleaños que él le había enviado con anticipación. Sabiendo que el sanjuanino estaba molesto (“quejoso de mi [del ] silencio”),[369] la carta escrita por Posse explica el mal servicio del telégrafo y cómo los telegramas no suelen llegar a las manos de sus remitentes porque los archivan en las oficinas mismas, sin enviarlos a destino.     

            Otro acto que aparece representado en las cartas es el acto de Prometer, por ejemplo, cuando uno de los corresponsales anticipa al otro un envío de objetos que se producirá en el futuro. Searle señala respecto del acto de la Promesa que, en general, este acto requiere de una clase de situación o de circunstancia que la origine. Además, indica que “Una característica crucial de tales ocasiones o situaciones parece ser que la persona a la que se le promete quiere (necesita, desea, etc.) que se haga algo, y el que promete es consciente de este deseo (necesidad, etc.)”.[370] Una promesa  digna de ser mencionada en este trabajo es aquella que formula el enunciador Posse sobre la propia amistad que se da entre él y su coetáneo Sarmiento. Las circunstancias que rodean al acto de la Promesa se relacionan con la negativa del enunciador Posse a seguir escribiendo cartas  a su corresponsal, cuando necesita él mismo de su tiempo para trabajar políticamente por sus ideas en el interior de cada provincia.  Pese a lo cual le promete una amistad que perdure más allá del tiempo y el espacio. Dice así: “...no esperes frecuentes cartas mias en lo futuro... te haría perder el tiempo... No obstante lo dicho seremos los mas durables amigos de estos tiempos”.[371] La promesa de amistad del enunciador inscribe en el enunciado de la carta su aspecto pasional, como así también demuestra  el cuidado del enunciador en preservar la amistad establecida, dado que antes todavía de dejar de escribir con frecuencia, alerta a su corresponsal sobre los motivos que lo conducen a espaciar sus escritos.

  Muchos años más tarde, en febrero de 1886, Posse renuncia, por medio de una carta en el periódico La Razón,  al ejercicio diario de la escritura periodística, por estar disgustado con toda la corrupción que ve por doquier. En esta carta, similar a la anterior en cuanto a que la ocasión se relaciona con la negativa de seguir escribiendo para el público, Posse sigue afirmando todavía:

 

Desde la oscuridad estaré viendo como se despedazaran los ladrones que irán llegando, nuevos y hambrientos, sobre las pocas prendas que dejan los ladrones que se van...[...] Alla se las avengan que pongo punto final a la vida pública, salvo mi amistad y mi cariño para ti.[372]

               

Nuevamente aparece la promesa del mantenimiento de la amistad más allá de la clausura de su vida pública, lo que significa que si bien Sarmiento no pertenece a su núcleo íntimo de familiares, tampoco lo identifica con su vida política, de la que se desprende en esta oportunidad. Por otro lado, no deja de admirarnos el carácter profético de las palabras empleadas por el enunciador respecto del futuro de nuestra patria, que parece cumplirse a rajatabla una y otra vez.

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto quiere decir tejido...

perdido en ese tejido –esa textura─

el sujeto se deshace en él como una araña

que se disuelve en las segregaciones

 constructivas de su tela.

 

Roland Barthes

 
 
Conclusión

 

 

            El género epistolar ha sido revisado en este trabajo a partir de la mediación impuesta por los epistolarios, como género discursivo secundario. Han sido analizados fragmentos de cartas privadas enviadas por los distintos corresponsales, en donde se ha prestado atención  a las diferentes estrategias discursivas sostenidas por cada enunciador.

            Mirados en conjunto, los epistolarios Sarmiento-Frías, Sarmiento-Lastarria y Sarmiento-Posse permiten evaluar diferencias y similitudes.  Si bien éstas últimas son casi evidentes (el formato discursivo de la carta personal, el establecimiento o la continuidad de la relación amistosa entre la pareja de corresponsales, la contemporaneidad de los intercambios epistolares) hay que encontrar tanto el planteo de los intereses comunes como las desigualdades en el seno mismo de cada intercambio de correspondencia, en donde puede hallarse la inscripción narrativa de  cada una de las relaciones amistosas, con sus mareas altas y sus bajamares.

Todos los epistolarios están  atravesados por una diacronía que se comprueba en las variaciones que sufre la escritura de cartas durante los cuarenta y tantos años de corresponsalía: en algunas ocasiones hemos observado estos cambios bajo la perspectiva semiótica de la conjunción o no conjunción  de los actantes. El empleo de una mirada desde los estudios semióticos encuentra su justificación a partir del proceso de lectura del epistolario por parte de un lector ajeno al corpus: la lectura  lineal y cronológica de las cartas imprime en ellas un recorrido narrativo no perceptible en cada unidad epistolar por separado.

Las cartas sostienen también relaciones sintagmáticas entre ellas y ésta fue, fundamentalmente, la línea que recorrió el análisis del material, al distinguir las diversas estrategias discursivas empleadas por los respectivos enunciadores.  

Entre las diferencias que puede establecer una comparación de los epistolarios entre sí, es posible apreciar, por ejemplo, la acción manipuladora de un Sarmiento que busca encontrar en la amistad con Frías un mecanismo de gestión de su propia campaña de reconocimiento público en el primer epistolario analizado. El análisis de las modalidades del saber/deber/poder/querer nos permitió el despliegue crítico del texto para observar cómo enunciador y enunciatario se inscribían cooperativamente en el cuerpo de la correspondencia.

En el segundo epistolario, hemos privilegiado tener en cuenta la facultad retórica del lenguaje, entendiendo que a partir del uso de figuras de estilo por parte de los corresponsales, sobre todo la metáfora, se produce un efecto de sentido que resulta altamente persuasivo para el enunciatario y que difiere del uso corriente de la lengua.

El uso retórico del lenguaje permitió también trabajar en las fronteras  del lenguaje literario en tanto que, si bien la búsqueda estética no fue la prioridad de los enunciadores, no se puede soslayar que ambos corresponsales (Lastarria y Sarmiento) supieron manejar la pluma con excelencia de escritores.

En tercer lugar, hemos revisado el epistolario de Sarmiento–Posse, sin ahondar en él, puesto que la cantidad de misivas incluidas en esta recopilación y la extensión de cada una de ellas podrían justificar por sí mismas un trabajo exclusivo sobre este rico material.

Dos rasgos principales son los que nos han llamado la atención aquí: por un lado, hemos comprobado cómo el intercambio epistolar se amplía y se duplica por medio del envío/recepción de objetos y en el ofrecimiento/presentación de seres vivos (plantas, semillas, loro, personas). Por otro lado, es innegable desde una visión pragmática del lenguaje, que las cartas en tanto discursos “hacen cosas con palabras”: piden, informan, agradecen, sugieren o demandan, tanto en este epistolario como en  los otros analizados, aunque en el epistolario Sarmiento-Posse esta dimensión resulte acentuada.

Otro de los aspectos que hemos ido recorriendo en este trabajo de investigación ha sido tomar en cuenta la tradicional antinomia de las prácticas comunicativas en las esferas de lo público y privado, a partir del juego de contrarios entre las personalidades públicas de los corresponsales que hemos elegido (Sarmiento, Posse, Lastarria, Frías)  y sus correspondencias privadas, para comprobar que dichas fronteras son lábiles y absolutamente porosas. Habíamos planteado, como hipótesis de trabajo, la sospecha de que estos hombre relevantes de la cultura sudamericana habían transmitido en sus intercambios epistolares privados sus ambiciones de prestigio y brillo público y que, a su vez, las cartas privadas se habían constituido en uno de los instrumentos primordiales a la hora de tejer sus redes políticas. En el caso de la figura de Sarmiento, es posible observar en los enunciados, cómo él va gestando mecanismos de poder a través de su correspondencia privada, tanto porque diseña su campaña política y logra captar acólitos por medio de su discurso como porque difunde la plataforma política y el ideario que sostendrá su candidatura.

 En las otras figuras, es posible percibir, como en el caso de Frías, cómo la correspondencia toca temas fundamentalmente de interés público y no hay en sus cartas material intimista que pudiera sostener que las cartas son de exclusiva índole privada. Lo que queremos decir es que las cartas son privadas por el canal utilizado y por la direccionalidad  de la recepción, pero no son íntimas sino que están escritas en función de los intereses políticos de ambos corresponsales.

Si pensamos el tema de lo público y privado desde la escritura epistolar de Posse, el camino recorrido por él es inverso al de su amigo Sarmiento: a partir de que no es convocado por el sanjuanino para ningún puesto relevante en el ministerio público, hay un rechazo explícito por parte del tucumano hacia todo compromiso con la vida pública, aunque termine aceptando el puesto de Rector del Colegio Nacional de Tucumán conferido por el Ministerio de Educación de la Nación, a fuerza de apremios económicos.

Lastarria, en cambio, y pese a la relevancia de su carrera pública en Chile, se siente disminuido frente a la altura que ha adquirido hacia el final de su vida Sarmiento, lo que demuestra  que no se han cumplido en su totalidad las ambiciones políticas con las que alguna vez soñara.

Como se ha dicho, en el caso de Sarmiento sí es posible pensar que él se sirve de la correspondencia privada como un medio para actuar políticamente sobre su entorno y sobre sus corresponsales. Pero también en el caso de los demás corresponsales, hemos podido establecer que sus cartas están permanentemente salpicadas de temas relacionados con los intereses públicos. De todas maneras habría que ampliar el corpus para generalizar la hipótesis. Sería interesante revisar la correspondencia de cada uno de ellos para ver cuáles fueron los mecanismos a partir de los cuales intentaban gestar poder. Para ello, por ejemplo, se podría examinar la correspondencia Frías-Alberdi o la de Posse con otros políticos de su tiempo.

Otros temas son posibles para completar la investigación efectuada: tanto hacia el interior mismo de este trabajo (por ejemplo, la comparación estrecha de las estrategias discursivas de Sarmiento respecto de su obra ensayística y literaria) como hacia el exterior: creemos que queda pendiente una investigación que dé cuenta de la influencia de la escritura de cartas en la gestación de los procesos políticos de mitad del siglo XIX y de la influencia del discurso epistolar en la formación de una clase dirigente ilustrada finisecular.


 

 

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Índice

Introducción General :.................................................................................................................. 4

1. PRESENTACIÓN DEL TEMA

La carta como objeto de estudio....................................................................................................................8

El epistolario como colección......................................................................................................................12

La moda de los epistolarios.........................................................................................................................14

Algunos datos relevantes de la vida de Domingo Faustino Sarmiento.......................................................19

 

2. ESTRUCTURA DE LA TESIS

Desarrollo del tema......................................................................................................................................21

Objetivos generales de este trabajo                .............................................................................................................22

Corpus..........................................................................................................................................................25

Metodología y marco teórico.......................................................................................................................27

 

CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN AL PROBLEMA..........................................................35

 

Lo público y lo privado...............................................................................................................................36

La escritura de la carta: de lo público a lo privado.....................................................................................38

Representación de lo privado-público en la Argentina: Las cartas del siglo XIX  .....................................46

Cartas y exilio: el devenir de una generación.............................................................................................50

Situación del correo durante el siglo XIX..................................................................................................53

Correspondencia publicada en Argentina...................................................................................................58

Los epistolarios: cartas traicionadas...........................................................................................................64

Concepciones de los corresponsales Sarmiento, Frías, Lastarria y Posse sobre la escritura de cartas.......67

 

CAPÍTULO 2: EPISTOLARIO SARMIENTO-FRÍAS:   RECORRIDO MODAL Y NARRATIVO DE LA CONJUNCIÓN A LA NO-CONJUNCIÓN

 

1. PRESENTACIÓN DEL EPISTOLARIO       ...............................................................................................88

 

2. RECORRIDO MODAL DE SARMIENTO:

2.1.La modalidad del “querer”.....................................................................................................................92

2.2.La modalidad del “deber” y la sobremodelización del “deber hacer”

2.2.1. La prescripción.................................................................................................................................100

2.2.2. La interdicción, permisividad y facultatividad................................................................................103

2.3. La modalidad del “saber” y la sobremodelización del “saber hacer”.................................................106

2.3.1. El discurso del combate como estrategia del “saber”......................................................................106

2.3.1.1. Inscripción del saber en el contexto histórico...............................................................................108

2.3.1.2. Estrategias discursivas del combate..............................................................................................112

2.3.2.Validación del enunciador desde una modalidad del “saber” unida a la presentación de un sujeto pasional......................................................................................................................................................116

2.3.3. La construcción política del enunciador desde la modalidad del saber...........................................123

2.4. La modalidad del “poder”: Sarmiento presidente...............................................................................133

 

3. RECORRIDO MODAL DE FRÍAS

3.1.El señalamiento de la no-conjunción...................................................................................................142

3.2.La conformación de la conjunción.......................................................................................................146

 

4. DE LA NO-CONJUNCIÓN PRIVADA A LA NO-CONJUNCIÓN PÚBLICA: LAS CARTAS ABIERTAS................................................................................................................................................151

CAPÍTULO 3: EPISTOLARIO SARMIENTO-LASTARRIA.CONJUNCIÓN Y NO-CONJUNCIÓN EN LOS DISTINTOS MOMENTOS DE LA AMISTAD

 

1. PRESENTACIÓN DEL EPISTOLARIO..............................................................................................157

    

2. LA DIMENSIÓN SEMIÓTICA

2.1. El recorrido narrativo de la no-conjunción a la conjunción................................................................162

2.2. La no-conjunción final: el reproche de Lastarria................................................................................169

2.3. La cólera de Lastarria como pasión....................................................................................................175

2.4. El reestablecimiento de la conjunción  y la reparación de la ofensa: última carta de Sarmiento a la familia Lastarria.........................................................................................................................................179

 

3. LA DIMENSIÓN SEMÁNTICA..........................................................................................................181

3.1. La metáfora como estrategia discursiva de persuasión......................................................................181

3.1.1. Metáfora y metonimia en la construcción del pensamiento político...............................................183

3.1.2. Metáfora y presentación de sí mismo..............................................................................................187

3.1.3. La metáfora en la descripción/creación del referente......................................................................193

3.1.4. Las metáforas intimistas..................................................................................................................198

3.1.5. Metáfora  y  literatura......................................................................................................................201

CAPÍTULO 4:  PRESENTACIÓN DE EL EPISTOLARIO ENTRE SARMIENTO Y POSSE. LA INTERACCIÓN EPISTOLAR(LAS CARTAS COMO OBJETOS Y LAS CARTAS COMO DISCURSOS)

1. PRESENTACIÓN DEL EPISTOLARIO..............................................................................................206

 

2. LA BIVALENCIA CONSTITUTIVA DE LA CARTA.......................................................................208

 

2.1.-LAS CARTAS COMO OBJETOS

2.1.1.- La carta como reparadora de la ausencia........................................................................................211

2.1.2.- La tematización de los objetos :......................................................................................................217

2.1.2.1. El caso de las semillas:................................................................................................................................. 218

2.1.2.2. Sobre quesos de Tafí y aceitunas:............................................................................................................. 220

2.1.3. El intercambio de objetos:.............................................................................................................................. 222

2.1.4. El intercambio de textos:..................................................................................................................223

2.1.5. Tematización sobre un animal.........................................................................................................224

2.1.6. Las cartas de presentación................................................................................................................226

 

2.2. LAS CARTAS: DISCURSOS QUE REALIZAN ACTOS................................................................228

2.2.1. El sujeto cognitivo como informador o el acto de habla de la aseveración.....................................231

2.2.1.1. Las noticias acerca de los asuntos privados..................................................................................233

2.2.1.2. Las noticias acerca de los asuntos públicos..................................................................................240

2.2.2. El acto de habla de Pedir..................................................................................................................246

2.2.3 El acto de Aconsejar.........................................................................................................................264

2.2.4 Otros actos de habla..........................................................................................................................275

CONCLUSIÓN...................................................................................................................................280

BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................................285